domingo, 23 de noviembre de 2025

Sepulcro de Juan Fernández de Padilla

 

En el Museo de Burgos se conserva el sepulcro de Juan Fernández de Padilla, señor de Calatañazor y de la mitad de Coruña del Conde, camarero del príncipe don Enrique, camarero del rey Juan II, miembro del Consejo Real, alcalde de Haza de Siero y adelantado mayor de Castilla.

El sepulcro de Juan de Padilla fue realizado a finales del siglo XV o principios del XVI por Gil de Siloé y Felipe de Bigarny y está considerado como una de las obras funerarias más importantes del gótico tardío español. Consta de un arco de medio punto bajo el cual se encuentra la figura de Don Juan rezando de rodillas, mientras un paje de menor tamaño sostiene su casco. La obra busca ensalzar de manera ostentosa al noble, el cual está ricamente ataviado y cubierto de pedrería. En el sepulcro aparecen, entre otras figuras, dos pajes, uno con vestimenta morisca y el otro castellana, que llevan su armadura, y tres ángeles que sostienen dos escudos.
Sepulcro de Juan de Padilla en el Monasterio de Fresdelval.
(Museo Nacional del Prado)

Originalmente el mausoleo se hallaba emplazado en la cabecera del monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, pero en 1870 fue trasladado al Museo de Burgos.

Juan Fernández de Padilla fue un noble guerrero castellano muy vinculado al condestable Álvaro de Luna, con el que combatió contra el emirato de Granada, interviniendo el 29 de junio de 1431 en la batalla de La Higueruela.

En 1432 se estableció en Fresdeval, pero pronto abandonó su hogar para combatir contra el emirato nazarí entre los años 1433 y 1435, participando en la conquista de Benamaurel, Venzamela y Huéscar. En la batalla de Guadix, los musulmanes mataron a su caballo y él fue herido en tres ocasiones, pese a lo cual siguió luchando hasta perder el conocimiento. En 1461 volvió a combatir en la frontera de Granada, en 1464 se unió a la rebelión de la nobleza contra Enrique IV y en 1465 participó en la defensa de Arévalo, donde se había refugiado el infante Alfonso y su madre Isabel de Portugal. Tras la victoria de las tropas del rey en la batalla de Olmedo (1467), Enrique IV desposeyó a Juan de Padilla de su título de adelantado mayor de Castilla.

Juan de Padilla murió en la primavera de 1468 en su castillo de Calatañazor y sus restos fueron trasladados al Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval.



Bibliografía:

Araus Ballesteros, L. (2020). “Sepulcro de Juan de Padilla”, en: Pieza Destacada. Cátedra de Estudios del Patrimonio Alberto C. Ibáñez.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Mausoleo de Cristóbal Colón

 

El 12 de septiembre de 1504 Cristóbal Colón partió de Santo Domingo rumbo a España y el 7 de noviembre de 1504 arribó, gravemente enfermo, a Sanlúcar de Barrameda. El 20 de mayo de 1506 Colón fallec en Valladolid y fue enterrado en el convento de San Francisco.

En 1509 su cadáver fue trasladado al monasterio de Santa María de las Cuevas, en Sevilla. Posteriormente, en 1523, los restos de Colón y de su hijo cruzaron de nuevo el Atlántico hacia la isla de La Española, donde estuvieron hasta que en 1795 fueron trasladados a La Habana. Por último, en diciembre de 1898, las cenizas volvieron a España para ser depositadas en la catedral de Sevilla.

El mausoleo de Cristóbal Colón se encuentra en el centro de la entrada de la catedral de Sevilla. El féretro de bronce y alabastro es portado por las esculturas que representan a cuatro reyes con los distintivos de Castilla, León, Navarra y Aragón. En la cabecera, otros dos reyes sujetan un crucifijo y una lanza. El autor de esta obra fue el arquitecto y escultor Arturo Mélida y Alinari.
En la caja se lee la siguiente inscripción: “Aquí yacen los huesos de Cristóbal Colón, primer Almirante y descubridor del Nuevo Mundo R.I.P.A.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Sepulcro del adelantado Don Gómez Manrique y de Doña Sancha de Rojas

 

El doble sepulcro del adelantado Gómez Manrique (1356-1411) y de su mujer Doña Sancha de Rojas, es una excepcional muestra de la escultura gótica, tanto por su rareza como por su perfección.

