domingo, 3 de mayo de 2015

El culto a Mitra en Hispania: el Aion de Augusta Emerita y la Tauroctonía de Cabra

Mitra era un dios indo-iraní vinculado al sol y por lo tanto fuente de energía, benefactor y protector, del que procedían el amor y la amistad. En el panteón de los Vedas de la India, Mitra era uno de los dioses principales o Asuras. En el Avesta iranio existían dos divinidades principales: Ahura Mazda (dios de la luz) y Ahriman (dios de la oscuridad). Estos dos dioses estaban enfrentados en una lucha perpetua y eterna que sólo concluirá cuando el bien venza al mal. Mitra era uno de los dioses de la facción de la luz y el bien y su principal función consistía en garantizar la justicia de los actos y mediar entre los mundos superiores, en los que reinaba Ahura Mazda, y los inferiores que gobernaba Ahriman.

Tanto en la mitología hindú como en la irania, Mitra personificaba el carácter sagrado de los contratos y juramentos, empezando por el que vinculaba a los hombres con los dioses y que les obligaba a ofrecerles sacrificios a cambio de los cuales serían recompensados. Por lo tanto, en los contratos se solía hacer mención a Mitra e invocar su nombre como garante de que lo acordado se iba a cumplir. En Boghaz Köy, capital del imperio hitita en el N de Anatolia (Turquía), se hallaron unas tablillas de arcilla del siglo XIV a. C en las que por primera vez aparece el nombre de Mitra, garantizando el cumplimiento del tratado firmado entre hititas y hurritas.

En la reforma que Zarathustra realizó de la tradición irania, la figura de Mitra quedó relegada a su condición de fiador de los acuerdos y su culto fue cayendo en declive, ya que el zoroastrismo era una religión monoteísta centrada en Ahura Mazda y prohibió los antiguos ritos politeístas, como los sacrificios de toros en honor a Mitra. Posteriormente se produjo una revitalización del culto durante el imperio de la dinastía persa de los aqueménidas (709-330 a.C), quienes propagaron el mitraísmo hasta las costas del mar Egeo. 

En el siglo I a.C el mitraismo comenzó a difundirse por las costas del Mediterráneo. Su aparición en los dominios del Imperio Romano tuvo lugar entre el final de la República (27 a.C) y especialmente a partir del siglo I d.C, con la incorporación al Imperio de Capadocia (Turquía) y Comagene (Siria) y la aportación de contingentes de legionarios de estas regiones que seguían la fe mitráica. De esta manera el mitraísmo fue divulgado por las legiones romanas y gozó de la protección del Imperio, experimentando un gran auge durante los gobiernos de Cómodo, Aureliano y Diocleciano.

Esta situación tocó a su fin con Constantino, quien al principio adoraba al Sol Invictus cuyo símbolo portaba en su estandarte, pero que en el 313 promulgó el Edicto de Milán decretando la libertad de cultos y concediendo importantes privilegios a la jerarquía cristiana. En el 337 Constantino se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte y el mitraísmo comenzó su decadencia, a pesar de un breve resurgimiento con el emperador Juliano, hasta que en el siglo IV se produjo su declive definitivo y desaparición.

El mitraismo en Hispania

El mitraísmo llegó a Hispania de la mano de las legiones romanas y de los comerciantes orientales que arribaban a nuestras costas. De todos modos, no gozó de mucha popularidad entre los hispano-romanos, siendo un culto muy minoritario y al parecer exclusivamente masculino.


Existen referencias a Mitra en diversas epigrafías hispanas con los nombres de Mitrae, Soli Mitrae, Mitrae Invicto, Soli Invicto Mitrae Deo Soli Invicto. Por otra parte, también existen muestras de las tres representaciones más características de este culto mistérico: la Tauroctonía (escena de Mitra sacrificando al toro), la representación del grupo león-crátera (agua)-serpiente y la imagen de Aión, divinidad por lo general con cabeza de león, alas y rodeada por los anillos de una serpiente.


