El sárcofago de Hipólito es uno de los mejores ejemplares de arte mortuorio romano que se conservan en todo el mundo y una pieza única en su tipo en la Península Ibérica. Está datado entre finales del siglo II y principios del siglo III d.C. y su rica decoración representa escenas del mito clásico de Hipólito y Fedra.
Su hallazgo se produjo de manera casual el 26 de agosto de 1948, por unos jóvenes que practicaban submarinismo en Punta de la Mora (Tarragona). Se cree que el sarcófago no cayó de manera accidental a las aguas del Mediterráneo durante su desembarco, sino que probablemente fue sacado de su ubicación original y arrojado al mar tal vez durante la conquista musulmana.
El sarcófago es de forma rectangular y está realizado en mármol verdoso con pátina blanca. Sus medidas exteriores son 2,03 m de longitud, 1 m de ancho y 1,13 m de alto. En el interior mide 1,80 m de largo, 0,83 m de ancho y 0,82 m de alto. Las cuatro caras de la obra están decoradas con esculturas, las del frente y la cara lateral izquierda están en alto relieve y las otras dos en bajo o medio relieve. Originalmente estaba cubierto por una tapa que no ha aparecido y casi todas las figuras que se conservan han sido mutiladas intencionadamente y carecen de cabeza y sexo.
En el frente principal del sarcófago se representa una cacería en la que se encuentra Hipólito rodeado de sus compañeros, caballos y perros. Enone, la nodriza de Fedra, se acerca a Hipólito para transmitirle la proposición amorosa de su señora y éste la rechaza.
En la escena aparecen once figuras humanas, un caballo y nueve perros sentados entre las piernas de los presentes. En el centro se sitúa Hipólito, al que le falta la cabeza, bajo un arco de columnas y vistiendo una clámide abrochada y recogida sobre el brazo. A su izquierda está un caballo mutilado mientras que a la derecha se sitúan su palafrenero, con un perro a sus pies y acariciando con su mano derecha el cuello del caballo, dos figuras humanas también mutiladas, una de ellas calzada con botas, y un hombre vestido con una túnica larga.
A la derecha de Hipólito se distingue una figura femenina sin cara y con túnica larga que representa a Enone. Después aparecen dos compañeros de Hipólito vestidos con clámide y en segundo plano, dos hombres con túnicas largas y otro con clámide. Todas las figuras humanas han sido mutiladas y originalmente debieron portar palos, clavas o lanzas.
En la cara lateral derecha se muestra una escena de caza, con un hombre vestido con pantalón corto y botas que carga a sus espaldas un ciervo, que intenta subir al lomo de un asno sujetado por otro personaje con falda corta y botas. La secuencia se completa con un perro y varios árboles.
La cara lateral izquierda está destrozada, pero resulta posible reconstruir la escena que representa el momento en que Enone acusa a Hipólito en presencia de Teseo y de Fedra. Se distinguen seis figuras humanas, un caballo y un perro.
Las tres figuras femeninas representan a Enone, en bajo relieve, a Fedra con un peinado de bucles y moño, y a una sirvienta descalza y con túnica que lleva una concha en la mano derecha. Las figuras masculinas son Hipólito, Teseo y un tercer personaje.
En la cara posterior del sarcófago se describe la muerte de Hipólito. Muestra una cuádriga cuyo conductor, Hipólito, yace en el suelo con un látigo en la mano en el momento de ser arroyado por los caballos desbocados.
A la izquierda de la cuádriga se sitúa un hombre con un tridente (tal vez Poseidón) y un toro sujeto por una mujer (tal vez Fedra), parcialmente cubierta con un manto. A la derecha se ve a un hombre con clámide, el brazo levantado y la mano abierta. A su lado aparece Teseo con barba y desnudo, con la mano izquierda sobre el rostro y la derecha sujetando una clava.
El mito de Hipólito y Fedra
Fedra era una princesa cretense hija de Minos y Pasífae, hermana de Ariadna y esposa de Teseo, el gran héroe de Atenas. Hipólito era hijo de un matrimonio anterior de Teseo con la amazona Hipólita. El joven había sido adoptado por el rey Piteo de Trecén y era un hábil cazador, arquero y jinete que destacaba por su virtud, ya que desdeñaba absolutamente el amor carnal debido a su profunda devoción por la diosa Ártemis, cuyos valores eran la virginidad y la castidad.
En la primera versión teatral del mito, Fedra vive atormentada por la desmedida pasión y deseo que siente por Hipólito, hasta el punto de acudir a la hechicera Hécate para que le facilite todo tipo de filtros amorosos que logren que el piadoso joven se enamore de ella. Cuando Fedra revela sus sentimientos a Hipólito éste cubre su rostro con un velo, avergonzado por la incestuosa proposición de su madrasta. Despechada, Fedra acusa al joven ante Teseo de intentar forzarla, lo que provoca que Hipólito muera víctima de la maldición que le envía su padre. Esta versión tan atrevida escandalizó de tal manera al público griego que fue necesario realizar una segunda versión.
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| Hipólito tras la confesión de Fedra. Étienne-Barthélémy Garnier, 1793 (Dominio público) |
En la nueva adaptación, Afrodita, diosa del erotismo y la lujuria, se encoleriza con la castidad de Hipólito y quiere castigarlo por despreciar el amor, para lo cual hace que Fedra se enamore perdidamente de él. Fedra comparte sus sentimientos con Enone, su nodriza y confidente. Enone decide por su cuenta ir a ver a Hipólito y le pone al corriente del amor que le profesa Fedra. El virtuoso Hipólito muestra el desprecio más absoluto por la incestuosa oferta de Fedra y cuando ésta se entera, despechada y enloquecida, para salvar su honor decide suicidarse y se ahorca.
Enone se da cuenta de las consecuencias de su indiscreción y para evitar que la inculpen y ser castigada, escribe una tablilla que cuelga del cuello de Fedra y en la que acusa a Hipólito de haber intentado ultrajarla. Teseo encuentra el cadáver de su esposa, destierra a Hipólito y pide a su padre Poseidón que haga que el joven muera. Cuando Hipólito abandona Atenas en su cuádriga, surge del mar una ola gigante de la que sale un gran toro que asusta a los caballos. Las riendas del carruaje se enredan en un olivo y la cuádriga se estrella contra unas rocas. Hipólito queda atrapado por las riendas y es arrastrado por sus caballos hasta la muerte.
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| La muerte de Hipólito. Sir Lawrence Alma Tadema, 1860 (Dominio público) |
Una vez que Hipólito ha muerto, Ártemis se le aparece a Teseo y le revela que Hipólito era inocente y que Fedra sólo había sido una marioneta en las manos de Afrodita.
Bibliografía:
José María Lucas. Mito y tragedia: Hipólito y Fedra, dos vidas rebeldes.
Samuel Ventura y Solsona. El sarcófago de Hipólito, de la “Punta de la Mora” del mar tarraconense.
Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.







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