jueves, 4 de julio de 2013

Las Médulas


La Zona Arqueológica de Las Médulas se encuentra en la provincia de León, a veinte kilómetros de Ponferrada, entre los pueblos de Las Médulas (865 m) y Orellán (951 m).

Geológicamente, Las Médulas se sitúan en el extremo SO de la Fosa del Bierzo, entre la Cuenca del Duero y las cuencas del interior de Galicia. La Fosa del Bierzo está rodeada por rocas metamórficas del Paleozoico (calizas, pizarras y cuarcitas), que se plegaron durante la Orogénesis Hercínica. Por el E, de manera localizada, aparecen también  rocas graníticas.

Las Médulas es una de las tres cubetas que forman la Fosa del Bierzo. La longitud de esta cubeta es de unos cincuenta kilómetros, con una anchura de veinte kilómetros. Es una zona de fuertes pendientes tanto hacia el Sil, al N y O, como hacia su afluente el Cabrera, situado al S. Hacia el E está unida a las últimas estribaciones de los Montes Aquilianos a través de crestones montañosos. En el centro de las Médulas se encuentran los depósitos fluviales rojos del Mioceno, en los que se hallaba el yacimiento aurífero.


Durante el Terciario, la Cuenca del Bierzo se rellenó con depósitos de sedimentos rojos, limos, arenas y cantos rodados. Se desconoce la procedencia exacta de estos sedimentos rojos, pero se supone que podrían provenir del borde de un macizo que se desmanteló. Posteriormente los sedimentos fueron transportados por el agua de lluvia, proveniente de unas precipitaciones inusitadas de una intensidad tal que no se ha vuelto a producir un registro igual desde entonces. Estos aluviones se fueron acumulando hasta formar un depósito cuyo espesor varía entre los cien y los ciento setenta metros.


Una de las teorías sobre el origen de todo el oro que hay en nuestro sistema solar, plantea que se generó con el colapso y explosión de alguna supernova hace unos cuatro mil quinientos millones de años, lo que provocó una fusión nuclear a causa de la cual las partes superiores de la estrella se desplomaron sobre el núcleo, comprimiendo y calentando la materia. Los núcleos de los elementos mas ligeros se fundieron y dieron lugar a metales más pesados, como el uranio o el oro. En la Tierra las primeras concentraciones de oro se produjeron hace unos dos mil quinientos millones de años (Soléty). El oro suele aparecer preferentemente en sedimentos detríticos de cursos fluviales y deltas, así como en alineaciones y cinturones volcánicos. 

La principal ocurrencia mineralógica del oro es en forma de inclusiones dentro de otros minerales (piritas, arsenopiritas, calcopiritas, esfaleritas, limonitas, cuarzo y carbón). El oro nativo libre se encuentra en contacto con otros minerales, como plata, selenio, bismuto, mercurio y platino. También aparece en forma de pepitas en aluviones arrastrados por los cursos fluviales. 

Por lo que se refiere al oro de Las Médulas, aún hoy en día se desconoce su origen, aunque se cree que las rocas que aportaron este mineral corresponden a alguna de las formaciones paleozoicas de la zona. El oro de Las Médulas no se encuentra en filones o grandes vetas en las rocas, si no en los sedimentos rojos característicos de este lugar, entre un aluvión de conglomerados de cantos rodados, arenas y arcillas. Se calcula que en los niveles superiores del terreno la presencia de oro oscilaba entre 20-100 mg/m3, mientras que en los inferiores esta proporción sería de 60-300 mg/m3.


La mina de Las Médulas tiene unos tres kilómetros de anchura y más de cien metros de profundidad. La extracción minera supuso la realización de enormes desmontes en una zona de algo más de seiscientas hectáreas, calculándose que se removieron unos cien millones de metros cúbicos de aluvión. En total el número de hectáreas transformadas fue de mil doscientas, ya que los estériles generados por la explotación ocuparon valles y vaguadas. No existe acuerdo en cuanto a la cantidad de oro que se extrajo, pero se calcula que fueron entre cinco y siete toneladas.


