El
Tesoro
de Caldas de Reis
fue descubierto de manera casual en el lugar de As
Silgadas,
parroquia de San Tomé, a principios de los años cuarenta del siglo
XX.

El
depósito de As Silgadas estaba enterrado a tan sólo 20 cm de
profundidad, cuando lo encontraron Amalio Touceda, José Touceda,
José Mosquera, Juan Barcala e Ignacio Barcala, vecinos de Caldas de
Reis, mientras colocaban en una finca unos postes de piedra para las
viñas. Los paisanos no lo comunicaron a las autoridades, sino que lo
escondieron durante un tiempo para posteriormente ir vendiendo parte
de las piezas en varios talleres de joyería, hasta que en el verano
de 1941 fueron descubiertos por la Guardia Civil. Lo que quedaba del
tesoro fue confiscado y se llamó a Fermín Bouza-Brey, Comisario
Provincial de Excavaciones Arqueológicas, para que lo peritara y
valorara. Inmediatamente después, el tesoro fue transportado al
Banco de España en Pontevedra y el 5 de febrero de 1942 se trasladó
al Museo de Pontevedra. Actualmente puede ser contemplado en el Museo
Provincial de Pontevedra.
Se
calcula que originalmente este depósito podía pesar alrededor de
25-28 kg, pero actualmente sólo se conservan un total de 14,90 kg,
lo que aún así lo convierte en el mayor conjunto de objetos
prehistóricos de oro de toda Europa.
Para
hacernos una idea de la magnitud e importancia del depósito de As
Silgadas, basta con señalar que si juntáramos todas las piezas de
oro de la Edad del Cobre y la Edad de Bronce halladas hasta el
momento en Galicia, N de Portugal y Asturias, el peso total que
habríamos reunido sería de 2,75 kg, una cantidad ínfima si la
comparamos con los cerca de treinta kilos de oro que debió tener
originalmente el tesoro de Caldas de Reis. Destaca también la
gran pureza de este oro aluvial de 22 quilates, lo que significa que
la aleación contiene un 92% de oro puro y el 8%
restante está compuesto por plata y cobre.
Las
piezas recuperadas son
de una tipología heterogénea, tanto por su estilo como por su
función y cronología. Algunas de ellas se conservaron intactas y
fueron pasando de generación en generación durante varios siglos,
mientras que otras quedaron obsoletas y fueron refundidas. Para
algunos investigadores, los objetos que conservan corresponden al
Período del Bronce I o Inicial (1800-1500 a.C.), mientras que otros
estiman que podrían ser aún más antiguos y remontarse a momentos
finales de la Edad de Cobre (2250 a.C.). Se trata en todo caso de un
tipo de objetos de oro
que se relacionan con los usos de la sociedad de principios de la
Edad de Bronce, en un momento en el que la posesión e intercambio de
bienes de prestigio, indicadores de estatus y jerarquía, adquirió
una gran importancia.
Cuando
se encontró el depósito de As Silgadas, los objetos aparecieron
agrupados y ordenados, pero se desconoce cuándo y por qué se reunió
este conjunto de piezas tan diversas. La hipótesis más aceptada es
que se fueron juntando en un momento histórico en el que ya no
tenían valor como bienes de prestigio y que la única finalidad que
se buscaba era la de acumular oro. Esta hipótesis viene avalada por
el hecho de que la mayor parte de los objetos hallados son
aros/lingotes de oro carentes de valor artístico o ritual y que
probablemente se fundieron para ser usados como medio de pago, en el
contexto de una sociedad donde la actividad comercial había
adquirido un desarrollo relevante, lo que nos lleva a un período
avanzado de la Edad de Bronce, en el período del Bronce III o Final
(1200-700 a.C.).
Actualmente,
el depósito de As Silgadas está compuesto por 41 objetos: 6 seis
fragmentos de láminas decoradas que podrían pertenecer a una
diadema o gargantilla; 2 cuencos con asa lateral; 1 jarra con asa
lateral, 1 peine o peineta, 1 aro grande rematado en paletas, 27
veintisiete aros tipo lingote de formas y pesos variables (17 aros
abiertos de forma elíptica, 8 aros de forma elíptica y extremos
cerrados, 1 aro abierto de forma triangular y 1 aro de sección
cuadrada) y 3 fragmentos de barra. Se cree que las personas que
encontraron el depósito pudieron deshacerse de lo que falta de la
gargantilla, de varios brazaletes y de un aro grande.

