viernes, 25 de octubre de 2013

El tholos de El Romeral (Antequera. Málaga)

El tholos de El Romeral se encuentra a 2,5 Km al NE de la localidad malagueña de Antequera


Antequera se halla en un enclave geográfico estratégico, siendo el principal cruce de caminos de Andalucía. Desde un punto de vista histórico, su privilegiada situación la ha convertido en el lugar en que se produce la transición entre las influencias procedentes del O y el E de Andalucía.

Desde de finales del Neolítico, Antequera recibió un influjo cultural occidental procedente del valle del Guadalquivir, caracterizado por la presencia de sepulcros de corredor como los de Menga y Viera. Por otra parte está la influencia de la cultura de Los Millares, procedente del oriente andaluz, representada por los tholos que aparecen en las mesetas interiores de Andalucía y que se prolongó durante un largo período de tiempo, siendo El Romeral una muestra tardía.

En la Península Ibérica los tholos son unas construcciones propias del S y SE y, debido a la gran cantidad de tholos existentes, se llegó a pensar que pudieran haber tenido su origen en esta zona. Se trata sin duda de monumentos megalíticos pese a no emplear grandes piedras, puesto que el elemento constructivo principal es la mampostería, utilizando losetas pequeñas o medianas que debieron estar unidas con barro o pequeños trozos de piedra a modo de calzos. Los tholos pueden clasificarse en con corredor (SE de Andalucía) y sin corredor (O de Andalucía y S de Portugal).

Los tholos son la última expresión evolucionada del megalitismo, un estilo tardío de arquitectura funeraria que se caracteriza por la presencia de la denominada falsa cúpula. Las falsas cúpulas de los tholos se levantaban empleando la técnica de aproximación de hiladas. Se comenzaba allanando el terreno y después se creaba un círculo de unos 5 m de diámetro, formado por una o varias líneas de losetas paralelas, dejando libre la parte correspondiente a la puerta de entrada. Después se cubría el exterior de esta hilada de losetas con tierra y piedras formando así la base del túmulo.

El siguiente paso consistía en levantar un nuevo anillo sobre el primero. Este segundo anillo era de un diámetro ligeramente menor, con lo que se conseguía un leve vuelo hacia el interior que al principio no era visible, pero que aumentaba a medida que se añadían hileras y se elevaba la altura. Con cada anillo de mampostería que se añadía era fundamental consolidar adecuadamente el túmulo, para que sirviera de contrapeso a la inclinación de las paredes.

El proceso continuaba hasta que el vano circular de la parte superior de la cúpula tenía un diámetro aproximado de unos dos metros. Entonces, se desplazaba la gran losa de la cubierta aprovechando la pendiente del túmulo y se tapaba el agujero superior. Una vez cerrada la falsa cúpula, se seguía añadiendo tierra y piedras al túmulo hasta que adquiría su tamaño definitivo.

En muchos tholos se han encontrado ajuares con objetos valiosos de marfil, cobre y también ídolos, lo que podría reflejar la existencia de unas élites entre las poblaciones del III milenio. Según esta hipótesis, los tholos podían ser una muestra de esa autoridad emergente que eligió esta nueva forma de enterramiento, mientras el resto de la población seguía utilizando los dólmenes de ortostatos, en los que los ajuares encontrados son mucho más modestos. El cambio en la tipología de los sepulcros podría por lo tanto ser una muestra más de un profundo cambio económico, social y cultural.

Características del tholos de El Romeral.

El tholos de El Romeral se encuentra en el tramo final del arroyo de las Adelfas. En el momento de su construcción, entre el 1900-1800 a.C, esta era una zona húmeda con depósitos de inundación y lagunas (José Enrique Ferrer Palma). Entre los túmulos de Menga y El Romeral corría un río de gran caudal y el área estaba poblada preferentemente por pinos y en menor medida por encinas.

El tholos de El Romeral fue reconstruido por S. Giménez Reyna y la longitud total que se conserva del sepulcro actualmente es de unos 34 m. Presenta un largo corredor de mampostería de 26,30 m de largo, con una anchura media de 1,50 m y una altura media de 1,95 m. 


La entrada del corredor está orientada al S-SO (acimut 199º), algo muy raro en los túmulos peninsulares, y apunta al Camorro de las Siete Mesas, punto más alto de la Sierra de El Torcal. Desconocemos cómo sería esta entrada originalmente, pero actualmente está formada por dos paredes de mampostería inclinadas hacia el interior, sobre las que descansan las once losas que forman la cubierta.


Este corredor desemboca en una gran cámara funeraria de planta circular, de 5,20 m de diámetro y 3,75 m de altura. A la gran cámara se accede a través de una puerta formada por dos ortostatos a la entrada y después otras dos losas verticales, de modo que se produce un estrechamiento muy acusado. Sobre estas cuatro piedras descansa una gran losa que forma el dintel. Esta estrecha entrada contribuye a crear el efecto de amplitud de la gran cámara funeraria, construida totalmente con mampostería salvo la cubierta que está formada por una gran losa.


