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jueves, 19 de marzo de 2026

Petroglifos de Coto do Corno y de Chan da Cruz (Redondela)

 

Los petroglifos de Coto do Corno y de Chan da Cruz se sitúan en el monte Penide (Redondela. Pontevedra). El acceso puede realizarse partiendo de la necrópolis de Chan da Cruz, desde donde se continúa por un camino de tierra que conduce hasta unas líneas del tendido eléctrico.

Si se sigue hacia la izquierda, se alcanza la roca denominada Chan da Cruz; por el contrario, tomando el camino de la derecha, en dirección este hacia Cedeira, se localiza el conjunto de petroglifos de Coto do Corno.

Coto do Corno (42º16´15.44´´N, 8º37´51.56´´O) se halla a unos 411 m de altitud, en una zona de gran desnivel desde la que se divisa el área intermareal formada en la desembocadura de los ríos Maceiras y Alvedosa. 

Podemos distinguir dos grupos.

Grupo I. Compuesto por dos rocas. En la primera vemos una gran combinación de siete círculos concéntricos de unos 70 cm de diámetro, con cazoleta central y varias coviñas más pequeñas. A su lado hay un círculo con numerosas coviñas en su interior, una figura oval con once cazoletas y otros dos círculos. 

En una roca situada al lado de la anterior hay dos molinos naviculares que se orientan en dirección N-S y E-O respectivamente. La función de este tipo de molinos no está clara y se supone que podrían valer para moler grano, minerales, colorantes para decorar el cuerpo o sustancias psicotrópicas empleadas en rituales.

En la misma roca aparece la única representación de un animal conocida en el monte Penide. Debido a su desgaste es dificil saber si se trata de un cérvido, un bóvido o un cáprido. A su lado también podemos observar un círculo simple.

Grupo II. Emplazado al lado de una torre de alta tensión, ha sido destruido en parte debido a las obras de construcción del tendido eléctrico y sólo se conservan tres rocas. 

En una roca vemos dos círculos concéntricos de unos 30 cm de diámetro con nueve coviñas en su interior y varias cazoletas más. 

En otra hay varios trazos irregulares con cazoletas en su interior y en la última vemos dos círculos concéntricos con numerosas coviñas.

Para llegar al siguiente grupo de grabados tenemos que volver sobre nuestro pasos, subiendo el monte hasta llegar al cruce donde empezamos y esta vez, seguiremos el camino que lleva hacia el área recreativa de Poza da Lagoa. 

A los pocos metros nos desviamos a la derecha y llegamos a la roca denominada Chan da Cruz (42º16´05.36´´N, 8º38´ 15.82´´O), situada a unos 453 m de altitud sobre el nivel del mar y desde la que se domina el enclave que ocupan los túmulos de la necrópolis. 

Los motivos que aparecen representados son sobre todo combinaciones circulares con cazoletas en su interior, pequeñas coviñas y un diseño cuadrangular a modo de tablero. 

También hay numerosas cruces, una de las cuales es mucho más grande y profunda. Resulta evidente que esta cruz fue grabada en tiempos plenamente históricos. 
Por desgracia la superficie de esta roca está deteriorada. Actualmente es frecuente ver motos de cross circulando sobre ella, sin que nadie tome medidas al respecto. 

Para ampliar la información sobre los yacimientos arqueológicos de Monte Penide, pueden consultarse otros artículos relacionados disponibles en este mismo blog, cuyos enlaces se indican a continuación:

Necrópolis megalítica de Monte Penide.

https://oestrymnio.blogspot.com/2013/03/monte-penide-necropolis-megalitica-y.html

Petroglifos de Porteliñas.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-portelinas-redondela.html

Petroglifos de Poza da Lagoa.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-poza-da-lagoa.html



Bibliografía

F. J. Costas Goberna y P. Nóvoa Álvarez. Los grabados rupestres de Galicia.

A. De la Peña Santos y J.M. Rey García. El espacio de la representación. Una perspectiva territorial para el arte rupestre galaico.

