domingo, 31 de agosto de 2008

Los Herminios y las Islas Cíes

En el sorteo de las provincias para el año 61 a.C. a Cayo Julio César le correspondió ser el propretor de la Hispania Ulterior. La circunstancia personal de César en ese momento era bastante complicada debido a las numerosas deudas que tenían con distintos acreedores y de las que en principio se hizo cargo Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma. César aprovechó su propretoría para emprender una serie de campañas, que le permitieron hacerse con una gran cantidad de bienes y botines de guerra con los que liquidar los créditos que tenía pendientes.

César llegó por tierra a Córdoba al mando de dos legiones, y a su llegada reclutó otra más formada por hispanos, así como a 8.000 efectivos auxiliares. Con estas tropas emprendió varias campañas en la Bética contra los lusitanos, recuperando el control del S peninsular hasta el Tajo. Los lusitanos que huían de los ejércitos romanos, cruzaron el Tajo y encontraron refugio entre los pueblos que vivían a orillas del Duero, lo que llevó a César a declararles la guerra. Para ello reunió un gran ejército que partió de Cádiz, entró en Lusitania, cruzó el Tajo y llegó al N del Mons Herminius (Serra da Estrela, entre Seia  y Covilhã ).

Dion Casio Coceyano describió así este episodio: “marchó a la sierra Herminia y dio orden de que sus habitantes se trasladaran a la llanura, presuntamente para que no desencadenasen incursiones de bandidaje al abrigo de las montañas, pero de hecho sabiendo que jamás cumplirían la orden y de que su negativa le brindaría la ocasión para iniciar una guerra. Como realmente ocurrió”.

La campaña de César contra el territorio lusitano y de sus aliados vetones, provocó el abandono de varios castros de las provincias de Ávila y Toledo. Dion Casio Coceyano también narra cómo lusos y vetones enviaron a sus mujeres e hijos al otro lado del Duero, para protegerlos de ser masacrados a manos de las tropas de César. Pero este intento resulto inútil ya que acabaron cayendo en manos de los romanos.

Una vez que dominó toda la región meridional del Duero, en el verano del 61 a.C. César continuó su incursión hacia el norte hasta la Gallaecia Bracarense, a orillas del Miño, derrotando a sus pobladores y haciéndose con cuantiosos botines, que tanto necesitaba para solventar su difícil situación económica.

Posteriormente se produjo un segundo enfrentamiento contra los guerreros del Mons Herminius, los cuales fueron definitivamente expulsados de las montañas donde vivían y obligados a instalarse en los valles. Pero muchos de ellos lograron evitar a las legiones romanas y se embarcaron hasta llegar a una isla en la que se refugiaron.

No es posible determinar con exactitud cuál era esa isla a la que arribaron las naves de los Herminios. Ni las fuentes históricas ni los registros arqueológicos permiten saberlo con certeza, pero existen dos versiones que son las que se aceptan como más probables. Una es la que mantiene A. Schulten y que se basa en lo que escribió Napoleón III, quien pensaba que debía tratarse de una de las islas Berlengas, situadas a unos 15 Km de la costa Portuguesa de Peniche (a unos 270 Km de Covilhã,  en la Serra da Estrela).

La otra versión la recoge José María Álvarez-Blázquez en su libro sobre Vigo  "La ciudad y los días". Según Álvarez-Blázquez los herminios llegaron a las islas Cíes, a 14 Km de la costa de Vigo (aproximadamente a 330 Km de la Serra da Estrela). A favor de la hipótesis de las Cíes está el hecho de que Estrabón afirma que las tropas de César llegaron a las Islas Casitérides (¿Cíes?) que eran ricas en oro y estaño.

Según Álvarez-Blázquez, entre los días 24 y 25 de agosto del año 60 a. C, Julio César  al frente de dos legiones, embarca en Erizana (Baiona) en varias galeras y ochenta balsas, para exterminar a los últimos guerreros lusitanos que se habían refugiado en las Islas Cíes.

En aquella época los nombres de las islas no eran los que hoy en día conocemos. Una era llamada Albiano y otra Lancia (hoy llamada San Martín), y en esta última Julio César intentó desembarcar, pero lo abrupto de la costa y la gran masa de fieros enemigos le hicieron desistir, pasando entonces a rodearla para situarse frente a la playa de la isla del Centro. Muchos de los lectores de este artículo que hayan tenido oportunidad de visitar las Cíes reconocerán el escenario que les describo.

Los herminios atravesaron con sus ligeras naves el canal que separa la isla del centro de la del norte, acudiendo en ayuda de sus compañeros. Cuando las primeras balsas romanas se acercaron a tierra, fueron recibidas con una lluvia de flechas y piedras.

Cuenta el propio Julio César que solamente uno de sus soldados, Celsio Seeva, logró mantenerse con otros cuatro legionarios sobre un peñón cercano, pero al final tuvo que arrojarse al mar y ganar a nado una de las naves romanas. El invencible general se mostró incapaz de doblegar por las armas la bravura de los herminios y no le quedó más solución que rendirlos por el asedio y el hambre.

Al final, dejando atrás muchos muertos y enfermos, los debilitados Herminios claudicaron y pidieron la paz. Así Julio César pudo desembarcar en las Cíes y allí descansó una temporada. 

Hoy en día podemos ver los restos de un poblado de la edad del hierro intensamente romanizado que se localiza en la vaguada orientada al Sur de la isla del Faro, frente al canal "da Porta”. En este lugar se han hallado restos cerámicos y un posible altar.

César logró someter el litoral gallego lo que permitió el acceso a las zonas del interior, obteniendo grandes riquezas y siendo aclamado por sus hombres como Imperator. Una vez cumplida su misión, a finales del 61 a.C. volvió a Córdoba y posteriormente se dirigió a Roma, donde por fin pudo liquidar sus deudas.