El adelantado y su esposa aparecen representados con gran realismo, ricamente ataviados y reposando sobre una cama elevada. Don Gómez sujeta una espada sobre su pecho y viste el hábito, la estola y el collar de la Orden de caballería de la Jarra y el Grifo, fundada por el Infante Fernando de Castilla, mientras que su cabeza está tocada con un turbante.

Doña Sancha está ataviada con un brial de cuello alto y sostiene en sus manos un rosario, en actitud de oración. A los pies del matrimonio se sitúan un león y una pareja de perritos que presentan daños en sus cabezas.
El sepulcro se hallaba originalmente en la cabecera de la iglesia del Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, fundado por Gómez de Manrique y cedido a la orden de los Jerónimos. Tras diversos avatares y después de sufrir daños y pérdidas, en 1870 fue llevado al Museo de Burgos, donde se encuentra actualmente.
Patio renacentista del Museo de Burgos.

Gómez Manrique era hijo bastardo del adelantado Gómez Manrique el Viejo. Siendo niño fue entregrado como rehén al rey de Granada y durante su cautiverio se convirtió al islam, renegando de este credo y volviendo nuevamente al cristianismo cuando fue liberado y pudo regresar a Castilla.

En 1385 fue nombrado adelantado mayor de Castilla por Juan I y aprovechó la ocasión que se le brindó para aumentar su patrimonio, para lo cual contrajo matrimonio con la rica heredera Sancha de Rojas, hija de Ruy Díaz de Rojas y de María de Guevara. También se alió con dos nobles, Juan de Velasco y Diego López de Estúñiga, para adueñarse de monasterios, tierras y vasallos. Pero sin duda su mayor logro fue la compra de la villa de Frómista, en Palencia.

En 1409 participó a las órdenes del infante Don Fernando de Castilla, futuro rey de Aragón, en la campaña que culminó con la toma de Antequera el 16 de septiembre de 1410, tras seis meses de asedio.

El cronista Pérez de Guzmán describió a Gómez Manrique de la siguiente manera: “De buena altura y fuertes miembros, bazo e calvo, y el rostro grande, la nariz alta, buen caballero, ardid, cuerdo e bien razonado y de gran esfuerzo, muy sobervio e porfioso, buen amigo, e cierto con sus amigos, mal ataviado de su persona, pero su casa tenía bien guarnida”.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Sarcófago de Pedro Álvarez de Soutomaior “el Bueno”

En la iglesia del convento de Santo Domingo de Tui se conservan los sarcófagos de Inés Álvarez (1409) y de Pedro Álvarez de Soutomaior “el Bueno(1416).

La iglesia del convento de Santo Domingo de Tui era el lugar en el que en la Edad Media se enterraba a los miembros de la nobleza de la región, pertenecientes a las casas de Soutomaior, Correa, Valadares y Troncoso de Lira.
Iglesia del convento de Santo Domingo.
En su sarcófago, Pedro Álvarez de Soutomaior “El Bueno” aparece representado con casco, almófar, armadura y cota de malla. Las manos enguantadas reposan sobre el vientre, con la derecha sosteniendo un puñal.

Pedro Álvarez de Soutomaior “El Buenocontrajo matrimonio con Elvira Méndez de Biedma y Benavides, hija de Men Rodríguez de Biedma y Benavides, señor de Monterrey y caudillo del obispado de Jaén. 
El matrimonio tuvo dos hijos, Mayor Álvarez de Soutomaior (esposa de Rui Sánchez de Moscoso, V Señor de Altamira) y Fernán Yáñez de Soutomaior (1440). Fernán Yáñez tuvo un hijo legítimo, Álvar Pérez de Soutomaior, que murió en Tui en 1468 durante el asedio de los Irmandiños, y otro hijo ilegítimo, el famoso Pedro Álvarez de Soutomaior conocido como “Pedro Madruga”.