A. De la Peña Santos. El grupo galaico de arte rupestre.

R. Fábregas Valcarce, L. X. Carballo Arceo y V. Villoch Vázquez. Petroglifos y Asentamientos: El caso de Monte Penide (Redondela Pontevedra). 

A. Martínez Cortizas, R. Fábregas Valcarce, S. Franco Maside. Evolución del paisaje y actividad humana en el área de Monte Penide (Redondela Pontevedra).


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Petroglifos de Porteliñas (Redondela)

 

Los petroglifos de Porteliñas se localizan en las inmediaciones de la Poza da Lagoa, en la ladera NNO del monte Penide, en un emplazamiento estratégico dentro de las rutas naturales de descenso hacia la ría.
El enclave se inscribe en un relieve caracterizado por la alternancia de fuertes pendientes y áreas llanas, donde se acumulan las aguas procedentes de los arroyos que descienden desde lo alto del monte.
Vista de la ría de Vigo desde Porteliñas.
Se trata de grabados de círculos sencillos con coviñas en su interior, círculos concéntricos, pequeñas cazoletas y molinos naviculares.
Este grupo de petroglifos se ubica en un repecho de un camino que une la costa con la cima del monte.
Por su situación en una ladera muy empinada no parece que la función de los molinos fuera triturar grano, ni tampoco parece un lugar idóneo para moler minerales antes de ser fundidos.
Porteliñas es un excelente mirador sobre la ría desde el que se puede contemplar la puesta del sol, por lo que es posible que este lugar fuera elegido para realizar rituales chamánicos o iniciáticos y que los molinos se utilizaran para triturar colorantes con los que pintarse el cuerpo (carbón de madera, ocre, arcilla) o plantas con efectos psicotrópicos (semillas de estramonio, belladona, mandrágora, beleño negro...).
Para ampliar la información sobre los yacimientos arqueológicos de Monte Penide, pueden consultarse otros artículos relacionados disponibles en este mismo blog, cuyos enlaces se indican a continuación:

Necrópolis megalítica de Monte Penide.

https://oestrymnio.blogspot.com/2013/03/monte-penide-necropolis-megalitica-y.html

Petroglifos de Coto do Corno y de Chan da Cruz.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-coto-do-corno-y-de-chan.html

Petroglifos de Poza da Lagoa.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-poza-da-lagoa.html


AUTORÍA Y TRATAMIENTO DEL MATERIAL GRÁFICO
Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.



BIBLIOGRAFÍA

F.J. Costas Goberna y P. Nóvoa Álvarez. Los grabados rupestres de Galicia.

A. De la Peña Santos y J.M. Rey García. El espacio de la representación. Una perspectiva territorial para el arte rupestre galaico.

A. De la Peña Santos. El grupo galaico de arte rupestre.

R. Fábregas Valcarce, L. X. Carballo Arceo y V. Villoch Vázquez. Petroglifos y Asentamientos: El caso de Monte Penide (Redondela Pontevedra). 

A. Güimil-Fariña y M.Santos-Estévez. Territorialidad en la Edad del Bronce del noroeste de la Península Ibérica.

A. Martínez Cortizas, R. Fábregas Valcarce, S. Franco Maside. Evolución del paisaje y actividad humana en el área de Monte Penide (Redondela Pontevedra).


miércoles, 18 de marzo de 2026

Petroglifos de Poza da Lagoa (Redondela)

 

El área de la ría de Vigo constituye uno de los principales focos de arte rupestre de Galicia, con más de trescientos conjuntos documentados. Este conjunto presenta rasgos específicos dentro del panorama galaico, entre los que destacan la relativa escasez de motivos zoomorfos y la notable abundancia de representaciones de armas. 

