El castro de Viladonga se alza sobre una colina a unos 535 metros de altitud en el municipio de Castro de Rei, a unos 23 kilómetros al noroeste de Lugo. Desde ese punto elevado en el valle inicial del río Miño se domina visualmente gran parte de la planicie oeste de la Terra Chá y las sierras de Monciro, Pradairo y Meira.
| Muralla y puerta este. |
Las excavaciones
Las excavaciones en Viladonga comenzaron en 1971 bajo la dirección de Manuel Chamoso Lamas. Durante los años siguientes, y hasta 1978, se sacaron a la luz la mayor parte de las estructuras actualmente visibles en el recinto central. Estas primeras campañas carecieron, en muchos casos, de registros detallados sobre la profundidad y el contexto exacto de los hallazgos, lo que ha dificultado posteriormente la interpretación de la gran cantidad de materiales arqueológicos recuperados.
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| Recreación digital del castro de Viladonga (IA). |
A partir de 1982, Felipe Arias Vilas asumió la dirección de los trabajos y bajo su dirección se realizaron nuevas campañas de excavación en 1988, 1989, 1990, 1992 y 1996, además de los trabajos anuales de limpieza y consolidación. A partir de la segunda mitad de los años noventa, las excavaciones fueron encargadas también a empresas de arqueología, como Terra Arqueos, que trabajaron en zonas todavía no intervenidas. Más recientemente, en 2016, se llevó a cabo una nueva campaña en el tramo sudoeste de la calle principal del recinto central.
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| Reconstrucción digital del castro de Viladonga (IA). |
El Castro de Viladonga fue declarado oficialmente Bien de Interés Cultural (BIC) por la Xunta de Galicia en el año 2009. La delimitación del monumento abarca una superficie de 96.270 m², mientras que su entorno de protección se extiende sobre un área de 993.494 m², garantizando la preservación tanto del yacimiento como de su contexto paisajístico y arqueológico inmediato.
Estructura y organización del asentamiento
El asentamiento cuenta con un complejo sistema defensivo compuesto por parapetos y fosos, que rodean el poblado de forma concéntrica y protegen dos grandes áreas de expansión de aproximadamente 40.000 metros cuadrados en total. Las estructuras defensivas visibles fueron levantadas principalmente con mampostería de esquisto.
| Muralla y puerta este. |
El sistema defensivo principal está constituido por un terraplén de tierra que alcanza entre doce y catorce metros de desnivel respecto al foso y que delimita un recinto interior protegido por estructuras murarias de pizarra. A sus pies se desarrolla un foso perimetral que rodea prácticamente todo el asentamiento, con la excepción del sector occidental, donde se localiza el antecastro.
| Puerta oeste. |
En los flancos noreste y suroeste se repite hasta en tres ocasiones la secuencia formada por muralla y foso, mientras que en el sector meridional la fuerte pendiente natural del terreno fue aprovechada para articular una serie de recintos escalonados que descienden hacia las zonas más bajas del entorno.
La acrópolis se localiza en el recinto central del castro y constituye el sector mejor conservado y de mayor densidad de ocupación del asentamiento. Este espacio, delimitado por una muralla de tierra reforzada interiormente mediante un paramento pétreo, encierra una superficie aproximada de 10.000 m². Su planta presenta una configuración cuadrangular con esquinas redondeadas y unas dimensiones de 95 × 100 metros en sus ejes principales.
En la acrópolis se concentraban la mayor parte de las estructuras habitacionales: viviendas de planta circular y rectangular, posibles almacenes o talleres, espacios de uso comunitario y dos calles principales que se cruzan aproximadamente en dirección norte-sur y este-oeste, además de un camino interior paralelo a la muralla.
| Muralla y aljibe. |
Las dos zonas de expansión se desarrollaron fuera del perímetro amurallado principal, lo que indica que el poblado creció con el tiempo superando sus límites originales.
Todos estos edificios estaban construidos con pizarra o piedra esquistosa y, en ocasiones, incorporaban grandes cantos rodados en los cimientos y en los ángulos de las estructuras.
Las construcciones de planta circular o con paredes curvas se cubrían con techumbres vegetales de paja o césped, mientras que las edificaciones cuadrangulares con muros rectos utilizaban tejas de tradición romana (tégulas e ímbrices), muy abundantes entre los materiales recuperados en el yacimiento.
Cronología del castro de Viladonga
El estudio de los materiales cerámicos recuperados durante las excavaciones ha permitido establecer una secuencia de ocupación diferenciada para las distintas áreas del castro. El sector noreste del recinto central parece tener los niveles más antiguos, quizás del siglo I de nuestra era. Los materiales allí recuperados incluyen tipos altoimperiales junto a otros más tardíos, lo que sugiere una ocupación prolongada que podría abarcar desde el siglo I hasta el V.