Las paredes de la cámara están ligeramente abovedadas y se desvían de la vertical aproximadamente 1,5 m, creando una falsa cúpula cubierta por una losa horizontal. 


Esta cámara es realmente hermosa y constituye uno de los mejores ejemplos peninsulares de construcción megalítica con falsa cúpula.


El tholos de El Romeral tiene una peculiaridad, consistente en la existencia de una segunda cámara como continuación del eje longitudinal del sepulcro. Así, al fondo de la gran cámara hay una entrada sencilla por la que se accede a un pequeño corredor, que termina en una segunda cámara de reducidas dimensiones y construida siguiendo el patrón de la primera.

El corredor está cubierto por dos losas a distinto nivel, sus paredes son similares a las del corredor principal y el suelo está unos 70 cm más alto que el de la gran cámara. Termina en una puerta formada por dos losas y dintel, por la que se entra en la cámara pequeña.

La cámara pequeña es similar a la grande pero su diámetro es tan sólo de 2,30 m, la mitad que la anterior, y su altura es de 2,40 m. El orificio superior mide 0,5 m y está tapado por una laja. Casi la mitad del suelo se halla cubierto por una losa caliza de 20 cm de grosor, que está encajada en la pared. Se trata de una "pileta" o "mesa" funeraria de carácter ritual que apareció cubierta con manchas de pintura roja. Este tipo de piletas suelen encontrarse en sepulcros de cúpula del O penínsular.


Todo el conjunto está cubierto por un túmulo de unos 80 m de diámetro y 10 m de altura, de los que 4 m corresponden a la falsa cúpula y 6 m a la parte superior del túmulo.


Los tholos y la Cultura de Los Millares

Existen una clara relación cronológica entre los tholos y los poblados calcolíticos del S peninsular, como el de Los Millares.

La Cultura de Los Millares se caracteriza por los poblados de cabañas circulares rodeados de largas murallas de piedra, y la presencia de enterramientos en tholos en los que se inhumaban los cadáveres junto con sus objetos personales. Otro aspecto distintivo de esta cultura es la aparición de ídolos de diversas formas y tamaños, fabricados con piedra y hueso y a que a menudo presentan motivos oculados y geométricos.



 Idolos cilindro oculados (El Pozuelo. Zalamea la Real) e idolos placa oculados 
(Los Gabrieles. Valverde del Camino). Museo arqueológico de Huelva.

Las viviendas típicas de la Cultura de Los Millares eran de planta circular, de 2,5 a 6,5 m de diámetro, provistas de cierta cimentación y zócalos de mampostería sobre los que se alzaban las paredes de barro y cañizo. La cubierta era de ramas, disponía de hueco central para que saliera el humo y se apoyaba en pequeños postes de madera ubicados en el interior de la vivienda.

Es probable que en Los Millares vivieran más de mil personas y las diferencias existentes entre los distintos ajuares funerarios encontrados, hace pensar que se trataba de una sociedad en la que existían élites y jerarquías de poder.

Podemos diferenciar una serie de etapas que van desde la creación de Los Millares hasta su abandono y que son aplicables a todo el Calcolítico andaluz:

Cobre Antiguo (3400-3000 a.C). Corresponde al momento en que aparecen los grandes poblados fortificados del SE peninsular, como Los Millares, y en los que con frecuencia aparecen tholos.

Cobre Pleno (3000-2600 a.C). Es el período de apogeo de la Cultura de Los Millares. Se amplían las murallas del poblado y se construyen los primeros fortines, lo que puede interpretarse como una muestra de una organización social compleja que controlaba las redes de distribución de objetos valiosos, bienes de prestigio y materiales exóticos, como el marfil o los huevos de avestruz.

Huevo de avestruz. Museo arqueológico de Huelva.

Cobre Tardío (2600-2400 a.C). Es el momento de máximo desarrollo de las fortificaciones y de la llegada de los primeros vasos campaniformes, que serán ampliamente difundidos a través de las redes de circulación existentes.

Cobre Final (2400-2200 a.C). Probablemente debido a conflictos bélicos y a desastres naturales, se produce un drástico descenso demográfico y a finales de este período tiene lugar el abandono de Los Millares y comienzan los primeros asentamientos de la Cultura del Argar.

Por lo que se refiere al resto de la Península Ibérica, la metalurgia del cobre es más tardía y ligada al fenómeno campaniforme.

El tholos de El Romeral es una muestra tardía de la Cultura de Los Millares, ya que fue construido a principios de la Edad del Bronce. La construcción de megalitos en Andalucía finalizará por completo hacia el 1600 a.C, con la adopción de nuevos ritos de enterramiento, por lo que en esta etapa de la Edad del Bronce sólo se producen reutilizaciones de este tipo de sepulcros.