Las representaciones de armamento en los petroglifos gallegos se concentran fundamentalmente en el ámbito de las Rías Baixas, si bien se conocen algunos ejemplos aislados en el interior de Galicia, como el de Castriño de Conxo (Santiago de Compostela). En el entorno inmediato de la ría de Vigo se han identificado al menos cinco estaciones con representaciones de armas —Auga da Laxe (Gondomar), Laxe de Sárdoma (Vigo), Poza da Lagoa (Redondela), Laxe da Chan (Cangas) y Os Mogüelos (Cangas)—, que comparten, además de su proximidad al litoral, una clara relación visual con el mismo, lo que refuerza la interpretación de estos enclaves dentro de un paisaje simbólico articulado en torno a la costa.

Los petroglifos de la Poza da Lagoa se localizan en la ladera NNO del monte Penide, en un emplazamiento estratégico en las rutas naturales de descenso hacia la ría. El enclave se inserta en un relieve caracterizado por la alternancia de fuertes pendientes y áreas llanas, en las que se produce la acumulación de las aguas procedentes de los arroyos que descienden desde el monte.

En este enclave se han documentado al menos once paneles con petroglifos, distribuidos en tres grupos diferenciados:

Grupo I. Integrado por cinco rocas, en las que se identifican una figura cuadrangular, varios círculos concéntricos con cazoletas en su interior y un conjunto de diseños cruciformes. Estos últimos presentan surcos en “V”, rasgo que indica una cronología claramente posterior al resto de las representaciones, probablemente de época medieval y, tal vez, relacionada con la delimitación de parroquias.

Grupo II. Es el conjunto de petroglifos más importante de todo el monte Penide y está formado por tres rocas.
Roca 1. Los motivos que aparecen representados son una espada con empuñadura, otra incompleta, lo que pudiera ser una alabarda y dos cazoletas.

Roca 2. Presenta un conjunto de motivos de carácter abstracto, definidos por varias líneas irregulares que se unen, junto con la representación de dos alabardas, dos círculos concéntricos y al menos siete cazoletas.

Roca 3. Esta roca contiene los petroglifos más emblemáticos del yacimiento. Se trata de un grupo de armas formado por al menos cinco alabardas, cuyos ástiles presentan longitudes comprendidas entre 40 y 75 cm, con hojas de aproximadamente 20 cm. Se identifican asimismo seis espadas o puñales, entre los que destaca una daga con empuñadura definida y hoja triangular, de aproximadamente 50 cm de longitud y 25 cm de anchura. Junto a estas representaciones se documentan otros motivos de menor definición. 

Grupo III. Se halla a unos 20 m al S del grupo II. Aparecen grabados una composición circular de coviñas, dos espadas cortas enmangadas y varias cazoletas. 


En el conjunto de Poza da Lagoa se observa una clara organización espacial de los motivos grabados. Los diseños de mayor complejidad se disponen sobre afloramientos rocosos desde los que se dominan visualmente las zonas húmedas de la ladera, así como las rutas naturales de acceso a las mismas. Por el contrario, los grabados más simples ocupan posiciones periféricas, en ocasiones próximos a senderos que descienden por la ladera. En relación con los materiales arqueológicos asociados, los restos cerámicos y líticos documentados en las inmediaciones se concentran en áreas directamente vinculadas con los petroglifos de carácter abstracto. En contraste, no se han registrado hallazgos en las proximidades de los paneles con representaciones de armamento, lo que podría indicar una diferenciación funcional y simbólica entre ambos tipos de espacios dentro del conjunto.

Los grandes paneles con representaciones de armas, adscritos cronológicamente a la transición entre el III y el II milenio a. C., han sido interpretados como posibles espacios de reunión en los que grupos de guerreros desarrollarían prácticas rituales, quizá de carácter iniciático o vinculadas a la preparación de enfrentamientos. Estos enclaves habrían desempeñado, por tanto, un papel significativo como elementos de cohesión social dentro de las comunidades que los generaron.

Recreación IA de un ritual masculino en Auga da Laxe (Gondomar).

