viernes, 29 de mayo de 2015

El Coloso de Pedralva

En el centro de la hermosa ciudad de Guimarães, Patrimonio de la Humanidad, en una placeta de la Alameda del Doctor Mariano Felgueiras, podemos contemplar la misteriosa y polémica escultura del llamado Coloso de Pedralva.


Si fuera, como algunos piensan, una escultura protohistórica, por sus características formales y tamaño el Coloso de Pedralva sería una pieza excepcional que no tendría similar en la Península Ibérica. Pero la verdad es que no nos hallamos ante una estatua realizada en tiempos remotos.

Algunos han querido ver en su tosco labrado un origen prerromano, mientras que otros lo databan en época galaico-romana. Sobre su significado también se suscitaron un sinfín de especulaciones. Para unos era una deidad, como Lug o Sucellos (dios celta equivalente a Hércules o a Thor y que se suele representar con un martillo en la mano derecha), mientras que otros opinan que se trata de un gran jefe, un guerrero legendario, un personaje de carácter sagrado, quizás un tótem o una estatua dedicada al culto fálico.


La escultura está incompleta y ha sufrido diversas alteraciones. Actualmente podemos distinguir que se trata de una figura masculina desnuda que está sentada con la pierna izquierda estirada, sobre la cual se distingue un posible falo, mientras que la pierna derecha está doblada por la rodilla. El brazo derecho está extendido, como si empuñara algún arma y el izquierdo pegado al cuerpo. La cabeza no presenta ojos ni boca, apenas un esbozo de nariz y en su parte superior se aprecia lo que pudiera ser un casco.



El descubrimiento del Coloso

En el artículo de Mário Cardoso, Presidente de la Sociedade Martíns Sarmento, publicado en 1928 por el Centro de Estudos do Patrimonio de la Casa de Sarmento, se nos narran las circunstancias en las que se produjo el descubrimiento de la estatua del Coloso.

En 1876 Martíns Sarmento fue informado por el Padre Antonio, párroco de la feligresía de Pedralva, de que en el Monte dos Picos en el lugar conocido como la Chã do Ferrujal, cerca de la Quinta das Eiras situada al O del alto de Pena-Província y a medio camino entre la Iglesia de Pedralva y el lugar de Carvalho d’ Este, en la carretera de Lanhoso a Braga, existía una estatua colosal cortada por la cintura y que representaba a un gigante.

Sarmento acudió al lugar, un bosque de carballos en monte abierto. La estatua se encontraba en muy mal estado y sus tres partes se hallaban separadas y situadas en distintos lugares, a escasos metros una de las otras. La primera en ser hallada por Martins Sarmento fue la parte inferior, mientras que la superior y la intermedia aparecieron días después. Una vez contó con todas las piezas, pudo ver que se trataba de una figura sentada sobre una base y en la que se apreciaba su brazo derecho levantado y la pierna izquierda extendida. Pero lo que realmente llamó su atención fue la presencia de un miembro viril, deficientemente diseñado y de unos 95 cm, que pendía hacia un lado sobre los testículos y que a juicio del insigne arqueólogo era el único indicio que demostraba la antigüedad de la estatua.

Mário Cardozo explicaba en un artículo publicado en la Revista de Guimarães, que el nombre de Colosso de Pedralva le fue puesto por Martíns Sarmento, ya que en la zona lo conocían como el “homem de pedra”. Ya en este artículo Cardozo plantea que es posible que en verdad se trate de un bloque de piedra desbastado por un cantero, para que posteriormente fuera trabajado por el escultor y reducido a unas proporciones menores. También destaca las serias dudas que el propio Martíns Sarmento tenía sobre la antigüedad de la estatua y que menciona en uno de sus escritos: “Se não fosse a particularidade da obscenidade da figura, ia retratar-me acerca da sua grande antiguidade. Quem examina a cor da pedra, põe-lhe em dúvida a idade: umas vezes, e em certos sitios, parece antiquíssima, outras não. Que o desligado das pernas e do braço indica já um estado pouco bruto no artista, é inegável”.


Inmediatamente a Sarmento se le metió en la cabeza la necesidad de adquirirla y en septiembre de ese mismo año se puso en contacto con la Junta de la Parroquia, quien le pidió un precio de 15 libras. Él les ofreció la mitad por llevarla a la Citania de Briteiros y el resto si después de estudiarla resultara antigua. Uno de los carreteros con los que trató para ver la posibilidad de transportar la estatua hasta la Citania, le dio una versión sobre la procedencia del Coloso. Éste se encontraba en Pena-Província y se intentó llevarlo hasta el monasterio de Tibães, pero la tentativa fracasó al llegar a Pedralva, donde fue abandonado. Sarmento hace referencia a la presencia de restos de castros y de construcciones de “Mouros” en el monte de Pena-Província, lo que interpreta como una posible prueba del carácter protohistórico de la estatua.