Las Médulas fueron declaradas Monumento Nacional en 1931 y Espacio Natural por la Junta de Castilla y León en 1992. Desde 1997 son Patrimonio de la Humanidad.

La Zona Arqueológica de las Médulas (ZAM)

La ZAM abarca unas doce mil hectáreas, de las que mil doscientas son de origen romano y cien corresponden al entorno del Lago Carucedo.

Las poblaciones prerromanas de Galicia, León y Asturias practicaban una minería del oro de tipo artesanal, extrayendo, limpiando y cribando las arenas y lavándolas con una batea. El oro obtenido era empleado para crear una orfebrería relativamente rica. Se han hallado láminas muy finas sin decoración que servirán de pendientes y diademas, y gargantillas mucho más elaboradas, decoradas y repujadas. Parte de estas piezas fueron “exportadas” a Bretaña e islas británicas por navíos mediterráneos, cretenses o fenicios.

Tras las Guerras Cántabras (29 a.C a 19 a.C), finaliza la conquista romana de la Península Ibérica. Pronto comienza la evaluación de la explotación de Las Médulas y de su rentabilidad. En puntos situados al N y E del pueblo de Las Médulas, se hicieron extracciones selectivas sobre los niveles sedimentarios más ricos en oro.

Durante el siglo I aumentó el interés de los romanos por esta explotación, probablemente debido a que el emperador Augusto estableció el aureus y el denarius como base del sistema monetario. El aureus tenía 7,8 g de oro y el denarius 3,9 gramos de plata, por lo que se incrementó la necesidad de obtener estos dos metales. El momento de mayor apogeo de la explotación de Las Médulas tuvo lugar en época de Trajano, entre finales del siglo I y principios del II. El declive comenzó a partir del año 150 y el abandono definitivo del yacimiento ocurrió a comienzos del siglo III.


Las Médulas llegaron a ser la mayor explotación aurífera del imperio y para custodiarla, alrededor del año 74 se estableció en León la legión romana Regio VII Gemina. Esta legión había sido creada el 10 de junio del 68 y probablemente estuba formada por nativos. Combatió por diversos lugares de Europa y participó en las Guerras del Rhin, desde donde fue enviada a Hispania para cumplir misiones de policía. Para mejorar las comunicaciones de la zona, entre los años 69 a 96 se construyó la Via Nova, que unía Asturica con Bracara (Braga) y por la que transitaba una gran densidad de tráfico.

Plinio el Viejo visitó Asturica como Procurador de la Tarraconense, alrededor del año 70. En ese momento Asturica Augusta (Astorga) era una gran urbe, capital del convento jurídico, y Bergidum Flavium (Cacabelos) ya era un municipio. Será Plinio el que realice una descripción del método empleado para la extracción del oro que ha llegado hasta nuestros días y al que denominó ruina montium. Consistía en almacenar enormes cantidades de agua en unos depósitos y después introducirla en el interior del monte a través de pozos y galerías sin salida, lo que provocaba que éste se derrumbara debido a la presión del agua y el aire. Después, el agua arrastraba las masas de aluvión en las que se encontraba el oro y las llevaba hacia los canales de lavado.


Como no había ningún río en la zona de la explotación, fue necesario traer el agua desde lejos a través de canales y almacenarla en depósitos. Parte era obtenida en verano con el deshielo de la nieve que se acumulaba en la ladera NE del Teleno, situada a unos 1700-2000 m de altitud y a una distancia de unos treinta y cinco kilómetros de las Médulas. El agua del Teleno se llevaba al río Cabo, afluente del Cabrera, y se le incorporaba parte del agua del Cabrera. Así el Cabo veía incrementado cuantiosamente su caudal, lo que le permitía alimentar a siete canales que llegaban hasta los depósitos de Las Médulas.

Otra parte del agua utilizada era aportaba por el río Oza, que procedía de la vertiente N de los Montes Aquilianos. Al Oza se le unía el agua de varios arroyos, como el Guido, Reguerón, Valdecorrales y Rimor, y era llevada a Las Médulas a través de dos canales. También se construyeron más de cien kilómetros de canales para transportar, desde los montes Aquilianos, las aguas que habían sido trasvasadas del Sil y el Duero.

