lunes, 19 de enero de 2015

Mezquita de Almonaster la Real (Huelva)

Almonaster la Real se encuentra situada en el NO de la provincia de Huelva, a 110 km de la capital. 


Es una zona de relieve muy accidentado en las estribaciones de la Sierra de Aracena, con una altitud media de 613 m, siendo su mayor altura los 917 m del Cerro de San Cristóbal. Diversos ríos recogen las aguas de los arroyos que bajan de la sierra, entre los que destacan por su importancia el Odiel, Escalada, Olivargas, Rivera y Río Caliente.

Almonaster tiene un clima mediterráneo con influencia oceánica que favorece el crecimiento de una flora muy variada. En las zonas más altas crecen castaños y quejigos, mientras que en las más bajas encontramos dehesas de encinas y alcornoques. Las vegas y zonas llanas están dedicadas al cultivo de hortalizas y frutales para el consumo del pueblo y sus aldeas.

Los primeros vestigios de población conocidos hasta este momento corresponden a la Edad de Bronce y revelan una intensa minería del oro y la plata. Entre los restos arqueológicos podemos destacar la necrópolis de cistas de Becerreros, las mazas halladas en la mina de cobre de Monte Romero y los enterramientos del Cerro del Moro.

De mayor importancia son los restos romanos de los siglos I y II y los correspondientes al monasterio visigodo de los siglos V-VII, que aún son apreciables cerca del castillo y sobre todo en la mezquita. Si bien no podemos afirmarlo con certeza, por la falta de una referencia totalmente fidedigna, fue este monasterio el que dio nombre a Almonaster con la invasión árabe (Al-munastyr).

El castillo

El castillo data de los siglos IX y X, durante el reinado de Abd al-Rahman III. Se sitúa sobre el cerro que domina la villa, en la ruta que unía las coras de Sevilla y Beja. 


En este enclave se levantó un recinto amurallado de planta irregular de 313 m de perímetro y 8.288 m2 de superficie. 


En las esquinas y en medio de los tramos más largos de las murallas se levantaron torres de planta rectangular y circular. La construcción de época califal es de mampostería reforzada con sillares romanos en las esquinas. Durante el período almohade se añadió un tapial de tierra arcillosa, encofrada, compactada y secada al sol. Posteriormente, en una etapa tardomedieval, se realizaron otras modificaciones cuando el castillo pasó a formar parte del conjunto de fortificaciones de la denominada Banda Gallega.

Con el paso del tiempo el castillo cayó en desuso y poco a poco se fue deteriorando. Parte de la mampostería procedente de la cerca amurallada se empleó en la construcción de una plaza de toros, sobre el antiguo patio de armas de la fortaleza. 


Esta plaza fue inaugurada en 1821 y tiene un aforo de mil doscientos espectadores. 

La mezquita

En el interior del castillo se edificó la mezquita, de planta trapezoidal y de estructura característica según los cánones cordobeses del período califal. 


En su construcción podemos distinguir elementos de estilo romano, visigodo, califal, almohade, románico y mudéjar. 


Se trata de la única mezquita situada en el rural que se ha conservado en España y es Monumento Nacional desde el 3 de junio de 1931.


Los materiales constructivos empleados son diversos: ladrillo, sillares de granito y mampostería. También se reutilizaron columnas y capiteles romanos de los siglos I y II así como restos del antiguo monasterio visigodo, como una lápida con epitafio, un cancel de iconostasis (un pequeño soporte que separa el presbiterio de las zonas de los fieles y en el que se solía poner imágenes), un cimacio o moldura en forma de “S” y el dintel situado encima de la puerta de entrada.


Tras la puerta de entrada a la mezquita accedemos a un patio de abluciones o sahn, que en  parte fue excavado en la roca. El sahn es de planta irregular casi cuadrada y tiene una pila de granito para las abluciones.


Tras el sahn viene la sala de oraciones o haramde planta irregular y formado por cinco naves, la central más ancha que las dos que le siguen y estas a su vez de mayor anchura que las dos exteriores. 


Las naves son perpendiculares al muro de la mezquita o quibla, que se orienta hacia La Meca, en este caso hacia el SE. Los arcos del haram, transversales a la quibla, son de ladrillo y para sus bases se emplearon capiteles, fustes de columnas y pilares de piedra  romanos y visigodos.


En el centro del muro de la quibla se halla el mihrab, el lugar hacia donde los fieles dirigían sus plegarias. Se trata de  un arcaico nicho de ladrillo muy peraltado y profundo que ha perdido su revestimiento. Está cubierto por media bóveda de horno y el arco de herradura está rodeado por una moldura o alfiz. Fue construido a finales del siglo IX, lo que le convierte en uno de los más antiguos de la Península Ibérica.


Al N, fuera del edificio, se levanta la torre o alminar desde el que el muecín llamaba a la oración. Es de planta cuadrada y en su base se encuentra el aljibe.




Para Basilio Pavón Maldonado (Las mezquitas del Cristo de la Luz de Toledo y de las Tres Puertas de Qayrawan. Arquitectura y decoración) el hecho de que la de Almonaster sea en buena parte una mezquita ladrillera, incluso con registros de ladrillo puestos de canto y fajas de mampostería, le lleva a relacionarla con el mudéjar toledano y plantea la posibilidad de que su construcción se deba a una escuela toledana del siglo X radicada en Andalucía. 


