domingo, 9 de noviembre de 2014

La estela de Ategua

Las estelas del SO de la Península Ibérica

En la región SO de la Península Ibérica se han identificado más de cincuenta estelas de piedra decoradas con grabados, que han sido datadas entre el Bronce Final y los inicios de la Edad de Hierro, en lo que algunos consideran que fue el comienzo del mundo tartésico. Las estelas se concentran principalmente en Extremadura, Sevilla y Córdoba, cerca de lugares estratégicos para el control del cobre y la plata procedentes del entorno de Río Tinto, de las minas de Sierra Morena, de la ruta hacia las explotaciones de oro del NO o en zonas próximas a vías fluviales.

También se han encontrado estelas de este tipo en lugares como Valpalmas (Zaragoza) o muy recientemente, en noviembre de 2014, en Chillón (Ciudad Real). Incluso en Galicia, en 2012, se halló una estela en Castrelo do Val (Verín. Ourense), en la que aparece grabado un guerrero con su espada y la vaina, una lanza, lo que pudiera ser una lira homérica y un carro. Esta estela tiene una gran importancia porque demuestra la conexión de Galicia con la zona SO peninsular a través de la Vía de la Plata.

 Pedra Alta de Castelo do Val (Verín. Ourense)
(Museo Arqueológico de Ourense)

No existe consenso en lo que se refiere a la función que desempeñaban las estelas de guerreros. Almagro y otros muchos autores consideran que tenían carácter funerario y que se hincaban en el suelo señalando el emplazamiento de un tumba; pero la verdad es que hasta el momento no se ha encontrado ninguna asociada a una sepultura. Otras hipótesis plantean que se trata de delimitaciones territoriales o que conmemoran determinados acontecimientos, como por ejemplo señalar el lugar en el que murió algún importante guerrero en el curso de una batalla. Además, el hecho de que las estelas se hinquen en el suelo puede ser una representación de que esa comunidad tenía sus “raíces” en ese lugar concreto.

Según otras interpretaciones, las estelas son la muestra del comienzo de cierta jerarquización social. Para Aubet, la estela de Ategua indicaría el nacimiento de una “aristocracia tartesia” surgida durante el período orientalizante. 

Durante el Bronce Final tiene lugar una división del trabajo que lleva a la progresiva definición de los roles. Las estelas muestran la exaltación social de un rol claramente de prestigio como es el guerrero, pero dentro de comunidades que aún carecen de un orden social estricto que vendría determinado por la propiedad de los recursos económicos. Este proceso culmina en la Edad de Hierro con la estratificación social plena, cuando el caudillo guerrero se erige como árbitro en los conflictos y controlador de los medios de producción y de la redistribución de la riqueza.

La tipología y forma de las representaciones de estelas decoradas coincide con la que aparece en los vasos cerámicos del Geométrico griego (900-700 a.C). 

Cratera de Dipylon (Metropolitan Museum New York)

El Geométrico se caracteriza por la cerámica de fondo negros con profusa decoración (horror vacui), presencia de trazos rectilíneos y representaciones simbólicas de animales y personas. Al igual que pasa con las estelas, las figuras aparecen representadas como motivos geométricos esquemáticos a modo de dibujos infantiles.

La estela de Ategua

La estela de Ategua fue encontrada en el yacimiento arqueológico del mismo nombre, situado en un cerro en la pedanía de Santa Cruz, a unos 30 Km de Córdoba. Desde este lugar se domina visualmente un amplio territorio de llanos y vegas regadas por el río Guadajoz. Destaca su muralla ibero-romana, pero su importancia arqueológica está aún por descubrir, ya que apenas se ha excavado un parte ínfima del total que aún permanece oculto. Aunque Martín Bueno y Cancela afirman que Ategua ya era habitada en el Calcolítico, la primera población documentada data del Bronce Final, en el siglo IX a.C.

Al SO del yacimiento, en el cortijo de Gamarrilla a unos 500 m de las murallas que dan a la ribera del río, se halló en 1968 una estela decorada de guerrero datada entre los siglos VIII y VII a.C., que  actualmente se puede ver en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba. Su datación correspondería al final de la Edad del Bronce y comienzos del reino de Tartessos.

La estela es una losa de roca caliza de 163 cm de alto, 78 cm de ancho y 34 cm de grosor, con una fractura en la parte superior, erosiones en los laterales y arañazos en la cara principal, sobre la que se han realizado unos grabados que dejan al descubierto la capa inferior de la roca, de distinto color que la superficial. La parte inferior de la estela es de forma apuntada y carece de grabados, ya que su función era ser enterrada en su emplazamiento original.


Vamos ver las numerosas semejanzas rituales, tipológicas y formales, existentes entre la estela de Ategua y los vasos del Geométrico, como el del Maestro del Dipylon (750 a.C) que se conserva en el Museo del Louvre y que representa la exposición pública de un cadáver en su lecho fúnebre y rodeado de plañideras.


En ambos casos en la parte superior aparece una figura humana de gran tamaño dibujada con trazos rectilíneos, con el cuerpo decorado con sencillas figuras geométricas a modo de posible coraza; junto a él se muestran sus armas, una especie de espejo y el objeto que puede ser interpretado como un peine o un “phorminx” o “lira homérica”.


Debajo aparecen dos imágenes que representan, al igual que en los vasos funerarios griegos, una “prothesis” (exposición pública del cadáver). Una es el difunto bajo el cual aparece un rectángulo que representa la pira funeraria. La otra figura levanta una mano hacia la cabeza, en un claro gesto de dolor y lamento que aparece en la mayoría de los vasos del Geométrico.


En el siguiente nivel se muestra el carro representado desde arriba, a “vista de pájaro” y como desmontado en piezas. Tras él aparece una persona que pudiera ser el conductor del vehículo o el propio difunto.

En la parte inferior aparecen dos grupos de cuatro y tres personajes que tienen sus manos enlazadas. Pueden tratarse de los hijos del difunto, de plañideras o de un grupo de guerreros. Este tipo de representación es muy frecuente en los vasos del Geométrico y se vincula a la música del phorminx y a los cantos y danzas fúnebres o de guerreros.

A continuación voy a describir con más detalle cada uno de estos grabados.