Para algunos investigadores eran ocho los canales principales (Matías Rodríguez), mientras que otros elevan esa cifra hasta trece o dieciséis (Pérez García y Sánchez Palencia Ramos). Los canales o corrugi tenían una anchura de noventa a ciento cincuenta centímetros, con una altura del agua de diez a veinte centímetros y un desnivel que no superaba el cinco por ciento por kilómetro. Existe bastante discrepancia en lo que se refiere a la longitud total de esta red de canales que abastecían Las Médulas, pero se suele aceptar que rondaría los trescientos kilómetros. Puede que fuera la red hidráulica más grande de todo el imperio romano.

Antes de comenzar a cavar los canales era necesario nivelar el terreno, para lo cual los romanos disponían de varios instrumentos topográficos como la dioptrae, una especie de taquímetro empleado en el cálculo de las distancias y niveles. 

Dioptrae

El chorobates era una larga regla de madera de casi seis metros, con cuatro patas en sus extremos y provista de plomadas que permitían comprobar si el terreno estaba nivelado. 

Chorobates

El chorobates también tenía una acanaladura que se llenaba de agua y así se verificaba que el nivel de ésta era igual en todos los bordes, lo cual permitía trabajar incluso cuando el viento movía las cuerdas de las plomadas. Además, este instrumento era más preciso que la dioptrae, ya que sus dos puntos de mira se encontraban más distantes.

El cuantioso aporte de miles de metros cúbicos transportados por los canales era almacenado en depósitos (piscinae o stagna), que habían sido construidos excavando el terreno y formando taludes con el material extraído, lo que permitía aumentar su capacidad. Para controlar la cantidad de agua que salía de los depósitos se crearon compuertas y canales secundarios.

Plinio nos habla de estos depósitos:  “En lo alto y cabecera del despeñadero se cavan unas piscinas o estanques de doscientos pies de ancho hacia todas partes y diez en hondo”.

Veamos la descripción que Plinio el Viejo hace del proceso denominado arrugias:

“El agua era necesaria para el proceso denominado arrugia, en el que se cavaban galerías para extraer el material y luego pasarlo por los canales para separar el material más grueso y dirigir el resto a otros canales en los que el oro quedaba acumulado en el fondo debido a su mayor peso y el resto era extraído mediante el bateado”.


“...hechas cuevas por largos espacios, cavan los montes con luces de candiles, y ellas mismas son la medida del trabajo y vigilias, y en muchos casos no se ve el día. A esta manera de sacar el oro se le llama arrugias, y de improviso se suelen producir grietas y se hunden cubriendo súbitamente a los trabajadores, dejándolos allí sepultados, de suerte que ya parece mucho menos temerario buscar en lo profundo del mar las perlas y conchas de púrpura: ¡tan peligrosa hemos hecho la tierra!”.


Como la mayor parte del oro de Las Médulas se hallaba en los niveles inferiores de la capa sedimentaria, los ingenieros romanos decidieron emplear todo el sistema hidráulico de las arrugias para desmontar de una sola vez las capas superiores e inferiores y acceder a los niveles más ricos en oro, derrumbando grandes masas de conglomerado que luego procedían a limpiar en los canales. 

Este es el método de arrugia al que Plinio denomina ruina montium, que consistía en que en las zonas superiores del monte se procedía a cavar una red de profundos pozos y galerías sin salida exterior. Después se introducía una cierto volumen de  agua con el fin de debilitar el terreno. Posteriormente se enviaba un gran caudal que bajaba arrancando y arrastrando rocas e irrumpía con fuerza en las galerías, comprimiendo el aire y produciendo una enorme cantidad de energía que provocaba el derrumbe del monte. Al cavar las galerías de modo que unos tramos fueran más anchos y otros más estrechos, se conseguía disminuir la velocidad del agua y provocar un aumento de la presión.


Plinio el Viejo lo cuenta así:

“Acabado el trabajo las cabezas de los arcos se abren y hienden y dan señal de ruina. Y sólo la conoce aquel que es vigilante en la altura del monte. Éste, con la voz y golpes, manda a los obreros que de presto se aparten”.