Con la conquista cristiana, la mezquita fue convertida en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción. José María Sánchez Sánchez (La mezquita de Almonaster: fases de cristianización) realiza un estudio pormenorizado de las modificaciones realizadas para adaptarla al nuevo culto.

Las primeras obras de acondicionamiento consistieron en ocultar el nicho del mihrab y levantar un primitivo ábside de estilo románico-mudéjar en el centro del muro NO. 


Este ábside de ladrillo con sillares en las esquinas creó un nuevo eje central que cambió la orientación litúrgica del edificio girándola 45º. En la segunda mitad del siglo XIV será renovado parcialmente y se le dará mayor altura, adaptándolo al estilo mudéjar sevillano predominante en la época.


Las obras más importantes se realizaron a finales del siglo XV y principios del XVI, cuando se labraron los pórticos en las puertas de acceso, se renovaron los arcos y se dispuso un primer cuerpo de campanas sobre la caña del antiguo alminar. Posteriormente se le incorporó un segundo cuerpo de campanas. El sahn fue reutilizado como capilla de bautismo, el muro de la quibla se reforzó en su exterior y para dar mayor preponderancia al eje central, junto al presbiterio se construyó un arco sobre dos capiteles visigodos.


En el siglo XVI se labraron la sacristía y el porche y en el siglo XVII se abrieron los ventanales y se remató la torre con chapitel de la época.  


En el siglo XVIII el ábside cristiano se cubrió con una bóveda con pinturas al fresco, hoy en día muy deterioradas.


Durante la guerra con Portugal se utilizaron estancias anexas a la ermita como polvorín, las cuales fueron alcanzadas por un rayo en 1684, lo que producirá daños en el frente NO de la ermita por lo que hubo que realizar nuevas obras. En 1881 de nuevo un rayo destruyó parte del campanario y provocó el desplome del tejado. El edificio en ruinas pasó a propiedad municipal y se reconstruyó acondicionándolo como hospital. Posteriormente fue abandonado definitivamente y así permaneció hasta su última restauración.


Apuntes históricos

Es probable que la primera presencia  árabe en la sierra de Huelva se produjera alrededor del 713 cuando Abd al Aziz ibn Musa, tercer emir dependiente del califato de Damasco entre el 713 y el 715, partió desde Sevilla para realizar una serie de incursiones contra el Algarve.

Durante el emirato y el califato de Córdoba, al-Ándalus estaba dividido en kuras (coras), distritos territoriales y administrativos en cuya capital residía un gobernador. La cora a su vez se subdividía en aqalin o climas (en singular iqlim), que eran unos distritos agrícolas que tenían como cabecera un castillo o una población importante. Los territorios del N de al-Ándalus que hacían frontera con tierras cristianas, se agruparon en marcas denominadas tagr (plural de tugur).

El enfrentamiento que se venía produciendo en la Península entre árabes y bereberes provocó la rebelión de estos últimos, por lo que el califa Hisham envió en 741 a Balch ibn Bishr al-Qushayrí  al mando de ochenta mil soldados, de los cuales doce mil eran sirios. Dos años después Abu-l-jattar al-Husam ibn Dirar al-Quelbí (emir de 742 a 744), acabó con una nueva secesión bereber y distribuyó a los sirios por los distritos rurales del S (Murcia, Sevilla, Niebla, Sidona, Algeciras, Jaén y Elvira) para contrarrestar la influencia berberisca.

Las provincias militarizadas donde se establecieron los sirios pasaron a recibir el nombre de kuwar muyannada. Los sirios del ejército (yund) de Damasco se asentaron en Ilbira (Granada); los del yund de Hims (Homs) en Sevilla y Niebla; los sirios del yund de Quinnasrin en Jaén; los de Al-Urdun (Jordán) en Rayya (Málaga); los de Palestina en Siduna (Cádiz) y los sirios de Egipto en Tudmin (Murcia) y el Al-Garb (Algarve) (Fátima Roldán Castro. La provincia de Huelva en época musulmana, límites territoriales).

Esta organización se mantuvo hasta el final del califato omeya (finales del siglo X), cuando Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Maafirí, llamado al-Manur (el victorioso) y más conocido como Almanzor, creó su propio ejército de soldados cristianos, mauritanos y bereberes de Ceuta, poniendo fin al sistema militar de tribus.

Según Fátima Roldán Castro, la primera vez que aparece documentado el término kura en al-Andalús es en el siglo VIII y se refiere al asentamiento del yund de Hins en Sevilla y Niebla. La cora de Ishbiliya (Sevilla) estaba dividida en los siguientes iqlim o climas: Ishbiliya, Iliya, al-Sahl, Lelio, al-Basal, Itálica, Aljarafe, Río, Tocina, al-Fhas, Qatasana y Almunastir (María Eugenia Gálvez Vázquez). El arabista Miguel Asín Palacios identifica este Almunastir como Almonaster la Real, lo que situaría este iqlim en el sector NO de la cora de Ishbiliya, limitando al S con la cora de Labla (Niebla), al O con la de Beja y al N con la de Mérida.

