El santuario galaico-romano dedicado al dios Lar Berobreo es uno de los yacimientos arqueológicos más singulares del noroeste peninsular, debido a la abundancia de altares votivos, todos ellos consagrados a la misma deidad.
El santuario se situaba en la cumbre del Monte do Facho (189 m), en el lugar de Donón (parroquia de San Andrés do Hío, Cangas), en la costa de Soavela, al final de la península de O Morrazo y frente a las Islas Cíes.
La ocupación más antigua conocida del monte corresponde a un asentamiento del Bronce Final localizado en la ladera sur. A esta fase pertenecen restos cerámicos datados entre los siglos IV y VII a.C. Posteriormente, durante la Edad del Hierro II (siglo IV a.C.), se construyó un castro que ocupaba las laderas norte y noroeste, a unos 157 m de altitud. Este poblado contaba con dos murallas, un pequeño foso y un terraplén, y estuvo habitado hasta finales del siglo I a.C. En el exterior del castro se localizaron dos vertederos o concheiros.
En época romana, en la primera mitad del siglo I d.C., se produjo el abandono del poblado, y en el siglo II d.C. se erigió un santuario galaico-romano que fue utilizado hasta los siglos IV-V d.C., con un momento de mayor actividad entre los siglos III y IV d.C.
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| Recreación del entorno original del santuario. |
Para su construcción se desmontaron viviendas abandonadas del castro con el fin de habilitar el espacio. El santuario contaba con un edificio central de planta ovalada, con cubierta de madera y paja y muros recubiertos con un revoco de barro, arena y arcilla, aplicado tanto en el interior como en el exterior de las paredes.
Al sur de este edificio se localizaba un estanque cuya relación con el santuario no está clara, ya que podría corresponder también a una fase anterior, posiblemente del siglo IV a.C.
El área de culto estaba formada por un conjunto denso de al menos 82 estelas, aras votivas y altares. Algunas de estas piezas aparecieron caídas en su emplazamiento original o muy cerca de él. Muchas se fracturaron al caer, en parte por la fragilidad del material, lo que ha permitido recomponerlas a partir de sus fragmentos. Otras parecen haber sido fracturadas de forma intencionada, posiblemente como parte de algún tipo de ritual.
La práctica totalidad de las estelas y aras está realizada en granito local, granulado y con presencia de cuarzo, gneis y mica, lo que dificultaba su tallado y favorecía su rotura a lo largo de las vetas de cuarzo.
Las estelas presentan tamaños variados y estaban fijadas al terreno mediante cuñas, situándose a escasa distancia unas de otras. De clara inspiración romana, muestran un grado de acabado desigual: algunas están bien trabajadas, mientras que otras resultan más toscas. En su parte superior presentan decoración con símbolos, pequeñas cavidades destinadas a las ofrendas y salientes redondeados, concentrándose estos elementos en la cara frontal, mientras que la posterior tiene un acabado más basto.
Las aras del santuario de Berobreo se clasifican habitualmente en cuatro grupos. El primero reúne piezas de forma típicamente romana, con pie marcado, cuerpo prismático de menor grosor y cabecera amplia, decorada con molduras sencillas y rematada por salientes laterales redondeados (pulvini) y una cavidad superior (focus). El segundo grupo incluye aras con pie definido y con el cuerpo y la cabecera decorados con molduras variadas, que presentan focus sobre una base prismática con cilindros laterales. El tercer grupo lo componen aras de cuerpo prismático y muy alargado, con un acabado rudimentario, que terminan en una cabecera piramidal decorada y rematada por un pequeño focus. En la primera campaña de excavación, la mayor parte de las piezas halladas correspondía a este último grupo.
Por último, un cuarto grupo está formado por placas delgadas trabajadas únicamente en su cara frontal.
