domingo, 21 de octubre de 2012

Dólmenes de Menga y Viera (Antequera. Málaga)


Los dólmenes de Menga Viera constituyen una de las mejores muestras del megalitismo europeo, siendo el de Menga uno de los mayores dólmenes de Europa.

Los primeros estudios arqueológicos fijaron la cronología de estos dólmenes en la Edad del Cobre, alrededor del 2500 a.C. Pero hace unos años se encontraron unos restos de carbón a la entrada del túmulo de Menga, los cuáles fueron enviados a la universidad sueca de Uppsala para que realizaran las pruebas de carbono-14. Las muestras ofrecieron tres cronologías: una del 3790 a.C y  otra de 3730 a.C, ambas correspondientes a muestras obtenidas debajo del atrio, y otra del 3640 a.C para unos restos hallados en la base de construcción del túmulo (Francisco Carrión.2006).

Se han encontrado restos de estas primeras comunidades agrarias neolíticas del “valle del Guadalhorce” en el Torcal de Antequera y en la Sierra de Molina (cueva del toro, cueva de la pulsera, cueva de la higuera..). 

Paisaje kárstico del Torcal de Antequera

Se pensaba que el asentamiento más cercano a Menga-Viera estaba en el Cerro Marimacho, situado a unos 200 m. Se trata de un poblado de finales de la Edad del Cobre (2600-2200 a.C) formado por  viviendas semisubterráneas. Pero recientes prospecciones han hallado diversos poblamientos prehistóricos, uno de ellos junto al túmulo y otro de grandes dimensiones en la Vega antequerana.

Sin duda el fenómeno más interesante de la cultura neolítica andaluza es la arquitectura megalítica, símbolo del arraigo en la tierra de estas poblaciones y muestra de su identidad cultural. La colosal tarea de erigir estos impresionantes túmulos sin duda requirió de la colaboración de varias comunidades de la zona, que formaban parte de un mismo clan o tribu y que compartían unas creencias comunes.


Dominando el entorno de los túmulos y de todo el paisaje de Antequera se alza la Peña de los Enamorados, un peñón calizo de 878 m cuya  misteriosa figura se asemeja a la cara de un humano que estuviera tumbado en el suelo mirando hacia el cielo. En la cara norte de La Peña se halla el denominado abrigo de Matacabras en el que aparecen pinturas rupestres con representaciones esquemáticas.  

Aún hoy en día la visión de esta formación natural resulta enigmática y cautivadora, por lo que no resulta extraño que en la prehistoria supusiera un poderoso símbolo mágico al que se le daba culto y en el que se realizaban rituales.


El dolmen de Viera es un sepulcro ortostático con un corredor segmentado en dos tramos, al final del cual se construyó una cámara de planta cuadrangular a la que se accede a través de un puerta perforada en la primera losa.


Su longitud interior total era de unos 21 m y la exterior de 22 m, incluyendo el tamaño de la losa de cubierta de la cámara y el de la piedra que taparía el acceso exterior. Su anchura interior es de 1,30 m en el corredor y 1,60 m en la cámara, y la altura media es de 2 m. 


Cada lado del sepulcro estaba formado por dieciséis losas, de las que se conservan catorce en el lateral izquierdo y quince en el derecho. La cabecera consta de una sola piedra y de la cubierta se conservan cinco losas enteras y fragmentos de otras dos, pero originalmente existirían tres o cuatro losas más. 


Todo el conjunto está cubierto por un túmulo de 50 m de diámetro orientado hacia el E, ligeramente SE (acimut 96º), ajustándose a los patrones estándares de este tipo de sepulcros en la Península Ibérica. 


El ajuar encontrado en el dolmen de Viera comprende fragmentos de vasijas, cuchillos de sílex, una esquirla de hueso, una punta de asta, dos hachas de piedra, un disco de piedra con dos cavidades poco profundas, un punzón de cobre de extremos muy agudos (quizás destinado a la realización de tatuajes), dos percutores, vasijas de barro negro, un cuenco semiesférico y varias conchas y restos de bóvidos.

El dolmen de Menga es también un sepulcro ortostático de corredor con un atrio abierto hacia el exterior, que da paso a un tramo de planta rectangular que sirve de acceso a la cámara funeraria de planta ovalada. 


Cada lateral consta de doce losas y la cabecera está formada por una sola losa. 


La cubierta la forman cinco losas, faltando la primera que formaría la entrada. La mayor de todas es la que cubre el fondo, que mide 6 m de largo por 7 m de ancho y pesa 180 Tm.


La longitud del sepulcro es de 27,50 m de largo con una altura de 2,70 m en la entrada y 3,50 m en la cabecera. 


La longitud de la cámara funeraria es de 19,5 m y su anchura máxima es de 6 m en el tercio final, donde se  halla un pozo de 1,50 m de diámetro por 19,50 m de profundidad, que está alineado con los tres pilares que se encuentran en la unión de las losas de la cubierta. 


En una de las losas de la galería aparecen cuatro signos cruciformes y una figura estrellada.


El sepulcro está cubierto por un túmulo de 50 m de diámetro y orientado al NE (acimut de 45º), lo que supone una orientación totalmente distinta del estándar,  ya que de los más de 300 dólmenes que hay en Andalucía sólo hay tres que no tengan la orientación E: uno en Cádiz, uno en Sevilla y el de Menga.  


El carácter telúrico y mágico que montaña de La Peña tenía para las poblaciones que habitaban en esta zona, motivó el inusual hecho de que el dolmen de Menga tenga su abertura alineada con ella, lo que constituye una relación entre un dolmen y el paisaje, única en la arquitectura prehistórica europea.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por F. Javier Torres Goberna ©.