Los dominicos se establecieron en Tui en el año 1272 y en 1328, la orden solicitó permiso al obispo y al concello para trasladar su convento a un nuevo emplazamiento. En 1357 el obispo Xoán autorizó las obras del convento de Santo Domingo, las cuales concluyeron en el siglo XV con la ampliación de la iglesia.

Convento de Santo Domingo.
Durante el siglo XV Tui estuvo dominado por la casa de Soutomaior y la ciudad se vió atacada y cercada en numerosas ocasiones por los enemigos de esta casa nobiliaria, motivo por el cual el obispo Xoán Fernández de Soutomaior III ordenó la construcción de nuevas torres defensivas en la catedral.
Catedral de Tui.
Xoan Fernández de Soutomaior III era probablemente sobrino del obispo del mismo nombre e hijo de Inés Álvarez, cuyo sepulcro se conserva junto al de Pedro Álvarez de Soutomaior.
Sarcófagos de Inés Álvarez de Pedro Álvarez de Soutomaior.
Antes de morir, el obispo Xoán Fernández dejó dinero para la finalización de las obras de la capilla mayor del convento de Santo Domingo.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.


domingo, 28 de septiembre de 2025

Petroglifo Pedra da Serpe del castro de Penalba


El petroglifo Pedra da Serpe del castro de Penalba es sin duda una de las representaciones de serpientes más importantes del grupo galaico de arte rupestre.

El castro de Penalba se encuentra en la parroquia de San Miguel de Campo, perteneciente al ayuntamiento de Campo Lameiro. Para acceder, salimos de Campo Lameiro por la carretera PO-221 en dirección Moraña y subimos dos kilómetros hasta el alto del monte Agüeiros, donde nos desviamos a la izquierda por una pista asfaltada. 

El castro de Penalba es un antiguo poblamiento de reducidas dimensiones cuyo primera ocupación se remonta a comienzos del período del Bronce Final (1200 a.C) y cuya economía estaba basada en el cultivo de cereales y en la recogida de bellotas. En las excavaciones realizadas por Álvarez Núñez se obtuvieron muestras que fueron enviadas en 1984 a la Universidad Gakushuin de Tokio para que las dataran empleando el método del carbono14. Los resultados resultaron muy controvertidos, puesto que revelaron cronologías que van desde el siglo XIV a.C. hasta el siglo IV a.C. Las excavaciones revelaron que el poblado fue destruido por un incendio generalizado y que en la Edad del Hierro se reconstruyó, se le añadió una muralla defensiva y fue ocupado durante un breve período de tiempo hasta su abandono definitivo, por motivos desconocidos, a finales del siglo V a.C.
El castro constaba de una terraza inferior de planta circular y de unos cien metros de diámetro, situada sobre un talud cuya altura iba de los 3 a los 6 metros. El perímetro estaba rodeado por una muralla con rampa de acceso de 1 m de ancho. Sobre la parte SE de la primera terraza se situaba una segunda, en la que actualmente se encuentra la capilla de San Antoniño.
En la acrópolis del castro, lugar destinado a la celebración de rituales y ceremoniales, se encuentran los petroglifos de la Pedra da Serpe, los cuales son de la misma época que el yacimiento castreño, al igual que sucede con otras representaciones de ofidios en diversos castros galaico-portugueses como el de Baldoeiro (Trâs os Montes), Trega (A Guarda) y Troña (Ponteareas).
Serpiente del castro de Troña.

Los petroglifos están grabados con surcos anchos y profundos sobre una roca granítica de forma triangular de unos 3 m de base y una altura ligeramente inferior a los 2 m. La roca tiene una orientación SO-NE y la zona en la que se encuentran los grabados está orientada al SE. La superficie de esta cara es casi vertical y posiblemente fuera aplanada para prepararla y acondicionarla antes de proceder al labrado de las figuras.