Los grabados


En la parte superior de la estela destaca el grabado más grande de todo el conjunto. Se trata de un  guerrero en posición estática, con los brazos caídos, lo que indica claramente que está muerto. Su cuerpo está decorado con figuras geométricas a modo de posible coraza. A su lado están sus armas: a su izquierda el escudo redondo y a su derecha la lanza (interpretada por Almagro como un arco) y la espada. Entre estas dos armas están representados un espejo y un peine que para algunos investigadores pudiera ser un “phorminx”.

El escudo redondo de borde continuo está datado en el siglo VIII a.C o posteriores. La espada es muy difícil de identificar debido al esquematismo de la representación.

El espejo es un elemento característico de las estelas y su presencia es frecuente en ámbitos funerarios mediterráneos. En los mitos clásicos existen varias referencias a los espejos vinculados con la muerte. Entre otros podemos citar el de Medusa, que quedó petrificada al contemplar su reflejo en el escudo de Perseo, lo mismo que Dionysos cuando vió su imagen en el escudo creado por Hafaistos.

En el segundo nivel y bajo los pies del guerrero hay una figura humana tumbada. Se trata del cadáver del guerrero que yace sobre un lecho o pira funeraria. A la izquierda un acompañante se lleva la mano a la cabeza, en actitud de lamento o doliente. Puede tratarse de una plañidera o de un familiar que se despide del difunto. 


El último elemento de este nivel se encuentra en la parte inferior donde aparecen dos animales cuadrúpedos posiblemente destinados al sacrificio ritual.

En el tercer nivel vemos el diseño de un carro de dos ruedas visto desde arriba, con sus piezas como si estuvieran desmontadas, como sucede en todas las estelas del SO de la Península. Almagro Bosch plantea erróneamente que se trataba de carros de cuatro ruedas relacionados con los carros rituales de la cultura de los campos de urnas. Al ser tan esquemática la representación, Almagro interpreta como un segundo par de ruedas lo que en realidad son los asideros curvos que facilitan el acceso. Actualmente hay coincidencia en que todos los carros representados en las estelas de guerreros son tirados por bigas (dos caballos), al igual que sucede habitualmente en los carros griegos. En todas las estelas los caballos que tiran del carro suelen ser representadas como si estuvieran tumbados. 

Otra característica es que todos estos carros tienen cajas en forma de “D” con el frente en la parte curva, característica de los carros ligeros de dos ruedas de Grecia. En su parte trasera la caja muestra dos asideros que a menudo se representan a gran tamaño, lo que ha llevado a que sean confundidos con otro par de ruedas. Estos asideros no son comunes en los carros de Próximo Oriente, fenicios, asirios ni en el área egea, salvo en las representaciones del arte Geométrico griego en las que el tipo de carro que más aparece representado es el de "barandilla"o "asidero hipertrofiado", muy parecido al modelo de las estelas del SO ibérico.


Además, los carros que aparecen representados en este tipo de estelas siempre son de dos ruedas con radios, no macizas. En el caso de la estela de Ategua se distingue que se trata de un carro de cuatro radios, lo mismo que los carros egeos desde época micénica en adelante, lo que los diferencia de los carros chipriotas y de Próximo Oriente que tienen de siete a doce radios. Otra similitud con los carros griegos del Geométrico la encontramos en que el eje aparece siempre en posición central bajo la caja, a diferencia de los chipriotas, sirios y asirios en los que el eje se situaba en la parte trasera de la caja.

Reproducción del carro encontrado en la tumba 17 de La Joya (700-501 a.C) 
(J. Jiménez Ávila). Museo Arqueológico de Huelva.

En conclusión, los carros que aparecen en las estelas del SO corresponden al modelo griego descendiente del micénico, de planta curva,  eje en el centro de la caja ligera con barandilla provista de grandes asideros traseros y ruedas de cuatro radios. (Crouwel,  J.H.• (1981): Chariots and other means of Land transport in Bronze Age Greece) (Muzzolini (1988): "Les chars des stéles du sud-ouest de la Péninsule Ibérique, les chars des gravures rupestres du Maroc et la datation des chars sahariens")

Continuamos con nuestro repaso por los diferentes motivos que aparecen en la estela de Ategua y vemos que a la derecha del carro está el conductor, que pudiera ser la persona encargada de transportar el cadáver o el propio difunto que se apresta a emprender su viaje al más allá y que por ese motivo el carro siempre se represente a “vista de pájaro”. Sobre la cabeza de este conductor descansa un objeto semiesférico con cinco líneas rectas. No he leído ningún trabajo que repare en este detalle, pero a mi entender tiene mucha semejanza con un “phorminx”.


El “phorminx, forminge o lira homérica” era uno de los más antiguos instrumentos musicales de la Grecia antigua y a menudo aparece representado en las estelas, lo que nuevamente parece indicar la existencia de contactos con el mundo cultural griego, mucho antes del Tartessos orientalizante. Se trata de un instrumento mezcla de lira y citara, con una caja de resonancia en forma de “D” a la que iban sujetas entre de dos y siete cuerdas, generalmente cuatro pero a veces hasta trece (estela de Valpalmas), que por la parte superior se fijaban a una traviesa sujeta entre los dos brazos del instrumento. Las representaciones de phorminx a menudo son confundidas con peines, pero en algunos casos el recuento de las “púas” nos lleva a pensar que se trata de este tipo de instrumentos de cuerda.

Phorminx (M.Wegner)

La presencia de instrumentos musicales en las estelas evidencia que eran empleadas en ceremonias y actos sociales como festivales o funerales y que probablemente serían acompañadas por cantos y poemas épicos o funerarios. Si bien aparecen asociadas a la élite de los guerreros, es razonable pensar en la existencia de “aedos” o cantores que componían y recitaban poemas épicos acompañados de instrumentos musicales, quizás ensalzando gestas en las ceremonias guerreras, aunque también tendrían otro repertorio de cantos festivos y funerarios.

Por último, en el cuarto nivel situado bajo el carro, aparecen dos grupos de cuatro y tres personas respectivamente, cogidas de la mano. Las del primer grupo, situado a la izquierda, son de menor tamaño y tiene ojos, nariz y boca. Para algunos autores podrían ser los hijos del guerrero. 


