jueves, 19 de febrero de 2026

Asentamiento metalúrgico romano de Orellán (Borrenes)

 

El asentamiento metalúrgico romano de Orellán se encuentra a poco más de 3 km de la mina de oro de Las Médulas, cuya explotación comenzó durante el reinado de Augusto y alcanzó su apogeo en época de Trajano, entre finales del siglo I y principios del II, momento en el que llegó a ser la mina aurífera a cielo abierto más grande del Imperio romano.

Se estima que en Las Médulas trabajaban entre 2500-5000 indígenas astures y cántabros. Para garantizar a estos obreros el suministro diario de alimentos, útiles y herramientas, los romanos crearon un sistema de asentamientos auxiliares que se dedicaban a la producción agrícola, metalúrgica o al mantenimiento de la red de canales que llevaban el agua hasta las galerías de la mina.

Las Médulas desde el mirador de Orellán.

El mayor de los asentamientos metalúrgicos fue el de Orellán, creado en el siglo I d.C. Situado en un cerro en el que había una gran veta ferruginosa, en este poblado los romanos reubicaron a unos 150-200 astures que se dedicaban exclusivamente a la extracción y reducción del mineral de hierro para posteriormente fundirlo en hornos y fabricar herramientas.

El asentamiento se planificó en torno a una calle central con aceras situada en la parte baja de la ladera. A ambos lados de este eje se fueron construyeron las viviendas para los fundidores, herreros y sus familias. La veta de hierro se encontraba en la ladera contraria y en ella se volcaba la abundante escoria que producían los hornos de fundición, los cuales se situaban en la parte más elevada del cerro. La magnitud de la escoria hallada nos permite hacernos una idea del volumen de hierro que se fundió en estos hornos.

Si bien las primeras viviendas del poblado seguían el modelo castreño de residencia principal con dependencias adosadas, posteriormente se empezaron a construir de acuerdo al diseño romano de casas de planta cuadrada con división interior en habitaciones. 

Las viviendas tenían paredes de arcilla compactada y encofrada, tenían zócalos de piedra para protegerlas de la humedad y sus tejados estaban hechos de madera, lajas de pizarra y paja.

A diferencia de lo que sucedía en los castros indígenas, todos estos asentamientos romanos no disponían de defensas, como fosos o murallas, al no ser necesarias y para evitar que pudieran ser utilizadas en caso de una revuelta. Para custodiar la mina de Las Médulas, alrededor del año 74 se estableció en León la Legio VII Gemina, que había sido creada el 10 de junio del 68 y que estaba formada por nativos hispanos. 


Bibliografía

Almudena Orejas Saco del Valle. Arqueología de los paisajes mineros antiguos en la Península Ibérica.

F. Javier Sánchez-Palencia y M.ª Dolores Fernández-Posse. Las Médulas como paisaje cultural. itinerarios por el parque arqueológico.

Marcos Villahoz Ladrón. La minería del oro en el noroeste de la peninsula ibérica: Las Médulas.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

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