Durante unos años Sarmento se olvidó de la estatua y se dedicó a otras investigaciones, hasta que en 1890 realiza nuevos comentarios en sus cuadernos, entre los que destaca un detalle de las medidas del Coloso: longitud de la base 2,22 m; altura del asiento 1,10m; diámetro mayor de la barriga 1 m; diámetro menor de la barriga 92 cm; fémur de la pierna doblada 90 cm; tibia de la pierna doblada 95 cm; pies de 50 cm y 73 cm de largo y 40 cm de ancho; falo 95 cm de largo y 15 cm de ancho; altura de la cabeza 1,40 m; corona de la cabeza 60 cm; cara 1 m de altura y 60 cm de anchura; distancia entre los hombros 1,65 m; brazo extendido 1,15 m de largo y 55 cm de ancho; altura de la espalda 85 cm. Al parecer la estatua primitiva ya había sido cortada, con las proporciones debidas, para ajustar la pieza superior e inferior. Sarmento comenta que la tercera pieza sólo se explicaría por error en las proporciones, ya que la superior era mayor que la inferior.

La estatua fue adquirida en 1892 a la Junta de la Parroquia de Pedralva y en 1893 Sarmento cuenta como, sin consultar con nadie, el cantero de Braga, Miguel Hermosa, cortó la zapata de la estatua ya que le pareció idónea para hacer un umbral. El Coloso fue trasladado a una parcela de 12 m2 situada en Bouça-Velha y adquirida por la Sociedad Sarmento a Dña. Francisca Machado, propietaria de la Casa das Eiras. Para el transporte fue preciso emplear siete yuntas de bueyes, siendo el gasto total de 16.120 reales.

El  28 de mayo de 1877 Martíns Sarmento habla en Briteiros con el Padre Antonio, quien le informa de la existencia de una estatua aún mayor que la del Coloso: “Este novo monstro estará esboçado num penedo......A respeito das figuras, acrescenta que nunca ouviu que elas fossem destinadas para o Bom Jesús, nem para Tibães: que são antiquíssimas

En 1923 la Sociedad envió una carta al abad de Pedralva para conocer el estado en el que se encontraba la estatua. El Padre João Manuel Gonçalves Afonso Salgado contestó informando que la estatua seguía en la Bouça Vella y que estaba de pie hace unos ocho años, pero que en ese momento se encontraba en el suelo, en partes, ya que una noche sujetos desconocidos la habían tirado valiéndose de una palanca de madera.

A la vista de esa información, en 1928 miembros de la Sociedad inspeccionan el Coloso e informan a su presidente, Dr. Joaquím José de Meira, en los siguientes términos: “Mãos vandálicas tinham conseguido tombá-lo sobre o lado direito, mas, felizmente, encontra-se intacto.... Urge que a Sociedade Martíns Sarmento, a não ter possibilidade de mandar transportar até ao seu Museu tão importante monumento, ligado talvez ao culto fálico ou supertiçao da virtude procreadora de certas pedras em caso de esterilidade, monumento este por certo desconhecido de muitos arqueólogos, mande pelo menos ergue-lo novamemente naquele local, jumtando as partes em que está fraccionado.....”. Al año siguiente, ante la imposibilidad de transportarla hasta el castro de Briteiros, como era el deseo de Martins Sarmento, el nuevo presidente Dr. Eduardo de Almeida decidió llevarla al Museo de la Sociedad y situarla en el claustro gótico del Convento de Santo Domingos. El traslado desde unos 30 km fue muy dificultoso y llevó cinco días, costando 2.252 escudos.

El Coloso fue el foco de interés de los arqueólogos que visitaron la Sociedad Martíns Sarmento durante el XV Congreso Internacional de Antropología e Arqueología Prehistóricas, celebrado del 21 al 30 de septiembre de 1930.

La polémica

La bibliografía sobre el Coloso de Guimarães es realmente exigua y prácticamente se limita a las anotaciones de Martíns Sarmento y a los comentarios a las mismas de Mário Cardozo. Este hecho en si mismo resulta bastante revelador, en el sentido de que si se tratara de una pieza con interés arqueológico, sin duda su carácter excepcional al ser única en la Península Ibérica debería haber suscitado más atención por parte de los investigadores.