Las tres del otro grupo son más altas y estilizadas y carecen de dibujo en la cara. Se trataría de plañideras o de un grupo de guerreros.


Los ritos de transición

En diferentes lugares y épocas existe la creencia de que al morir, el individuo debe llevar a cabo un tránsito al Otro Mundo, un viaje o periplo temporal en el transcurso del cual tendrá que someterse a pruebas o juicios de los que dependerá su futuro en la sociedad de los no-vivos. Robert Hertz los denomina los “períodos intermedios”.

El concepto “ritos de paso” fue acuñado por Arnold Van Gennep (1909) y describe esta situación transitoria o estado intermedio que corresponde a la fase de esos transportes rituales, en la que el difunto se encuentra en la antesala del más allá una vez que ha abandonado el mundo de los mortales. Ya ha dejado de tener los rasgos propios de un ser vivo, pero aún no ha adquirido su nueva condición final en el mundo de los muertos. Se trata por lo tanto de un umbral en el que el difunto se encuentra en un estado de ambigüedad, a medio camino entre mundos separados e incompatibles, aunque conectados por canales. Victor Turner describe este período en que el pasajero ritual “ya no es lo que era, pero todavía no es lo que será”.

Los ritos de transición surgen de la inseguridad inherente a los momentos de cambio. Están concebidos para que el fallecido acepte que debe pasar al mundo de los muertos y para ayudar a su espíritu a que alcance su destino final, concluyendo con éxito su viaje. Sin los ritos sería imposible esta transición.

Según Van Gennep los ritos de paso tienen una estructura sencilla que obedece a una lógica universal y que pasa por tres fases:

-       Separación: comprende la conducta simbólica mediante la que se expresa la separación del individuo o grupo. En el caso de los ritos funerarios el espíritu del fallecido pasa del plano material al sagrado, lo que desencadena una manifestación exagerada del dolor, como la de las plañideras y que en la estela de Ategua está representada en la figura de la persona que se lleva la mano a la cabeza en actitud doliente.
-       Liminalidad (de limen “umbral”): en esta fase de transición las características del sujeto ritual son ambiguas, ya que atraviesa por un estado que carece de los atributos propios del anterior o del venidero. No tiene estatus, rango, posición ni propiedad. En el rito funerario esta fase comienza con los sacrificios y el transporte del cadáver.
-       Agregación (reagregación o reincorporación): se consuma el paso y el sujeto ritual alcanza un estado estable, con sus derechos y obligaciones. Concluye el ritual con cánticos y danzas y el fallecido, transformado en ancestro, es integrado en el imaginario de la comunidad

El ritual es una forma de expresión cultural en la que se vincula lo sagrado con lo profano, a través de prácticas religiosas organizadas mediante rituales públicos. Como consecuencia de la interacción humana en estos ritos surge el concepto de sociedad en cuanto comunidad, poco o nada estructurada, de individuos iguales que se someten a la autoridad de las personas, generalmente ancianos, que controlan el ritual.

Veamos cómo se describe este tipo de rituales de transición en La Ilíada” de Homero:

"Pronto la gente del pueblo, unciendo a los carros bueyes y mulos, se reunió fuera de la ciudad. Por espacio de nueve días arrearon abundante leña; y cuando por décima vez apuntó Eos, que trae la luz a los mortales, sacaron, con los ojos preñados de lágrimas, el cadáver del audaz Héctor, lo pusieron en lo alto de la pira y le prendieron fuego.

Más, así que se descubrió la hija de la mañana, Eos, de rosados dedos, se congregó el pueblo en torno de la pira del ilustre Héctor. Y cuando todos se hubieron reunido, apagaron con negro vino la parte de la pira a la que la llama había alcanzado; y seguidamente los hermanos y los amigos, gimiendo y corriéndoles las lágrimas por las mejillas, recogieron los blancos huesos y los colocaron en una urna de oro, envueltos en fino velo de púrpura.

Depositaron la urna en el hoyo, que cubrieron con muchas y grandes piedras, amontonaron la tierra y erigieron el túmulo. Habían puesto centinelas por todos lados, para vigilar si los aqueos, de hermosas grebas, los atacaban. Levantado el túmulo, volviéronse; y reunidos después en el palacio del rey Príamo, alumno de Zeus, celebraron el espléndido banquete fúnebre.

Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos ".

Como conclusión podemos decir que las escenas que aparecen representadas en la estela de Ategua, corresponden a la estructura general de todos los rituales de transición y puesto que este tipo de ritos tienen carácter universal, no se pueden atribuir a una tradición egea en contraposición a la indoeuropea.

Las estelas y el mundo cultural tartésico

Para terminar este artículo haré una breve referencia a este tema sumamente complejo, como todo lo que rodea al enigmático Tartessos. El motivo es que el área de difusión de las estelas grabadas es prácticamente coincidente con la de la “cerámica de retícula bruñida”, considerada como tartésica y que aparece en los ajuares de las tumbas de “La Joya”.

Museo Arqueológico de Huelva.

Si bien la cultura del SO de la Península Ibérica anterior al contacto con los fenicios, que se produjo desde la segunda mitad del siglo VIII hasta el siglo VI a.C., tiene un importante componente indígena, los principales hallazgos arqueológicos de los que disponemos son las estelas grabadas y la cerámica con decoración bruñida, que parecen relacionarse más con una influencia mediterránea oriental que tuvo lugar a comienzos del siglo VIII a.C. También la presencia de objetos considerados exóticos (espejos, peines, fíbulas, carros, cascos con cuernos) apunta a esta misma influencia.


Fragmento de peine de marfil. Bronce Final. Museo Arqueológico de Huelva.


Según M. Bendala Galán (Las estelas decoradas del SO y orígenes de Tartessos) la difusión de las estelas grabadas es un indicio de que se produjo una inmigración de pueblos que trajeron sus armas, carros de batalla, ritos funerarios, música y cantos, incluso su propia escritura, lo que provocó un enorme cambio cultural en la población indígena de la Edad de Bronce en el SO penínsular. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Aguja Colinegra (Limosa limosa)


Distribución.