Los motivos representados son dos serpientes en el momento del apareamiento, situadas en paralelo y dispuestas en forma de “Z”, lo que les da la apariencia de estar reptando. La mayor mide 220 cm y la menor de 205 cm. Junto a ellas hay dos cavidades que guardan una evidente semejanza con lo que podrían ser los huevos puestos por la hembra. Si fuera así, esta asociación entre serpiente y huevos sería única entre los petroglifos gallegos.
El culto ofiolátrico en Galicia es antiquísimo y a menudo aparecen representaciones de serpientes en petroglifos, joyas y estelas. Las figuras serpentiformes son uno de los diseños que con mayor frecuencia aparecen grabados en los megalitos galaicos. En el concello de Moraña, a tan sólo a unos 6 Km del castro de Penalba, se encuenta el menhir conocido como Lapa de Gargantáns, en el que aparecen grabadas dos líneas serpentiformes junto a varias cazoletas o coviñas, motivos todos ellos muy parecidos a los de la Pedra da Serpe.
Lapa de Gargantáns.

La serpiente ha sido un símbolo utilizado con frecuencia por diversas culturas de la antigüedad. Para algunas mitologías mediterráneas la serpiente era un ser del inframundo subterráneo que poseía una carácter ambivalente, ya que por una parte simbolizaba la muerte y el mal debido a su veneno, pero también podía ser considerado como un animal benéfico relacionado la regeneración y la vida de ultratumba. En las mitologías solares indoeuropeas la serpiente aparece como un animal sagrado relacionado con el conocimiento oculto. En los cultos mitraicos la serpiente era también un símbolo de inmortalidad, ya que surge de debajo de la tierra y muda la piel cada primavera, por lo que se vinculaba con la regeneración, la resucitación y la vida eterna.

Resulta muy atractiva la posibilidad de que los dos motivos que aparecen junto a la serpiente del Castro de Penalba sean la imagen de dos huevos, lo cual no sería extraño ya que a menudo ambas figuras aparecen representadas juntas. El huevo simboliza el principio de la vida, el nacimiento de una nueva existencia, mientras que la serpiente representa la inmortalidad. 

En la mitología fenicia aparece la figura de la serpiente dragón alada de dos cabezas, una de toro y otra de león, llamada Cronos Olam y descrita con los apelativos de el sintiempoel eterno o el tiempo que no envejece. Es por lo tanto la divinidad que permanece por encima de todo cambio temporal, del paso de las generaciones, de la brevedad de la vida humana. En un texto fenicio de Hieronimo y Hellanikos (700-800 a.C) se narra como Olam puso tres huevos de los que nacieron tres hijos: uno era macho, otro era hembra y el tercero era un ser incorpóreo. El filósofo Moscho (500 a.C), natural de Sidón, hace referencia a una fuente fenicia del IX-VIII a.C. en la que la serpiente Olam Cronos es descrita como el que se hace el amor a si mismo y realiza una puesta de huevos que se rompen en dos mitades que representan el cielo y la tierra.

Como ya hemos visto, la serpiente es un motivo simbólico que aparece en las mitologías de diferentes pueblos que han pasado por Galicia, lo que dificulta su interpretación. Además, la iconografía es un fenómeno autóctono de cada comunidad, por lo que una misma idea o influencia puede ser transformada aplicando elementos propios de la cultura indígena, lo que supone que el modelo original experimenta diversas modificaciones y evoluciones. 

En la tradición oral gallega la serpiente es un animal que aparece con asiduidad, tanto en las leyendas de fadas y mouras que toman la apariencia de serpientes como en las antiguas creencias populares que vinculan la presencia de estos ofidios con santos y difuntos.