En las superficies grabadas se materializa una ideología de la guerra que actuaría como legitimadora de determinadas formas de poder y de la propia comunidad que participa en estos rituales de agregación, probablemente con un marcado componente religioso. Tales representaciones no solo remitirían al grupo de guerreros, sino al conjunto de la comunidad, funcionando como marcadores de identidad colectiva y como referencias simbólicas en la delimitación y uso del territorio. La roca, tanto como soporte gráfico como escenario ritual, podría haber servido para transmitir valores y normas sociales asociados, en gran medida, a la construcción de determinadas formas de masculinidad, incluyendo posibles ritos de iniciación y de tránsito a la edad adulta.

Estos conjuntos suelen emplazarse en lugares de amplia visibilidad, próximos a áreas relativamente llanas que facilitarían la congregación de individuos, aunque a menudo en espacios periféricos o marginales respecto a los ámbitos de ocupación cotidiana. Asimismo, cabe considerar su posible función como hitos territoriales.

En este contexto, puede plantearse la existencia de ceremonias de exaltación guerrera de carácter masculino, en las que esta iconografía actuaría como elemento de identificación interna del grupo y de diferenciación frente a comunidades vecinas. En cierta medida, podrían desempeñar funciones análogas a las de los tótems, estableciendo vínculos simbólicos entre los miembros de la comunidad y sus antepasados. Los rituales colectivos asociados a estos espacios habrían sido fundamentales para reforzar la identidad del grupo, coordinar la acción social y favorecer la cohesión ante eventuales situaciones de conflicto.

La presencia de grabados de armas, como los documentados en Poza da Lagoa, constituye un testimonio de la relevancia simbólica de las actividades asociadas al ámbito masculino, así como de la exhibición de poder y estatus. Este hecho se ve reforzado por la ausencia de otros objetos metálicos de uso cotidiano, como herramientas agrícolas o útiles domésticos.

Alabardas tipo "Carrapatas".

Desde una perspectiva religiosa, estas representaciones podrían interpretarse como manifestaciones de hoplolatría, es decir, la sacralización de las armas como elementos vinculados a divinidades o principios asociados a la ideología guerrera, fenómeno característico del final del Calcolítico y los inicios de la Edad del Bronce. En cualquier caso, la iconografía de Poza da Lagoa no implica necesariamente un contexto de conflicto permanente, sino que refleja, más bien, el prestigio social atribuido a lo bélico en estas comunidades.

Para ampliar la información sobre los yacimientos arqueológicos de Monte Penide, pueden consultarse otros artículos relacionados disponibles en este mismo blog, cuyos enlaces se indican a continuación:

Necrópolis megalítica de Monte Penide.

https://oestrymnio.blogspot.com/2013/03/monte-penide-necropolis-megalitica-y.html

Petroglifos de Porteliñas.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-portelinas-redondela.html

Petroglifos de Coto do Corno y de Chan da Cruz.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/petroglifos-de-coto-do-corno-y-de-chan.html



Autoría y tratamiento del material gráfico.

Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.



Bibliografía

Brandherm, D., y Moskal-del Hoyo, M. Las espadas en lengua de carpa: aspectos morfológicos, metalúrgicos y culturales.

Costas Goberna, F. J., y Nóvoa Álvarez, P. Los grabados rupestres de Galicia.

De la Peña Santos, A. El grupo galaico de arte rupestre.

De la Peña Santos, A. Las representaciones de alabardas en los grabados rupestres gallegos.

De la Peña Santos, A., y Rey García, J. M. El espacio de la representación. Una perspectiva territorial para el arte rupestre galaico.

Fábregas Valcarce, R., Carballo Arceo, L. X., y Villoch Vázquez, V. Petroglifos y asentamientos: el caso de Monte Penide (Redondela, Pontevedra).

Güimil-Fariña, A., y Santos-Estévez, M. Territorialidad en la Edad del Bronce del noroeste de la Península Ibérica.