Existen tres subespecies de Aguja Colinegra, cuya distribución es la siguiente:

Limosa limosa islandica: Islandia, Feroes, islas Lofoten y Shetland; inverna en Irlanda, Bretaña, O de Francia, España y Portugal. Se estima que la población islandesa es de unos 37.500 individuos, y otros 400 se reparten entre Irlanda, Escocia y Noruega.  En España, Portugal y N de Marruecos invernan unas 15.000 aves (Gunnarsson, 2005). Su presencia en España es cada vez más numerosa y parece estar en expansión.

Limosa limosa limosa: O y C de Europa y E de Rusia; nidifica en los Países Bálticos y Finlandia, Dinamarca, Polonia, Alemania y Holanda; inverna en el Mediterráneo y África sub-sahariana y por el E a través de Oriente Medio hasta el O de la India.

En la Península Ibérica se ha reproducido de manera aislada y esporádica en Andalucía, La Rioja, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Cataluña y Extremadura. El único lugar donde viene criando asiduamente desde 1997 es en las lagunas de Villafáfila, con una población reproductora de 11 parejas en 2008.

Limosa limosa melanuroides: Poblaciones aisladas en el E de Siberia, E de Mongolia, NE de China y la parte más oriental de Rusia; inverna en India, Indochina, Taiwan, Filipinas y hacia el S hasta Indonesia, Nueva Guinea y Australia.

La población mundial de Aguja Colinegra se estima entre 140.000-270.000 parejas, de las cuales dos tercios crían en Europa, destacando la colonia holandesa formada por 85.000-100.000 parejas.

En la Península Ibérica se la ve sobre todo en los pasos (febrero-abril y julio-octubre) y como invernante en el litoral (O de Andalucía, Delta del Ebro, Albufera; unos 20.000 individuos). También algunos veraneantes. Escasa en Baleares y común en Canarias.

En Galicia es rara en verano, más frecuente en el paso prenupcial de febrero a mayo y en el postnupcial de julio a mediados de octubre. Hay referencias de cría en A Limia en los años años 90.

Ana y yo la hemos visto en diversas ocasiones en el estuario del Miñor, desembocadura del Miño y en Andalucía, en Chiclana de la Frontera.

La población Mundial de Aguja Colinegra está considerada como especie "Casi amenazada". 

Hábitat

Praderas húmedas de hierba alta, con suelo blando, tierras bajas, zonas pantanosas cubiertas de hierba, turberas, páramos y depresiones esteparias húmedas.

Fuera de época de cría se la ve en playas y zonas costeras con amplias áreas fangosas intermareales, estuarios resguardados, salinas, marismas de agua dulce, lagos, embalses, praderas inundadas y regadíos de arroz.

L. l. limosa inverna principalmente en hábitats de agua dulce, mientras que L. l. islandica y L. l. melanuroides lo hacen preferentemente en estuarios marinos.

Identificación

Tamaño: 36-44 cm; envergadura: 70-82 cm; peso: 160-440 g (machos), 244- 500 g (hembras). Longitud de pico: 9,4 cm en los machos y 10,4 cm en las hembras.

La  Aguja Colinegra es una limícola grande de porte alto, esbelto y erguido, cuello largo y cabeza relativamente pequeña. Su largo pico, más recto que el de la Aguja Colipinta, es negro con la mitad basal de color rosa. Otras características son sus largas patas gris oscuro; franja alar blanca con contorno negro en la cara inferior; cola blanca con banda terminal negra; obispillo ancho y blanco.


En plumaje nupcial tiene la cabeza, cuello y pecho de color castaño rojizo; partes superiores pardo-grisáceas ajedrezadas de blanco y negro, con ribetes de tonalidades ante-rojizo; vientre  blancuzco con barrado oscuro; cobertoras alares pardogrisáceas y partes inferiores de las alas de color blanco; obispillo parduzco; cola blanca, lo mismo que las cobertoras caudales superiores; la hembra tiene menos coloración castaña en el pecho y menos barreado. La muda comienza en las áreas de cría y termina en los cuarteles de invernada.


Los adultos en otoño tienen las partes superiores y las coberteras del ala de un color uniforme gris claro-marrón; partes inferiores blancas con pecho teñido de marrón. 


En invierno ambos sexos presentan partes superiores y cuello de color grisáceo claro casi uniforme; característica ceja blanca; pico más parduzco; partes inferiores blancas; pecho con manchas ocre-canela; obispillo blanco con forma cuadrada, a diferencia del de la Colipinta que se extiende por el dorso.


Los jóvenes tienen las partes superiores pardo oscuro con ribetes castaño-rojizo claros y blancos; cuello y pecho ante anaranjado; abdomen blanco. Las aves de primer año en otoño son similares a los adultos, pero las coberteras alares son marrones con borde ante. El diseño del plumaje en aves del segundo año es muy variable.

Limosa limosa islándica es la subespecie de Norteamérica, de menor tamaño. En plumaje nupcial muestra marcas castañas en el vientre manchado de negro

Limosa limosa limosa carece de marcas castañas en el vientre.

Limosa limosa melanuroides es la de menor tamaño de las tres.

Alimentación

Insectos y sus larvas, crustáceos, moluscos, gusanos, arañas, huevos de peces, renacuajos, ranas y también materia vegetal como bayas y semillas de arroz.

Nidificación

Es un ave monógama y las mismas parejas pueden durar varias temporadas, mostrando una gran fidelidad por el mismo lugar de cría, donde forman pequeños grupos de unas 3 parejas por hectárea. Cría en zonas herbosas de marismas, matorral bajo y dunas. El nido es una depresión en el terreno forrada con hierbas.

La única puesta anual tiene lugar de abril a mediados de junio y está formada normalmente por 4 huevos (3-5), de color verde claro u oliváceo, manchados de pardo y gris. Los huevos son puestos con intervalos de 1-2 días e incubados por ambos padres durante 22-24 días. Los polluelos, nidífugos, tienen un plumón de color crema con manchas pardo-negruzcas en el dorso, pico y patas negros. Ambos padres se encargan de su cuidado y vuelan transcurridos 28-34 días. La mitad de ellos no llegarán a la edad adulta, ya que se calcula que sólo durante el primer año mueren alrededor del 40%, mientras que la mortalidad anual de los  adultos es de un 20%. 

