domingo, 31 de agosto de 2008

Relaciones entre pueblos atlánticos y mediterráneos de la Edad de Bronce a la Edad de Hierro


De manera muy somera pretendo exponer en este artículo la antigua relación existente entre los diversos pueblos que habitaban en las costas atlánticas europeas en la Edad del Bronce, y su posterior conexión con navegantes mediterráneos dentro de la ruta del estaño. 

Como base de esta exposición parto de una interpretación de las diversas evidencias arqueológicas halladas en Portugal, Galicia, Bretaña, Irlanda y Escocia.

Uno de los más llamativos de estos hallazgos arqueológicos los hallamos en la aparición de unas cuentas segmentadas de pasta vítrea, datadas entre el 1450 a 1250 a.de.J.C, y de las cuales se ha planteado que tuvieran un origen egipcio. Estas cuentas, como por ejemplo las halladas en Wiltshire (Inglaterra), podrían ser una evidencia de la existencia de relaciones comerciales vía marítima entre el Mediterráneo y el Atlántico, que se mantendrían hasta el final de la Edad de Bronce.

De la comparación entre las diademas, collares y pulseras de oro halladas en Mellid y A Golada y las encontradas en Kerhue Brass, así como de la similitud entre los brazaletes abiertos y macizos descubiertos en Lalín y los de Gran Biere, Martínez Santaolalla y Mac White plantean una antigua relación entre Galicia y Bretaña. Según estos autores, este tipo de brazaletes y collares abiertos de oro, cuyo origen se sitúa en Portugal y Galicia (Allariz y Cerdido), son frecuentes en el período del Bronce II irlandés y se han hallado en Cornualles, Escocia y N de Francia.


Además, en Portugal, Galicia e Irlanda se han hallado abundantes puntas de flecha de sílex, romboidales, de pedúnculo, de aletas y otras de sílex de base cóncava y aletas prolongadas. Otra coincidencia la encontramos en los abundantes dardos o pequeños puñales romboidales de clara influencia portuguesa. Por último, la alabarda, arma típica de la edad del bronce frecuentemente representada en las insculturas gallegas, probablemente surgió en la Península Ibérica ya que se hallaron precursores del arma en sílex (Hubert Schmidt). Desde la Península el uso de la alabarda se extendió entre el 1.550 al 1.450 a.C, hasta llegar a Irlanda.

Alabarda votiva de pizarra (Museo Arqueológico de Sevilla)


Otra similitud la encontramos en el hacha de talón con anillos, de origen galaico-portugués (como las 160 hachas de talón de doble anillo encontradas en Samieira, Pontevedra), y que también se ha encontrado en el O de Francia y las Islas Británicas.


La vinculación entre la península ibérica con Irlanda y Bretaña también se puede observar en los motivos de algunos petroglifos. Así, en la localidad irlandesa de Clon-Finn-Loch se hallaron unas insculturas que revelan una gran influencia ibérica, como lo demuestra que las armas que aparecen representadas en los petroglifos gallegos son iguales que las británicas y bretonas.


A continuación intentaré establecer el vínculo existente con los pueblos mediterráneos que mantenían relaciones comerciales con los pueblos que habitaban la costa occidental atlántica. 

Una de las primeras rutas comerciales mediterráneas fué la que existía entre Sicilia y Egipto y que dominaba la talasocracia de Creta. La civilización minoica fué creada hace unos 3.500 años por inmigrantes africanos, asiáticos y antiguos pueblos de Grecia y Anatolia que se asentaron en Creta. Su máxima expansión se tuvo lugar durante el periíodo minoico posterior III, tras al saqueo de Cnosos, alrededor 1.425 a.C. Cuando los dorios atacaron Creta se produjo un éxodo de cretenses. Un grupo de éstos, los filisteos, se refugiaron en la costa NE del imperio egipcio y difundieron la cultura minoica por Siria, estableciendo los fundamentos precursores de lo que más tarde sería el alfabeto fenicio. Posteriormente los filisteos fueron vencidos por los cartagineses, desapareciendo uno de los centros de la cultura minoica.


Los cartagineses, fenicios ó púnicos eran un pueblo de navegantes cananeos pertenecientes a la cultura siríaca. La civilización cananea data de finales del cuarto milenio y se localizaba entre Mesopotamia y Egipto. Los fenicios  lograron sobrevivir a las sucesivas invasiones de filisteos y hebreos, ocupando una zona de la costa de Siria que no resultaba atractiva para sus enemigos. Los fenicios comenzaron navegando entre Biblos y Egipto pero a partir del 1200 a.C. se lanzaron  a comerciar por el Mediterráneo y establecieron colonias en el norte de África y sur de Europa, siendo los fenicios de Tiro y Sidón los primeros en ir más allá de las Columnas de Hércules y navegar por el océano Atlántico.