Harris, M. Antropología cultural.

Harris, M. Introducción a la antropología general.

Martínez Cortizas, A., Fábregas Valcarce, R., y Franco Maside, S. Evolución del paisaje y actividad humana en el área de Monte Penide (Redondela, Pontevedra).

Pereira Martínez, X., Méndez Quintas, E., y Prieto Martínez, P. Los ídolos antropomorfos en el arte rupestre del noroeste peninsular: una revisión crítica a partir de nuevas evidencias.

Spencer, H. El hombre contra el Estado.

Vázquez Varela, J. M. Antepasados, guerreros y visiones.

Vázquez Varela, J. M. Aplicación de la teoría y método de análisis del arte prehistórico de C. Alonso del Real a Auga da Laxe (Gondomar, Pontevedra), roca con grabados de la Edad del Bronce en Galicia.

Vázquez Varela, J. M. El petroglifo de Auga da Laxe I (Gondomar, Pontevedra) y la sociedad del comienzo de la Edad del Bronce en el noroeste de la Península Ibérica.

Vázquez Varela, J. M. Los petroglifos prehistóricos de armas metálicas de Galicia en el contexto de la Península Ibérica, Europa y África.

sábado, 28 de febrero de 2026

Petroglifos de Auga da Laxe (Gondomar)

 

El Monte Galiñeiro se encuentra en la parte norte de la sierra del Galiñeiro, en la parroquia de Vincios del ayuntamiento de Gondomar, justo en el límite con los de Vigo y O Porriño. Se trata de una masa rocosa, sin apenas vegetación, que domina toda la comarca. Desde la cumbre se contemplan las rías de Vigo, Baiona, Pontevedra y Arousa; el valle del Fragoso y el valle del Miñor; Mos, Porriño y Ponteareas. 

En la ladera occidental del Monte Galiñeiro, muy cerca del campo de mámoas del Monte dos Arruidos, se localizan los petroglifos de Auga da Laxe, descubiertos en 1983 por miembros del Departamento de Prehistoria y Arqueología del Museo Municipal Quiñones de León de Vigo. Se trata de cuatro estaciones rupestres de las que destaca el grupo I, situado en un gran batolito granítico.
En la parte superior de esta gran roca hay una serie de piletas naturales de fondo plano, donde el agua queda retenida. Una vez que esto sucede comienzan los procesos de meteorización química y la pila se va haciendo más profunda y ancha, lo que genera una retroalimentación, ya que cuanto mayor es la pila, más agua retiene y más intensa será la meteorización química.
La cara sureste 10,30 x 4,60 m sobre la que aparecen grabadas veintiséis armas: once puñales o espadas cortas, una espada grande, seis alabardas enmangadas y ocho símbolos que según los distintos investigadores, pueden ser clasificados como ídolos, escudos, estandartes o representaciones esquemáticas de carros de guerra o votivos. 
Reconstrucción de los petroglifos de Auga da Laxe (IA).
En los otros grupos podemos encontrar más alabardas, puñales, un escutiforme, círculos y cazoletas. 
Estos petroglifos estuvieron en serio peligro de destrucción debido a las obras de prospección de una cantera, cuyas huellas pueden apreciarse en la roca de uno de los grupos.

Las representaciones de armas en los petroglifos de Galicia son básicamente características de las Rías Baixas, con algún otro ejemplo localizado hacia el interior, como en el caso de Castriño de Conxo (Santiago de Compostela). Las armas corresponden al equipamiento bélico de los guerreros de Europa Occidental en los primeros tiempos de la metalurgia (segunda mitad del III milenio a. C.), época que coincide además con el uso del caballo como montura.
Petroglifos de Castriño de Conxo.
Auga da Laxe I es uno de los mejores ejemplos de lo que se ha dado en llamar “rocas panoplia”, que destacan por su alta inclinación y por hallarse en lugares que pueden ser vistos desde lejos. Sobre este tipo de soportes se exhiben diversas clases de armas con una clara función simbólica y de ostentación de poder y estatus social. 
Reconstrucción de los petroglifos de Auga da Laxe (IA).
Este aspecto simbólico viene corroborado por el hecho de que sólo se representen armas y nunca aparezcan otro tipo de objetos metálicos relacionados con el uso diario, como hachas, aperos de labranza y demás útiles.