En Campo Lameiro existía una antigua tradición según la cual las parejas sin hijos que quisieran tener descendencia tenían que copular sobre la Pedra da Serpe en la noche de San Juan (o en cualquier noche de luna llena, según otra versión), llevando cada uno como ofrenda un cuenco de leche para que bebieran las culebras.

Esta creencia popular de la ofrenda de leche a las serpientes aparece también en la descripción de la ceremonia de la Parentalia que hace Virgilio en el libro V de la Eneida, con la diferencia de que en el caso de la Pedra da Serpe la ofrenda de leche está vinculada a un rito de fecundidad, mientras que el ceremonial descrito en la Eneida es de tipo funerario:

Encamínase luego Eneas acompañado de innumerable muchedumbre, al sepulcro de su padre, donde, según el rito de las libaciones, derrama en tierra gota a gota dos copas llenas de vino, dos de leche recién ordeñada y dos de sagrada sangre; esparce por encima purpúreas flores y exclama así: “Salve, ¡Oh santo padre mío! Salve otra vez, ¡Oh cenizas que en vano he recobrado! Y ¡Oh alma y manes paternos! No plugo a los dioses que contigo buscase los ítalos confines, campos adonde me llaman los hados, y el ausonio Tiber, sea cual fuere”. No bien había pronunciado estas palabras, cuando salió del fondo del sepulcro una grande y lustrosa culebra, arrastrándose enroscada en siete vueltas, la cual rodeó mansamente el túmulo y se deslizó por entre los altares; cerúleas manchas matizaban su escamosa piel, salpicada de refulgente oro, cual destella en las nubes el arco iris mil varios colores, herido de los contrapuestos rayos del sol. Pasmóse al verla Eneas; ella, desarrollando el largo cuerpo, va serpeando por entre las tazas y las ligeras copas, prueba de los manjares, y sin hacer daño a nadie vuelve a meterse en el fondo del sepulcro, dejando los altares y sus catadas ofrendas”.


Bibliografía:

Antonio Álvarez Núñez. Castro de Penalba. Campaña 1983.

Florentino López Cuevillas y Fermín Bouza Brey. Os oestrimnios, os saefes e a ofiolatría en Galicia.

Luis Pericot. Excavaciones en la citania de Troña.

José Manuel Hidalgo Couñago. Excavaciones arqueológicas en el Castro de Troña. Campañas 1984-1986.

José Carlos Bermejo Barrera. Mitología y mitos de la Hispania prerromana.

Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica.

Publio Ovidio Nasón. Fastos.

Publio Virgilio Marón. La Eneida.

Robert Graves. Los mitos griegos.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Nota: Los dibujos de petroglifos que aparecen en este artículo han sido realizados mediante una aplicación informática para la edición y retoque fotográfico.

domingo, 27 de julio de 2025

Tesoro de Caldas de Reis (As Silgadas)

 

El Tesoro de Caldas de Reis fue descubierto de manera casual en el lugar de As Silgadas, parroquia de San Tomé, a principios de los años cuarenta del siglo XX.

El depósito de As Silgadas estaba enterrado a tan sólo 20 cm de profundidad, cuando lo encontraron Amalio Touceda, José Touceda, José Mosquera, Juan Barcala e Ignacio Barcala, vecinos de Caldas de Reis, mientras colocaban en una finca unos postes de piedra para las viñas. Los paisanos no lo comunicaron a las autoridades, sino que lo escondieron durante un tiempo para posteriormente ir vendiendo parte de las piezas en varios talleres de joyería, hasta que en el verano de 1941 fueron descubiertos por la Guardia Civil. Lo que quedaba del tesoro fue confiscado y se llamó a Fermín Bouza-Brey, Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas, para que lo peritara y valorara. Inmediatamente después, el tesoro fue transportado al Banco de España en Pontevedra y el 5 de febrero de 1942 se trasladó al Museo de Pontevedra. Actualmente puede ser contemplado en el Museo Provincial de Pontevedra.

Se calcula que originalmente este depósito podía pesar alrededor de 25-28 kg, pero actualmente sólo se conservan un total de 14,90 kg, lo que aún así lo convierte en el mayor conjunto de objetos prehistóricos de oro de toda Europa.

