jueves, 4 de octubre de 2012

Mantis Religiosa


Las mantis son unos insectos predadores pertenecientes al orden mantodea, formado por ocho familias y más de dos mil especies, de las que dieciséis habitan la Península Ibérica.

Su tamaño suele oscilar entre los 8 cm de los machos y los 12 cm de las hembras y su coloración puede ser verde o parda, y le sirve de camuflaje con su entorno, lo que favorece su conducta depredatoria.


Las mantis poseen dos patas delanteras altamente adaptadas a la captura de presas mientras que los dos pares de patas posteriores tiene una función motriz.  Las robustas coxas unen las patas delanteras  al tórax y  le permiten lanzarlas  hacia su presa con fuerza y enorme rapidez. Los fémures de las patas anteriores  están provistos de dos filas de espinas afiladas y de distintas longitudes que enganchan con las dos hileras de púas de las tibias, formando así una trampa mortal de la que es imposible escapar. La tibia finaliza en un afilado garfio con el que sujeta y clava a sus presas. 


En reposo, la mantis repliega sus patas delanteras sobre el pecho, lo que le da una característica apariencia de estar rezando de la cual recibe su nombre.

Las mantis tienen cuatro alas, una a cada lado del tórax y otras dos más esclerotizadas que cubren a las anteriores. También en el tórax se encuentra su único oído.

Los machos tienen seis segmentos abdominales y las hembras ocho. En el abdomen se encuentran sus órganos vitales y en su extremo final las hembras poseen un par de apéndices que emplean para hacer las ootecas, paquetes espumosos que contienen los huevos.


La mantis posee una cabeza móvil que puede girar 180º. Las antenas son los órganos olfativos y están más desarrolladas en los machos ya que las emplean para seguir el rastro dejado por  los feronomas  de las hembras.

A ambos lados de la cabeza la mantis tiene  dos  grandes ojos compuestos  formados por  entre 4000-9000 celdas visuales de forma hexagonal denominadas omatidios. Cada omatidio es independiente de los demás y es sensible sólo a la luz que incide sobre él, siendo el cerebro el que combina la información facilitada por todos los omatidios para formar una única imagen. En la región central de la cabeza la mantis tiene otros tres pequeños ojos sencillos que tan sólo  le permiten percibir distintas intensidades de luz y que no intervienen en la percepción de imágenes.


Gracias a su visión binocular, la mantis puede determinar  la distancia a su presa con gran exactitud empleando la triangulación, moviendo el cuerpo de un lado a otro mientras rota la cabeza para mantener la vista fija en el objetivo. Mediante este movimiento consigue  que el objeto se mueva sobre el fondo, y teniendo en cuenta la velocidad de este desplazamiento, la mantis determina la distancia a la que se encuentra.

Cuando localiza una víctima (todo tipo de insectos, incluso pequeños mamíferos, reptiles y anfibios)  abre sus alas y extiende las patas delanteras hacia delante mientras se sustenta sobre las cuatro patas traseras. Así permanece inmóvil hasta que lanza su ataque a una velocidad increíble (veinte veces más rápido que el parpadeo del ojo humano) que incluso le permite cazar moscas al vuelo. 

Una vez capturada su presa repliega las alas y vuelve a su postura inicial,  mientras con sus potentes mandíbulas secciona la nuca del insecto que ha capturado. La mantis puede saltar a una distancia aproximada de cinco veces la longitud de su cuerpo en el caso de las ninfas y machos, y una o dos veces si se trata de hembras.


Las mantis son insectos solitarios que sólo entran en contacto en la época de reproducción, cuando la hembra segrega feromonas que atraen a los machos.  A finales de agosto tiene lugar el apareamiento entre la hembra y uno o varios machos El macho salta al dorso de la hembra, evitando sus pinzas, y después introduce el espermatóforo  en la hembra. Este proceso de  fecundación de los huevos puede durar varias horas. En ocasiones la hembra mata al macho durante o después de la cópula y después lo devora comenzando por la cabeza. Quizás así obtiene energía extra que empleará en la puesta de los huevos.

Mediante los apéndices de su abdomen la hembra segrega una sustancia parecida a la seda, que en contacto con el aire forma una masa espumosa denominada ooteca, que se endurece con rapidez y protege  los huevos. En total la puesta puede ser de 2 a 5 ootecas y cada una puede contener hasta 200-300 huevos. Las mantis sufren una  metamorfosis incompleta ya que no hay estado de larva o pupa. Tras unos seis meses de incubación nacen las crías de aspecto muy similar al de los adultos. 

Suelen vivir alrededor de un año y durante este tiempo mudaran su exoesqueleto  varias veces. 


Las fotos de este artículo han sido realizadas por Ana Durán y Javier Torres.