Conducta

Durante las migraciones y la invernada se reúnen en pequeños bandos, aunque en ocasiones pueden llegar a ser muy numerosos. 


Se alimentan en grupos, vadeando en aguas generalmente someras, pero a veces se adentran hasta la altura del pecho. Por la noche se refugian juntas en una zona de aguas poco profundas.

La Aguja Colinegra tiene un vuelo rápido, con las patas estiradas sobresaliendo de la cola, lo que le confiere una silueta en forma de cruz. Pueden posarse en árboles y muros.

El canto es un “jueddi-juit” y en vuelo suele emitir un reclamo “riica-riica-riica. En época de cría es muy ruidosa, y entre sus notas destaca un “cuii-iait” nasal que recuerda al del Avefría.


Las fotos de este artículo han sido realizadas por Ana Durán y por mi. 

domingo, 6 de julio de 2014

Espátula Común (Platalea leucorodia)

Distribución
Platalea leucorodia leucorodia. S de España, Holanda y SE de Europa hasta C y E de Asia, extendiéndose hacia el S hasta el Golfo Pérsico, India y Sri Lanka. Inverna en el O y E de África y SE de China.

Platalea leucorodia balsaci. Islas y costas de Mauritania.

Platalea leucorodia archeri. Costas del Mar Rojo y Somalia.


Platalea leucorodia leucorodia tiene una amplia distribución, pero discontinua y muy fragmentada. Se calcula que en Europa hay unas 9.000 parejas reproductoras repartidas en dos poblaciones:

La población occidental se distribuye por Dinamarca, Alemania, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Italia, España Portugal y Marruecos. Las mayores colonias de cría están en la costa atlántica andaluza (unas 700 parejas) y en la holandesa (400 parejas). También nidifica en el S de Portugal (Algarve y Alentejo). Sus cuarteles de invernada se encuentran en la costa NO de África (Marruecos, Mauritania y Senegal), a donde llegan a través de dos rutas: principalmente por la costa cantábrica (estuario de Guernica y marismas de Santoña) y atlántica (rías de Arousa, Pontevedra y Vigo), y en menor medida por el interior (embalses de Castrejón, Rosarito, Río Lobos) y la mitad oeste peninsular (lagunas de Villafáfila, Guadiloba).

La población oriental se reparte por Centroeuropa, países balcánicos, Turquía, Ucrania y Rusia. Estas aves invernan en el N y E de África (Túnez, Argelia, Libia y Egipto).

En España cría en las marismas del SO (Odiel, Doñana y Cádiz) y en Extremadura. Como invernante se la puede encontrar en el complejo intermareal Umia-Grove, Llanos de Cáceres y marismas del Guadalquivir.

En Galicia se la ve en principalmente en la migración postnupcial y también como invernante. A nuestras costas llegan aves provenientes del Mar de Wadden (ente el Mar del Norte y el litoral holandés y alemán) y del NO de Francia (Navedo 2006). Estas aves se dirigen a las costas de Senegal y Mauritania (Banc d’Arguin), siguiendo una ruta desde el NE hacia el SO si las condiciones de vuelo son idóneas (viento de cola), pero a veces se ven obligadas a desviarse debido a situaciones meteorológicas desfavorables.

A continuación presento un gráfico con las observaciones realizadas por Ana Durán y por mí, en el complejo intermareal Umia-Grove, ría de Pontevedra, ría de Vigo y estuario del Miño.


Identificación
Es un ave de gran tamaño (70-95 cm), con una envergadura alar de 115-135 cm y un peso de 1130-1960 g. El macho es algo mayor que la hembra.


De color blanco níveo y aspecto de garceta, resulta inconfundible por su pico largo y ancho terminado en forma de cuchara. 


Los adultos tienen un penacho colgante en la nuca de color amarillo, y la base del cuello amarillo claro con matices ocres. Las largas patas son negras, lo mismo que el pico, en cuya punta presenta coloración amarilla. 


Los adultos no reproductores carecen de amarillo y de cresta. Los inmaduros y las aves de primer invierno son similares a los no reproductores, pero la punta del pico es rosada y muestran coloración negra en las puntas de las primarias.

Las subespecies balsaci y archeri son de menor tamaño. La balsaci tiene el pico enteramente negro y carece de coloración amarillenta en la base del cuello.

Hábitat
Aguas poco profundas de humedales, pantanos, ríos, cuerpos de agua grandes y áreas inundadas. Durante la invernada frecuenta hábitats marinos protegidos, como deltas, estuarios y lagunas costeras. Generalmente anida en islas de lagos o ríos, y ocasionalmente en costas marinas. También en masas densas de plantas emergentes, sobre todo en cañaverales con árboles o arbustos dispersos.

Alimentación
Adultos y larvas de escarabajos acuáticos, libélulas, langostas, tricópteros y moscas. También moluscos, crustáceos, gusanos, sanguijuelas, ranas, plantas y vegetación acuática.  

Reproducción
Forma colonias a menudo asociadas a garzas y cigüeñas. El nido puede estar emplazado sobre el suelo, en un islote aislado, o en arbustos, mangles o árboles, a una altura de 4-5 m.  Consiste en una plataforma de palos, ramitas, cañas o tallos, con hierba y hojas en su interior, y al que se le agrega tierra cuando se encuentra situado en el suelo.

En España la puesta tiene lugar principalmente en abril, aunque a veces comienza en enero y febrero. Generalmente pone 3-4 huevos blancos con pequeñas pintas pardo-rojizas, que serán incubados por ambos padres durante unos 24 días. Los pollos son nidícolas y vuelan transcurridos 45-50 días. Alcanzan la madurez sexual a los 3-4 años y suelen vivir entre 10-20, pudiendo llegar incluso hasta los 28 años de edad.

Conducta
Las espátulas emplean la mitad de su tiempo en obtener alimento y casi la otra mitad en descansar. El resto lo ocupan en los desplazamientos, siendo característico su vuelo con el cuello extendido.

Se alimenta en pequeñas bandadas y a menudo en solitario. Vadea metódicamente en aguas poco profundas, moviendo el pico de lado a  lado, y a veces realiza alguna pequeña carrera persiguiendo a una presa. Es de hábitos parcialmente nocturnos.


