domingo, 25 de septiembre de 2016

Necrópolis romana de Carmona

El Conjunto Arqueológico de Carmona está constituido por una serie de túmulos tartésicos, un anfiteatro y una de las necrópolis de la antigua ciudad romana de Carmo.

Los restos arqueológicos más antiguos son los túmulos tartésicos fechados en el siglo VII a.C. En este tipo de enterramientos se excavaba una fosa central en el terreno y posteriormente se cubría con un montículo o túmulo de tierra.


El anfiteatro romano es del siglo I a.C y fue excavado parcialmente en la roca del alcor aprovechando la pendiente natural del terreno. Posteriormente, en el siglo I d.C, se construyó en sus inmediaciones la Vía Augusta que comunicaba Hispalis y Gades.


En los márgenes de la Vía Augusta se situaba la necrópolis romana, que en su día estuvo densamente ocupada. Las tumbas más antiguas excavadas hasta el momento se sitúan al S del anfiteatro y están datadas en el siglo II a.C. En ellas el cadáver era enterrado flexionado y con la cabeza orientada al E.

En el siglo I a.C se construyeron tumbas individuales y en los ritos funerarios se utilizaron urnas cinerarias de cerámica pintadas a bandas. Más tarde, en el siglo I d.C. se pasó de las tumbas de inhumación y cremación a la construcción de  complejos funerarios hipogeos colectivos con pozo y cámara simple. Este fue el momento en que la necrópolis alcanzó una mayor monumentalidad, coincidiendo con el apogeo del desarrollo de la ciudad.

Las tumbas hipogeas se dejaron de utilizar entre finales del siglo I d.C y comienzos del II d.C., produciéndose un cambio consistente en la realización de cremaciones individuales para luego enterrar los restos óseos en el mismo lugar donde se había llevado a cabo la combustión del cuerpo.

Las más de cien tumbas que han sido excavadas presentan estructuras funerarias de variada tipología, predominando las cámaras subterráneas de planta rectangular o cuadrangular excavadas en el macizo calcáreo-arenítico de los Alcores.

El acceso a las cámaras se realizaba por un pozo vertical que probablemente estaba revestido interiormente y que presentaba entalladuras en las paredes o escaleras. Salvo en una de las tumbas, en todas las demás el pozo y la cámara eran contiguos, por lo que no existía ningún vestíbulo diferenciado.


En la cámara se situaban varios nichos en los que se colocaban las urnas funerarias que contenían los restos de la cremación de los cuerpos. 


También disponía de un banco que se extendía generalmente por tres de sus lados, a veces cuatro, salvo en la parte donde se encontraba la puerta que comunicaba el pozo con la cámara. Por lo general, en el exterior de la tumba se colocaban vasos de ofrendas y en el interior ungüentarios y una o dos monedas, correspondiendo la mayor parte de las encontradas al reinado de los emperadores Adriano y Antonio Pío. Aunque actualmente no se conservan, por encima de la superficie se edificaron monumentales estructuras como una manifestación de ostentación de sus propietarios.

Si bien la necrópolis de Carmo era genuinamente romana se aprecia claramente la existencia de rasgos orientales de influencia púnica, que confieren a este conjunto arqueológico un carácter singular.

A continuación describiré brevemente algunas de las tumbas más importantes de la necrópolis:


Tumba de Servilia

La tumba de Servilia se excavó a comienzos del siglo XX. Destaca por su monumentalidad y por la singularidad de su planta, lo que la convierte en uno de los monumentos funerarios más importantes de la Hispania romana.


El acceso a la tumba se realiza a través de una escalera que da paso a un corredor.


La tumba de Servilia reproduce el diseño de una casa romana del siglo I d.C, con un gran patio rectangular y porticado, de 24 m de largo por 17,6 m de ancho, con columnas jónicas de fustes estriados y basas sin plinto. 


En el centro del patio se sitúa el influvium, piscina donde se recogía el agua de lluvia, y en uno de los laterales se encuentra una estancia rectangular en la que reposa el sarcófago de Servilia, transportado hasta aquí por Bonsor en las excavaciones realizadas a finales del siglo XIX.


La cámara funeraria es una sala subterránea con cúpula excavada en la roca y arcos de refuerzo, donde se depositaban las inhumaciones en sarcófagos de piedra dispuestos en los espacios entre los arcos. La cúpula mide 4,20 m de altura y en su parte superior presenta un óculo de 50 cm de diámetro. Esta cámara se comunica con otra muy pequeña de 1,20 m de lado, provista de banco corrido y destinada a las incineraciones.


La tumba estaba pintada y decorada con diversos motivos, entre los que podemos señalar círculos, triángulos, rectángulos y temas relacionados con la naturaleza, como plantas, una pareja de palomas o un pájaro de plumas verdes y alas rojas. También se conservan restos de lo que parece ser un/a sirviente que abanica a una mujer que está sentada y que luce un peinado recogido, con raya al medio y un moño alargado atado con cintas.