Coras de Niebla y Sevilla
 (Instituto de estadistica y cartografia. Junta de Andalucía)

Cuando en el 750 se desmorona el califato de Damasco y Abu al-Abbas comienza el aniquilamiento de los omeyas, Abd al Rahman I ibn Mu awiya, al Dáfil, hijo del califa, se ve obligado a huir cruzando el Éufrates y tras diversos avatares, en 755 llega a Almuñecar y se convierte en el primer emir independiente del Califato de Damasco.

Su descendiente Abd al-Rahman III ibn Muhammad ibn Abd Allah, al-Nasir (891-961) fue emir del 912 al 929, año que cambió su título por el de califa, Amir al-Muminin (príncipe de los creyentes), al-Nasir li-din Allah (protector de la religión de Allah). 

Apoyado en una aristocracia militar creó un estado feudal a imitación de los del norte de España, en el que convivían árabes, bereberes y cristianos. Fue durante su reinado cuando se construye el castillo y la mezquita de Almonaster.

Con la desaparición del califato cordobés aparecen los reinos de taifas (moluc altawaif) y Almonaster pasa a formar parte de la bandería del Reino de Sevilla, la más importante de todas las taifas. El tercer rey de Sevilla, Muhammad ibn Abbad al-Mutamid (1040-1095), fué la figura más interesante de los reinos de taifas. Nacido en Beja, a los once años era gobernador de Silves (Portugal). En 1067 heredó el trono de Sevilla de su padre al-Mutadid y en 1069 conquistó Córdoba. Fue rey de Sevilla hasta 1090 hasta que lo derrocaron los almorávides, quienes lo hicieron prisionero y lo llevaron a África para padecer una cruel prisión hasta su muerte en 1095.

Los almorávides fueron expulsados de Sevilla en 1147 por el ejército almohade al mando de Barraz, enviado por el rey de Marruecos Abd al-Mumin. Con la caída de los almohades en 1234, Musa ibn Mohammad ibn Nassir ibn Mahfuz se hizo con el dominio de Niebla y se proclamó emir del al-Garb. Conquistó el Alentejo, todo el Algarve y la provincia de Huelva desde Sierra Morena hasta la desembocadura del Guadalquivir. En 1235 Fernando III y Alvaro Pérez de Castro atacaron Jaén, mientras su tributario el rey Ibn Hud de Sevilla asediaba Niebla.

En la primera mitad del siglo XIII las poblaciones occidentales de Sierra Morena fueron arrebatadas a los musulmanes por las órdenes militares portuguesas: la Orden de Santiago tomó Mértola, Alfayat de la Peña, Ayamonte y Tavira, mientras que la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén y Rodas se hizo con Serpa, Moura, Aracena y Aroche. Entre los años 1245 y 1249 Pelayo Pérez Correa, maestre de la orden de Santiago, tomó la villa de Almonaster. En 1252 subió al trono de Castilla Alfonso X y en 1262 conquistó Niebla y Cádiz, con lo que desapareció el último reino musulmán del O de Andalucía.

Cuando se aborda la historia de Almonaster durante la época islámica a menudo se toma como fuente a Abu Ubayd al-Bakri, quien a su vez se basa en el geógrafo del siglo XI Al-Udri, del cual era discípulo. Abu Ubayd al-Bakri (1040-1094) fue un erudito, historiador, geógrafo, poeta y filólogo conocido principalmente por dos obras: Muyam ma Istayam (el libro que contiene por orden alfabético los nombres poco conocidos) y el Kitab al-masalik wa-l-mamalik (Libro de los reinos y de los caminos. 1068).

La verdad es que al-Bakri no tuvo ninguna relación con Huelva, por lo que hay que tomar con reservas las referencias que hace este autor y por lo tanto no resulta posible establecer de manera indubitada que el topónimo “Almunastyr” se corresponda con un lugar concreto. Puede que tal vez se refiera a una zona de Sierra Morena en la que se encontraría el pico de Almonaster (915 m) en la Sierra de Aracena, entre Almonaster la Real y Jabugo.

Lo cierto es que prácticamente no existen restos arqueológicos de la presencia musulmana en la sierra de Huelva, excepto en Aroche, Zufre y Almonaster. Esto nos hace suponer que la población serrana era escasa y que se concentraba en estos tres núcleos, cuya principal función se relacionaba con la captación del agua que era utilizada en la irrigación de los cultivos de los valles.

Una vez vencidos los almohades se produjo un enfrentamiento entre Castilla y Portugal por estos territorios por lo que pronto fueron repoblados con gallegos y leoneses. El rey Sancho IV “el bravo” (1258-1295) ordenó construir una red de fortificaciones conocida como la Banda Gallega, que se extendía por la sierra de Aracena y Sierra Morena Occidental y cuya misión era proteger la ciudad de Sevilla de un posible ataque. El castillo de Almonaster pasó a formar parte de esta estructura defensiva. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Dolmen de Soto (Trigueros. Huelva)

El término municipal de Trigueros se localiza en la Ribera Baja del Tinto, en la denominada Tierra Llana de Huelva. En esta zona de campiña se descubrió el dolmen de Soto, en la finca "La Lobita" bajo una pequeña loma llamada el "cabecillo del Zancarrón", a unos quinientos metros de la ribera del arroyo Candón.