Cuando está en las colonias de cría suele emitir gruñidos, pero el resto del año es bastante silenciosa. Cuando está nerviosa baja el pico y puede emitir un ruido al entrechocar las mandíbulas.

A medida que disminuyen las horas de luz y comienzan a bajar las temperaturas, se produce un descenso en los recursos alimentarios, que llevará a la espátula a comenzar su migración. Previamente habrá acumulado una gran cantidad de grasa que consumirá durante el  viaje hacia los cuarteles de invierno.

Suele volar en etapas de 200-400 km (hasta 1000 km), en busca de lugares adecuados donde descansar varios días. En el  paso prenupcial sólo se suelen ver individuos adultos, ya que los jóvenes nacidos el año anterior permanecen en las áreas de invernada o realizan desplazamientos dispersivos. Además, durante este paso, las espátulas se reparten por muchos más lugares que en la migración postnupcial.

Durante la migración perecen muchos individuos debido a las tormentas, la desaparición de hábitats donde alimentarse en las paradas intermedias, y a la caza. Se calcula que la mitad de los juveniles fallecen durante su primer año de vida y que sólo uno de cada cuatro alcanza la edad adulta.

Entre los factores que pueden perturbar a las espátulas y provocar que abandonen los lugares de descanso, están la presencia de personas o animales domésticos, la cercanía a núcleos urbanos y actividades como la pesca, el marisqueo o la presencia de embarcaciones de recreo.

sábado, 28 de junio de 2014

Faro Budiño (O Porriño)

En este artículo propongo un recorrido por uno de los lugares más interesantes, mágicos y bellos del concello de O Porriño: Faro Budiño (42º07’18.4’’N 8º35’21.4’’O), una imponente formación granítica con paredes verticales de hasta 90 m de altura.


Una de las posibilidades para llegar a Faro Budiño es hacer una ruta andando por el Sendeiro das Greas (GR 58). Es un paseo bonito y fácil  que comienza en el Castelo de Cans y pasa por las Penas de San Cibrán, para finalizar en Faro Budiño.


Pero si preferimos acceder en coche, debemos tomar la carretera PO 510 de O Porriño a Salceda de Caselas y desviarnos hacia el barrio de Bernunes (42º07’04.3’’N 8º35’20.1’’O), donde cogeremos una pista asfaltada que asciende por una fuerte pendiente. Una vez en el alto, continuamos por otra pista de tierra que parte a la izquierda y que nos lleva hasta el merendero y el refugio de montaña, situados a pocos metros de la cumbre de Faro Budiño.

Nada más comenzar el camino de subida a la cumbre nos encontramos con la llamada Cova dos Nenos, situada bajo un gran batolito de granito, y en cuyos laterales se aprecian una serie de marcas talladas en la roca y unos canales que podrían servir para drenar el agua que entra en la cueva cuando llueve.


Al fondo de la cueva hay un pequeño agujero de salida al que se accede por unos escalones labrados en la roca.



Seguimos por el sendero y subimos por una serie de peldaños de madera, hasta llegar a la cumbre. 


Desde aquí podemos contemplar una espectacular vista del Valle del Louro, Porriño, Salceda, Tui, Salvaterra, Ponteareas, As Neves, A Cañiza, Covelo y Portugal, incluidas las cumbres de la sierra de Peneda-Geres.



Como dije al principio de este artículo, Faro Budiño es un lugar mágico, y una excepcional muestra de la fascinación que provoca la encontramos al pie de la roca más alta de la cumbre. 


Bajo la enorme masa granítica hay una pequeña entrada por la que podemos introducirnos, no sin cierta dificultad. 


Una vez en el interior, nos hallamos dentro de una brecha de paredes verticales que forman un estrecho pasillo en las entrañas de la roca. 




A los pocos metros, este corredor forma un pequeño recodo a la derecha, en el que tendremos que franquear unas rocas que dificultan el paso.


Y aquí, nos encontramos con el mágico catabún o badabún, una gran piedra suelta que reposa sobre el suelo justo al final de este pasadizo y tras la cual se abre una vertiginosa caída al vacío de más de 90 m. 


Cuenta la leyenda que en tiempos muy antiguos se hacía golpear el catabún o badabún contra las paredes del enorme penedo, lo cual provocaba un sonido cuyo eco retumbaba en todas la comarca de la Louriña, y que al parecer servía para avisar de la llegada de enemigos.

Se supone que durante la Edad Media, en la cumbre de Faro Budiño existió una acrópolis de la cual aún se pueden apreciar restos de viviendas y muros. Por otra parte, en Galicia y Portugal es frecuente encontrar montes con el nombre de “Faro”, cuyo origen muy probablemente se deba a que en sus cimas se encendían hogueras que alertaban del peligro. La señal de alarma era observada desde otros montes que a su vez procedían a encender hogueras, de modo que el aviso de peligro era transmitido y se propagaba a gran velocidad de una comarca a otra, de una ría a la siguiente. Esta explicación se vé refrendada por el hecho de que en la cercana localidad portuguesa de Valença existe un monte llamado Faro y en Covelo está el Faro de Avión, ambos visibles desde Faro Budiño, por lo que formarían parte de una compleja red de comunicación.



Parece por lo tanto plausible la explicación de que  Faro Budiño cumpliera una misión de aviso ante incursiones enemigas. Pero... ¿qué sucede con la historia del cadabún? ¿Es posible que haya existido ese ciclópeo mecanismo mediante el cual se hacía percutir la gran piedra contra la roca? ¿Cómo se accionaba? ¿Podría producir un sonido tan fuerte como para que pudiera oírse en todo el valle? ¿Es tan sólo un mito fruto de la imaginación popular? Probablemente jamás podremos dar respuesta a todas estas preguntas, y el catabún seguirá formando para siempre parte de las leyendas que rodean este mágico lugar.


Datos geológicos

La Sierra de Faro Budiño es un cordón montañoso alargado que se extiende por el N hasta el Penedo y por el S hasta Penizas. Forma parte del macizo de Morais-Porriño,  situado entre la provincia de Pontevedra y Portugal.