Para hacernos una idea de la magnitud e importancia del depósito de As Silgadas, basta con señalar que si juntáramos todas las piezas de oro de la Edad del Cobre y la Edad de Bronce halladas hasta el momento en Galicia, N de Portugal y Asturias, el peso total que habríamos reunido sería de 2,75 kg, una cantidad ínfima si la comparamos con los cerca de treinta kilos de oro que debió tener originalmente el tesoro de Caldas de Reis. Destaca también la gran pureza de este oro aluvial de 22 quilates, lo que significa que la aleación contiene un 92% de oro puro y el 8% restante está compuesto por plata y cobre.

Las piezas recuperadas son de una tipología heterogénea, tanto por su estilo como por su función y cronología. Algunas de ellas se conservaron intactas y fueron pasando de generación en generación durante varios siglos, mientras que otras quedaron obsoletas y fueron refundidas. Para algunos investigadores, los objetos que conservan corresponden al Período del Bronce I o Inicial (1800-1500 a.C.), mientras que otros estiman que podrían ser aún más antiguos y remontarse a momentos finales de la Edad de Cobre (2250 a.C.). Se trata en todo caso de un tipo de objetos de oro que se relacionan con los usos de la sociedad de principios de la Edad de Bronce, en un momento en el que la posesión e intercambio de bienes de prestigio, indicadores de estatus y jerarquía, adquirió una gran importancia.

Cuando se encontró el depósito de As Silgadas, los objetos aparecieron agrupados y ordenados, pero se desconoce cuándo y por qué se reunió este conjunto de piezas tan diversas. La hipótesis más aceptada es que se fueron juntando en un momento histórico en el que ya no tenían valor como bienes de prestigio y que la única finalidad que se buscaba era la de acumular oro. Esta hipótesis viene avalada por el hecho de que la mayor parte de los objetos hallados son aros/lingotes de oro carentes de valor artístico o ritual y que probablemente se fundieron para ser usados como medio de pago, en el contexto de una sociedad donde la actividad comercial había adquirido un desarrollo relevante, lo que nos lleva a un período avanzado de la Edad de Bronce, en el período del Bronce III o Final (1200-700 a.C.).

Actualmente, el depósito de As Silgadas está compuesto por 41 objetos: 6 seis fragmentos de láminas decoradas que podrían pertenecer a una diadema o gargantilla; 2 cuencos con asa lateral; 1 jarra con asa lateral, 1 peine o peineta, 1 aro grande rematado en paletas, 27 veintisiete aros tipo lingote de formas y pesos variables (17 aros abiertos de forma elíptica, 8 aros de forma elíptica y extremos cerrados, 1 aro abierto de forma triangular y 1 aro de sección cuadrada) y 3 fragmentos de barra. Se cree que las personas que encontraron el depósito pudieron deshacerse de lo que falta de la gargantilla, de varios brazaletes y de un aro grande.

La gargantilla de láminas corresponde a un tipo de diseño que aparece en diversas áreas atlánticas y que consiste en serie de bandas laminiformes de oro decoradas en su parte central. La técnica empleada para crear las diademas de láminas consistía en calentar el oro para que fuera más maleable y después golpearlo con un martillo, colocando en medio un trozo de cuero o de tela para que amortiguara los impactos. Una vez conseguidas unas láminas finas, estas se decoraban empleando la técnica de repujado, golpeando un cincel sobre el reverso de la pieza para que la ornamentación se viera en el anverso.

Tesoro de Agolada.

Una gargantilla de este tipo, datada en el 1700-1600 a.C., fue hallada en Agolada junto con dos aros-lingote, lo que claramente establece una relación con el tesoro de Caldas de Reis, tanto en lo que se refiere a la tipología de la gargantilla como al empleo de aros como método de medida y acumulación del oro.