El Zancarrón era un suave cerro casi circular de 75 m de diámetro y unos 3,5 m de altura, resultado de la acumulación de tierra blancuzca y fragmentos de piedra traídos desde otro lugar. El cabecillo destacaba claramente sobre la campiña que lo rodeaba y en su punto más alto se construyó en 1919 una casita para el guarda de la finca.

El dolmen de Soto fue descubierto en 1923 por Armando de Soto, propietario de la finca, y la excavación la realizó el arqueólogo Hugo Obermaier Grad (1877-1946). Sus resultados se publicaron en marzo de 1924 en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. El 3 de junio de 1931 fue declarado Monumento Nacional y desde 1987 es de titularidad pública y dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Dolmen de Soto durante las excavaciones. De derecha a izquierda: 
Hugo Obermaier, Armando de Soto y Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó 
(Obermaier. 1923)

Todo el conjunto del dolmen de Soto tuvo que ser restaurado mediante varias intervenciones. La primera la llevó a cabo el Ministerio de Cultura en 1957 y en 1981 Ismael Guarner acometió la fase inicial del proyecto de restauración. Este mismo arquitecto desarrolló la segunda fase en 1982, presentando la Memoria final de las obras realizadas en 1985. En 1986 la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía comenzó el proyecto de protección arqueológica del monumento realizando mejoras en el cerramiento, interior, entorno y acceso del dolmen, mediante el asfaltado de una serie de caminos que lo conectan con la A-286 y la nacional 436.

El círculo de piedras del Neolítico (4000-3000 a.C)

A partir del 4000 a.C, grupos humanos comenzaron a establecerse en esta región de Huelva. En esa época neolítica el clima del lugar era más húmedo que el actual y había una mayor densidad de vegetación, principalmente bosques de encinas. Como demuestran los análisis polínicos, la actividad humana relacionada con la agricultura y la ganadería provocó la progresiva desaparición de la masa forestal, de modo que en el período de transición entre el Neolítico Final y el Calcolítico predominaban las dehesas y las zonas de cultivo de cereales y vid.

Las excavaciones arqueológicas han descubierto que durante el Neolítico en este lugar ya se erigía un círculo de piedras sobre el cual posteriormente se levantó el dolmen de Soto, de modo que el anillo perimetral del túmulo que podemos contemplar actualmente es similar en tamaño y trazado al del primitivo círculo lítico.

Este círculo medía unos 60 m de diámetro y estaba constituido por piedras de distintas formas, tamaños y materiales: bloques, menhires, estelas-menhires de grauvaca, calcarenitas y conglomerados ferruginosos. A su lado había un grupo de cabañas, hogueras y estructuras votivas o rituales, que eran utilizadas en ceremonias y en prácticas relacionadas con la astronomía.

Planta del círculo de piedras y estructuras neolíticas previas al dolmen de Soto 
(J.A Linares Catela)

En base a los restos encontrados, se supone que debió tratarse de un santuario de gran importancia utilizado durante cientos de años hasta la Edad del Cobre, momento en el que fue transformado en dolmen empleando para ello los menhires y estelas-menhires del antiguo círculo.

Una de estas piedras reutilizadas es la losa 21 de la pared izquierda del dolmen, en la que aparece grabado un posible “ídolo dolménico oculado” del que se distingue la nariz, los dos ojos, el pecho y los brazos. El hecho de que esta representación esté colocada al revés, es una prueba de que la piedra sobre la que se halla fue extraída del círculo lítico y recolocada en posición invertida en el corredor del dolmen. Por lo tanto la figura que aparece en ella sería anterior a la construcción del dolmen y correspondería a la época neolítica.

El dolmen de Soto I (3000-2500 a.C)

El dolmen de Soto es una de las mayores construcciones megalíticas de Europa Occidental y la datación con carbono 14 estableció su antigüedad hacia finales del tercer milenio, en el período conocido como Eneolítico, Calcolítico o Edad del Cobre (3000- 2500 a.C).


El túmulo que recubre toda la estructura forma una colina circular de unos 3,5 m de altura y 70 m de diámetro, que sería visible desde varios kilómetros en la llanura que lo rodea. Fue construido mediante sucesivas capas de arcilla, rematado con cantos de río y delimitado por un anillo perimetral de bloques de piedras (calcarenitas, conglomerados ferruginosos, lajas de pizarra y grauvacas), hincados verticalmente y junto a las cuales se han hallado restos de platos de borde almendrado, cazuelas y cerámicas globulares. 


Este anillo de piedras está rodeado por un deambulatorio pavimentado con cantos de cuarzo y cuarcita. 


El sepulcro mide 21,5 m de largo y consta de 64 monolitos verticales, de los que 30 componen la pared derecha del corredor y 33 la izquierda. Algunos de ellos son estelas y menhires que formaban parte del círculo de piedras neolítico y que fueron reutilizados en la construcción del megalito. 


La cabecera de la cámara la ocupa una gran losa de 3,41 m de altura, 3,10 m de ancho, un  grosor de 0,72 m y un peso aproximado de 21,3 tm. 


Casi todas las losas tienen zapata y han sido consolidadas con muros de contención de hasta dos metros de espesor, realizados con una masa dura de cantos y fragmentos de pizarra entremezclados con arcilla.

