jueves, 29 de junio de 2017

Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco

Tarraco se encontraba entre las mayores ciudades del Imperio Romano y era la capital de la Hispania Citerior, una de las dos provincias en las que se dividía la Península Ibérica en época romana republicana.

Plano de Tarraco

En este artículo describiré de manera esquemática su historia y sus principales edificios y monumentos.


Esquema de la historia de Tarraco.


Siglo III a.C. La fundación de Tarraco.

La presencia del Imperio Romano en la Península Ibérica viene determinada por el desarrollo de su lucha con Cartago por la hegemonía en el Mediterráneo.

La conquista de Iberia por las tropas cartaginesas comenzó en Cádiz en el 237 a.C, con el desembarco del general Amílcar Barca, al que acompañaba su hijo de nueve años Aníbal. El año 229 a.C Amílcar muere luchando contra los iberos en el asedio de Helice (Elche) y es sucedido por su yerno Asdrúbal, quien creó la fortaleza y centro militar de Carthago Nova (Cartagena).  En el año 226 a.C, Asdrúbal firmó con los romanos el Tratado del Ebro, en el que se comprometía a no cruzar el río a cambio de que los romanos reconocieran la soberanía cartaginesa al sur del Ebro.

Cuando Asdrúbal fue asesinado el año 221 a.C, Aníbal, que en ese momento contaba 25 años de edad, se convirtió en el jefe supremo del ejército cartaginés. Ese mismo año, como pretexto para buscar nuevamente el enfrentamiento con Cartago, Roma renovó su alianza con la ciudad de Sagunto, pese a hallarse al S del Ebro y por lo tanto en territorio cartaginés. En el 219 a.C. Aníbal inició el sitio de Sagunto, que caería en manos cartaginesas tras ocho meses de asedio.

Los romanos eran conscientes de que Aníbal se dirigiría a Roma con sus huestes desde Hispania, por lo que enviaron a Cneo Cornelio Escipión Calvo (¿? - 212 a.C.), militar romano hijo de Lucio Cornelio Escipión y hermano de Publio Cornelio Escipión (¿? - 211 a.C.), para impedir el paso de Aníbal a la Península Itálica. En el 218 a.C. desembarcó en Emporium (Ampurias), al frente de sesenta naves y dos legiones, que posteriormente se verían reforzadas con tropas auxiliares indígenas. Avanzó por la costa hasta Cissa, Cesse o Cosee, nombre de la Tarraco indígena, donde venció e hizo prisionero al general cartaginés Hannón. Cneo y sus tropas pasaron el invierno en Tarraco donde fundó la principal base de operaciones de los romanos durante la Segunda Guerra Púnica, esperando que al año siguiente se le uniera el ejército que mandaba su hermano Publio. 

Cneo Cornelio Escipión falleció el 212 a.C. luchando contra los cartagineses en  Llorci (Lorca).


Siglo II a.C. La rebelión de Numancia

Otro episodio importante en la historia de Tarraco fue el levantamiento de los celtíberos en Numancia, lo que provocó que en abril de 134 a.C desembarcara en la ciudad el cónsul Publio Cornelio Escipión Emiliano el Menor. 

A su llegada a Tarraco, el cónsul se encontró con unas huestes romanas desentrenadas, faltas de disciplina y ociosas, que vivían de manera relajada retozando con las más de dos mil prostitutas que, según las crónicas, había en la ciudad. Ante esta situación, Escipión se vio obligado a tomar medidas rigurosas para enderezar a sus legiones, comenzando por sus costumbres de comida y aseo y siguiendo por un duro entrenamiento de marchas e incluso empleando el castigo corporal mediante azotes con varas de vid. Una vez restablecida la disciplina entre sus tropas avanzó hacia Numancia y, a pesar de su superioridad numérica, sólo pudo someter a la ciudad rebelde tras un cruel asedio, el cual concluyó el 133 a.C.


Siglo I a.C. El desarrollo de la ciudad en época tardo-republicana y con el emperador Augusto.

Durante la época tardo-republicana, Tarraco era un centro político autónomo que disfrutaba de un estatus privilegiado como ciudad federada y libre, exenta del gobierno y la fiscalidad de la metrópolis, sin la obligación de tener que dar cuartel a tropas, aunque tenía el deber de aportar recursos a Roma y no podía establecer tratados con otros pueblos sin su aquiescencia.

