miércoles, 1 de mayo de 2013

Muíños de O Folón y O Picón (O Rosal)


El Concello de O Rosal se encuentra en la comarca del Baixo Miño, limitando al N con el Concello de Oia, al S con A Guarda, al E con Tomiño y al O con el Océano Atlántico en sus 3 km de costa. Su extensión es de algo más de 41 km2 en los que vive una población de unos 6500 habitantes distribuidos en cuatro parroquias: Santa Mariña do Rosal, San Miguel de Tabagón, San Xoán de Tabagón y San Bartolomeu das Eiras. Sus principales montes son el Torroso, Campo do Couto, A Valga, Lousado y As Bornas. En cuanto a los ríos el más importante es el Tamuxe o Carballas, que desemboca en el tramo final del Miño en el lugar de Pías (San Miguel de Tabagón).


El valle de O Rosal es una zona rica en restos prehistóricos, principalmente de castros anteriores a la época romana. En uno de ellos se encontró una svástica descubierta por Francisco Portela en el lugar de Martín.

Pero sin duda el enclave más conocido de O Rosal es el conjunto etnográfico de los Muíños de Folón y Picón, en los lugares de Martín y Picón de la parroquia de Santa Mariña. En este paraje situado en las empinadas laderas del monte Campo do Couto corre el río Cal, afluente del Tamuxe, el cual ha sido encauzado para aprovechar su energía formando los regatos de Folón y Picón.


El conjunto está formado por sesenta y siete molinos hidráulicos divididos en dos vertientes: treinta y seis en las aguas del río Folón y otros treinta y uno en las del Picón. Es sin duda la mayor concentración de molinos hidráulicos de toda Galicia, lo que muestra la importancia que tenían para la economía del Baixo Miño.


La mayor parte de los molinos datan de los siglos XVIII y XIX, aunque existen referencias de su existencia ya en el siglo XVII. 


Durante mucho tiempo se pensó que su construcción se debió originalmente a los monjes del Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Oia, pero en la extensa bibliografía sobre el monasterio no aparece ningún documento que lo atestigüe, lo que hace pensar que probablemente su edificación se debiera a los vecinos más pudientes de las juradías de Fornelos y Martín. Las juradías constituían una forma de organización y distribución de la población durante la Edad Media, que incluían varios caseríos integrados en parroquias.


En el año 1991 los alumnos de la Casa de Oficios de O Rosal comenzaron los trabajos de rehabilitación de los molinos de “Rogelio” y “A Duca”. En el año 1996 la Escuela Taller del Concello de O Rosal comenzó la rehabilitación de los Muíños de Folón, que se hallaban totalmente abandonados. 



Actualmente los molinos están cedidos por sus propietarios al Concello de O Rosal para su explotación turística durante un período de veinticinco años.


Los molinos de Folón y Picón fueron declarados en 1998 Bien de Interés Cultural (BIC) por la Xunta de Galicia y en el año 2003 recibieron el premio Agader al embellecimiento del medio rural. Además este recorrido ha sido homologado por la Federación Gallega de Montañismo como ruta de senderismo PR-G 94.


Todo el conjunto puede ser visitado siguiendo una ruta circular de unos 3,5 km y 205 m de desnivel, que comienza en el aparcamiento de “Ponte das Penas” donde se encuentran los muíños de Padín. Desde aquí parte un sendero a la izquierda que lleva a los muíños de Folón y otra a la derecha que conduce a los de Picón.


Al lado del aparcamiento está el Muíño das Laxes que se ha acondicionado como oficina de información turística  en la que nos facilitarán información sobre la zona y si hay suficiente agua podemos ver una demostración del proceso de molienda del maíz y el trigo.


De manera muy esquemática voy a explicar el funcionamiento de un molino hidráulico. El primer paso consiste en desviar el agua del río mediante un canal que abastece al molino. 


El agua pasa por unos conductos inclinados que aumentan su presión y llega a la parte denominada inferno, situada bajo el suelo del molino y en la que se encuentra el rodicio y los demás mecanismos. 


El rodicio es una rueda provista de paletas que son movidas por la fuerza del agua y transmiten su giro a un eje vertical de hierro llamado vara.


La vara es la encargada de mover la muela superior o móa sobre la inferior o , que está fijada al suelo del molino. Ambas muelas se encuentran en la parte superior, en donde está el tremiñado que es la parte del piso del molino donde cae la harina. 


Una vez que ha pasado por el molino, el agua vuelve otra vez al río por un cauce y es aprovechada por el siguiente molino situado más abajo.