La
gargantilla
de láminas
corresponde a un tipo de diseño que aparece
en diversas áreas atlánticas y que consiste en serie de bandas
laminiformes de oro decoradas en su parte central. La técnica
empleada para crear las diademas de láminas consistía en calentar
el oro para que fuera más maleable y después golpearlo con un
martillo, colocando en medio un trozo de cuero o de tela para que
amortiguara los impactos. Una vez conseguidas unas láminas finas, estas se decoraban empleando la técnica de repujado, golpeando un
cincel sobre el reverso de la pieza para que la ornamentación se
viera en el anverso.
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| Tesoro de Agolada. |
Una
gargantilla de este tipo, datada en el 1700-1600 a.C., fue hallada en
Agolada
junto con dos aros-lingote, lo que claramente establece una relación
con el tesoro de Caldas de Reis, tanto en lo que se refiere a la
tipología de la gargantilla como al empleo de aros como método de
medida y acumulación del oro.
El
peine
o peineta
de As Silgadas,
tanto por su forma como por su decoración a base de incisiones,
sigue el diseño de otros de este tipo y de uso común, realizados en
madera, hueso o marfil. El peine tiene una longitud de 8,5 cm, una
anchura de 6,3 cm, un grosor de 0,4 cm y un peso de 200 g. Las
técnicas empleadas en su fabricación fueron el fundido y el
grabado.

La
forma y decoración de los recipientes de
oro de As
Silgadas muestran gran semejanza con los tipos característicos de la
cerámica campaniforme del Calcolítico, relacionados con el consumo
ritual de bebidas alcohólicas en contextos masculinos. Los cuencos y
la jarra fueron realizados mediante la técnica a
la cera perdida,
usada con frecuencia en la Edad de Bronce e incluso antes. Se
trata de un método más complejo que la fundición en molde y que
permite obtener objetos con paredes muy finas. El procedimiento
consiste en hacer un modelo en cera del objeto y recubrirlo de varias
capas de arcilla. Una vez que la arcilla ha secado se calienta en un
horno para derretir la cera, la cual sale al exterior a través de
unos orificios creados a tal efecto. En la cavidad resultante se
vierte el metal fundido, se deja enfriar y por último se rompe el
molde para extraer el objeto.
Uno
de los cuencos de oro tiene una altura 7,8 cm, el diámetro en
la boca es de 7,9 cm y el diámetro en la base de 4,5 cm. El peso de
este cuenco es de 541 g y la técnica empleada en su fabricación fue
el fundido.

El
otro cuenco de oro mide 7,5 cm de altura, con un diámetro en la boca
de 8,7 cm y de 1,9 cm en la base. Su peso es de 640 g y las técnicas
empleadas fueron el fundido y el grabado. Para realizar la
ornamentación el cuenco fue colocado sobre una superficie que giraba
sobre su eje, lo que permitió realizar con precisión las incisiones
que forman la decoración.
La
jarrita de oro mide 7,2 cm de alto, 5,5 cm de diámetro en la boca
5,5 cm y su diámetro en la base es de 2,8 cm. Pesa 630 g y se obtuvo
por fundición y posterior grabado.

