lunes, 19 de enero de 2015

Mezquita de Almonaster la Real (Huelva)

Almonaster la Real se encuentra situada en el NO de la provincia de Huelva, a 110 km de la capital. 


Es una zona de relieve muy accidentado en las estribaciones de la Sierra de Aracena, con una altitud media de 613 m, siendo su mayor altura los 917 m del Cerro de San Cristóbal. Diversos ríos recogen las aguas de los arroyos que bajan de la sierra, entre los que destacan por su importancia el Odiel, Escalada, Olivargas, Rivera y Río Caliente.

Almonaster tiene un clima mediterráneo con influencia oceánica que favorece el crecimiento de una flora muy variada. En las zonas más altas crecen castaños y quejigos, mientras que en las más bajas encontramos dehesas de encinas y alcornoques. Las vegas y zonas llanas están dedicadas al cultivo de hortalizas y frutales para el consumo del pueblo y sus aldeas.

Los primeros vestigios de población conocidos hasta este momento corresponden a la Edad de Bronce y revelan una intensa minería del oro y la plata. Entre los restos arqueológicos podemos destacar la necrópolis de cistas de Becerreros, las mazas halladas en la mina de cobre de Monte Romero y los enterramientos del Cerro del Moro.

De mayor importancia son los restos romanos de los siglos I y II y los correspondientes al monasterio visigodo de los siglos V-VII, que aún son apreciables cerca del castillo y sobre todo en la mezquita. Si bien no podemos afirmarlo con certeza, por la falta de una referencia totalmente fidedigna, fue este monasterio el que dio nombre a Almonaster con la invasión árabe (Al-munastyr).

El castillo

El castillo data de los siglos IX y X, durante el reinado de Abd al-Rahman III. Se sitúa sobre el cerro que domina la villa, en la ruta que unía las coras de Sevilla y Beja. 


En este enclave se levantó un recinto amurallado de planta irregular de 313 m de perímetro y 8.288 m2 de superficie. 


En las esquinas y en medio de los tramos más largos de las murallas se levantaron torres de planta rectangular y circular. La construcción de época califal es de mampostería reforzada con sillares romanos en las esquinas. Durante el período almohade se añadió un tapial de tierra arcillosa, encofrada, compactada y secada al sol. Posteriormente, en una etapa tardomedieval, se realizaron otras modificaciones cuando el castillo pasó a formar parte del conjunto de fortificaciones de la denominada Banda Gallega.

Con el paso del tiempo el castillo cayó en desuso y poco a poco se fue deteriorando. Parte de la mampostería procedente de la cerca amurallada se empleó en la construcción de una plaza de toros, sobre el antiguo patio de armas de la fortaleza. 


Esta plaza fue inaugurada en 1821 y tiene un aforo de mil doscientos espectadores. 

La mezquita

En el interior del castillo se edificó la mezquita, de planta trapezoidal y de estructura característica según los cánones cordobeses del período califal. 


En su construcción podemos distinguir elementos de estilo romano, visigodo, califal, almohade, románico y mudéjar. 


Se trata de la única mezquita situada en el rural que se ha conservado en España y es Monumento Nacional desde el 3 de junio de 1931.


Los materiales constructivos empleados son diversos: ladrillo, sillares de granito y mampostería. También se reutilizaron columnas y capiteles romanos de los siglos I y II así como restos del antiguo monasterio visigodo, como una lápida con epitafio, un cancel de iconostasis (un pequeño soporte que separa el presbiterio de las zonas de los fieles y en el que se solía poner imágenes), un cimacio o moldura en forma de “S” y el dintel situado encima de la puerta de entrada.


Tras la puerta de entrada a la mezquita accedemos a un patio de abluciones o sahn, que en  parte fue excavado en la roca. El sahn es de planta irregular casi cuadrada y tiene una pila de granito para las abluciones.


Tras el sahn viene la sala de oraciones o haramde planta irregular y formado por cinco naves, la central más ancha que las dos que le siguen y estas a su vez de mayor anchura que las dos exteriores. 


Las naves son perpendiculares al muro de la mezquita o quibla, que se orienta hacia La Meca, en este caso hacia el SE. Los arcos del haram, transversales a la quibla, son de ladrillo y para sus bases se emplearon capiteles, fustes de columnas y pilares de piedra  romanos y visigodos.


En el centro del muro de la quibla se halla el mihrab, el lugar hacia donde los fieles dirigían sus plegarias. Se trata de  un arcaico nicho de ladrillo muy peraltado y profundo que ha perdido su revestimiento. Está cubierto por media bóveda de horno y el arco de herradura está rodeado por una moldura o alfiz. Fue construido a finales del siglo IX, lo que le convierte en uno de los más antiguos de la Península Ibérica.


Al N, fuera del edificio, se levanta la torre o alminar desde el que el muecín llamaba a la oración. Es de planta cuadrada y en su base se encuentra el aljibe.