El peine o peineta de As Silgadas, tanto por su forma como por su decoración a base de incisiones, sigue el diseño de otros de este tipo y de uso común, realizados en madera, hueso o marfil. El peine tiene una longitud de 8,5 cm, una anchura de 6,3 cm, un grosor de 0,4 cm y un peso de 200 g. Las técnicas empleadas en su fabricación fueron el fundido y el grabado.

La forma y decoración de los recipientes de oro de As Silgadas muestran gran semejanza con los tipos característicos de la cerámica campaniforme del Calcolítico, relacionados con el consumo ritual de bebidas alcohólicas en contextos masculinos. Los cuencos y la jarra fueron realizados mediante la técnica a la cera perdida, usada con frecuencia en la Edad de Bronce e incluso antes. Se trata de un método más complejo que la fundición en molde y que permite obtener objetos con paredes muy finas. El procedimiento consiste en hacer un modelo en cera del objeto y recubrirlo de varias capas de arcilla. Una vez que la arcilla ha secado se calienta en un horno para derretir la cera, la cual sale al exterior a través de unos orificios creados a tal efecto. En la cavidad resultante se vierte el metal fundido, se deja enfriar y por último se rompe el molde para extraer el objeto.

Uno de los cuencos de oro tiene una altura 7,8 cm, el diámetro en la boca es de 7,9 cm y el diámetro en la base de 4,5 cm. El peso de este cuenco es de 541 g y la técnica empleada en su fabricación fue el fundido.

El otro cuenco de oro mide 7,5 cm de altura, con un diámetro en la boca de 8,7 cm y de 1,9 cm en la base. Su peso es de 640 g y las técnicas empleadas fueron el fundido y el grabado. Para realizar la ornamentación el cuenco fue colocado sobre una superficie que giraba sobre su eje, lo que permitió realizar con precisión las incisiones que forman la decoración.

La jarrita de oro mide 7,2 cm de alto, 5,5 cm de diámetro en la boca 5,5 cm y su diámetro en la base es de 2,8 cm. Pesa 630 g y se obtuvo por fundición y posterior grabado.

El aro grande de oro rematado en paletas, que algunos han interpretado erróneamente como un torques, no es una joya propiamente dicha sino que servía de portalingotes. El aro tiene un diámetro de 22,6 cm, un grosor máximo de 1,05 cm y un grosor mínimo de 0,8 cm. Su peso es de 870 g y fue fabricado mediante las técnicas de fundido y perforación. El análisis de su composición revela un pequeño porcentaje de plata (<6%) de la aleación.
Los aros/lingotes eran una forma práctica de atesorar una materia prima tan valiosa como es el oro. Los aros se fundieron en un molde y después se trabajaron martilleando directamente sobre ellos. El hecho de que estas piezas no fueran pulidas demuestra que no se trataba de objetos artísticos, sino de una especie de moneda utilizada para las transacciones comerciales. Es posible que el peso de estos lingotes siguiera un patrón de medida con una unidad decimal, semejante al siclo fenicio.
Del análisis de los datos que figuran en el inventario del Museo Provincial de Pontevedra podemos extraer las siguientes conclusiones relativas a las medidas y pesos de estos aros:

El diámetro del aro más pequeño es de 7,85 cm y el del mayor 14,25 cm. Las medidas de tendencia central nos indican que el diámetro medio es de 10,30 cm, mientras que los valores que aparecen con más frecuencia (moda) son 8 cm (2), 10,30 (2) y 14,15 (2).

Por lo que se refiere al grosor, el valor mínimo es de 0,55 cm y el máximo de 1,65 cm. La media obtenida teniendo en cuenta todo los aros es de 1,06 cm y la moda muestra un pico de 0,95 cm (6).

Por último, el peso de los aros/lingotes va de los 112 g del más ligero a los 740 g del más pesado. El peso medio es de 432,67 g y por lo que se refiere a la moda tiene tres picos de 320 g (2), 380 g (2) y 730 g (2) .