Maqueta del dolmen de Soto (Museo Arqueológico de Huelva)

Obermaier tan sólo encontró veinte losas de la cubierta del corredor y ninguna de la cámara ya que fueron utilizadas por los campesinos en sus construcciones, apreciándose en algunos trozos las huellas de los barrenos.

El acceso al interior del túmulo se realiza desde la puerta orientada al E y situada en el atrio externo abierto. Cuando Obermaier realizó su excavación, la entrada tenía una altura de 145 cm y una anchura de 93 cm. 


Tras la puerta, un corredor con suelo de arcilla compactada nos conduce al interior. Al principio el piso es ligeramente descendente pero pronto se nivela, a la vez que la anchura y la altura del sepulcro van aumentando progresivamente. 


La galería continúa y a 4 m de la entrada llegamos a la antecámara, a la que se accede pasando por una segunda puerta que en el momento de la excavación medía 1,74 m de alto, con anchura entre las dos jambas de 82 cm. 


A 6 m de la entrada hay un pequeño pilar libre y a 14,5 m desde la puerta comienza la cámara, que cuando se excavó tenía una altura de 2,30 m y una anchura de 2,10 m. 


El interior de la cámara se halla a 19 m de la entrada y su altura es de 3,41 m con una anchura de 3,10 m.


Para la construcción de este colosal megalito se extrajeron enormes bloques de piedra realizando perforaciones en las rocas con herramientas muy rudimentarias, mediante las cuales se trazaban unas líneas de agujeros en los que se introducían cuñas de madera que al dilatarse por efecto del agua desgarraban grandes lajas. Sabemos que los ortostatos y losas de la cubierta del dolmen de Soto proceden de varios lugares, algunos de ellos muy distantes. Las rocas calizas, pizarras y conglomerados fueron traídas desde Niebla (6 km); las rocas areniscas desde Lucena (10 km); hay dos bloques de rocas volcánicas del Andévalo (30 km); los granitos fueron extraídos a unos 40 km de distancia. El transporte de todos estos materiales se realizó mediante arrastre, utilizando rodillos sobre los que se colocaban las losas y empleando la técnica de elevación de planos inclinados de tierra prensada. Además, como ya dije anteriormente, también se reutilizaron algunos monolitos que formaban parte del antiguo círculo neolítico.

En el centro de la cámara y delante de la cabecera existía una "pileta" o “mesa” rectangular muy baja de 115 cm de largo, 75 cm de ancho y 15 cm de alto, realizada con dos capas superpuestas de guijarros blancos unidos con arcilla. 

Localización de la pileta dentro de la cámara (Obermaier)

Se supone que tenía un uso ritual y que sobre ella se depositaban materiales, objetos o huesos durante la realización de las ceremonias. 

Cámara funeraria con la pileta al fondo (Obermaier)

La presencia de este pileta es un hecho infrecuente, ya que en la mayor parte de los casos aparecen en sepulcros de cúpula del O penínsular. Obermaier también encontró restos de pequeñas hogueras que según el arqueólogo hispano-alemán no estaban relacionadas con las sepulturas y que tampoco habían afectado a los huesos.

Como dije anteriormente, la puerta de acceso al interior del sepulcro está orientada al E, de modo que en los ortos solares de los equinocios de primavera y otoño, los rayos de luz entran y recorren el corredor para llegar hasta el fondo de la cámara. Por lo tanto este monumento aúna tanto las creencias rituales vinculadas a la muerte y la regeneración, como el conocimiento  astronómico necesario para controlar los ciclos de la naturaleza en la actividad agrícola y ganadera.


Las sepulturas

Cuando Hugo Obermaier excavó el dolmen de Soto comprobó que conservaba intacto su interior, debido a que una argamasa de arcilla durísima llenaba el sepulcro hasta casi la altura del techo y había recubierto las sepulturas totalmente. Desconocemos  cuándo y cómo fue rellenado el dolmen con arcilla, pero en todo caso impidió que el éste fuera saqueado, aunque dificultó mucho los trabajos de excavación. 

La enorme presión producida por todo este volumen de arcilla destruyó todos los restos humanos y cerámicos, por lo que Obermaier no pudo extraer más que fragmentos de huesos, entre los que destaca la mitad de una mandíbula superior de un hombre de complexión fuerte y de unos cuarenta años de edad; un fragmento de mandíbula inferior de una mujer; quince fragmentos de bóvedas craneanas; una porción de fémur superior y dientes. La sepultura que estaba más dañada era la número uno, situada en la entrada junto a la losa 4 de la pared derecha, donde también se encontraron restos de cerámica romana y árabe, lo que hace pensar que fue saqueada.

Dentro del sepulcro, Obermaier localizó restos de ocho cuerpos todos ellos situados junto a ortostatos que presentaban signos grabados. Los cadáveres fueron colocados en posición agachada, atados y envueltos en cueros y tejidos, para posteriormente ser llevados al interior del dolmen. Allí se situaron “sentados” a cierta altura sobre el suelo y con la espalda apoyada en la pared del monolito, lo cual es frecuente en los enterramientos megalíticos ya que permite aprovechar todo el espacio. El ajuar funerario se colocó al lado de cada uno de los cuerpos, e incluso es posible que en parte dentro de la propia cobertura del cadáver. Junto a los cráneos aparecieron restos de cerámica.

