viernes, 2 de marzo de 2012

Cultura castreña en Galicia

La cultura castreña es un fenómeno autóctono de la Gallaecia que duró más de ocho siglos y que supuso el  establecimiento de pequeños núcleos de población dispersos por todo el territorio, lo cual sin duda es una de las características más notorias de  nuestra tierra. Según los distintos autores, el número de castros de Galicia oscilaría entre 2000 y 5000. Además de en Galicia podemos encontrar castros en el extremo occidental de Asturias, el Bierzo, el NO de Zamora y N de Portugal, lo que supone que las poblaciones de todas estas zonas mantenían estrechas relaciones socioculturales y probablemente también raciales.

Los castros son poblados de viviendas familiares de mampostería situados sobre colinas, provistos de defensas formadas por murallas y/o fosos, en los que residen grupos humanos muy relacionados entre sí, poco jerarquizados y autosuficientes en recursos. 

Citania de Santa Trega ( A Guarda)

Los castros se ubican en lugares desde de donde sus habitantes pueden dominar visualmente los campos, playas o prados que explotan y de los que obtienen alimentos. Sirven por lo tanto como hogares, refugios defensivos y marcas de territorio frente a  otras comunidades vecinas.

La población indígena gallega ya habitaba en castros en la Edad del Bronce. Durante la Edad de Hierro aumenta el proceso de construcción de castros hasta alcanzar su apogeo entre los siglos cuarto y primero a.C., para posteriormente declinar  a partir del siglo II d. C. 

Alrededor del siglo VI a. C. se produce la llegada a Galicia de nuevos conocimientos y técnicas procedentes del comercio marítimo Atlántico y Mediterráneo. A esta época corresponden castros como el de Borneiro (520 a.C.) y el de Penarrubia  (560 a.C.).  

Castro de O Facho (Cangas do Morrazo)

Desde un punto de vista arquitectónico la cultura castreña se caracteriza por las cabañas  de  planta circular y cubierta de ramas. Posteriormente aparecen técnicas de organización del espacio mediante calles e incluso barrios, como en el caso de la citania de Santa Trega y especialmente en la citania de Briteiros. En los castros de influencia romana las viviendas pasan a ser de planta cuadrangular, al igual que los poblados celtíberos, y los techos se construyen con tejas en vez de la cubierta vegetal. 

Citania de Briteiros (Guimaraes)

En cuanto a los objetos hallados en los castros, la mayor parte  son de bronce (fíbulas, agujas y puñales de antenas), pero también se han recuperado herramientas de hierro (hachas, sierras, hoces ó martillos) y armas y otros objetos probablemente provenientes del comercio con los navegantes fenicios y posteriormente con los romanos. 

Casco de Lanhoso (Braga)

Pero sin duda los objetos más característicos de la época castrexa son los torques de oro con aleación de plata y cobre de los siglos IV y III a.C. A partir del siglo III a.C. las joyas encontradas en los castros costeros muestran una clara influencia tartésica.


Por lo que se refiere a la escultura, destacan los guerreros galaicos que han aparecido en los castros del S de Galicia y N de Portugal. Se trata de representaciones bastante rudimentarias de guerreros armados con pequeños escudos circulares y puñales de puño redondo, vestidos con túnicas ceñidas con cinturón, con torques en el cuello y brazaletes en los brazos. 

Guerrero galaico (Museo Diogo de Sousa. Braga)

Otro tipo de esculturas son las que se utilizan de decoración de las cabañas y en las que predominan los motivos solares típicos de la cultura indoeuropea, como son los trískeles, tetraskeles y esvásticas, destacando entre las representaciones de esvásticas y tetraskeles las del castro portugués de Briteiros, los de Santa Tegra y A Troña.