Los monumentos mitraicos más antiguos de la Península son los de Emerita Augusta, de entre la segunda mitad del siglo II d.C y finales del siglo III d.C. Otras comunidades mitráicas eran la de Igabrum (Licabrum. Cabra), donde se halló la escultura del Mitra Tauróctono que debió ser esculpida para decorar la pared frontal de un mitreo; la de Itálica, Curduba y Caetobriga (Setúbal). En Galicia sólo se conoce la existencia de un mitreo en Lugo que fue destruido en el año 350, y también parece existir una inscripción aparecida en Cuntis.



La Tauroctonía de Cabra (Córdoba)

Este relieve de Mitra Tauróctono fué hallado en una huerta cercana a la Fuente de las Piedras (Cabra) y se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba. En este yacimiento arqueológico existen restos de una necrópolis romana y de una gran casa del Bajo Imperio, erigida alrededor del siglo III y que sufrió un incendio a finales del siglo IV o principios del V. Es posible que se tratara de un colegium o residencia de soldados (A. Blanco, Julián García y M. Bendala. Excavaciones en Cabra. La Casa de Mitra. 1972).

El relieve hallado en Cabra es de escaso valor artístico,  está labrado en mármol y mide 96 cm de largo, 93 cm de alto y 35 cm de ancho. Su aparición nos indica que en este complejo de viviendas debió existir un mitreo: una cueva artificial que imitaba la caverna en la que habitaba Mitra y en la que sacrificó al toro primordial. Todos los mitreos constaban de una antecámara y tras ella de una sala alargada, denominada spelaeum, decorada con pinturas y provista de dos largos bancos corridos. En la parte más profunda de la cueva, en la que se realizaban los ritos, iniciaciones y sacrificios asociados la liturgia, se situaba el altar y la representación en pintura, bajorrelieve o estatua de Mitra sacrificando al toro.

En la Taurotocnía de Cabra se representa a Mitra Invictus Tauroctonos, creador del mundo viviente, sacrificando a un toro de tamaño proporcionalmente pequeño en comparación con la figura humana. Mitra va vestido al modo persa, con pantalones largos y ceñidos a los tobillos, corta túnica, una capa ligera o clámide atada al cuello y el característico gorro frigio. Con la mano izquierda agarra el morro del toro y le levanta la cabeza hacia atrás, mientras que con su cuerpo y la pierna izquierda presiona a la bestia impidiendo que se incorpore. Una de las patas traseras del toro está retrasada y sujeta por el pie derecho de Mitra. Éste, son su mano derecha clava un puñal en el cuello del toro y mientras realiza el sacrificio, gira la cabeza para dirigir su mirada hacia el sol. Los demás elementos del grupo son un escorpión, que agarra los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente y el perro que beben la sangre que mana de la herida.


Dentro de los cultos ctónicos (referidos al inframundo, a lo subterráneo y vinculados con la regeneración de la vida y la ultratumba), la serpiente que bebe de la herida del toro representa a la tierra que es fecundada por la sangre del animal regenerador. La serpiente era una fuerza benefactora y dispensadora de vida que vivía en las profundidades de la tierra y que cada año renacía mudando de piel. También en la mitología griega era un motivo iconográfico muy utilizado que simbolizaba la fertilidad, la salud y que representa  a varias divinidades asociadas a la tierra, como Deméter, Céres y Kore.

Para los cultos ctónicos el perro genético simboliza el origen de las cosas; la serpiente pneumática es el aliento racional que da orden al universo; el cuervo noético encarna la capacidad de percibir intelectualmente, de pensar; a estas representaciones se les une la del escorpión apogenético (A. Blanco, Julián García y M. Bendala. Exacavaciones en Cabra. La Casa de Mitra. 1972).

