viernes, 23 de noviembre de 2012

La Poza da Moura (Domaio)

El conjunto etnográfico de la Poza da Moura se localiza en el barrio de San Lorenzo de la parroquia de Domaio (Moaña). 


Por este lugar corren las aguas del Miñouva, un río de cauce corto (3,8 km), con  mucho desnivel y caudal muy irregular sometido al estiaje estival.


Los montes del Morrazo están formados por materiales graníticos y su superficie está cubierta por vegetación autóctona y bosques de repoblación. Estos montes configuran dos cuencas hídricas: la norte, cuyos ríos vierten en la ría de Pontevedra, y los de la sur, que lo hacen en la ría de Vigo. 


El Miñouva pertenece a esta cuenca sur y tiene su nacimiento en el lugar de Pedrouzos, a 500 m de altitud. Sus aguas bajan por ladera meridional del monte Faro Domaio (624 m), pasan por la Cavada do Carrasco y por la Chan da Paradela  y llegan hasta la Poza da Moura, situada por encima del viaducto da Moura del Corredor de Alta Capacidad de O Morrazo (CRG-4.1).



En este lugar de extraordinaria belleza, con unas preciosas vistas de la Ría de Vigo, existen  cuatro muíños (uno totalmente recuperado, dos pendientes de rehabilitar y uno prácticamente derruido), así como las instalaciones hidráulicas que conducen el agua del río Miñouva (canales, cubos y un pequeño acueducto).

  


El funcionamiento de estos muiños se basa en la transformación de la energía cinética del agua en movimiento rotatorio de las dos muelas de piedra, las cuales friccionan entre sí moliendo los granos de cereal.


Después de dejar atrás los muíños y haber reposado unos instantes en la poza, las aguas del Miñouva continúan su camino en una vertiginosa caída por la ladera casi vertical hasta llegar a Verdeal, formando una impresionante cascada que es visible desde el otro lado de la ría. 



Por debajo de la Poza da Moura se encuentra la zona conocida como Pedra do Navío, donde podemos encontrar otros muíños que en su día también aprovecharon el empuje del agua que baja por la catarata. 



Si seguimos el descenso llegamos a la zona de Pasaxe, donde podemos contemplar la fervenza desde un puente de piedra.


En Verdeal, el Miñouva recibe las aguas de su afluente el río Libón, que nace a 450 m de altitud en la Chan da Goa. Salvado el fuerte desnivel, el Miñouva continúa su camino, ya más tranquilo, por los campos del  valle de Domaio.


Pocos metros antes de finalizar su viaje, el Miñouva  pasa al lado de la iglesia de San Pedro de Domaio.


Por fin desemboca en el mar en la Ensenada do Mouro, formando pequeñas áreas de sedimentos.


Como podéis ver, en la zona geográfica que he descrito aparecen diversos topónimos que hacen referencia a los mouros. ¿Quiénes son estos personajes? En la tradición mitológica gallega los mouros son unos seres fabulosos, habitantes de cuevas subterráneas y constructores de los dólmenes. Las mouras son unas fadas que viven prisioneras en fuentes y grutas, y que aparecen al amanecer para peinar su larga y rubia melena con peines de oro (ver mi artículo sobre mitología gallega). Cuenta una leyenda del Morrazo que una moura se enamoró de un campesino de la zona. El padre de la moura sorprendió a la pareja en este lugar y furioso, dió muerte al pretendiente de su hija. Ésta, loca de dolor, se arrojó a la poza y desapareció bajo sus aguas. La creencia popular es que aún se oyen sus cantos en la noche de San Juan y que a veces se la puede ver sentada en las rocas, peinando sus cabellos con un peine dorado, mientras llora y se lamenta por su amor.


Volviendo a la realidad, es de destacar que actualmente se conservan restos de 11 molinos en el río Miñouva. En toda la parroquia de Domaio existen más de 50 muiños, la mayor parte de ellos de uso comunitario, lo que constituye un indicador que revela la importancia que el cultivo del millo tuvo para la economía de esta zona.


Por eso, y aunque sea de una manera muy breve, voy a describir el funcionamiento básico de los molinos de agua que podemos encontrar repartidos por Domaio. 


El primer paso consiste en desviar el agua del río mediante un canal que abastece al molino directamente, o a través de un cubo que sirve de depósito. 




Desde el cubo, el agua pasa por unos conductos inclinados que aumentan su presión y llega a la parte denominada inferno, situada bajo el suelo del molino y en la que se encuentra el rodicio y los demás mecanismos.



El rodicio es una rueda provista de paletas que son movidas por la fuerza del agua y transmiten su giro a un eje vertical de hierro llamado vara, que es la encargada de mover la muela superior o móa sobre la inferior o , que está fijada al suelo del molino. 


Ambas muelas se encuentran en la parte superior, en donde está el tremiñado, que es la parte del piso del molino donde cae la harina.


El grano que se va a moler primero se limpia y luego se humedece, para luego  meterlo en un cajón con forma piramidal o de embudo llamado moega. Aquí  el grano se mueve de un lado a otro siguiendo el ritmo de la molienda y va cayendo por un canalillo de palo llamado quenlla que lo dirige hasta el orificio central de la muela superior, llamado ollo da móa. De la moega cuelga el palitroque, una pequeña pieza de madera que está en contacto con la móa y que agita la quenlla permitiendo que los granos vayan cayendo en el ollo da móa.

La cantidad de grano que cae entre las muelas y la finura de la harina se regula mediante el aliviadoiro, un palo que permite subir o bajar el puente sobre el que pivota el rodicio y toda la maquinaria del molino. Tanto la moa como la muela inferior  tienen unos surcos en sus caras de fricción, mediante los cuales se consigue una mejor molienda del grano, con lo que la harina obtenida será más fina y saldrá con mayor facilidad a través de un agujero abierto en la estructura de madera que cubre las muelas, cayendo sobre el tremiñado. Las muelas requieren un mantenimiento consistente en el picado de los surcos con un martillo, para retirar la pasta que puede formar el grano húmedo y que se denomina óleo. Para poder hacerlo es necesario elevar la móa mediante una cabria o potro.

Una vez que ha pasado por el molino, el agua vuelve otra vez al río por un cauce y a menudo es aprovechada por otros molinos situados más abajo.


Terminada esta breve explicación del proceso de molienda, terminaré este artículo comentando que todo este conjunto, de excepcional valor etnográfico y paisajístico, ha estado seriamente amenazado y a punto de desaparecer, debido a la construcción del Corredor del Morrazo y de una urbanización situada por encima de la Poza da Moura.


La crisis inmobiliaria ha impedido que la urbanización se acabara de edificar en su totalidad y el triste espectáculo de las casas a medio construir, rodeadas de escombros y maleza, contrasta con la espectacular belleza del entorno que las rodea. Este desastre paisajístico y ecológico nos debería hacer reflexionar sobre la necesidad de preservar estos entornos tan valiosos de la especulación urbanística. Las autoridades son las responsables de adoptar las medidas que permitan garantizar su supervivencia, ya que de lo contrario perderemos para siempre uno de los enclaves más singulares de la Ría de Vigo.


Es obligación de todos los que amamos nuestra tierra y sus tradiciones, garantizar que la moura pueda continuar viviendo en la poza que habita desde hace siglos, y que las generaciones venideras puedan seguir oyendo su triste canto en la mágica noche da San Juan.