Resulta difícil determinar si existía más de un taller encargado de la elaboración de los altares del santuario. Se supone que el cantero disponía de varios modelos de aras ya preparados, con ornamentación e inscripciones, entre los que el dedicante elegía el que más le gustaba y, en todo caso, introducía alguna ligera modificación. Tampoco se sabe cuándo comenzaron a añadirse los epígrafes en latín. En casi todas las estelas la inscripción es siempre la misma: DEO LARI BERO BREO ARAM POSVI (“Al dios Lar Berobreo puse o dediqué este altar”). Apenas se registran excepciones a este texto común, aunque en ocasiones se añade la fórmula PRO SALVTE.
Todas las inscripciones están redactadas en primera persona del singular y, a diferencia de lo habitual en las estelas galaico-romanas, salvo en dos casos, las dedicatorias son anónimas. Esto sugiere que fueron consagradas por una familia extensa o un clan con identidad propia dentro de la comunidad, por lo que no era necesario explicitarla.
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| Inscripción: Deo Lario Breo Bro {s}an(c)to. |
La presencia de fragmentos de vidrio y restos de ánforas bajo algunas aras sugiere la realización de ofrendas rituales en el momento de su colocación. Los materiales recuperados en el santuario se sitúan principalmente en los siglos III y IV d.C., e incluyen monedas, fragmentos cerámicos, vidrio y objetos metálicos de uso cotidiano, lo que indica la presencia de una población sin grandes recursos económicos y con una vida humilde.
En el santuario se rendía culto únicamente al dios Lar Berobreus, un nombre local o étnico que sólo aparece documentado en este lugar en toda la epigrafía latina de la Península Ibérica. Puede interpretarse no como un antropónimo, sino como un topónimo formado por bero (de significado desconocido) y bri, que significa colina o castro, por lo que podría tratarse de un personaje que daba nombre al lugar. No obstante, existen otras interpretaciones que plantean que Breus podría ser un nombre propio. Por ello, el santuario de O Facho constituiría un caso único de lararium en el que se adoraba a un solo dios, considerado el amo y protector del lugar y de sus gentes.
Este santuario tenía carácter público. Cuando los oferentes llegaban al lugar podían levantar un nuevo altar o acudir al que estaba vinculado a su familia o clan, donde relizaban los ritos y depositaban sus ofrendas. No se sabe si estas prácticas se llevaban a cabo únicamente en altares individuales o si existía también un espacio común destinado a ellas. Al tratarse de altares votivos, pertenecían a quienes los habían dedicado al dios y, si así lo decidían, podían reutilizarlos para construir otros nuevos que sustituyeran a los anteriores.
Los ritos en los lararios públicos eran más comunitarios, visibles y periódicos que los domésticos, aunque mantenían una estructura sencilla. Comenzaban con la limpieza del santuario, se colocaban ofrendas sobre las aras y en ocasiones se decoraba con guirnaldas vegetales. Las ofrendas podían consistir en pan, cereales, frutos secos, incienso y libaciones de vino o leche vertidos directamente sobre el altar o el suelo. A continuación se realizaba una invocación mediante una fórmula breve, normalmente dirigida por algún vecino, en la que se pedía a la deidad que velara por la salud y el bienestar de la comunidad, una buena cosecha, la seguridad del ganado o la protección durante los viajes.
Tras siglos de abandono, el Monte do Facho fue utilizado entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX como puesto militar de vigilancia costera, del que se conserva la garita que ha llegado hasta nuestros días como un elemento emblemático de este lugar.
Bibliografía
Juan Carlos Búa Carballo. Estudio lingüístico de la teonimia lusitano-gallega.
Michael Koch. El santuario dedicado a Berobreo en el Monte do Facho (Cangas, Galicia).
Thomas G. Schattner y José Suárez Otero. Altares votivos dedicados al dios lar Berobreus en el Monte do Facho (O Hío, Galicia). De lo formal a lo ritual.
Thomas G. Schattner, José Suárez Otero y Michael Koch. Monte do Facho, Donón (O Hío / Prov. Pontevedra). Informe sobre las excavaciones en el Santuario de Berobreo.
Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.




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