Las armas representadas en Auga da Laxe corresponden a la transición entre el Período del Cobre y el comienzo de la Edad del Bronce, entre finales del III y comienzos del II milenio a. C. Los motivos aparecen alineados y equidistantes, por lo que se supone que fueron grabados todos al mismo tiempo y respetando un diseño general de composición.

Respecto a la gran espada de Auga da Laxe, según unos autores (Costas y Nóvoa) se trataría de un arma del Bronce Inicial, al igual que el resto de las armas que aparecen grabadas. Su representación a una escala exagerada es algo que, por otra parte, no resulta extraño, ya que encontramos un caso similar en la Laxe das Ferraduras de Fentáns (Cotobade), donde aparece una figura humana blandiendo una espada que cuadruplica su propio tamaño.
Pedra das Ferraduras. Modelo digital de microrelieve arqueológico.
Sin embargo, otros estudios coinciden con esta datación para todos los motivos que aparecen grabados salvo en lo referente a la gran espada. Estos autores entienden que esta espada debería ser interpretada de manera distinta al resto del conjunto, puesto que su tipología recuerda en muchos detalles a las grandes espadas del Bronce Final. Para Vázquez Varela, su tamaño desproporcionado en comparación con los puñales y alabardas, el distinto perfil y grosor de los surcos y determinadas diferencias en su pátina, lo llevan a interpretar que lo que aparece representado es una espada de lengua de carpa característica del Bronce Final y que, por lo tanto, habría sido incorporada al conjunto varios siglos después. Este hecho, según Vázquez Varela, prueba que Auga da Laxe fue un lugar donde los guerreros se reunieron durante varios siglos, en una tradición que perviviría entre seiscientos y mil años.

La gran espada de Auga da Laxe mide 2,40 m de largo y 43 cm de ancho en la zona de unión con la empuñadura, donde presenta tres cazoletas a modo de remaches. La hoja de la espada se estrecha más allá de su mitad y luego se vuelve a ensanchar. Presenta unos espacios  cerca de la empuñadura que pudieran ser las escotaduras que suelen tener este tipo de espadas.
Por todas estas características podría tratarse de una espada pistiliforme, cuya aparición en Galicia y N de Portugal data del período del Bronce Final I (1200-1050 a. C.) y cuyo uso se generalizará durante el Bronce Final II (1050-900 a.C.). En Galicia se han hallado dos espadas de este tipo, una en Isorna (Rianxo) y otra en Catoira. Si la de Auga da Laxe fuera una espada pistiliforme arcaica su datación estaría entre el 1200 y el 1000 a. C., es decir, de un momento tardío dentro de la Edad del Bronce. Pero también existe la posibilidad de que se trate de una espada de lengua de carpa del Bronce Final III (900-700 a.C.), de puño hendido y punta afilada, que se caracteriza por su gran variabilidad morfológica.
Espadas de lengua de carpa (Museo Arqueológico de Huelva)
Existe una clara similitud entre la gran espada de Auga da Laxe y la espada de lengua de carpa tipo Huelva variante Oissel, ya que en ambas se aprecian los tres remaches individuales en la empuñadura, presentan lados paralelos y tienen pomo en forma de T. Esta variante de espada procedente de la bahía de Huelva, es la que presenta una mayor variedad y su difusión abarca Andalucía occidental, norte de Francia y también existe un hallazgo en el centro de Alemania.
Espada Huelva tipo Oissel / Espada de Auga da Laxe.
Un dato que puede ser revelador es que en Hío (Cangas), se ha encontrado una espada tipo Huelva y variante Oissel que apareció junto con puntas de lanza de sección romboidal datadas en la fase Wilburton de Gran Bretaña (1100-900 a. C.), lo que supone una cronología temprana para este tipo de espadas.
Depósito de Hío.
Las espadas de lengua de carpa son abundantes en el occidente de Europa y también se han hallado en Galicia. Generalmente aparecen en los lechos de los ríos, lo que sugiere que fueron arrojadas a éstos en el transcurso de algún ritual religioso. Pero en el caso de Hío nos hallamos ante un yacimiento que estaba enterrado y en el que además de la espada antes citada se encontraron calderos de la clase A0, según la tipología de Coffyn, característicos del Bronce Final Atlántico (Dirk Brandherm y Magdalena Moskal-del Hoyo). Otros autores opinan que la espada de Hío correspondería a un tipo arcaico de pistiliforme provista de lengüeta calada y característica del período Bronce Final I-II.

