viernes, 21 de marzo de 2014

Alcazaba de Antequera (Madinat Antaquira)

Historia

Antequera se encuentra en el centro de Andalucía, en una encrucijada de caminos que unen el valle del Guadalquivir, la costa y las Cordilleras Béticas. Por su vega atraviesa el río Guadlahorce, que riega una extensa llanura cerealista, huertas, viñedos y olivares.


Debido a su posición estratégica ha sido poblada desde el tiempo de los romanos, a los que siguieron bizantinos y godos. En el año 711 los árabes iniciaron la conquista de estas tierras, durante el emirato de Musa ibn Nusair

En el 741 se produjo una rebelión beréber, lo que motivó que el califa omeya Hisham enviara a Balch ibn Bishr al-Qushayrí, quien llegó con 80.000 soldados de los cuales 12.000 eran yundíes sirios como él, acabando con la rebelión berberisca en la Península.


Cuando Abd al-Rahman I crea el emirato independiente (756-929),  fija su capital en Córdoba y traslada a Antequera a la población de la fortaleza de la Peña. Al mando de la villa estaba un gobernador que residía en un importante hisn o castillo que brindaba protección a una considerable población agraria.


Durante los siglos X-XII los almohades dotaron a la alcazaba de Antequera de la mayor parte de las murallas y torres, en su proceso de movilización contra los reinos cristianos. Se levantaron dos recintos amurallados en cuyo interior se situó la alcazaba, en la que se hallaba la madina. Hoy en día se conservan restos de una barbacana en el flanco S, a poca distancia de la muralla perimetral.


Con la batalla de las Navas de Tolosa (1212), finalizó la dominación almohade y comenzó el rápido avance de las tropas cristianas por todo el valle del Guadalquivir.

En el año 1232, Muhammad I fué proclamado emir en Arjona, comenzando así la dinastía nazarí, que fué agrupando los territorios de Granada, Málaga y Almería, hasta su fin en el año 1492. A comienzos del siglo XIV Antequera era una importante plaza militar fronteriza desde la que se llevaban a cabo incursiones en territorio castellano. Pero a la vez que servía al emirato, desde Antequera se establecían tratos con los castellanos en beneficio propio y en contra de los intereses de los nazarís de Granada. 

Dentro del proceso de fortificación llevado a cabo por Muhammad V (1338-1391), los nazaríes reforzaron las murallas de la madina de Antequera. Se empleó preferentemente mampostería, aunque también utilizaron sillería en las esquinas de las torres exteriores de planta rectangular. Con todas estas mejoras, las murallas de Antequera pararon el ataque de las tropas de Don Pedro I. La villa  se convirtió en un  punto estratégico en la resistencia del reino de Granada y de este modo, a principios del siglo XV, se produjo una gran concentración de tropas nazarís en Antequera para realizar una serie de incursiones en tierras de Castilla.



El 27 de abril de 1410 el infante Don Fernando de Castilla (1380-1416), futuro rey de Aragón (1412-1416), comenzó el asedio de la inexpugnable alcazaba de Madinat Antaquira. Esta plaza militar era de vital importancia para los musulmanes puesto que ya habían caído en manos cristianas Sevilla y Jaén, así que sólo se interponían Antequera y Archidona en el camino hacia Granada. Tras seis meses de asedio, el 16 de septiembre de 1410, los ocupantes de la alcazaba se rindieron y se refugiaron en Arxiduna (Archidona). Fue durante esta campaña cuando Don Fernando pronunció la célebre frase: "¡Sálganos el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera!"

La conquista de Antequera  tuvo un impacto enorme y elevó a Don Fernando a la categoría de héroe militar, ganándose el respeto y el temor del rey nazarí Yusuf III. Por esta victoria Don Fernando recibió el sobrenombre de “El de Antequera”, que compartía con el de “El Justo”, “El Honesto” o el “de Trastámara”.




La Alcazaba

Esta fortaleza musulmana se alza en la zona más alta de la ciudad, sobre las ruinas romanas cuyos restos fueron utilizados para construirla. Era un enclave militar de importancia estratégica que primero dependió del reino taifa de Málaga, para pasar sucesivamente a manos de los ziríes de la Taifa de Granada, y posteriormente a los almorávides y almohades (1090-1232), siendo estos últimos los que construyeron los dos anillos de murallas.