Para Basilio Pavón Maldonado (Las mezquitas del Cristo de la Luz de Toledo y de las Tres Puertas de Qayrawan. Arquitectura y decoración) el hecho de que la de Almonaster sea en buena parte una mezquita ladrillera, incluso con registros de ladrillo puestos de canto y fajas de mampostería, le lleva a relacionarla con el mudéjar toledano y plantea la posibilidad de que su construcción se deba a una escuela toledana del siglo X radicada en Andalucía. 


Con la conquista cristiana, la mezquita fue convertida en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción. José María Sánchez Sánchez (La mezquita de Almonaster: fases de cristianización) realiza un estudio pormenorizado de las modificaciones realizadas para adaptarla al nuevo culto.

Las primeras obras de acondicionamiento consistieron en ocultar el nicho del mihrab y levantar un primitivo ábside de estilo románico-mudéjar en el centro del muro NO. 


Este ábside de ladrillo con sillares en las esquinas creó un nuevo eje central que cambió la orientación litúrgica del edificio girándola 45º. En la segunda mitad del siglo XIV será renovado parcialmente y se le dará mayor altura, adaptándolo al estilo mudéjar sevillano predominante en la época.

Las obras más importantes se realizaron a finales del siglo XV y principios del XVI, cuando se labraron los pórticos en las puertas de acceso, se renovaron los arcos y se dispuso un primer cuerpo de campanas sobre la caña del antiguo alminar. Posteriormente se le incorporó un segundo cuerpo de campanas. El sahn fue reutilizado como capilla de bautismo, el muro de la quibla se reforzó en su exterior y para dar mayor preponderancia al eje central, junto al presbiterio se construyó un arco sobre dos capiteles visigodos.


En el siglo XVI se labraron la sacristía y el porche y en el siglo XVII se abrieron los ventanales y se remató la torre con chapitel de la época.  


En el siglo XVIII el ábside cristiano se cubrió con una bóveda con pinturas al fresco, hoy en día muy deterioradas.


Durante la guerra con Portugal se utilizaron estancias anexas a la ermita como polvorín, las cuales fueron alcanzadas por un rayo en 1684, lo que producirá daños en el frente NO de la ermita por lo que hubo que realizar nuevas obras. En 1881 de nuevo un rayo destruyó parte del campanario y provocó el desplome del tejado. El edificio en ruinas pasó a propiedad municipal y se reconstruyó acondicionándolo como hospital. Posteriormente fue abandonado definitivamente y así permaneció hasta su última restauración.



Apuntes históricos

Es probable que la primera presencia  árabe en la sierra de Huelva se produjera alrededor del 713 cuando Abd al Aziz ibn Musa, tercer emir dependiente del califato de Damasco entre el 713 y el 715, partió desde Sevilla para realizar una serie de incursiones contra el Algarve.

Durante el emirato y el califato de Córdoba, al-Ándalus estaba dividido en kuras (coras), distritos territoriales y administrativos en cuya capital residía un gobernador. La cora a su vez se subdividía en aqalin o climas (en singular iqlim), que eran unos distritos agrícolas que tenían como cabecera un castillo o una población importante. Los territorios del N de al-Ándalus que hacían frontera con tierras cristianas, se agruparon en marcas denominadas tagr (plural de tugur).

El enfrentamiento que se venía produciendo en la Península entre árabes y bereberes provocó la rebelión de estos últimos, por lo que el califa Hisham envió en 741 a Balch ibn Bishr al-Qushayrí  al mando de ochenta mil soldados, de los cuales doce mil eran sirios. Dos años después Abu-l-jattar al-Husam ibn Dirar al-Quelbí (emir de 742 a 744), acabó con una nueva secesión bereber y distribuyó a los sirios por los distritos rurales del S (Murcia, Sevilla, Niebla, Sidona, Algeciras, Jaén y Elvira) para contrarrestar la influencia berberisca.

Las provincias militarizadas donde se establecieron los sirios pasaron a recibir el nombre de kuwar muyannada. Los sirios del ejército (yund) de Damasco se asentaron en Ilbira (Granada); los del yund de Hims (Homs) en Sevilla y Niebla; los sirios del yund de Quinnasrin en Jaén; los de Al-Urdun (Jordán) en Rayya (Málaga); los de Palestina en Siduna (Cádiz) y los sirios de Egipto en Tudmin (Murcia) y el Al-Garb (Algarve) (Fátima Roldán Castro. La provincia de Huelva en época musulmana, límites territoriales).

Esta organización se mantuvo hasta el final del califato omeya (finales del siglo X), cuando Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Maafirí, llamado al-Manur (el victorioso) y más conocido como Almanzor, creó su propio ejército de soldados cristianos, mauritanos y bereberes de Ceuta, poniendo fin al sistema militar de tribus.

Según Fátima Roldán Castro, la primera vez que aparece documentado el término kura en al-Andalús es en el siglo VIII y se refiere al asentamiento del yund de Hins en Sevilla y Niebla. La cora de Ishbiliya (Sevilla) estaba dividida en los siguientes iqlim o climas: Ishbiliya, Iliya, al-Sahl, Lelio, al-Basal, Itálica, Aljarafe, Río, Tocina, al-Fhas, Qatasana y Almunastir (María Eugenia Gálvez Vázquez). El arabista Miguel Asín Palacios identifica este Almunastir como Almonaster la Real, lo que situaría este iqlim en el sector NO de la cora de Ishbiliya, limitando al S con la cora de Labla (Niebla), al O con la de Beja y al N con la de Mérida.

