lunes, 26 de enero de 2026

Exvotos iberos de caballos de Luque (Córdoba)


En los lugares de Las Retamas y La Mesa, unos expoliadores que se encontraban a la búsqueda de monedas antiguas, hallaron 77 placas de piedra con figuras de caballos en unos campos que estaban siendo roturados. Estos grabados se vendieron en el mercado ilegal de antigüedades y a la mayor parte de ellos se les perdió definitivamente la pista. Actualmente 17 de estas piezas se conservan en la colección de Alhonoz (Puente Genil).

Los relieves con figuras de caballos hallados en Luque están datados en los siglos II-I a.C. y debían formar parte de un pequeño santuario, que no ha podido ser hallado, y en el que se ofrecían exvotos de caballos a una deidad desconocida. Probablemente este lugar sagrado sería una cueva excavada en una zona de roca caliza, como sucede con los santuarios de El Cigarralejo (Mula) y Pinos Puente (Granada). Tanto en Pinos Puente como en Luque se han hallado exclusivamente exvotos de équidos, lo que revela la existencia de una divinidad vinculada al culto del caballo.

Las placas halladas en Las Retamas de Luque tienen distintos tamaños, que van de 14-59 cm de largo, 13-27 cm de ancho y 5-11 cm de grosor. Los grabados fueron realizados sobre piedra arenisca empleando el método de grabado de líneas incisas con un objeto punzante, y en otros casos mediante la técnica de relieve, dibujando la forma del caballo y rebajando la piedra hasta modelar la figura.

Estos relieves se pueden clasificar en tres grupos: los de iconografía simple y básica, los que representan caballos al galope y con largo cuello y cola, y los de tipo naturalista. En este último grupo podemos distinguir los relieves de caballos en los que se ven las crines y los cascos, los de cuerpos alados rectangulares, los de alto-relieve con atalajes y los de alto-relieve sin atalajes (Cuadrado-Ruano. 1989). Si bien no parece que el sexo del animal tuviera importancia, en la mayor parte de las piezas no aparece representado, por lo que se supone que se trataría de hembras. 

Relieve de dos équidos labrados sobre una piedra arenisca de grosor uniforme. Es una pieza muy artística y bella, única en el arte ibérico. En ella vemos a una pareja de caballos que se sitúan uno enfrente del otro protegiendo a su cría, que se refugia entre ellos. El caballo de la derecha (¿macho?) es de mayor tamaño y tiene el cuerpo muy alargado. El de la izquierda (¿hembra?) es menor, tiene las orejas dirigidas hacia delante, su cola es pequeña y se aprecian claramente los cascos. La cría está representada en perspectiva frontal mostrando la cabeza (prótomo) y las patas delanteras.

Los motivos representados en los grabados y en los relieves más sencillos son muy básicos, de menor tamaño y escaso valor artístico, por lo que probablemente fueron realizados por los propios fieles, unos más hábiles que otros, tal vez dentro de un ritual previo a la ofrenda.

Grabado de équido en piedra arenisca de grosor variable realizado con punzón fino. La cabeza del caballo es pequeña y no guarda proporción con el cuerpo.

Los exvotos grandes en alto-relieve que muestran a caballos galopando en la misma dirección, o uno frente a otro, es posible que formaran parte de un friso y que fueran creados en un taller local cercano al santuario.

Relieve con dos équidos esculpidos sobre una placa de roca arenisca de tendencia trapezoidal y grosor prácticamente uniforme. Los caballos caminan lentamente hacia la izquierda. Sus cuerpos son alargados, bien proporcionados y en la cabeza se aprecian las orejas triangulares ligeramente inclinadas hacia delante. Una línea horizontal marca el límite inferior del relieve y por debajo unas líneas horizontales y verticales forman un reticulado dividido en dos partes separadas por seis líneas oblícuas.

Dentro de la cultura ibera tenemos constancia de la existencia de una aristocracia guerrera ecuestre desde el siglo V a.C. En las necrópolis iberas conocidas, los restos de guerreros que han aparecido habían sido incinerados, mientras que los caballos que los acompañaban fueron inmolados y colocados a su lado formando parte del ajuar funerario. El sacrificio de un animal de tanto valor sin duda suponía un considerable gasto económico y por lo tanto sólo estaba al alcance de las familias con más recursos económicos.

Pero en lo que se refiere a los exvotos de caballos, su función era muy distinta. Las representaciones de équidos en placas líticas eran comúnes en el ámbito púnico y problablemente fueron adoptadas por las poblaciones iberas. La elaboración de un relieve en piedra o madera mediante incisión resultaba muy económico y fácil de realizar. Los aspectos estéticos carecían de importancia, ya que bastaba con representar al animal para luego poder ofrecerlo a la divinidad. Como todos los exvotos, se trata de ofrendas simbólicas depositadas por los fieles en el santuario para cumplir una promesa o dar gracias a la divinidad, por haber sanado a un animal de su enfermedad, por un parto sin complicaciones o por la fecundidad de las yeguas.

La presencia de exvotos similares en distintos santuarios ibéricos apunta a la existencia de un culto al caballo ampliamente difundido, similar al de la diosa Epona, deidad vinculada a los caballos, al agua, la fertilidad y la muerte. Otra posibilidad es que los exvotos se ofrecieran a un despotes hippon, un dios domador de caballos, figura recurrente en el arte ibérico en santuarios y contextos funerarios. Estos cultos existían desde al menos el siglo IV a.C. y continuaron hasta bien entrada la época romana.


Bibliografía

J.M. Blázquez Martínez. Dioses y caballos en el mundo ibérico.

E. Cuadrado Díaz y E. Ruano Ruiz. Esculturas de équidos procedentes de la colección de Alhonoz (Puente-Genil, Córdoba). Trabajos de Prehistoria 46.

M. P. García-Gelabert Pérez y J. M. Blázquez Martínez. Dioses y caballos en la Iberia prerromana.

J.A. Morena López. Santuarios, caballos y dioses en el Valle del Guadajoz.

J.A. Morena López. El culto al caballo en la provincia de Córdoba durante la época ibérica: el caso de Luque. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

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