En conclusión, podemos decir que si la tipología de la espada de Auga da Laxe es coetánea del resto de armas representadas, nos hallaríamos ante un arma del Calcolítico o principios de la Edad del Bronce. Si, por el contrario, se trata de una espada pistiliforme o de lengua de carpa estaríamos hablando de un momento tardío de la Edad del Bronce y por lo tanto habría sido incorporada al grupo con posterioridad.

Por lo que se refiere a los puñales o espadas cortas que aparecen en Auga da Laxe, como hemos visto, existe acuerdo en que se trata de armas propias de la transición entre el Período del Cobre y el comienzo de la Edad del Bronce, entre el III y II milenio a. C. Todos presentan una hoja triangular y en alguno se distingue la nervadura central o cresta. Cabe destacar su gran semejanza con los puñales que aparecen en Bretaña y las Islas Británicas.
Otro de los motivos que aparece en Auga da Laxe es la típica alabarda de la Edad del Bronce del III-II milenio a. C.
Alabardas tipo Carrapatas.
Las alabardas aparecen frecuentemente representadas en las insculturas gallegas y corresponden al tipo atlántico denominado Carrapatas, cuyas características son muy similares a las halladas en Irlanda. Están realizadas en cobre y tienen una gran hoja triangular con nervio central que divide dos mitades simétricas. La lámina de sujeción al mango es también triangular, con esquinas redondeadas y tres agujeros para los clavos. También presentan dos acanaladuras paralelas a los filos de la hoja. Su cronología se puede establecer en el período del Bronce Inicial, entre el 1750 y el 1500 a. C.
Alabardas de Poza da Lagoa (Redondela).
Las alabardas tipo Carrapatas presentan nervadura o cresta central y algunas muestran rasgos de lo que pudiera ser un biselado. Por lo que se refiere a su tamaño, la mayor de ellas tiene un ástil de 1,35 m y la hoja mide 43 X 32 cm.
Es probable que la alabarda tuviera su origen en la Península Ibérica ya que se han hallado precursores del arma en sílex (Hubert Schmidt). Desde la Península, el uso de la alabarda se fue extendiendo por la fachada atlántica entre el 1550 al 1450 a. C, hasta llegar a Irlanda.
Alabarda votiva de pizarra (Museo arqueológico de Sevilla).
Otro tipo de motivos que aparecen en Auga da Laxe son los escudos, estandartes o idoliformes que también corresponderían a la transición entre el III y II milenio a. C. La forma de este tipo de escudo es la de un triángulo isósceles con el ángulo menor apuntando hacia abajo y provisto de lo que pudieran ser asas situadas a cada uno de los lados. Otros autores opinan que se trata de carros votivos o de guerra, pero esta interpretación retrasaría la cronología establecida para este yacimiento hasta el periodo del Bronce Final.
El hecho de que estos escudos hubieran sido manufacturados con materiales perecederos, como madera y cuero, podría explicar el hecho de que hasta el momento no se haya recuperado ninguno. 