El tema de la Tauroctonía mitraica ha sido interpretado también desde un punto de vista astronómico, según el cual se trataría de un relato mítico que reproduce un mapa del cielo en el que el toro sería la constelación Taurus, el perro se identifica con Canis maior y/o minor, la serpiente con Hydra, el león con Leo, la crátera con Cráter, el cuervo con Corvus, escorpión con Scorpius y el manojo de espigas en el extremo de la cola del toro con la estrella Spica (R.Beck, 1984).

Los Aiones mitraicos de Mérida

Augusta Emérita debe su nombre a Octavio Augusto, quién la fundó en el año 25 a.C para los soldados retirados con honores (eméritos) de la Legio V Alaudae y de la Legio X Gemina, veteranas de las guerras cántabras.

En Augusta Emerita existía una comunidad mitraica en Agusta Emerita fundada alrededor del año 155, que probablemente fuera la más importante de Hispania. A esta  congregación corresponden las dos estatuas encontradas y que se adaptan al tipo de Aion mitraico. Una de ellas tiene cabeza de león y la otra cabeza humana y ambas aparecen rodeadas por los anillos de una serpiente, que podría simbolizar el curso del sol (J.R.Mélida). 

Para la mayor parte de los autores las estatuas emeritenses son representaciones de Aion-Zervan-Chronos, dios del tiempo infinito. En ellas se muestra la dualidad de dos potencias antinómicas: la vitalidad cósmica y solar de la serpiente, y el Tiempo devorador encarnado por el león. Según Hinnells, la estatua leontocéfala simboliza a un ser cósmico que guíaba a las almas tras la muerte, a través de las esferas planetarias. Para otros investigadores pudiera tratarse de Ahriman, dios iranio del Mal y las Tinieblas.

El Aión antropocéfalo de Mérida representa al Mitra Saxigenus, es decir, Mitra naciente en el momento de brotar de la roca (M. Bendala). Esta estatua tiene en su pecho una máscara con la cara de un león.


Otras representaciones mitraicas emeritenses fueron halladas a comienzos de la década de 1960 en una mansión situada en la falda meridional del cerro de San Albín, cuya construcción corresponde a mediados del siglo I d.C. Se la conoce como la casa del mitreo, debido a su proximidad con el lugar donde se supone que se ubicaba este santuario. 


En una habitación del sector occidental se encuentra el célebre mosáico cosmogónico, representación alegórica de los elementos de la naturaleza (ríos, vientos etc) y que está presidida por la figura de Aion.



El culto mitraico

Desconocemos casi todo lo que se refiere al culto original a Mitra en Oriente, apenas algunos textos que forman parte de los escritos zoroástricos, por lo que tan sólo tenemos constancia de la versión occidental del culto que incorporaba elementos griegos y romanos a la tradición persa.

Según el rito que practicaban los legionarios romanos, Mitra nació por propia voluntad surgiendo de una roca (petra generatrix) situada cerca de un manantial y un árbol sagrados, suceso del que son testigos unos pastores que se acercaron al lugar a adorarlo. En el momento de su nacimiento llevaba sobre su cabeza el gorro frigio y portaba una antorcha y un cuchillo con el que cortó el fruto del árbol sagrado, vistiéndose con sus hojas. 

Posteriormente, Mitra halló en las montañas al toro primordial e intentó montarlo, pero la bestia comenzó a galopar y lo arrastró mientras permanecía aferrado a sus cuernos. Una vez que el animal se agotó, Mitra lo agarró por las patas traseras y se lo cargó a los hombros, realizando un agotador viaje (transitus) hasta su cueva. En este lugar recibió el mensaje que el Sol le envió a través de un cuervo, pidiéndole que sacrificara al toro. Mitra cumplió la voluntad del Sol y con su cuchillo le dió muerte. Un perro y una serpiente comenzaron a beber la sangre del toro mientras un escorpión se agarraba con sus pinzas a los testículos del animal. Por la cola del toro comenzó a salir trigo, su sangre se convirtió en vino y su semen purificado por la luna originó a los animales domésticos. 