La parte española del macizo tiene forma semielíptica y mide unos 15 Km de N-S y 18 Km E-O. Por el S, su límite son los sedimentos aluviales cuaternarios del río Miño. Al E y O la sierra está cortada longitudinalmente por dos potentes fallas por las que corren ríos y arroyos que han dado lugar a cauces estrechos y profundos en forma de V. Por la primera de estas fallas discurre el cauce del Louro, y también, en el primer tercio, el del Caselas, cuyas aguas corren hacia el S. La segunda es una gran fractura situada al O, que pasa por Cans y Abarrín, y que separa el Faro Budiño de la Sierra de Cuervos.

Las principales alturas de la Sierra de Faro Budiño son Adresa (352 m), Corucho (450 m), Faro Budiño (396 m) y Pinizas (303 m). Estas cumbres situadas al E del río Louro, son de menor altura que las que cierran el valle por el O, las cuales superan los 500 m. Si comparamos los dos puntos más elevados de ambas, el Galiñeiro (709 m) supera en más de 300 m al Faro Budiño.

En cuanto a la formación del macizo de O Porriño, tuvo lugar durante la Orogenia Hercínica, en un periodo comprendido entre el Devónico Medio (390 millones de años) y el Carbonífero Superior (318 millones de años). Surgió debido al choque de placas tectónicas de dos pequeños continentes, denominados Laurentia y Báltica (Euramérica), con las del gran continente de Gondwana (Sudámerica, África, Madagascar, Indostán, Australia y la Antártida).

El macizo es lo que se denomina un plutón postcinético, es decir, una masa de magma formada a gran profundidad bajo la corteza terrestre y que ha ido emergiendo hacia la superficie, donde ha llegado ya consolidada después de un lento proceso de enfriamiento. Se denomina postcinético porque surgió hace unos 290 millones de años (García Garzón.1983), después de todas las principales fases deformativas ocasionadas por el choque de las placas tectónicas.

Por lo que se refiere a las rocas presentes en la sierra de Faro Budiño, son principalmente granitos de grano medio-grueso y grueso en los que no hay presencia de gneis, micacitas o esquistos, materiales que si están presentes en la Sierra del Galiñeiro. Este hecho indica que la sierra de Faro Budiño se formó con posterioridad a la del Galiñeiro. Además, en algunas zonas de este macizo, la presencia de feldespato potásico ha producido que las rocas tengan el característico color conocido como rosa-Porriño.

Las sierras del Faro Budiño y del Penedo delimitan el valle del río Louro por el E, mientras que por el O el límite lo marca la Sierra del Galiñeiro. El valle del Louro es una concavidad tectónica rodeada de masas de granitos, gneis y micacitas, en cuyo centro se produjeron una serie de fracturas y hundimientos. Forma parte de la Depresión Meridiana, que se extiende de N-S por 140 km entre las localidades de Tui y Carballo, en una sucesión de valles de suaves pendientes, limitados a E y O por formaciones montañosas.


El Louro es el principal río de la sierra de Faro Budiño. Este río nace en Pazos de Borbén y recorre 30,5 km a través de los concellos de Redondela, Mos, Porriño y Tui, hasta desembocar en el río Miño. 


En su curso bajo, el Louro atraviesa el enclave de las Gándaras de Budiño 42º06’46.6’’N 8º37’48’’O), un auténtico paraíso para la fauna.

El Caselas es el segundo río en importancia, y recorre los concellos de Salceda, Salvaterra y Tui. Además existen otros ríos menores como el Furnia (Tui y Tomiño) y el Cereixo (Tomiño), y regatos como el Becerreira, en la base del Faro Budiño, o el Pozo de Regadeiro, situado más arriba, en Vacaria.

Apuntes históricos

El valle del río Louro, y las Gándaras de Budiño en particular, ha sido poblado por el hombre desde la más remota antigüedad. Durante los periodos glaciares e interglaciares del paleolítico, algunos de los primeros gallegos habitaron las riberas del Louro y el Miño, y a falta de cuevas, utilizaron taludes y otros lugares como refugios que les sirvieran de abrigo.

En 1949 José María Álvarez Blázquez y Fermín Bouza Brey dan a conocer nuevos hallazgos en la comarca de Tui (Areas, Randufe, Ribadeluro, Guillarei, Baldranes..). En 1963 se produce la excavación del yacimiento paleolítico de las Gándaras de Budiño, descubierto por E. Noon, realizada por Emiliano Aguirre, el pionero de las excavaciones en Atapuerca. En esa excavación se recuperaron 651 artefactos (bifaces, triedos, hendidores, picos, cuchillos...) y 56 piedras de cuarzo y cuarcita. Los resultados de la prueba de radiocarbono dataron la edad de los restos entre 26.700 (+3.600 a 2.500  años) y 18.000 años (+300), lo cual ha suscitado una enorme polémica ya que o bien se trataría de un yacimiento muy tardío para el tipo de industria lítica encontrada, o bien fallaron las pruebas del carbono.

Ya en época histórica, sabemos que por el valle del Louro, a los pies de la impresionante mole de Faro Budiño, discurría la vía romana XIX de la época de Augusto. Esta calzada partía de Brácara Augusta (Braga) hacia Ponte de Lima, y atravesaba la provincia de Pontevedra por la Depresión Meridiana, pasando por Tude (Tui), Turoqua (Pontevedra), Aquis Celenis (Caldas de Reis) e Iria Flavia. Luego continuaba hasta Martiae (Marzán) y Lucus Augusti  para finalizar en  Asturica Augusta (Astorga). Durante esta época se construyen las viviendas del castro de Santa Tegra (A Guarda), que será habitado desde el siglo I a.C, época del emperador Augusto, hasta finales de la época Julio-Claudia (68 d.C.).

A comienzos de la Edad Media, existe constancia de que desde mediados del siglo V Faro Budiño formaba parte de la comarca Terra de Toroño, situada estratégicamente en el camino hacia Tui y Portugal.

Como ya dije anteriormente, parece muy probable que igual que ocurría con otros montes de nombre “faro” o “facho”, en la cumbre de Faro Budiño se encendieran hogueras que avisaran de ataques o invasiones. Sabemos que en 1014 Olaf Haraldson (995-1030) desembarcó en A Guarda y saqueó Tui, incendiando la villa y llevándose prisionero al obispo y al clero. Haraldsson siguió con su incursión hasta que Alfonso V de León (994-1028), rey criado en Galicia por el conde Menendo, le venció y le obligó a reembarcar y huir. Pese a su sanguinario pasado, en 1164 Olaf Haraldsson fué canonizado y convertido en San Olaf, patrono de Noruega. 