Una de las cuestiones que más debate ha generado entre los investigadores es la de cuándo comenzó a habitarse Viladonga. Desde los primeros trabajos se barajó la posibilidad de que el castro tuviera una ocupación anterior a la conquista del noroeste peninsular por parte de Roma. Esta hipótesis se apoyaba en la aparición, en las zonas más profundas del yacimiento, de materiales cerámicos de aspecto antiguo y de algunos restos estructurales muy deteriorados que parecían previos a las construcciones principales. Las dataciones radiocarbónicas obtenidas en la campaña de 1988-1989, realizadas sobre carbones asociados a los sistemas defensivos del lado este del castro, apuntan a una actividad en el lugar desde al menos el primer tercio del siglo I antes de Cristo.
Lo que parece claro es que la fase de máximo desarrollo del asentamiento corresponde a la época bajoimperial, entre finales del siglo II y el siglo V d. C., es decir, durante la etapa galaico-romana tardía. Es entonces cuando el castro alcanzó su mayor extensión, con la ocupación de las zonas de expansión situadas fuera del recinto amurallado principal, y cuando los restos arqueológicos muestran una presencia más clara de elementos romanos junto a las tradiciones locales.
Materiales arqueológicos recuperados
El repertorio material documentado es muy amplio y heterogéneo, predominando las cerámicas indígenas y romanas. También se han recuperados materiales quedos permiten identificar distintas actividades relacionadas con la agricultura cerealista y en la producción doméstica de tejidos.
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| Fusayolas de piedra y barro. |
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| Tabula latrunculata. |
Entre los materiales más destacados del yacimiento figuran varias joyas, como una arracada y dos torques de oro.
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| Arracada de Viladonga. |
Uno de los torques de Viladonga fue descubierto en 1911 y se conserva en el Museo Provincial de Lugo.
El segundo apareció durante la campaña de excavaciones arqueológicas desarrollada en 1972.
Otra de las piezas recuperadas en la campaña de 1972 es un singular hacha de talón con cuatro anillas laterales. La pieza presenta un rebaje de sección cuadrangular a la altura de las anillas, mientras que el filo se encuentra fracturado en uno de sus extremos. Su composición metálica, basada en una aleación de cobre y estaño, probablemente incorporó también una proporción significativa de plomo, circunstancia que podría explicar su elevado peso, estimado en 635 gramos.
También se documentaron una cucharilla, fragmentos de teja con sellos y un ponderal con inscripciones griegas. La presencia de estos testimonios epigráficos debe interpretarse dentro de un contexto general en el que funcionarios, comerciantes, militares, esclavos y libertos procedentes de regiones orientales difundieron la lengua griega y determinadas prácticas culturales por numerosos territorios del Imperio.
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| Aplique de bronce con cabeza humana. |
El yacimiento ha proporcionado además un conjunto numismático integrado por monedas de oro, plata y bronce fechadas entre los siglos IV y V d. C.
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| Tesoritos con monedas de bronce. |
Las excavaciones de 2025 sacaron a la luz la primera moneda de la serie denominada caetra hallada en el yacimiento: un as romano con la representación de Augusto en el anverso y una caetra en el reverso.
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| Sestercio con caetra. |
Conclusiones
El Castro de Viladonga es un asentamiento galaico-romano de cronología bajoimperial, con la actividad mejor documentada en los siglos IV y V d. C. Su estudio continúa contribuyendo de forma significativa al conocimiento de cómo vivieron las comunidades del noroeste peninsular durante los primeros siglos de nuestra era, período en que las comunidades castreñas convivieron con la administración y la cultura romana tras la conquista del territorio.
Su arquitectura muestra unidades habitacionales en pizarra con organización funcional interna reconocible y grados variables de complejidad espacial. Los materiales incluyen cerámica de mesa e imitaciones de producciones romanas, vajilla de vidrio, objetos de adorno personal, útiles de trabajo y monedas del siglo IV.
La principal cuestión aún no resuelta es la posible existencia de una fase de ocupación anterior a la conquista romana. Los datos actuales no la confirman ni la descartan de forma definitiva, y su resolución dependerá de futuras excavaciones con metodología estratigráfica rigurosa. Asimismo, el análisis de la diferenciación social interna del asentamiento es una línea de investigación que futuros estudios deberán desarrollar.
AUTORÍA Y TRATAMIENTO DEL MATERIAL GRÁFICO
Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.
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