El
aro
grande de oro rematado en paletas,
que algunos han interpretado erróneamente como un torques, no es una
joya propiamente dicha sino que servía de portalingotes. El aro
tiene un diámetro de 22,6 cm, un grosor máximo de 1,05 cm y un
grosor mínimo de 0,8 cm. Su peso es de 870 g y fue fabricado
mediante las técnicas de fundido y perforación. El análisis de su
composición revela un pequeño porcentaje de plata (<6%) de la
aleación.
Los
aros/lingotes
eran una
forma práctica de atesorar una materia prima tan valiosa como es el
oro. Los
aros se fundieron en un molde y después se trabajaron martilleando
directamente sobre ellos. El hecho de que estas piezas no fueran
pulidas demuestra que no se trataba de objetos artísticos, sino de
una especie de moneda utilizada para las transacciones comerciales.
Es posible que el peso de estos lingotes siguiera un patrón de
medida con una unidad decimal, semejante al siclo
fenicio.Del
análisis de los datos que figuran en el inventario del Museo
Provincial de Pontevedra podemos extraer las siguientes conclusiones
relativas a las medidas y pesos de estos aros:
El
diámetro del aro más pequeño es de 7,85 cm y el del mayor 14,25
cm. Las medidas de tendencia central nos indican que el diámetro
medio es de 10,30 cm, mientras que los valores que aparecen con más
frecuencia (moda) son 8 cm (2), 10,30 (2) y 14,15 (2).
Por
lo que se refiere al grosor, el valor mínimo es de 0,55 cm y el
máximo de 1,65 cm. La media obtenida teniendo en cuenta todo los
aros es de 1,06 cm y la moda muestra un pico de 0,95 cm (6).
Por
último, el peso de los aros/lingotes va de los 112 g del más ligero
a los 740 g del más pesado. El peso medio es de 432,67 g y por lo
que se refiere a la moda tiene tres picos de 320 g (2), 380 g (2) y
730 g (2) .
Tesoro
de Caldas de Reis II
El
otro tesoro de objetos de oro hallado en Caldas de Reis apareció en
1981 y también de manera casual, cuando se realizaban las obras de
cimentación de un edificio situado en el número 9 de la calle
Sagasta.
Este
depósito está datado a finales de la Edad de Bronce y su peso total
es de 21 g. Los objetos hallados son 53 laminillas de oro enrrolladas
en cilindro, un aplique cónico de 1,6 cm de diámetro y 0,7 cm de
altura, y 2 bandas decorativas de 0,62 cm de ancho. Todas estas
piezas corresponden a una gargantilla o diadema de láminas de
tipología idéntica a la de As Silgadas y Agolada, y que fue
fabricada mediante fundición, repujado y perforación.

En
torno a los tesoros de Caldas de Reis existen múltiples conjeturas e
hipótesis, ya que se hallaron fuera de su contexto original y por lo
tanto no resulta posible establecer su procedencia. Tampoco podemos
saber quién, cuándo y por qué enterró estos objetos de tanto
valor y qué circunstancias concurrieron para que no pudiera volver a
recuperarlos. Durante toda la antigüedad las familias solían
ocultar sus objetos de valor bajo tierra, cerca de casas, muros o en
terrenos, especialmente durante períodos de conflicto o de cambios
políticos, para evitar que fueran saqueados o robados. También era
frecuente que algunos comerciantes y viajeros escondieran monedas y
joyas en lugares próximos a caminos. Por circunstancias de todo tipo
y que ignoramos a muchos de ellos les fue imposible recuperar esos
tesoros.
El
de Caldas de Reis no es por lo tanto el único caso en Galicia,
aunque sin duda es el más importante. Otros tesoros y joyas de
épocas prehistóricas han sido hallados en Agolada, Antas de Ulla,
Silleda, Betanzos, Miño, Burela. Es de suponer que durante siglos
muchos de esos tesoros ocultos han sido desenterrados fortuitamente y
que sólo han llegado hasta nuestros días un reducido número de
ellos.
Desde
un punto de vista antropológico podemos establecer una clara
relación entre estos tesoros y las leyendas de la mitología
gallega. Son muchas las historias tradicionales acerca de fadas que
custodiaban tesoros escondidos en grutas o de fadas
lavandeiras, que recogían las pepitas que arrastraba la
corriente en las aguas del río Sil.

Hallazgos
como el peine de oro encontrado en el depósito de As Silgadas nos
recuerdan las historias de mouras
que
vivían prisioneras en fuentes, pozas y otros lugares cercanos a
cursos de agua. Estas fadas se dejaban ver al amanecer, cuando salían
a acicalar sus rubios cabellos con peines de oro mientras se
contemplaban en espejos aúreos, un relato que, como el de las fadas
que tejen con hilos dorados que simbolizan los rayos del sol,
aparecen con frecuencía en las leyendas tradicionales indoeuropeas
Bibliografía:
Bouza
Brey, Fermín. El tesoro de Caldas de Reis.
Comendador
Rey, Beatriz. El depósito de As Silgadas (Caldas de Reis): un
hallazgo excepcional en el noroeste peninsular.
Comendador
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Montero,
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Valle
Pérez, José Carlos y de la Peña Santos, Antonio. El Museo de
Pontevedra: sus colecciones arqueológicas. Exposición y
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