A finales del siglo X o principios del siglo XI, se funda el monasterio de San Salvador de Botinio (Budiño). La mitad de este monasterio pertenecía a la familia del conde Fernando, y a su muerte pasó a ser propiedad del rey Alfonso VII, por sentencia judicial.

En 1126 el rey donó esta parte del monasterio a Gómez Núñez, sobrino del conde Fernando, quien a su vez, el 26 de julio de ese mismo año, legó el monasterio y sus tierras a la benedictina abadía de Cluny, fiel aliada del reino de León. Existe constancia de que el rey Alfonso VII confirmó esta donación en el mes de agosto de 1142, a petición de Pedro el Venerable, abad de Cluny.


La iglesia parroquial de Budiño fue construida a mediados del siglo XII, y se cree que en ella trabajaron los canteros que habían participado en las obras de la catedral de Tui. En torno el monasterio estaban las casas en las que llegaron a vivir hasta diez monjes. Pronto llegó un periodo de decadencia, en el que se cuenta que los monjes llegaron a vivir en chozas de paja, y que se vieron obligados a vender el cáliz para poder comprar alimentos, tal era el estado de abandono y pobreza en el que se encontraban.

La orden de Cluny hizo varios intentos de recuperar el monasterio, pero finalmente en 1435 fue suprimido y sus bienes pasaron a pertenecer a la diócesis de Tui. El templo del monasterio se convirtió en la iglesia parroquial, que es lo único que se conserva actualmente, junto con los restos del "muíño del monasterio", en el río Becerreira. 


En la iglesia se han realizado varias reformas y modificaciones, pero aún conserva su planta original, las columnas y el arco del ábside románico y la pila bautismal.



Como indique anteriormente, parte del monasterio de Budiño pertenecía al conde gallego Gómez Núñez (Gomes Nunes), señor de Toroño y conde de Tui, cuya trayectoria política y militar fue cambiante, a veces a favor del reino de León y otras veces partidario de los Condes de Portugal.

En aquella época reinaba Doña Urraca, condesa de Galicia, hija de Alfonso VI y esposa de Raimundo de Borgoña. 

Doña Urraca (wikipedia.org)

Su hermana Teresa de León, condesa de Portugal y esposa de Enrique de Borgoña, era la madre del Infante Alfonso Henriques, que llegó a ser el primer rey de Portugal. 

Alfonso Henriques (wikipedia.org)

Será este un período de luchas constantes por el poder entre los partidarios de Urraca, de su segundo marido Alfonso I el Batallador, de su hijo Alfonso Raimundez y de su hermana Teresa de Portugal.

En 1110 Gómez Nuñez toma la fortaleza de São Cristovão para Enrique de Borgoña, conde de Portugal, y dos años después obtiene el cargo de mayordomo, el de mayor rango dentro de la corte de Portugal.

El 17/09/1111 Alfonso Raimundez (1105-1157), hijo de la reina Doña Urraca, será coronado rey de Galicia en Santiago de Compostela por Gelmírez y los nobles gallegos, entre los que se encuentra Pedro Froilaz, conde de Traba y tutor del pequeño Alfonso, que tan sólo contaba seis años de edad.

Alfonso Raimundez nació en Caldas de Reis y pasó parte de su infancia en el castillo de Vilasobroso, que pertenecía a Gómez Núñez. Este hecho creó un fuerte vínculo entre ambos, que explicaría el hecho de que durante todo su reinado, el castillo de Vilasobroso estuviera en poder del noble gallego.

Alfonso VII (wikipedia.org)

En 1117 Urraca ordena al conde de Traba que castigue cruelmente a los habitantes de Santiago de Compostela que se habían sublevado contra ella y Gelmírez. Las tropas de Gómez Núñez participaron en la represión.

Gelmírez (wikipedia.org)

En 1118 Gómez Núñez es nombrado alcalde de Talavera de la Reina por Alfonso VI, al que apoyaba en su lucha contra su madre Doña Urraca.

A principios de 1120, tras el tratado de paz entre Urraca y Alfonso, Gómez Núñez regresa a Portugal y se alía con la causa de Teresa y de su hijo el infante Alfonso Henriques. De 1120 a 1125, la condesa Teresa y su amante Fernando controlaran territorios al N del Miño, en Tui y Ourense.

En 1126 Alfonso es coronado rey de Castilla y León con el nombre de Alfonso VII. En Zamora, Gómez Núñez y la mayoría de los nobles gallegos le juran lealtad.

En febrero de 1129 Goméz Núñez recibió la tenencia del feudo de Toroño, que ostentará hasta marzo de 1131. En Toroño tenía su fortaleza, un número indeterminado de castillos, entre ellos Vilasobroso, y un importante contingente de caballeros y tropas. Durante esta época, tanto la fortaleza de Cans como la de Faro Budiño, se hallaban en poder de Gómez Núñez.

Gómez Núñez es nombrado conde de Tui a efectos jurisdiccionales, pero vuelve a decidir cambiar de bando. Deja de ser partidario de Alfonso VII y se hace leal a Alfonso Henriques, rey de Portugal, que había pactado con el rey de Navarra un ataque a Castilla por dos fronteras a la vez. En 1137 se produce una fallida invasión portuguesa de Galicia en la que el rey de Portugal y los condes gallegos Gómez Núñez y Rodrigo Pérez toman Tui, que será reconquistada por Alfonso VII unos meses después. 

Alfonso VII dirige sus tropas a Portugal y se planta frente al castillo de la Peña, en Sintra. La intervención de los condes portugueses y españoles evitó la guerra y se firma un tratado de paz.

Gómez Núñez acabará viéndose abocado al exilio en el monasterio benidictino de Cluny. Morirá ese mismo año.

La figura de Gómez Núñez sigue siendo bastante desconocida, pero es sumamente atractiva y refleja la lucha de poderes que existía en la época y como los condes gallegos, especialmente aquello cuyos dominios se hallaban cerca de Portugal, cambiaban sus alianzas con los monarcas de un lado y otro del Miño, según su conveniencia.