Avieno escribió en su  Ora Marítima que la fortaleza de Geronte se hallaba en la desembocadura del río Guadalquivir (Tartessos). Este rey Geronte pudiera ser el mismo  rey Gerión, a quien también se le identifica con el nombre tartesso de Gargoris. Los habitantes de Tartesos eran conocidos como navegantes atlánticos e investigaciones actuales creen haber encontrado los restos de su capital, Turta, bajo las marismas de Doñana. Según la leyenda, los fenicios llegaron por mar, arrebataron las minas de Tartessos y mataron al  rey Gárgoris. 


En el siglo octavo a.C. los fenicios organizan bases estables en Cádiz y desde allí dirigen el comercio del bronce y posteriormente el del hierro, entrando en competencia y llevando a la desaparición al ancestral comercio  atlántico, por lo que  cesan los contactos entre estas poblaciones que comenzarán a desarrollarse de manera independiente, y en el caso de Galicia se produjeron los primeros contactos con los fenicios que arribaban a las costas del NO peninsular en busca de estaño y esclavos. 


Desde los comienzos del Bronce Final (siglos XIII-XI a.C)  se comienza a generalizar la producción del bronce para lo que se necesitaba un abastecimiento regular de estaño, el cual se obtenía bajo la forma mineral de casiterita que se obtenía en los depósitos sedimentarios aluviales. Galicia formaba parte de la koiné del circuito del Bronce Atlántico: una amplia red de intercambios comerciales que conectaba las zonas productoras de cobre del SO español y Portugal, las dedicadas a la minería del estaño que iban desde el Tajo a Galicia, y se extendía por toda la fachada atlántica europea, llegando hasta el Mar Báltico. Todos estos pueblos presentaban un conjunto de rasgos culturales comunes y ciertas peculiaridades regionales. 


En el siglo VI a.C se produjo el colapso fenicio en el Mediterráneo, coincidiendo en el tiempo con la falta de interés por el estaño como recurso estratégico. Pero en el siglo V a.C el desarrollo de la marina de guerra ateniense supuso un nuevo auge en la demanda de estaño, ya que el espolón de cada trirreme llevaba unos 500 kg de bronce para cuya obtención se necesitaban 50 kg de estaño, que según Herodoto procedía de las Casitérides. El auge de la marina ateniense obligó a que Cartago a su vez construyera su propia armada y por lo tanto volviera a necesitar estaño, lo que explicaría los hallazgos de restos púnicos de los siglos V a.C a III a. C en los castros gallegos.  (Juan Carlos Domínguez Pérez. Gadir y el Círculo del Estrecho).


En Galicia las influencias culturales provenientes del área mediterránea se aprecian en hallazgos como el de la espada sarda hallada en el río Ulla, ó los fragmentos de pequeños carros rituales hallados en Viseu y de probable procedencia chipriota. Chipre se hallaba muy vinculado a Anatolia y en su arte son frecuentes las representaciones de ciervos y serpientes, animales que también aparecen en los petroglifos gallegos.


Laberinto de Mogor (Marín)


Se cree que Noia era una base comercial fenicia, y petroglifos como los hallados en Oia que representan varios barcos que pudieran ser fenicios o cretenses, así como el hallazgo de un altar púnico en Vigo, atestiguan la presencia de estos navegantes en nuestras costas.

Petroglifo repreentando un barco (Oia)

Los petroglifos descubiertos en Oia representan las naves con todo lujo de detalles, sus aparejos y el espolón de proa idéntico al que utilizaban griegos, egipcios y fenicios. Es obvio que tanta precisión implica conocer bien ese tipo de embarcación. 

De entre los restos fenicio-púnicos del siglo V a.C.  encontrados en el Castro da Punta do Muíño do Vento (Vigo), destaca un altar y fragmentos de ánforas y cerámica. Los arqueólogos lo consideran el asentamiento fenicio más al norte de Europa conocido hasta ahora. Entre los arqueólogos que han participado en las excavaciones está Iván Negueruela, director del Museo Arqueológico de Cartagena.


Altar púnico (Vigo).


Como conclusión, parecen existir circuitos atlánticos de intercambio entre las distintas áreas productoras de la Europa atlántica de la Edad de Bronce y que además, dichos circuitos estarían también relacionados con diversas zonas mediterráneas. os recursos obtenidos en las regiones atlánticas se transportaban hasta el Mediterráneo y a su vez se recibían en los países atlánticos mercancías procedentes de aquéllas regiones. Pero no sólo se transportaban y compartían producciones materiales, sino también novedades tecnológicas, algunas relacionadas con el transporte (como la navegación a vela), nuevos cultivos, ideas, nuevas formas sociales, nuevos cultos, armamento, vestimentas, adornos etc.


De la profunda similitud entre el panteón de las deidades griegas y la posterior mitología irlandesa, así como del hecho de que diversos pueblos mediterráneos hubieran establecido puertos comerciales por toda la costa occidental europea en su ruta del estaño, se puede plantear que fueran éstos los agentes la transmisión de elementos culturales comunes.