viernes, 16 de enero de 2026

Hermes bifronte de Amorín (Tomiño)


Cerca del castro de Amorín (Tomiño) se halló una Hermathena o escultura bifronte que fusiona las representaciones de los dioses Hermes y Atenea, aunando los atributos de ambas deidades.

Hermes era el dios griego del comercio, la riqueza, la suerte, los caminos, los viajantes, la fertilidad, la cría de animales, el sueño, el lenguaje y también de los ladrones. Se le solía representar con la cabeza cubierta con un capelo o pétaso. Atenea era la diosa de la sabiduría y de la estrategia en la guerra, y en sus imágenes se la personifica como una figura femenina provista de casco, lanza y/o escudo.

La estatua del Hermes de Amorín se esculpió en granito, empleando una técnica y diseño tosco y rudimentario. Mide 54 cm de altura, 15 cm de anchura, 13 cm de profundidad y consta de un soporte en forma de prisma en cuya parte superior se sitúa una cabeza bifacial, redonda y muy elemental, mientras que en el frontal inferior presenta una serie de grabados y trazos inidentificables.

La cabeza de la escultura carece tanto de orejas como de cuello, está cubierta con un casco o sombrero y en su parte superior presenta una cavidad. Los dos rostros son redondos e igual de sencillos, con las órbitas de los ojos, unos simples surcos a modo de bocas y unas narices anchas, rectangulares y talladas con dos cortes verticales y uno horizontal.

Rostros anterior y posterior.

La bifrontalidad de esta estatua galaica es característica del arte romano provincial, aunque la datación que establece el Museo de Pontevedra abarca un intervalo temporal que va del año 400 a.C. al 60 a.C. Esta cronología deja abierta la posibilidad de que se trate de una obra arcaica de influencia mediterránea oriental, tal vez una adaptación indígena de una escultura focense del siglo V a.C.

El bifronte de Amorín se adapta perfectamente a la tipología de los hermae griegos y posteriormente romanos. Los pilares hermaicos eran cuadrados o rectangulares y a menudo tenían un falo tallado en la base. En la parte superior se situaba una cabeza que representaba a Hermes y que podía estar esculpida en la misma pieza que el pilar o en otra distinta.

Estos hitos se ubicaban en los caminos para servir de guía a los viajeros y garantizarles buena suerte. También se colocaban en las puertas y espacios abiertos de las viviendas para proteger los hogares. Las esculturas de Hermes Pshychopompos se destinaban al culto funerario como protectoras de las tumbas, ya que Hermes era la deidad que acompañaba a las almas de los muertos hasta el barquero Caronte para que las condujera al inframundo.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

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