jueves, 22 de agosto de 2013

Petroglifo Laxe da Rotea do Mendo

El petroglifo de la Laxe da Rotea do Mendo se encuentra en la parroquia de San Miguel de Campo, concello de Campo Lameiro. Para llegar hasta este lugar debemos salir de Campo Lameiro por la carretera PO-221 en dirección Moraña. Después de dos kilómetros llegamos al alto del monte Agüeiros, donde nos desviamos a la izquierda por una pista asfaltada que lleva al Castro de Penalba. Aquí hay un merendero donde podemos dejar el vehículo y continuar andando por el camino que parte a la derecha de la pista y que discurre por la ladera O del monte.
Los petroglifos que forman el conjunto de la Laxe da Rotea do Mendo fueron grabados sobre una gran roca plana orientada al SO, durante el período comprendido entre el Bronce I y el Bronce II (1800-1200 a.C). El motivo principal de este conjunto es la figura de un gran macho de ciervo, probablemente la mayor de todo el arte rupestre gallego, representado en posición parada, con la cabeza levantada y la boca abierta como si estuviera emitiendo el característico sonido de la berrea. El ciervo muestra un enorme falo, una cruz inscrita dentro de un círculo, diseño sencillo que se repite en el tiempo y que no forma parte de la iconografía castrexa, y una gran cornamenta con una perspectiva frontal mientras que el resto del animal está en posición lateral. Entre sus astas aparece representado otro cuadrúpedo, probablemente un toro, con cuernos y pene.
Este gran ciervo parecer dirigir su mirada hacia un macho de menor tamaño situado en otra roca.
Los demás motivos que aparecen son más ciervos, combinaciones circulares y diversos trazos muy erosionados.
Además de ser la más valiosa pieza de caza mayor de las poblaciones gallegas de la Edad del Bronce, el ciervo estaba dotado de un alto valor simbólico probablemente relacionado con el culto a la “diosa madre”, símbolo de fertilidad y fecundidad que surgió en el Paleolítico y perduró durante milenios. El ciervo también aparece vinculado a las divinidades de ultratumba, como podemos comprobar en las representaciones que aparecían en uno de los ortostatos del dolmen Orca dos Juncaes (Queiriga. Portugal), el cual ha desaparecido y tan sólo se conserva el dibujo realizado en su día por George y Vera Leisner.
El hecho de que los machos de ciervo muden sus cornamentas en otoño y que les vuelvan a crecer con la llegada de la primavera, podía ser interpretado como un símbolo de autoregeneración asociado al cambio de estaciones, a la abundancia de la caza y a la fertilidad de la tierra. El gran macho de la Laxe da Rotea do Mendo esté provisto de un gran falo y la actitud desafiante que parece mostrar ante el otro macho de menor tamaño, puede ser interpretada como una muestra de exaltación de la energía y vigor masculino.

Podemos especular con que en este lugar tal vez los cazadores se reunieran alrededor de sus magos y chamanes para realizar rituales antes de emprender una partida de caza. Dentro de el sistema de creencias animista de estas poblaciones primitivas, rituales de este tipo buscaban mantener el equilibrio entre los espíritus que moraban en los animales y los de los hombres, ya que era esa armonía la que garantizaba una caza abundante

Pero existen otras posibles interpretaciones no vinculadas a la práctica venatoria sino a la funeraria. En diversas culturas el ciervo es un símbolo muy potente vinculado el repertorio ritual funerario que buscaba facilitar el tránsito de los difuntos a la otra vida. Para ello se realizaban ceremonias en las que los chamanes realizaban complejos rituales en los que solían emplear sustancias psicotrópicas para entrar en trance. Vestidos con la piel del ciervo y luciendo sus cornamentas, los chamanes llevaban a cabo danzas para contactar con el espíritu del animal totémico. Este tipo de rituales y de mitologías eran compartidas por diversas poblaciones de la Península Ibérica en la Edad del Bronce e incluso antes, ya desde finales del Neolítico.

El culto al ciervo aparece en diversas culturas indoeuropeas, como la hitita de Anatolia, para la que el ciervo era un animal sagrado con una larga tradición mística. Su culto estaba vinculado a Hannahanna, diosa madre que encarnaba los principios creativos de la Tierra y que era el origen de todos los seres vivos, dadora y destructora de la vida. 

En la mitología irlandesa, Cernunnos era el Señor de las bestias caracterizado por su fuerza y virilidad y asociado a la fertilidad y la regeneración de la tierra. Se le representaba con orejas y cuernos de ciervo, con un torque en el cuello, otro en una mano y en la otra una serpiente. Cernunnos era una divinidad del interior de la tierra vinculada a la función de producción-reproducción de los ciclos anuales, muy frecuente en los panteones indoeuropeos

El Caldero de Gundestrup, encontrado en 1891 en Himmerland (Dinamarca), es una pieza de platería tracia datada en los siglos I-II a.C. En ella aparece el dios Cernunnos sentado en postura yóguica, con las piernas cruzadas. En base a esta y otras evidencias, algunos autores plantean la semejanza existente entre Cernunnos y el proto-Shiva de Mojenjo Daro de Paquistán (Susana Reboreda Morillo y Ladislao Castro Pérez), que es dos mil años anterior y que es una muestra más de la imagen arquetípica del Señor de los Animales en diversas culturas indoeuropeas.
Caldero de Gundestrup (Wikipedia.org)
En el caldero de Gundestrup podemos observar como al lado del ciervo aparece representado un toro, lo mismo que sucede en la Laxe da Rotea do Mendo, donde el gran ciervo aparece al lado de un toro, ambos dotados de grandes falos.
En todo caso, estas referencias sólo pretenden ser una aproximación a las múltiples posibilidades sobre la significación que las numerosas representaciones de cérvidos podían tener dentro del sistema de creencias de las antiguas poblaciones del noroeste de la Península Ibérica.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Nota: Los dibujos de petroglifos que aparecen en este artículo han sido realizados mediante una aplicación informática para la edición y retoque fotográfico.

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