En el 49 a.C, tras la batalla de Ilerda y la consiguiente rendición de las tropas de Pompeyo, Julio César celebró en Corduba una asamblea de aliados y luego, desde Gades, embarcó hacia Tarraco para recibir la adhesión de sus aliados procedentes de toda la Hispania Citerior. 

Tarraco era una de las ciudades más importantes del mundo romano y según algunos autores, obtuvo el título de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco alrededor del 45 a.C. Según otros este estatuto lo recibió de Augusto en el 25 a.C. El apelativo Iulia es característico de las colonias fundadas por Julio César, mientras que Urbs aparece en ciudades como Carthago Nova, Gades o Italica. Triumphalis podría hacer referencia a las victorias conseguidas por César Augusto en Hispania tras las Guerras Cántabras, motivo por el cual le fue concedido un "triunfo" por el Senado de Roma.

En época republicana comenzó a erigirse un templo con tres celdas continuas para cada una de las divinidades tutelaras de la ciudad: Júpiter, Juno y Minerva. Unos cincuenta años después se construyó un edificio más monumental, posiblemente para conmemorar la concesión del estatuto de colonia a la ciudad por parte de Julio César.

Con la proclamación de Augusto como emperador, Tarraco se consolidó como capital provincial a costa de Carthago, ya que Tarraco había sido fundada por los Escipiones mientras que Carthago lo había sido por los púnicos, lo cual le concedía un prestigio especial en esa época en la que se consolidaba el culto imperial.

Tras la muerte de Augusto en 14 d.C, los habitantes de Tarraco solicitaron permiso a Tiberio para levantar un templo en su honor, que quedó integrado en el Foro Provincial. En su construcción se emplearon enormes bloques de mármol blanco de Carrara. Los pórticos perimetrales estaban decorados con un ático con escudos con imágenes de Júpiter Amón, que imitaban la ornamentación del Foro de Augusto en Roma.

Medallón  de Jupiter-Ammón en mármol de Carrara. Siglo I d.C. Foro Provincial.


La arquitectura de Tarraco


Las murallas.

En el año 218 a.C, al principio de la Segunda Guerra Púnica, el ejército romano comenzó a fortificar la colina en la que se hallaba la guarnición de Tarrakon, para lo cual se levantó una muralla provisional de piedra, madera y tierra. Posteriormente, alrededor del 200 a.C, se construyó una nueva muralla más consistente, con muros de 6 m de alto y 4 m de ancho de grandes piedras irregulares (opus siliceum).

Torre del Arzobispo

La muralla estaba provista de torres dentro de las cuales había unas estancias destinadas a la tropa y otras para la artillería de torsión, como los escorpiones. 

Torre del Cabiscol o del Seminario.

Actualmente se conservan tres: la parte inferior de la conocida como del Arzobispo, la del Seminario y la de Minerva.

Torre de Minerva

La torre de Minerva muestra el relieve romano más antiguo fuera de Italia.

Relieve de la Torre de Minerva

Cerca de Tarrakon se comenzó a construir un barrio (cannaba) en el que residían las familias de la tropa, comerciantes y marineros. La evolución de la conquista de Hispania configuró a Tarraco como un centro militar, político y económico, por lo que se hizo necesaria la construcción de una ciudad que alberguara los organismos del poder. Para ello, entre el 150 y el 100 a.C se amplió la muralla de la zona alta hasta el puerto y se construyó una nueva muralla, también de grandes piedras irregulares y de 2-3 m de altura y de 5-6 m de anchura, que probablemente circundaba toda la ciudad, con una extensión de 5 km.


El Foro Local.

El foro local se construyó alrededor del año 30 a.C y era el centro religioso y social de la ciudad. Se componía de una plaza rodeada de edificios públicos, como templos, la basílica (edificio de tres naves en el que estaba el tribunal de justicia), locales comerciales y esculturas que representaban a personajes que habían ocupado cargos de poder, patronos de la ciudad y emperadores, así como unos relieves monumentales en los que se mostraban las provincias y los bárbaros sometidos. 


Actualmente se conservan los restos de la basílica y de una calle romana, basamentos de estatuas, fragmentos de capiteles de las columnas de la basílica, inscripciones y restos de esculturas.



Acueducto de Tarragona.