En su excelente trabajo, Obermaier describe la disposición de las sepulturas y el ajuar encontrado en cada una de ellas.

Pared N o derecha:

Sepultura 1. Junto a la losa 4 en la que aparece un grabado escutiforme. El ajuar consistía en sílex tallados, cerámica y un hacha.

Sepultura 2. Junto a la losa 15 decorada con tres círculos. Se encontraron sílex tallados, cerámica y un hacha.


Sepulturas 3 y 4. Restos de un adulto y un niño de unos cinco años (tal vez madre e hijo) junto a la losa 24, decorada con varios grabados entre los que destacan dos figuras antropomórficas esquemáticas. La figura de mayor tamaño parece proteger bajo su brazo derecho a otra persona mucho más pequeña, por lo que pudiera tratarse de una representación de los dos difuntos. Además de otros objetos se encontró un puñal de pizarra y un pequeño brazalete cónico que por su tamaño debió pertenecer al niño.

Sepultura 5. Junto a losa 29, con diseño esquematizado. Restos de un cuenco fino, sílex tallado y varias hachas.


Cabecera:

Sepultura 6. Un cadáver al pie de la gran losa con dos signos antropomorfos.

Pared S o izquierda:

Sepultura 7. Junto losa 20, con inscripciones  de tres puñales.


Sepultura 8. Losa 25, con dos puñales tallados.


Los hallazgos de Obermaier llevan a concluir que el dolmen de Soto fué realizado para albergar los cuerpos de personas que tenían relevancia social dentro de su comunidad y que probablemente estaban unidas por lazos de parentesco. De la presencia del cadáver de un niño y de la edad atribuida a los huesos encontrados, podemos deducir que la mortalidad infantil debió ser alta durante el Calcolítico. Probablemente la esperanza de vida estaría entre los veinte y los cuarenta años y muy pocos individuos superarían los sesenta años.  

Los grabados

El hecho de que el dolmen de Soto se encontrara pintado y grabado por completo, lo convierte en uno de los monumentos más interesantes del megalitismo europeo. 


Todos los ortostatos y losas de la cubierta estaban decorados con pinturas de color rojo y grabados realizados utilizando diversas técnicas, como el piqueteado, la incisión, la abrasión o el bajorrelieve.


Los motivos que aparecen en estos petroglifos son todos muy esquemáticos, como elementos geométricos, antropomorfos, idoliformes, cazoletas, hachas, puñales o líneas, símbolos todos ellos que guardan gran semejanza con los encontrados en otros megalitos de la Europa Atlántica. Además, todos los restos humanos hallados en el interior del dolmen estaban cerca de losas en las que había grabados símbolos, por lo que es razonable pensar en un simbolismo religioso relacionado con la muerte.


La presencia de varias representaciones de puñales triangulares de metal típicos de la Edad del Cobre, con empuñadura recta, vaina y a veces con regatones ovales, nos aporta una referencia a la hora de datar este tipo concreto de diseños. 


No obstante, no existe consenso en lo que se refiere a si los grabados y pinturas eran contemporáneos a los monumentos megalíticos o si fueron realizados posteriormente. Incluso hay divergencia en si las pinturas y los grabados son contemporáneos, ya que las pinturas suelen representar temas naturalistas y los grabados más abstractos.


A continuación haré un inventario de los grabados basándome en la descripción realizada por Obermaier:

Grabados en la pared derecha:

Grabado 1.- Losa 4 desde la entrada (granito): rectángulo vertical de 14 cm de alto cuyo lado superior se prolonga hacia la izquierda y que Obermaier interpreta como un escutiforme. Se encuentra a 77 cm de altura cerca de los restos de la sepultura 1.


Grabado 2. Losa 7 (granito): cuatro pequeñas cazoletas.

Grabado 3. Jamba de la puerta situada entre los ortostatos 8 y 9 (granito): grabado de 41 cm de largo formado por una combinación de líneas rectas y curvas. Es poco profundo y está a 37 cm de altura.


Grabado 4. Losa 15 (granito):  a 117 cm del suelo hay tres círculos de 10, 8’5 y 8 cm. Detrás de este ortostato estaba la sepultura 2.


Grabado 5. Losa 18 (granito): a 104 cm de altura está representado un triángulo invertido de 21 cm, con el vértice sin cerrar y un punto en la parte superior. No es muy profundo ni claro por haber sido pulimentada la roca con posterioridad a la realización del dibujo. Para Obermaier se trata del puñal típico del Calcolítico.


Grabado 6 (a, b y c). Losa 24 (granito): a 60 cm del suelo, grabado ligero de 24 cm a modo de triángulo invertido con un punto encima y un trazo vertical en su interior, que Obermaier considera como un puñal triangular roto en su parte superior. 


Encima de este símbolo y a 93 cm de altura aparece un conjunto formado por un signo, que Obermaier considera que se trata de un puñal de 26 cm de largo con mango cortísimo y vaina de regatón alargado y redondeado, en el interior de la cual hay una segunda línea que según este autor rectificaría las proporciones equivocadas del dibujo.