En la página 152 del Catálogo de Piezas del Museo de Martíns Sarmento, aparece la referencia de la estatúa denominada Colosso de Pedralva y en la que se hace constar que se desconoce el significado de esta escultura y que posiblemente se relacione con el culto fálico lusitano de tiempos protohistóricos. Sobre su procedencia se menciona al Monte dos Picos de la feligresía de Pedralva, cerca de un lugar donde existían vestigios de un castro y varias mámoas. 

La antigüedad de esta estatua ha sido puesta en duda desde el mismo momento de su descubrimiento, cuando algunos informadores de Sarmento le indicaron que se trataba de un bloque apenas desbastado para que el escultor trabajara posteriormente sobre él, para crear la estatua de un Goliath para el Santuario del Bom Jesús, un San Juan para la ciudad de Braga o para el monasterio benedictino de Tibães, o tal vez una escultura de Neptuno. De todos modos, estas informaciones tampoco eran fidedignas y sólo se basaban en la forma y la posición de la figura. Aparentemente nos es el tipo de estatua que sería de esperar en el siglo XVIII y comienzos del XIX para decorar el Bom Jesús o un monasterio, ya que parecería que una figura en la que destaca su miembro viril no tendría cabida en un lugar de culto cristiano, aunque habría que saber cuál sería su aspecto definitivo una vez que el escultor la hubiera terminado.

De todos modos, tampoco tienen el menor fundamento aquellas otras interpretaciones que pretenden remontarla a la época castreña basándose únicamente en su aspecto tosco y rudo, ignorando que carece del hieratismo y rigidez de las estatuas características de esa época, como las de los guerreros galaicos, ya que a pesar de su aspecto bruto, está dotada de cierto movimiento y plasticidad. Pero tampoco esta sensación de movilidad del Coloso supone una prueba inequívoca de que sea moderna.

Por lo que se refiere a su posible vinculación con cultos fálicos, también resulta problemática, porque el supuesto falo está tan mal definido que incluso algunos lo han interpretado como los pliegues de un manto o como un paño que cubre la figura a modo de taparrabos, aunque en cualquiera de estos dos casos, si en verdad se tratara de una prenda de vestir, debería continuar por la espalda del Coloso, lo cual no sucede.

Otro hecho que hay que tener en consideración es el hallazgo de un segundo ídolo al parecer también procedente del Monte de los Picos. Este montel forma parte de una serie de alturas que se extienden en sentido SO-NE (montes de Morreira, Santa Marta, Falperra, Sameiro) y que por el alto de Pena-Província se une al Monte da Senhora do Pilar  en Lanhoso. En Monte dos Picos, Martíns Sarmento encontró restos de un largo muro que estaba derruido, de una casa circular y de otras edificaciones. En la cumbre había unas rocas de grandes dimensiones tumbadas unas sobre otras y que formaban unas grutas naturales

La escultura fue adquirida en 1893 por Martins Samento y actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico de la Sociedad en Guimarães. Fue hallada en un pozo en la Casa das Eiras, propiedad de Dña. Francisca Machado, quien ya le había vendido a Sarmento la parcela en la que en principió se emplazó el Coloso. Se trata de una estatua granítica de 1 m de altura y tosca factura, que representa a un posible ídolo viril que cruza los antebrazos sobre el pecho con las palmas de las manos abiertas. En la cabeza se aprecian los ojos, la nariz, la boca y dos orejas en forma de protuberancias. En los laterales del cuerpo tiene grabadas dos cruces y pese a que la escultura está cortada por debajo de la cintura, se distingue claramente la representación del pene, por lo que se supone que estaba relacionada con el culto fálico.

Ídolo de Pedralva (Museo Martins Sarmento. Guimaraes)
Las representaciones fálicas del Neolítico, Calcolítico y la Edad de Bronce, son manifestaciones simbólicas que revelan el carácter sagrado que se concedía a la sexualidad humana dentro del culto a la fecundidad. El falo de gran tamaño representado en piedra era un elemento mágico que permitía al hombre ponerse en contacto con las fuerzas creadoras originarias que perpetuaban la vida mediante el acto sexual. El miembro viril masculino era por lo tanto una representación prototípica de la capacidad generativa de la naturaleza, lo que demuestra la gran importancia que se concedía a la fertilidad, así como el paralelismo que se establecía entre la fecundidad agrícola y la humana. Las estatuas fálicas constituían objetos de culto y eran el elemento central en ritos mágico-religiosos en los que se apelaba a la intervención de una fuerza espiritual superior, origen de toda vida, que mediante estas ceremonias garantizaba la germinación de las cosechas.