“Quebrado el monte cae por si mismo, con tan grande estruendo y viento que no puede ser concebido por la mente humana”

Tras el derrumbe la fuerza del agua continuaba arrastrando la masa de aglomerado. Los estériles de mayor tamaño se eliminaban antes de entrar en los canales de lavado y se acumulaban en murias, algunas de las cuales miden varios metros de altura.


Los materiales más finos se encauzaban por los canales de evacuación hacia los conos de deyección o colas de lavado. Estos canales de lavado, denominados agogas, estaban cavados en zonas llanas y se cubrían a intervalos con brezos que funcionaban a modo de filtros en los que se depositaba la mena de oro, debido a que su alto peso específico permitía su separación gravimétrica.

Posteriormente se retiraban los brezos y se quemaban. Las cenizas se lavaban en un prado de hierba alta y así se obtenía el oro.


Según Plinio “el arbusto es semejante al romero, áspero y capaz de retener el oro. Cierran los laterales con tablas y depositan estos matojos en sus escaleras......Se hallan así masas que pesan más de diez libras......Después el tojo se quema, lavándose su ceniza sobre un césped de hierba abundante para que allí se retenga el oro”.

Al final de estos canales o agogas se iban depositando y acumulando los lodos y fangos, lo que provocó que se fueran embalsando las aguas y se formaran lagos artificiales, como el Somido. 


Los millones de metros cúbicos de agua empleados en el proceso se trasladaban a varios desagües. El más importante llevaba los vertidos al valle, pasando por una cañada situada al N de las Médulas y desaguando en el Sil a través de una garganta. La salida del valle se cerró con un dique, de modo que los limos y arenas quedaban retenidos y se fueron acumulando, rellenando la cañada y dando lugar a un pantano y al lago de Carucedo.

No se conoce con exactitud la cantidad de mano de obra empleada, pero se estima que estaría entre dos mil quinientos y cinco mil trabajadores. La mayor parte de ellos eran  astures, que pagaban con su trabajo el tributo al Imperio, pero también había esclavos africanos. Conocemos los términos de alguno de los contratos que vinculaban a estos trabajadores, como el firmado por uno de ellos, de nombre Memio, con los contratistas Tito y Socratión. En este contrato se hace constar que el trabajador percibiría un salario de setenta denarios así como la comida, por seis meses de trabajo con jornadas completas, sin deducciones por enfermedad. Si el trabajador interrumpía su trabajo o abandonaba la explotación se le descontaban cinco sestercios por cada día. La única excepción era cuando las corrientes de agua impedían trabajar, en cuyo caso la jornada se consideraba válida. También el contratista estaba sujeto a la misma penalización de cinco sestercios por día si se retrasaba en el pago al trabajador, salvo que la explotación se hubiera interrumpido tres días.

Como vemos, la minería de Las Médulas supuso una total transformación de las técnicas de explotación de recursos y de la configuración de las comunidades locales. Los romanos crearon varios asentamientos en diversos emplazamientos según su función. Unos estaban en las vegas y producían alimentos. Cerca y dentro de la mina se instaló a la mano de obra no cualificada. Los encargados del mantenimiento de los canales de agua se asentaron cerca de éstos.

Junto al lago de Carucedo se establecieron los técnicos y administradores, encargados de la organización y el control de la explotación. Se conservan construcciones bien trazadas y altamente romanizadas, así como desagües, un estanque y un horno para cal.

Otros asentamientos estaban en lugares ricos en hierro, con el que se fabricaban las herramientas y utensilios empleados en las labores mineras. El más importante de estos asentamientos metalúrgicos es el de Orellán (siglo I d.C.). 


Los trabajadores que vivían en él se dedicaban exclusivamente a la transformación de una veta de hierro y eran abastecidos de alimentos por otros poblados. Las primeras viviendas eran de tipología indígena, pero a medida que fue creciendo el asentamiento se organizó según el diseño romano.