Coras de Niebla y Sevilla.  (Instituto de estadistica y cartografia. Junta de Andalucía)

Cuando en el 750 se desmorona el califato de Damasco y Abu al-Abbas comienza el aniquilamiento de los omeyas, Abd al Rahman I ibn Mu awiya, al Dáfil, hijo del califa, se ve obligado a huir cruzando el Éufrates y tras diversos avatares, en 755 llega a Almuñecar y se convierte en el primer emir independiente del Califato de Damasco.

Su descendiente Abd al-Rahman III ibn Muhammad ibn Abd Allah, al-Nasir (891-961) fue emir del 912 al 929, año que cambió su título por el de califa, Amir al-Muminin (príncipe de los creyentes), al-Nasir li-din Allah (protector de la religión de Allah). 

Apoyado en una aristocracia militar creó un estado feudal a imitación de los del norte de España, en el que convivían árabes, bereberes y cristianos. Fue durante su reinado cuando se construye el castillo y la mezquita de Almonaster.

Con la desaparición del califato cordobés aparecen los reinos de taifas (moluc altawaif) y Almonaster pasa a formar parte de la bandería del Reino de Sevilla, la más importante de todas las taifas. El tercer rey de Sevilla, Muhammad ibn Abbad al-Mutamid (1040-1095), fué la figura más interesante de los reinos de taifas. Nacido en Beja, a los once años era gobernador de Silves (Portugal). En 1067 heredó el trono de Sevilla de su padre al-Mutadid y en 1069 conquistó Córdoba. Fue rey de Sevilla hasta 1090 hasta que lo derrocaron los almorávides, quienes lo hicieron prisionero y lo llevaron a África para padecer una cruel prisión hasta su muerte en 1095.

Los almorávides fueron expulsados de Sevilla en 1147 por el ejército almohade al mando de Barraz, enviado por el rey de Marruecos Abd al-Mumin. Con la caída de los almohades en 1234, Musa ibn Mohammad ibn Nassir ibn Mahfuz se hizo con el dominio de Niebla y se proclamó emir del al-Garb. Conquistó el Alentejo, todo el Algarve y la provincia de Huelva desde Sierra Morena hasta la desembocadura del Guadalquivir. En 1235 Fernando III y Alvaro Pérez de Castro atacaron Jaén, mientras su tributario el rey Ibn Hud de Sevilla asediaba Niebla.

En la primera mitad del siglo XIII las poblaciones occidentales de Sierra Morena fueron arrebatadas a los musulmanes por las órdenes militares portuguesas: la Orden de Santiago tomó Mértola, Alfayat de la Peña, Ayamonte y Tavira, mientras que la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén y Rodas se hizo con Serpa, Moura, Aracena y Aroche. Entre los años 1245 y 1249 Pelayo Pérez Correa, maestre de la orden de Santiago, tomó la villa de Almonaster. En 1252 subió al trono de Castilla Alfonso X y en 1262 conquistó Niebla y Cádiz, con lo que desapareció el último reino musulmán del O de Andalucía.

Cuando se aborda la historia de Almonaster durante la época islámica a menudo se toma como fuente a Abu Ubayd al-Bakri, quien a su vez se basa en el geógrafo del siglo XI Al-Udri, del cual era discípulo. Abu Ubayd al-Bakri (1040-1094) fue un erudito, historiador, geógrafo, poeta y filólogo conocido principalmente por dos obras: Muyam ma Istayam (el libro que contiene por orden alfabético los nombres poco conocidos) y el Kitab al-masalik wa-l-mamalik (Libro de los reinos y de los caminos. 1068).

La verdad es que al-Bakri no tuvo ninguna relación con Huelva, por lo que hay que tomar con reservas las referencias que hace este autor y por lo tanto no resulta posible establecer de manera indubitada que el topónimo “Almunastyr” se corresponda con un lugar concreto. Puede que tal vez se refiera a una zona de Sierra Morena en la que se encontraría el pico de Almonaster (915 m) en la Sierra de Aracena, entre Almonaster la Real y Jabugo.

Lo cierto es que prácticamente no existen restos arqueológicos de la presencia musulmana en la sierra de Huelva, excepto en Aroche, Zufre y Almonaster. Esto nos hace suponer que la población serrana era escasa y que se concentraba en estos tres núcleos, cuya principal función se relacionaba con la captación del agua que era utilizada en la irrigación de los cultivos de los valles.

Una vez vencidos los almohades se produjo un enfrentamiento entre Castilla y Portugal por estos territorios por lo que pronto fueron repoblados con gallegos y leoneses. El rey Sancho IV “el bravo” (1258-1295) ordenó construir una red de fortificaciones conocida como la Banda Gallega, que se extendía por la sierra de Aracena y Sierra Morena Occidental y cuya misión era proteger la ciudad de Sevilla de un posible ataque. El castillo de Almonaster pasó a formar parte de esta estructura defensiva. 

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por F. Javier Torres Goberna ©.