Tras estos hechos, Mitra se enfrentó al Sol ya que era el causante de la sequía que asolaba la tierra. Mitra venció y selló un pacto con el Sol y de esta manera se convirtió en Sol invictus. Tras terminar su misión en la tierra ambos celebraron un banquete, cuya conmemoración se convirtió en el centro de la liturgia del mitraismo.

Esta y otras celebraciones se realizaban en los mitreos y en ellas participaban legionarios, comerciantes, funcionarios, libertos y esclavos, ya que los seguidores creían en la igualdad entre todos los hombres, por lo cual entre ellos se llamaban hermanos. Los preceptos mitraicos abogaban por la lucha contra las fuerzas del mal y para ello llevaban a cabo una serie de pruebas rituales que debían superar (sed, hambre, fatiga, frío, calor...), para de esta manera aprender a liberarse del mundo y del tiempo y así poder resucitar tras la muerte. En el culto occidental, los devotos a Mitra debían pasar por siete estadíos o grados de iniciación (Carlos Diego):  

Corax (cuervo). Nivel inicial en el que el neófito era bautizado con agua. Los corax, que probablemente fueran niños, eran los encargados de ayudar en las reuniones.

Chryphius (grifo) o Nimphus (casado). En este nivel el neófito permanecía célibe y entregado al culto. Tal vez se trataba de adolescentes dedicados a servir en las ceremonias.

Miles (soldado). En este rito de iniciación el adepto desnudo era atado y posteriormente se le coronaba y se cortaban sus ataduras. Después apartaba la corona de su cabeza, simbolizando su desapego de lo material y se le marcaba en la frente una cruz con un hierro al rojo vivo.

Leo (león) Es el primero de los niveles elevados en los que el adepto adquiere un compromiso definitivo con la comunidad. En la liturgia los leones se encargaban de cuidar el fuego sagrado.

Perses (persa) Se les entregaba una daga que simbolizaba la lucha que debían tener con los aspectos animales de su ser.

Heliodromus (corredor del sol). En el banquete sagrado se vestía de rojo para representar al sol y se sentaba junto al Padre, que encarnaba la figura de Mitra.

Pater (padre) Era el maestro espiritual de la comunidad y en las reuniones vestía una túnica roja con mangas con adornos amarillos, un gorro frigio también de color rojo y portaba una hoz y un bastón.

Mitraismo y cristianismo

Existen diversas coincidencias entre el cristianismo y el mitraísmo que tienen su origen en el profundo sincretismo que se produjo entre las distintas culturas y religiones que coexistían en el Imperio Romano. El hecho de que el cristianismo sea posterior al mitraísmo no implica necesariamente que copiara de éste,  ya que el auge de ambas creencias se produjo a partir del siglo I d.C, por lo que tuvieron un desarrollo paralelo en Occidente en el que se produjo un proceso de mutua asimilación.

Para concluir este artículo señalaré de manera breve las principales coincidencias existentes:

De manera muy similar a lo que sucede en la tradición cristiana, Mitra nació en una cueva y fué adorado por pastores. Además, ambas religiones promueven la igualdad y la hermandad de los hombres y creen en la resurrección después del Juicio Final, en donde los justos irán al paraíso y los perversos al infierno.

También encontramos semejanzas referidas al culto, como el hecho de que en ambos se realizan bautismos con agua o que el domingo sea su día sagrado. Además los creyentes de ambos credos se llaman entre ellos con los nombres de padre y hermanos. Es de destacar que en ambas tradiciones la celebración principal consistiera en un banquete ritual en el que se come pan y vino, en un caso como símbolo del cuerpo y la sangre de Cristo y en el otro como representación del Toro. Este hecho fue denunciado por los primeros Padres de la Iglesia, quienes acusaron en repetidas ocasiones a los mitraístas de copiar el rito de la eucaristía.

Por último, señalar que en el año 274 el emperador Lucio Domicio Aureliano estableció el 25 de diciembre como la fecha en la que se celebraba el nacimiento de Mitra. En el 354 el papa Liberio fijó ese mismo día para la conmemoración de la Navidad.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.