Fue construido en el siglo I a.C por orden del emperador Augusto. Los restos que se conservan forman parte del sistema que suministraba agua del río Francolí a Tarraco. 

El canal de conducción del agua (specus) iba serpenteando, siguiendo las curvas de nivel hasta llegar hasta este barranco situado a 4 km al N de la ciudad, lugar en donde se construyó el puente de 217 m de largo y 27 m de altura, con dos niveles de arcos superpuestos y un desnivel de 40 cm que permitía que el agua corriera por la parte superior hacia la ciudad, donde volvía a ser canalizada. Para su construcción se emplearon sillares de piedra unidos en seco sin mortero, procedentes de una cantera cercana. 


La hilera inferior consta de once arcos de diferentes alturas según el desnivel del terreno, siendo más altos en el centro. La hilera superior está formada por veinticinco arcos uniformes sobre los que descansa el cajón de conducción del agua, recubierto en su interior con un mortero especial para este tipo de obras hidráulicas.



El Teatro. 

El teatro romano fue construido en época de Augusto a finales del siglo I a.C. Además de los espectáculos, en este lugar se realizaban ceremonias civiles y religiosas. 


Actualmente se conserva parte de las gradas, los cimientos del escenario y algunas de las bóvedas que sostenían la fachada exterior. En las excavaciones se han hallado esculturas que representaban a los miembros de la familia imperial.


En la media cavea, encima de la Porta Triumphalis del teatro justo antes de llegar a la arena, se encontraba la inscripción monumental que conmemoraba la construcción del anfiteatro (flamen romae divorum et augustorum). Un fragmento de esta inscripción apareció reutilizado en una tumba de la necrópolis visigoda y su traducción permitió conocer que el anfiteatro fue financiado por un sacerdote provincial de la primera mitad del siglo II.


Cerca de la Porta Triumphalis pasaba, a finales del siglo I a.C, un ramal de la Via Augusta que conducía hasta la parte baja y el puerto de la ciudad. A ambos lados de este tramo de 5 m de ancho se fue desarrollando una necrópolis de la que aún se conservan algunas tumbas, fragmentos de inscripciones y un cipo funerario.


A partir del siglo III, la arena del anfiteatro se transformó en un lugar de culto para los cristianos, ya que en este lugar fueron martirizados en el año  259 el obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. En torno a la basílica visigoda del siglo VI se construyó un cementerio que se mantuvo durante época medieval.


Las construcciones del Foro Provincial.

Cada año se reunían en Tarraco los delegados de las principales ciudades de la provincia para los festejos del culto imperial, escogiendo al flamen o sacerdote encargado de las ceremonias. 

La construcción del foro provincial se realizó durante las tres décadas de la dinastía flavia. El conjunto estaba formado por tres terrazas a distinta altura, lo que supuso un ingente trabajo de construcción de terraplenes. En una primera fase (70 d.C) se edificó una plaza porticada con el templo de culto y el área sagrada. 

Posteriormente se construyó el área de representación con una enorme plaza, la más grande de todo el mundo romano, rodeada de pórticos a distintas alturas y enormes galerías abovedadas en cuyos pisos superiores se encontraban las dependencias administrativas de la provincia. En el interior de la plaza había unos grandes estanques abastecidos por acueductos urbanos, enormes cráteras de mármol y cientos de estatuas dedicadas a los flamines y prohombres de la ciudad. Dos grandes torres controlaban el acceso a la plaza y la comunicaban con el resto de la ciudad.

Por último, durante el reinado de Domiciano (81-96 d.C), se edificó el circo en la parte superior de la colina que delimitaban las antiguas murallas de la colonia levantadas en época republicana.




La Torre del Pretorio.

La Torre del Pretorio pertenecía a la gran plaza de representación del Foro Provincial, construida en época de Vespasiano alrededor del 73 d.C.  La antesala formaba parte de la escalinata monumental de lado SE de la plaza de representación del foro provincial y conectaba el circo con la plaza del foro.


En la bóveda superior del foro correspondiente al segundo nivel, a la altura de la gran plaza de representación del foro, la galería está cubierta por una bóveda de cañon de hormigón encofrado en la que se encuentra el sarcófago de Hipólito.


El sarcófago es  del siglo III d.C y en sus relieves se narra el mito del héroe.



El Circo.