La construcción de la Alcazaba comenzó en los siglos X-XI, con el primer recinto defensivo para el que se empleó mampostería, tierra arcillosa compactada, estucado y sillería. El segundo recinto defensivo es de los siglos XI-XII y originalmente era de  tierra arcillosa compactada y enlucida con cal. Durante el siglo XIII se construyó una barbacana de mampostería que se extendía por todo el perímetro amurallado salvo por el sector E. Esta barbacana será reforzada durante el siglo XIV empleando sillería y mampostería.

El momento de mayor esplendor de Madinat Antaquira tuvo lugar bajo dominio nazarí, cuando se mejoraron las defensas y murallas para resistir a la presión que ejercían los ejércitos cristianos. Siguiendo el programa de reforzamiento emprendido por Mohammed V, se realizaron obras para garantizar el suministro de agua en caso de asedio y se reedificó la Puerta de Málaga.


Entre las instalaciones de la alcazaba podemos destacar el Patio de Armas al pie de las torres del Homenaje y de la Torre Blanca, la mazmorra de 6 m de profundidad y 3 m de ancho, y el aljibe de 6,20 x 4,10 metros.


Las murallas de Antequera rodean y protegen una superficie de unas 6 ha. Son de sillería, con una anchura media de 2,1 m en el primer recinto y una altura entre 2 y 19 m. En el siglo XV se repararon los muros de la alcazaba, se construyó el muro perpendicular a la Torre Blanca y se levantó uno paralelo al lienzo que une la torre del Homenaje y la Blanca. Hoy en día, las murallas se encuentran en un buen estado de conservación, aunque una parte de ellas ha desaparecido.


En las murallas de Antequera se abren cinco puertas principales que tenían una función  defensiva, motivo por el cual eran muy fuertes y poderosas para resistir los embates enemigos y carecían de elementos decorativos. Estas puertas son la de Estepa o la Villa (N), la de la Estrella (N), la de las Bastidas o del Camino de Granada (NE), la del Agua (E) y la de Málaga (S). La puerta de Málaga era la más importante y está formada por grandes sillares, mientras que la  puerta de la Estrella es de mampostería.

En el primer recinto defensivo se encontraba la puerta de la Estepa, de sillería, donde actualmente hay una entrada con arco conocido como del Gigante. 



Las defensas de Antequera cuentan con veinticinco torres destinadas a la vigilancia, defensa y almacén de armas. Las torres son de sillería y mampostería enripiada, tipicamente nazarí. 

En el primer recinto defensivo hay doce torres, once de planta rectangular o cuadrada y una semicircular. El segundo anillo defensivo lo componen trece torres, diez rectangulares y tres semicirculares. Durante la época nazarí estas torres se reforzaron con la construcción de una barbacana.

Las torres de Antequera se elevan entre 1-3 m por encima del nivel del adarve, que es el pasillo estrecho sobre la muralla, protegido por almenas, por el que los centinelas hacían sus rondas y se distribuían los defensores en caso de ataque. Las principales torres son la Torre de la Estrella, la Torre del Agua, la Torre del Quiebro, la Torre Blanca y la Torre del Homenaje.


La Torre del Homenaje se encuentra al NO de la alcazaba y está construida con sillería, procedente en parte de las ruinas romanas. Tiene forma de “L” y su única planta se dividía en tres estancias situadas en torno a un espacio central. 


Sobre la Torre del Homenaje, en 1582 se construyó un campanario conocido como el Templete del Papabellotas. Su nombre se debe a que fue costeado con la venta de un alcornocal y fue construido para alojar la campana mayor de Antequera, mediante la cual se regulaban los riegos de la vega. 


Es de piedra tallada, aunque los arcos y los estribos son de ladrillo, y tiene forma de prisma rectangular con cuatro caras abiertas mediante arcos de medio punto.

Junto a la Torre del Homenaje se sitúa la Torre Blanca, también de época nazarí. Es de sillería y consta de dos plantas y terraza, disponiendo de un acceso por el O y otro por el E. 



En la planta baja se situaba el armamento destinado a defender la torre, mientras que en la superior era donde habitaban los soldados. La Torre Blanca estaba unida con la Torre del Quiebro por el lienzo de muralla. Además existía un segundo cinturón del que sólo se conservan el Torreón del Asalto y el Postigo de la Estrella.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por F. Javier Torres Goberna ©.