La fundición se situaba en la parte más alta del monte y la escoria se esparcía por las laderas. Más abajo se emplazaba el poblado donde vivían los fundidores y herreros con sus familias. El asentamiento carecía de muralla defensiva, las viviendas tenían muros cuadrados y aún se conservan los restos de aceras y calles, así como una zona de almacenamiento para el cereal y las leguminosas. Al otro lado de la ladera del cerro se encuentra la veta de hierro y en esta zona se vertía la escoria de los hornos de fundición, la cual también se utilizó para nivelar y drenar el terreno. En Orellán se han hallado restos cerámicos, de los cuales más de la mitad corresponde a la tipología prerromana.

En Borrenes, en la cumbre de Corona del Cerco, se encuentran los restos de un castro prerromano. 



Actualmente se conservan dos viviendas y una gran muralla de hasta cuatro metros de altura, que delimita un espacio de aproximadamente una hectárea. 


El castro de Borrenes no llegó a habitarse ya que su muralla fue destruida mientras aún estaba siendo levantada por los astures, dentro de los conflictos ocurridos cuando los invasores romanos sometieron a las poblaciones indígenas. 


Una vez que comenzó la explotación minera romana, la comunidad que iba a habitar este castro fue trasladada a alguno de los poblados creados para abastecer a la mina.

Rutas

Conocer Las Médulas es muy fácil, ya que existen varias sendas señalizadas que nos permiten visitar todos los enclaves más importantes.


La Senda Perimetral (5,7 Km) es la más larga de todas. Comienza frente a la iglesia de San Simón y San Judas, de donde sale una calle a la derecha que conduce a una pista de tierra que lleva al Mirador de Pedrices, pasa por la Médulas de Yeres y finaliza en el Mirador de Orellán. Entre castaños, matorrales y praderas iremos contemplando unas hermosas vistas de la Sierra de la Cabrera.

La Senda de Valiñas (4 Km) tiene un recorrido circular por una pista asfaltada, poco empinada y rodeada de grandes castaños. Llegaremos hasta la Fuente de la Tía Viviana y seguiremos adelante hasta que termina el asfalto y comienza una pista de tierra que lleva a la Cuevona y la cueva Encantada.

La Senda de Reirigo (5,5 Km) comienza en un desvío en la Senda de las Valiñas. Se trata de  un sendero que sube por un monte de castaños en dirección SO hacia el Mirador de Pedrices. Aquí se desvía hacia el SE y luego hacia el E para cruzar las Médulas de Yeres y pasar por el Pico Reirigo, hasta finalizar en la zona recreativa de Campo da Braña.

La Senda del Lago Sumido (3 Km) parte del centro del pueblo de Las Médulas en dirección O. Se trata de un paseo muy fácil y cómodo por una pista de tierra prácticamente llana.

La Senda de los Conventos (4,5 Km) se puede empezar tanto desde Orellán como desde el Aula Arqueológica de Las Médulas. Si comenzamos por el Aula debemos encaminarnos hacia Carucedo y a menos de un kilómetro vemos una señal a la derecha que indica las Senda de los Conventos y que nos llevará hasta Orellán.

Yo propongo una combinación de todas estas rutas, de modo que en tal sólo dos jornadas se puedan visitar los principales lugares.

Día 1

Comienza en el mirador de Orellán, al que llegamos tomando una carretera que parte de Carucedo. La vista desde el mirador es una de las más bellas de Las Médulas y podemos contemplar frentes de explotación de hasta 100 m de espesor, galerías y canales que concluyen en el depósito de regulación de La Horta, al pié del mirador. 


Desde el mirador se observa a la derecha una amplia salida de una galería de unos 650 m de longitud, cuyo interior podemos visitar. Las galerías de Orellán, antes de la erosión producida por el agua, tenían una altura de 1,10 a 1,90 metros y una anchura de entre 1 y 1,5 m. Su forma era ovalada, lo que garantizaba una mayor estabilidad durante la excavación.


Proseguimos nuestra ruta tomando el Camino del Mirador, que baja a través de un hermoso bosque de castaños y nos lleva hasta el interior de la mina. 


Aquí seguimos por la Senda de las Valiñas hasta La Cuevona y la Encantada: dos bocaminas de una misma galería, con una altura de casi 30 m.