Un poco más arriba hay dos antropomorfos esquemáticos, con cabezas en forma de puntos y  brazos y piernas abiertas. La figura mayor mide unos 20 cm de largo y extiende su brazo derecho como si estuviera protegiendo a la pequeña, de 10 cm de alto. Junto a este monolito se encontraron los restos de un adulto y un niño (sepulturas 3 y 4), por lo que pudiera tratarse de una representación de ambos, quizás una madre y su hijo.


Por encima de los antropomorfos existe un tercer grabado de un trazo irregular de 26 cm de alto.


Grabado 7 (a y b). Losa 26 (caliza): figura humana esquematizada de 17 cm de largo, con cabeza circular, brazos en cruz y trazo vertical entre las piernas, situada a una altura de 149 cm.


Cerca de la cubierta hay un segundo grabado similar de 14 cm de alto, con forma de semicírculo incompleto al estar lascado y tres trazos verticales y otro horizontal. Para Obermaier es un antropomorfo más simplificado que el anterior, ya que carece de cuerpo y de brazo izquierdo.


Grabado 8. Losa 29 (arenisca): A 154 cm del suelo aparece una composición bastante borrosa de 22 cm de largo, formada por dos círculos concéntricos con punto en el centro; dos trazos cortos oblicuos en la parte superior derecha; tres trazos más largos y verticales en la base del círculo exterior; un trazo horizontal del mismo tamaño que los tres anteriores, a los que se opone y de los que está ligeramente separado. 


Para Obermaier se trata de una probable esquematización colocada al revés, similar a los dibujos del grupo 7. El cuerpo o la cabeza serán los dos círculos concéntricos con punto central; las tres líneas largas los pies y la línea aislada un brazo, mientras que los dos trazos cortos podrían ser adornos. Al pie de este ortostato había un esqueleto humano (sepultura 5).

Grabados en la pared izquierda:

Grabado 9. Losa 18 (arenisca): presenta concavidades ovaloides, de las cuales la más profunda mide 26 cm de largo y 12 cm de anchura máxima y se encuentra a una altura de 68 cm. Estas marcas se produjeron al alisar instrumentos de piedra como hachas o cinceles, probablemente en la cantera de donde se extrajeron las losas o durante el transporte o construcción del dolmen.  

Grabado 10. Losa 19 (granito): a 70 cm de altura hay un motivo de 30 cm de largo con tendencia oval en la parte superior, base recta y horizontal con cinco trazos rectos verticales y otro trazo recto vertical en la parte superior. Para Obermaier es un antropomorfo esquematizado, con una línea a modo de cabeza y una capa o falda con posibles franjas.

Grabado 11. Losa 20 (granito): a 37 cm del suelo se representa un motivo de tendencia triangular de 26 cm de largo, con base horizontal prolongada en la parte superior de la que parte un trazo corto vertical rematado con un punto; vértice sin cerrar. Posible  puñal enmangado.


A una altura de 96 cm hay dos motivos triangulares opuestos por las bases, de 28 y 29 cm de largo respectivamente; la del superior se prolonga a ambos lados del triángulo; ambos presentan en las bases dos trazos verticales internos con la misma inclinación, lo que da una apariencia de continuidad a pesar de estar separados. Se trataría de otros dos puñales triangulares contrapuestos con los mangos dibujados dentro de las mismas hojas.


Delante de este ortostato se situaba la sepultura 7.

Grabado 12. Losa 21 (granito): a 16 cm sobre el suelo aparece representado lo que Obermaier identifica como “un ídolo dolménico oculado” colocado al revés. La frente con la nariz la forma  un bajorrelieve semicircular de 22 cm de anchura máxima y los ojos son dos pequeñas cazoletas de 1,8 y 2 cm de diámetro. Abajo a la izquierda aparecen dos grabados que  Obermaier interpreta como el pecho y los brazos del ídolo. Uno de ellos es un diseño circular con trazo en forma de arco a su izquierda. El otro está a la derecha del anterior y repite el mismo diseño aunque opuesto, con el trazo en forma de arco dirigido hacia la derecha; se encuentra incompleto al estar lascado.


El hecho de que este ídolo haya sido grabado en bajorrelieve y que se encuentre en posición invertida, lleva a pensar que la roca sobre la que se encuentra era uno de los menhires del primitivo círculo neolítico que fue reutilizado como material de construcción del dolmen. Por lo tanto esta representación tendría una cronología anterior a la del túmulo.

A 40 cm por debajo, en el extremo opuesto al ídolo, encontramos un antropomorfo de 24 cm de largo con un punto como cabeza, otro como parte superior del cuerpo y un trazo recto y vertical como parte inferior; brazos curvados, separados del cuerpo y grabados profundamente. Este grabado, a diferencia del idoliforme, si habría sido realizado en la fecha en la que se erigió el megalito.


Grabado 13. Losa 25 (granito): a 1 m de altura aparecen dos motivos de 33 y 24 cm, de tendencia triangular y contrapuestos por los vértices que están sin cerrar; el vértice del inferior presenta un ensanchamiento con dos trazos curvos. Se trata de dos puñales con empuñaduras macizas terminadas en bolas y vainas que finalizan en regatón redondo o en punta, respectivamente. Junto a este monolito se hallaba la sepultura 8.