En el caso del ídolo de Pedralva se descarta que esté vinculado con la cultura castreña y el Museo Martíns Sarmento clasifica su procedencia como “exótica”. Reconoce Cardozo que pese a la total incorrección de las formas de este supuesto ídolo y de que tenga grabado un falo, la falta de elementos de comparación y el hecho de que apareciera en un monte sin ningún otro elemento arqueológico, aunque no lejos de los restos de un castro y de túmulos megalíticos, no permite determinar si se trata de una estatua pre-romana o de tiempos plenamente históricos.


De todos modos es sumamente curiosa, y desde luego no parece fruto de la casualidad, la aparición en Pedralva de dos toscas esculturas con representaciones fálicas y que al parecer procedían del mismo lugar. En ambos casos se hallaron fuera de su ubicación original, por lo que no se puede establecer cuál era su contexto arqueológico.

Antonio de Azevedo, de la Academia Nacional de Belas-Artes, realizó en 1948 un análisis de la estatua del Coloso desde el punto de vista de un experto en arte. La primera conclusión, obvia por otra parte, es que la estatua fue diseñada para ser expuesta al aire libre y por lo tanto, para no resultar empequeñecida por el ambiente que la rodeaba, su tamaño debía ser mayor. También destaca el hecho de que Martíns Sarmento pronto perdiera el interés por una pieza, que de ser protohistórica, tendría un valor inestimable, lo cual para este autor resulta sumamente revelador.

Según Azevedo, el Coloso, en caso de haber sido concluido, hubiera dado lugar a una estatua de San Juan del siglo XVIII en la postura clásica en la que solía representarse a este santo, destinada posiblemente al Parque de San João da Ponte, en Braga, donde se realizaban tradicionalmente las fiestas de esta ciudad. También cabría la posibilidad de que se tratara de un Neptuno cuyo destino sería los alrededores del Bom Jesús. Pero lo que si tiene claro es que en ningún caso se podría establecer una datación anterior al siglo XVI.

Azevedo desmonta el razonamiento de que al tratarse de una estatua en la que se muestra el miembro viril no sería apta para ser mostrada en Bom Jesus o San João, y para ello cita las palabras del Dr. Alberto Feio en su libro “Bom Jesús do Monte”: “Nas páginas da Biblia e da Mitología, eles mesmos escolheram figuras, símbolos e dísitcos, numa promiscuidade, que a Mesa Censória em Edital de 22 de Abril de 1774, julgou indecorosíssima e indecentíssima”.

Azevedo no alberga ninguna duda acerca de que el estilo escultórico corresponde al de una pieza del siglo XVIII que pudiera haber quedado inconclusa debido a las invasiones napoleónicas. Rechaza totalmente que pueda tratarse de una estatua protohistórica y se basa en las características de la escultura en lo que se refiere a la posición de brazos y piernas, ya que las estatuas de guerreros galaicos para nada responden a esta estructura, al tratarse de piezas realizadas en un solo bloque sin salientes de ningún tipo, es decir, sin brazos ni piernas.

Guerreros de Vizela & Fafe (Museo Martins Sarmento. Guimaraes)
Por último, Azevedo crítica la posibilidad de que se trate de una pieza destinada al culto fálico ya que de ser así el miembro viril estaría destacado y en posición erecta, y no en la postura que califica de “impotencia sexual” que presenta realmente. 


Concluye calificando la estatua como “mamarracho”: un embrión que en caso de haber sido terminado habría dado lugar a una buena o mala estatua.

Actualmente la mayor parte de la comunidad científica, entre la que se encuentra la propia Sociedade Martíns Sarmento, descarta que el Coloso sea una pieza arqueológica. Aún así, en los numerosos artículos digitales que podéis encontrar veréis que se da por hecho su carácter protohistórico, eso sí, sin hacer la menor mención a su antigüedad, tipología, contexto histórico, ni ningún dato que permita sustentar objetivamente esta afirmación.



Bibliografía:

Mário Cardozo. Catálogo do Museu de Arqueología da Sociedades Martins Sarmento. I-Secção Lapidar e de Escultura. Guimarães, 1935.

Mário Cardozo. O Colosso de Pedralva, conhecido pela designaçao local de “O Homem de Pedra". Revista de Guimarães, vol XXXVIII, 1928.

Antonio de Azevedo. Um caso de escultura. Academia Nacional de Belas-Artes.1948.