El grano que se va a moler primero se limpia y luego se humedece, para posteriormente meterlo en un cajón con forma de embudo llamado moega. Aquí  el grano se mueve de un lado a otro siguiendo el ritmo de la molienda y va cayendo por un canalillo de palo llamado quenlla que lo dirige hasta el orificio central de la muela superior, llamado ollo da móa. De la moega cuelga el palitroque, una pequeña pieza de madera que está en contacto con la móa y que agita la quenlla permitiendo que los granos vayan cayendo en el ollo da móa.

La cantidad de grano que cae entre las muelas y la finura de la harina se regula mediante el aliviadoiro, un palo que permite subir o bajar el puente sobre el que pivota el rodicio y toda la maquinaria del molino. Tanto la moa como la muela inferior  tienen unos surcos en sus caras de fricción, mediante los cuales se consigue una mejor molienda del grano, con lo que la harina obtenida será más fina y saldrá con mayor facilidad a través de un agujero abierto en la estructura de madera que cubre las muelas, cayendo sobre el tremiñado. Las muelas requieren un mantenimiento consistente en el picado de los surcos con un martillo, para retirar la pasta que puede formar el grano húmedo y que se denomina óleo. Para poder hacerlo es necesario elevar la móa mediante una cabria o potro.

Una vez realizada esta descripción del proceso de molienda que podemos contemplar al principio del recorrido, comenzamos la ruta por el sendero que sigue el regato de Padín.


Cruzando un puente de madera llegamos a los Muíños de Padín.


Proseguimos nuestro camino y cruzando un pequeño puente de madera llegamos a un lugar de gran belleza.



Nos encontramos en los Muíños de Maceira.



Subiendo un poco más comenzamos a ver los primeros Muíños de Folón situados en la Chan de Martín.




Poco más arriba podemos ver los molinos que hemos dejado atrás, con el río Miño y Portugal al fondo.



Aquí cruzamos otro puente de madera situado al lado de una fervenza o cascada.



Estamos ya en el sector superior de los muíños de Folón, en la Chan de Cereixeira.


Los molinos son de mampostería y planta cuadrada o rectangular con cubierta a una sola agua. Los veintidós molinos del tramo superior de Folón están dispuestos en forma de escalera o cascada, de modo que el agua pasa de unos a otros para un mejor aprovechamiento de su fuerza motriz.  


En los dinteles, jambas y paredes de algunos muíños aparecen marcas en las piedras realizadas por los canteros y por los propietarios.


Entre algunas de sus características, podemos citar que el molino nº 1 es el mayor de todo el conjunto; el molino nº 5 tiene un alpendre para guardar caballerizas; el molino nº 7 continúa en activo; el molino 11 es el más antiguo (1702); el molino 16 data de 1715; el molino nº 21 muestra grabadas en una de sus jambas una cruz y un cáliz.


Antes de llegar al alto encontramos un mirador desde donde podemos contemplar los muíños de Maceira, la fervenza y los dos tramos de los muíños de Folón.


Entre el mirador y el alto se suceden los molinos en una zona de ladera cubierta de agua por la que corren varios regatos.



Una vez alcanzado el Alto dos Olleiros disfrutaremos una panorámica de gran belleza del Valle de O Rosal, el Miño, Portugal y el Monte Santa Trega al fondo.


En el Alto dos Olleiros es donde se dividen las aguas del río Da Cal formando los regatos de Folón y Picón. Para evitar las disputas entre los vecinos se construyó una arqueta denominada  nivel, que permitía repartir las aguas de las dos cuencas en partes iguales.


Desde el Alto dos Olleiros podemos acercarnos a la Capela de San Martiño.


Después comenzamos el descenso que nos conducirá a los treinta y un Muíños de Picón, siguiendo el camiño de San Martiño.



El camino discurre por el medio de un pinar en el que uno tras otro se suceden los molinos.



Este trayecto es de una gran belleza con unos lugares sumamente pintorescos.




En algunos de los molinos vemos pilas talladas en la roca y que servían de abrevaderos y comederos para los animales.



El camino de San Martiño es una antigua vía empedrada por donde transitaban los carros de bueyes que transportaban el grano, dejando grabadas sobre las rocas las marcas de sus ruedas. Cada 11 de noviembre suben por este camino las personas que van en romería a la Capela de San Martiño.


Una vez finalizado el descenso llegaremos al aparcamiento desde donde comenzamos la ruta.