Grabado 14. Losa 26 (granito): dos grabados en la parte superior de 52 y  30 cm de largo, cada uno de ellos formado por dos trazos rectos; los del izquierdo crean un codo y tienden a juntarse en la parte inferior pero no llegan a hacerlo totalmente; el derecho tiene un trazo recto y el otro se quiebra y también tiende a converger. Pudieran ser brazos esquematizados.


A una altura de 135 cm sobre el suelo hay un grabado poco profundo de un puñal.

Grabado 15. Losa 27: cerca de la base se distingue vagamente la figura de un puñal triangular.

Grabado 16. Losa 30 (granito): a 77 cm de altura hay un círculo poco visible de 8,5 cm de diámetro con trazo vertical en la parte superior izquierda.


Grabado 17. Losa 31 (granito): las dos terceras partes inferiores del ortostato están cubiertas con alrededor de 40 pequeñas cazoletas; unas de unos 2 cm de diámetro y poco profundas; otras de 5 a 6 cm de diámetro y profundas; la mayor mide 8 cm de diámetro. Las cazoletas que se encuentran en la parte más baja, situada encima del suelo, pueden ser anteriores a la construcción del túmulo.


Grabados de la cabecera:

En este monolito granítico, al lado del que se hallaba la sepultura 6, se distinguen huecos ovaloides utilizados para pulir las herramientas y dos grabados de antropomorfos esquemáticos, de ejecución esmerada, situados a 189 cm del suelo.

El de abajo mide 13 cm de alto y posiblemente represente el tipo femenino acéfalo, con cuerpo en forma de círculo, tronco lineal y brazos caídos.


El superior puede ser el masculino, mide 12,5 cm de alto y tiene las piernas encorvadas hacia arriba, en forma de ancla, y los brazos en forma de cruz.


Grabado de la cubierta:

Sólo aparece un grabado en el último ortostato de granito al comienzo de la cámara. Se trata de un círculo de 14 cm de diámetro y contorno ancho, dividido en dos partes iguales por una línea transversal. A su derecha se halla una cazoleta de 6,5 cm de ancho.


Útiles encontrados:

En la excavación de Obermaier se recuperaron los siguientes restos: tres hachas de granito bien pulimentado; tres hachas de granito toscas; un hacha fina de sílex verdoso; un hacha- martillo de granito; un machacador de granito muy gastado; un hacha de serpentina tosca; catorce cuchillos de sílex negruzco de hojas finas, la mayoría sin retoques y bordes muy cortantes; veinte fragmentos de cuchillos de sílex; una varilla de marfil de 4,7 cm de largo  y 1 cm de diámetro; restos de equinodermos marinos de la clase Crinoidea; un diente fósil de tiburón que quizás fuera algún tipo de amuleto; un molar de caballo; tres molares de toro; un diente de cerdo o jabalí; varios huesecillos de pájaros. Posiblemente estos restos de animales formaran parte de algún tipo de ofrenda o tuvieran algún significado mágico.

Por lo que se refiere a los restos de cerámica encontrados estaban todos casi deshechos. Parte de los fragmentos eran de vasos toscos de pasta mal cocida carentes de decoración y también había otros restos de barro más fino y caras alisadas. Las piezas halladas correspondían a cuencos semiesféricos, platos bajos y recipientes esféricos, todos de bordes sencillos y realizados sin torno.

El fragmento mejor conservado corresponde a un cuenco semiesférico de barro fino y negruzco de paredes pulimentadas. Además se encontraron once fragmentos de un plato grande, fino y de color ladrillo, decorado con seis líneas de incisiones en zig-zags y con borde superior ornamentado con líneas entrecruzadas formando un enrejado.

Junto al monolito 24 (sepultura doble) se halló un brazalete cónico de hueso con tres perforaciones redondas cerca del borde inferior y otras tres cerca del superior. 

Brazalete de hueso (Obermaier)

También se encontró un puñal de piedra de 12 cm hecho de pizarra negra pulimentada, con hoja de doble filo y con un grueso nervio.

El dolmen de Soto II (3000-2500 a.C)

A unos 250 m al N del dolmen de Soto I existía un segundo megalito más pequeño, con un corredor de unos 8 m de largo y 1,4 m de ancho, y una cámara funeraria de forma oval de 6 m de largo y 2,5 m de ancho. Armando de Soto lo hizo excavar y en su interior se hallaron restos de 18-20 cráneos de otros tantos cadáveres, que en su mayoría habían sido colocados sentados sobre la arcilla roja, arrimados a las losas y recubiertos de una capa de tierra mezclada con guijarros grandes, aunque algunos estaban en decúbito supino y orientados verticalmente respecto al eje del dolmen.

El ajuar recuperado fue bastante exiguo y se componía de un hacha trapezoidal de piedra, seis hojas delgadas de sílex, una punta de flecha de sílex, una hoja de puñal o lanza de cobre, dos fragmentos de varillas de marfil, un fragmento de cristal de roca, un cuarzo cristalizado de un kilogramo de peso y forma hexagonal, así como restos de cerámica.

A diferencia de Soto I, sólo apareció un único grabado de 58 cm de largo y 47 cm de ancho.


Para finalizar, adjunto el enlace al trabajo completo de Obermaier publicado en 1924 en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones:
http://ddd.uab.cat/pub/bolsocespexc/bolsocespexc_a1924m3v32t1.pdf