Fue construido en el siglo I d.C por orden del emperador Domiciano para las competiciones de carros. Disponía de 12 cárceres o cajas de salidas para otros tantos carros de dos o cuatro caballos que se agrupaban en cuatro equipos: blanco, azul, rojo y verde. La carrera consistía en dar nueve vueltas a un gran estanque central señalizado en sus extremos con grandes conos y decorado con obeliscos, torres y estatuas.


Las dimensiones del circo eran reducidas si lo comparamos con las de la plaza, ya que tenía una longitud de 325 m y una anchura de 115-100 m. La pista medía 290 m de largo por 67 m de ancho y estaba separada de las gradas por un podio de sillería de 3 m de altura rematado por una barandilla.


Las vueltas interiores servían para aguantar el graderío superior del circo. En Tarragona encontramos uno de los tramos más largos que se conservan en la actualidad en todo el mundo.



En el sector oriental del Circo se conservan las llamadas bóvedas de San Hermenegildo y la Porta Triumphalis


La bóveda de San Hermenegildo tenía una longitud aproximada de 100 m y corría paralela a la muralla, conectando la fachada del circo con una escalinata monumental situada al final, que permitía el acceso de los espectadores a la parte N del edificio. Los muros de la bóveda son de hormigón revestidos con hiladas de sillarejo (opus vittatum) y la cubierta es un arco de medio punto también de hormigón. 


En el muro O de esta larga bóveda se abrían seis puertas con arcos de medio punto que permitían el acceso a unos espacios, dispuestos radialmente por encontrarse en la curva del lado E del Circo, y que estaban cubiertos con bóvedas inclinadas que actuaban como cimentación de la grada. Al final de la bóveda de San Hermenegildo se encuentra la confluencia con otra bóveda transversal que conectaba con la Porta Triumphalis.



Monumento funerario dedicado a Attis.

Se trata de una modesta construcción erigida en la primera mitad del siglo I d.C junto a la Via Augusta, en las proximidades de Tarraco. Se trata de una torre de 9 m de altura en cuya construcción se emplearon grandes sillares de piedra caliza extraída de una cantera cercana.


Está formada por tres cuerpos superpuestos rematados por una cubierta piramidal que actualmente ha desaparecido. En el interior del cuerpo superior se hallaba la cámara funeraria en la que se depositaban las urnas con las cenizas de los difuntos. En la parte frontal y en los laterales existen nichos representados en forma esquemática y la cara del edificio que da a la Vía presenta una decoración con relieves con figuras de Attis, sobre cuyas cabezas aparecen los restos de una inscripción funeraria en el interior de una tabula ansata, la cual ha sido traducida como: “Enalteced las obras que dejó al morir; olvidándose de él, erigió para los suyos un solo sepulcro donde tienen que permanecer para siempre


La figuras de Attis están representadas de pié sobre dos pedestales moldurados, con la pierna exterior cruzada en actitud de descanso y vistiendo al modo oriental, con una túnica corta con mangas y ceñida en la cintura, bragas persas sujetas en los tobillos, largo manto y la cabeza cubierta por un sombrero frigio.

Attis era una divinidad frigia que protegía a los difuntos y los guiaba en su resurrección. Era era hijo de Nana, una ninfa del río, y fue criado por un carnero. Destacaba por su belleza, motivo por el cual la diosa Cibeles, la Magna Mater, se enamoró de él. Cuando Attis fue enviado por sus padres adoptivos para contraer matrimonio con una de las hijas del rey, Cibeles se presentó ante él y lo hizo enloquecer. Fuera de sí, Attis se castró a sí mismo y el rey, que iba a ser su suegro, hizo lo mismo. Es por este motivo que los sacerdotes del culto a Attis eran eunucos.

En los cultos mistéricos de los frigios, Attis moría cada año y resucitaba en primavera, por lo que era símbolo de renovación y resurgimiento, de la vida nueva, de la victoria sobre la oscuridad y la muerte. Por eso aparece a menudo en contextos funerarios tutelando al difunto en su viaje a la otra vida.

Con el emperador Claudio el culto a Attis se hizo oficial en el Imperio y existen pruebas de su presencia en Hispania desde la primera mitad del siglo I d.C, alcanzando su apogeo en la segunda mitad del siglo II d.C.


Las termas públicas.

En la antigua zona portuaria se han hallado restos de unas termas que datan del siglo IV d.C. y que debían ser usadas por las personas que llegaban a la ciudad por vía marítima. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.