El castro de A Troña (Ponteareas) fué habitado desde el siglo IV al II a. de J.C. En 1982 se realizó una excavación y  la datación del carbono  para la zona estudiada dió una antigüedad del 275 a. de J.C. En esta excavación se hallaron numerosos restos de cerámica de los siglos III a I a.C, algunos de los cuales son muy semejantes a otros halladas en Numancia y fechadas en el 133 a. C. 

Serpiente del Castro de A Troña (Ponteareas)

Es de señalar la presencia de motivos decorativos de tipo estampillado, muy similares a los característicos de la Bretaña de los siglos III a I a.C. Se encontró también  una cuenta de pasta vítrea azul proveniente del comercio marítimo ó romano y objetos de bronce, como una cuenta de collar o pulsera del final de la Edad de Bronce o principios de la Edad del Hierro,  así como los fragmentos de unos pendientes acampanados de los siglos V a IV a. C. (J.M. Hidalgo Cuñarro).

Castro de A Troña (Ponteareas)

En el castro de A Troña es de destacar el petroglifo que representa la figura de una serpiente en posición heráldica, grabada sobre una roca con forma de altar para sacrificios. En la parte superior de la roca ha sido labrado un canal por el cual podría correr la sangre de las víctimas, para caer sobre la parte lisa de la roca en la que se halla la inscultura de la citada serpiente. 

Altar de sacrificios con inscultura de serpiente.
Castro da Troña (Ponteareas)

Entre las interpretaciones dadas a este petroglifo está la posibilidad de que se trate de algún culto autóctono a la serpiente, que fuera traído en el comercio con los fenicios o también que sea una muestra de la posible presencia de los Sefes en Galicia. La existencia de cultos ofiolátricos en los castros galáico-portugueses aparece en las representaciones de serpientes en varios castros como el de Baldoeiro en Tras os Montes (Portugal) o las del castro de Penalba, en Campo Lameiro  (Pontevedra).

Pedra da Serpe. Castro de Penalba (Campo Lameiro)

La construcción de cabañas de mampostería y planta circular continúa desde el siglo V hasta mediados del siglo II a. C. En los castros costeros de este período se han encontrado cerámicas púnicas, ánforas, vidrios, cuentas de collar, objetos de pasta vítrea y  utensilios de  hierro vinculados al comercio fenicio. En el castro de Noalla se hallaron cerámicas rojizas hechas a mano, ollas globulares, fragmentos de ánforas, platos con bordes decorados con pinturas y esvásticas, y materiales de bronce y hierro, datados entre el siglo IV a V a.C.

Tras las guerras lusitanas, en el 137 a.C. llega a la Limia y el Miño el general romano Décimo Junio Bruto “el galáico”. y en el 60-61 a.C. Julio César dirige una incursión militar martítima que llegará hasta el puerto de Brigantium.

La influencia romana se comienza a notar en los castros costeros bracarenses del sur de Galicia a partir de mediados del siglo II a.C. La mayor organización social lleva a la construcción de grandes poblados como el de Santa Trega o el de Vigo. 

Castro de Vigo
Castro de Baroña (Porto do Son)

Son frecuentes los restos de ánforas romanas para vino, salazones, aceite o grano y aparece la cerámica “campaniense”, barnizada en negro,  y posteriormente la cerámica  “terra sigillata” de mayor calidad y barnizada de color rojo. La influencia romana se puede apreciar en los hallazgos de “lucernas”, lámparas de aceite a menudo decoradas con relieves, o en la presencia de saunas o termas en varios castros galaico-romanos.

Sauna de Briteiros

En los siglos I y II d.C., momento en el que se construyen las vías romanas y los puertos, se erigen los últimos castros, con casas de planta rectangular, situados en zonas de montaña y vinculados a explotaciones mineras (O Courel, O Incio, A Fonsagrada).

Castro Da Torre (O Courel) (siglos II-V) 
Castro San Cibrao de Las (Punxín. Ourense) (siglos II a.c. -II d.c.)
Castro San Cibrao de Las. Detalle del aljibe.