Tesoro de Caldas de Reis II

El otro tesoro de objetos de oro hallado en Caldas de Reis apareció en 1981 y también de manera casual, cuando se realizaban las obras de cimentación de un edificio situado en el número 9 de la calle Sagasta.

Este depósito está datado a finales de la Edad de Bronce y su peso total es de 21 g. Los objetos hallados son 53 laminillas de oro enrrolladas en cilindro, un aplique cónico de 1,6 cm de diámetro y 0,7 cm de altura, y 2 bandas decorativas de 0,62 cm de ancho. Todas estas piezas corresponden a una gargantilla o diadema de láminas de tipología idéntica a la de As Silgadas y Agolada, y que fue fabricada mediante fundición, repujado y perforación.

En torno a los tesoros de Caldas de Reis existen múltiples conjeturas e hipótesis, ya que se hallaron fuera de su contexto original y por lo tanto no resulta posible establecer su procedencia. Tampoco podemos saber quién, cuándo y por qué enterró estos objetos de tanto valor y qué circunstancias concurrieron para que no pudiera volver a recuperarlos. Durante toda la antigüedad las familias solían ocultar sus objetos de valor bajo tierra, cerca de casas, muros o en terrenos, especialmente durante períodos de conflicto o de cambios políticos, para evitar que fueran saqueados o robados. También era frecuente que algunos comerciantes y viajeros escondieran monedas y joyas en lugares próximos a caminos. Por circunstancias de todo tipo y que ignoramos a muchos de ellos les fue imposible recuperar esos tesoros.

El de Caldas de Reis no es por lo tanto el único caso en Galicia, aunque sin duda es el más importante. Otros tesoros y joyas de épocas prehistóricas han sido hallados en Agolada, Antas de Ulla, Silleda, Betanzos, Miño, Burela. Es de suponer que durante siglos muchos de esos tesoros ocultos han sido desenterrados fortuitamente y que sólo han llegado hasta nuestros días un reducido número de ellos.

Desde un punto de vista antropológico podemos establecer una clara relación entre estos tesoros y las leyendas de la mitología gallega. Son muchas las historias tradicionales acerca de fadas que custodiaban tesoros escondidos en grutas o de fadas lavandeiras, que recogían las pepitas que arrastraba la corriente en las aguas del río Sil.

Hallazgos como el peine de oro encontrado en el depósito de As Silgadas nos recuerdan las historias de mouras que vivían prisioneras en fuentes, pozas y otros lugares cercanos a cursos de agua. Estas fadas se dejaban ver al amanecer, cuando salían a acicalar sus rubios cabellos con peines de oro mientras se contemplaban en espejos aúreos, un relato que, como el de las fadas que tejen con hilos dorados que simbolizan los rayos del sol, aparecen con frecuencía en las leyendas tradicionales indoeuropeas



Bibliografía:

Bouza Brey, Fermín. El tesoro de Caldas de Reis.

Comendador Rey, Beatriz. El depósito de As Silgadas (Caldas de Reis): un hallazgo excepcional en el noroeste peninsular.

Comendador Rey, Beatriz; Millos, Jorge; Álvarez Iglesias, Paula . Procedencia del conjunto de plata prehistórico de Antas de Ulla, noroeste de Iberia, utilizando proporciones de isótopos estables de plomo.

Domato Castro, Xoán M. y Comendador Rey, Beatriz.z. El tesoro desencantado.

García y Bellido, Antonio. El tesoro aúreo hallado en Golada (Galicia) en 1920.

González Insua, Félix. Aproximación a la distribución espacial de sitios arqueológicos de la Prehistoria Reciente en la Ría de Arousa (Pontevedra).

Montero, Ignacio y Rovira, Salvador. El oro y sus aleaciones en la orfebrería prerromana.

Salgado Sáinz, Luis María. Caldas de Reis y Salgado. Wordpress.com

Valle Pérez, José Carlos y de la Peña Santos, Antonio. El Museo de Pontevedra: sus colecciones arqueológicas. Exposición y conformación.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.