La Cuevona
La Encantada

Después continuamos por la Senda de las Valiñas hacia el pueblo de Las Médulas, llegando hasta el Mesón Agoga, donde podemos refrescarnos y proveernos de agua.


Desde aquí tomamos la Senda de Reirigo que sube por el monte y nos lleva hasta el Mirador de Pedrices, donde podemos disfrutar de una vista espectacular de los picos de Las Médulas, los lagos, el embalse de Campañana, el Lago de Carucedo y el pueblo de Lago.



Sin dejar la Senda de Reirigo nos dirigimos a lo alto del Pico Reirigo y después seguimos por un camino algo peligroso hasta las Médulas de Yeres, pertenecientes al municipio de Puente de Domingo Flórez. En esta Médulas se conservan dos galerías en las que podemos entrar.


Desde las Médulas de Yeres podemos continuar por la Senda de Reirigo o bien tomar la Senda Perimetral. Cualquiera de las dos nos llevará hasta la zona recreativa de Campo da Braña y más adelante veremos restos de canales, antes de llegar al Mirador de Orellán, lugar donde comenzamos esta ruta.


Día 2

Para completar la visita que propongo a las Médulas, nos falta recorrer la Senda del Lago Sumido.

La senda del lago Sumido parte del pueblo de Las Médulas en dirección O y siguiéndola podremos ver la laguna de Pinzais, la laguna Larga y el lago Somido, finalizando en el Mirador de Maseiros, desde donde podemos contemplar el Lago de Carucedo, el pueblo de Lago y el embalse de Campañana.


El lago Somido y las lagunas Larga y de Pinzais son antiguos canales de lavado o agogas. En el caso del lago Somido, lo que en principio fue un lavadero de oro se convirtió luego en un canal de evacuación que llevaba los estériles a la planicie de Chaos de Maseiros. Uno de los tramos de este canal se inundó y así se formó el lago. 


En la actualidad estas tres zonas húmedas son el lugar al que acude una interesante comunidad de anfibios para reproducirse. Destacan dos endemismos: la escasa salamandra rabilarga y el más frecuente tritón ibérico. Otras especies presentes son el tritón palmeado, la ranita de San Antón, la rana común y el sapo común. En el lago Somido quedan algunas de las escasas anguilas que aún podemos encontrar en la zona y por lo que se refiere a la vegetación destacan los nenúfares.


Chao de Maseiros es un valle colmatado por la acumulación de estériles procedentes de la actividad minera. Con anterioridad, a comienzos del siglo I, era un valle rectilíneo y de fondo estrecho por el que corría un torrente. Al principio la explotación minera fue lenta y metódica, separando los cantos rodados y apilándolos en murias para evitar que obstruyeran los canales de lavado. 


Los lodos se fueron acumulando en grandes cantidades valle abajo, rellenando el fondo de las vaguadas. La fase final de la minería se concentró en el núcleo de Las Médulas, donde la baja producción de oro llevó a que se empleara el método de ruina montium para mover de una vez enormes masas de sedimentos. Esto aceleró la acumulación de derrubios en Chao de Maseiros y a comienzos del siglo III los sedimentos llenaron todo este valle secundario y bloquearon la salida del valle principal aguas abajo, lo que dio lugar al lago de Carucedo. Con el  tiempo, el arroyo del Balao se abrió paso entre los acúmulos de estériles y comenzó a arrastrar sedimentos río abajo. Lentamente la cubierta vegetal comenzó a cubrir las zonas de escombros, aunque las de mayor desnivel han permanecido desnudas hasta nuestros días.


Desde el mirador de Chao de Maseiros se puede apreciar la vegetación característica de Las Médulas: escobas, retamas, brezos, carquesas y jaras. Se trata de matorrales arbustivos de tipo mediterráneo pero con clara influencia atlántica. Entre las plantas destacan las lavandas y varios tipos de orquídeas. Lentamente se va produciendo una regeneración del encinar en el que viven conejos, liebres, corzos y jabalís.

La visita la finalizamos desplazándonos en automóvil hasta Carucedo para visitar el lago y su entorno.


Así concluyo esta descripción de algunos de los lugares de visita obligada, pero quedan otros muchos también muy interesantes que os animo a descubrir.