La tumba de Servilia es la única de la necrópolis en la que se han encontrado estatuas de mármol de estilo clásico. Destaca una escultura de mujer, bien conservada pero a la que le falta la cabeza, y que se supone que representa a Servilia. 


También se halló un retrato de niño de cuerpo entero, desnudo y con peinado de mechones desordenados, que según García y Bellido puede datarse hacia mediados del siglo I d.C.  Por último, señalar el hallazgo de un retrato masculino que Bendala data en época Julio-Claudia (comienzos del siglo I d.C) y que ha sido identificado como Servilio Polion, prefecto de Carmo en tiempos de Calígula.

Por lo tanto, Servilia formaba parte de una importante familia y su tumba sin duda es un monumento marcadamente elitista cuyas dimensiones superan con creces a todas las demás de la necrópolis, lo que muestra de manera inequívoca una clara intención de ostentación propia de una clase social elevada que buscaba diferenciarse del resto de los miembros de la comunidad.


Tumba del Elefante

La Tumba del Elefante es una de las construcciones más lujosas de la necrópolis. En la excavación de esta tumba se hallaron abrazaderas metálicas de puertas, lo que confirma la existencia de un edificio situado sobre la infraestructura funeraria.


Además de por sus características arquitectónicas, la Tumba del Elefante es sumamente interesante por su significación ritual o religiosa, ya que en su interior se encontró una estatua del dios Attis y la de un elefante.


Attis era hijo de Nana, una ninfa del río, y fue criado por un carnero. Destacaba por su belleza, motivo por el cual la diosa Cibeles, la Magna Mater, se enamoró de él. Cuando Attis fue enviado por sus padres adoptivos para contraer matrimonio con una de las hijas del rey, Cibeles se presentó ante él y lo hizo enloquecer. Fuera de sí, Attis se castró a sí mismo y el rey, que iba a ser su suegro, hizo lo mismo. Es por este motivo que los sacerdotes del culto a Attis eran eunucos.

En los cultos mistéricos de los frigios, Attis moría cada año y resucitaba en primavera, por lo que era símbolo de renovación y resurgimiento, de la vida nueva, de la victoria sobre la oscuridad y la muerte. Por eso aparece a menudo en contextos funerarios tutelando al difunto en su viaje a la otra vida.

Con el emperador Claudio el culto a Attis se hizo oficial en el Imperio y existen pruebas de su presencia en Hispania desde la primera mitad del siglo I d.C, alcanzando su apogeo en la segunda mitad del siglo II d.C.


Actualmente sigue sin haber acuerdo sobre si la Tumba del Elefante era un monumento funerario de una familia que profesaba devoción a Cibeles o si también era un santuario para el culto mistérico a Attis y a la Magna Mater, como sostiene Bendala. 


Incluso Jiménez Hernández y Carrasco Gómez señalan una serie de elementos que les lleva a concluir que la Tumba del Elefante fue reconvertida en un mitreo. Destacan aspectos como que la ventana de la tumba no se diseñó para iluminar la sala, sino para proyectar los rayos del sol sobre el centro de la habitación durante los equinoccios. Además los mitreos se localizaban siempre en cuevas que se ubicaban generalmente en espacios habilitados en ámbitos domésticos o, en este caso, funerarios.


Tumba de Postumo

Sobre la cámara subterránea de esta tumba se erigió una gran estructura, como lo demuestran los enormes sillares encontrados en la excavación. Actualmente se conserva el ustrinum, lugar donde se incineraba a los difuntos, un altar y restos de hermosos frescos pintados por C. Silvanus.



Tumba de los Cuatro Departamentos

Destaca por la complicada estructura de cuatro cámaras conectadas por un pasillo, a las que se accede por un profundo pozo. 


Tiene bóveda rebajada y bancos adosados. 


Se desconoce si las cámaras estaban destinadas a una misma familia, a varias emparentadas o si era colectiva.


Tumba de las Guirnaldas

Recibe su nombre por las pinturas que decoran su interior.


Hoy en día se conservan los restos del ustrinum.


Constaba de una construcción exterior y de una cámara subterránea a la que se accedía a través de una escalera. 


Por su tamaño y tipología debió pertenecer a una familia de clase social media-alta. 

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Bibliografía

Rodríguez Temiño, Jiménez Hernández, González Acuña y Ruíz Cecilia. Avance de las nuevas investigaciones en la necrópolis romana de Carmona.

Abad Casal y Bendala Galán. La tumba de Servilia de la necrópolis romana de Carmona.Jiménez Hernández y Carrasco Gómez.


La Tumba del Elefante de la Necrópolis Romana de Carmona. Una revisión necesaria desde la Arqueología de la Arquitectura y la Arqueoastronomía.


Blanco García y Pérez González. Escultura de Attis en la Submeseta Norte.