Por último decir que aparece un único motivo con forma de peine sobre cuyo significado está actualmente pendiente de aclarar.


Aspectos sociales y rituales bélicos
Las sociedades de cazadores y recolectores del Paleolítico eran grupos nómadas que carecían de organización política y que vivían de la caza y la pesca utilizando medios técnicos muy primitivos, lo que hacía innecesaria cualquier tipo de división del trabajo. Posteriormente, durante el Neolítico, el desarrollo de la agricultura condujo al sedentarismo y a la formación de grupos humanos cada vez mayores, que explotaban la tierra de manera comunal mediante técnicas de trabajo arcaicas, por lo que la productividad era muy baja. La organización social de estas comunidades era básica y se limitaba a la familia y a los lazos de parentesco, por lo que la jerarquía social era prácticamente inexistente.
Recreación de una aldea neolítica.
El inicio de la territorialidad provocó un incremento de actividades bélicas con respecto a lo que sucedía en el Paleolítico, donde la guerra era practicada a pequeña escala y esporádicamente. Puesto que las comunidades se organizaban en función del parentesco, es muy probable que cuando se producía el homicidio de un miembro del grupo la única respuesta adecuada fuera matar al asesino o a un miembro de su grupo familiar.

Con el desarrollo de la metalurgia se obtuvieron nuevos instrumentos de labranza más efectivos que permitieron incrementar la productividad de la tierra y por lo tanto el tamaño de las comunidades, las cuáles gradualmente se fueron haciendo más heterogéneas a medida que se integraban en grupos diferentes. Paralelamente las funciones económicas se multiplicaron, lo que exigió una división de las tareas cada vez más elevada, surgiendo una jerarquización que llevó a la configuración de una autoridad política organizada, que pudo ser estable y permanente u ocasional. También existieron niveles intermedios de autoridad, como por ejemplo los jefes de familia o de clan, los jefes militares o los religiosos.

Siguen siendo comunidades agrícolas basadas en la propiedad y la explotación del suelo, en las que la familia constituye la base a través de la que se transmite la propiedad de los bienes, el poder político y el sacerdotal. 
Recreación de una familia de la Edad del Bronce.
Pero gradualmente se produjo un incremento de la centralización, surgiendo una rígida jerarquía que administraba la sociedad de una manera militar. La organización del trabajo a menudo se establecía con las mismas bases por las que se rige el modelo militar, por lo que los miembros del grupo eran obligados a cooperar. No sería nada extraño que en las sociedades gallegas de la Edad del Bronce existiera la esclavitud, lo que unido a los nuevos instrumentos de labranza permitió intensificar la producción agrícola. El aumento de excedentes y el progreso de los medios de transporte posibilitó que se incrementara la actividad comercial.
Recreación de una aldea en la Edad del Bronce.
La organización política de estas comunidades se configuraba de modo que los poderes político, religioso y militar eran uno sólo o apenas están diferenciados, por lo que el jefe de la tribu estaba investido de un carácter sagrado. En el caso de que existiese diferenciación entre la autoridad civil y la religiosa, a menudo se producirían conflictos entre ambas, aunque una y otra se apoyasen mutuamente.

La religión funcionaba exactamente como la organización militar y exigía sumisión completa y obediencia ciega. Al carecer de conocimientos científicos no existía el laicismo, ya que toda la sabiduría era predominantemente teológica. La religión no tenía carácter universal si no que estaba íntimamente vinculada a cada sociedad particular, lo que se plasma especialmente en las creencias y los ritos cuya función es expresar los orígenes y la historia de la tribu. La magia constituía un complemento de las técnicas empleadas para la caza, la agricultura y la guerra, por lo que sería una especie de “tecnología" propia de cada sociedad.

En cuanto a la proporción de guerreros que habría en una comunidad de esta época, primero sería necesario saber si todos los varones adultos participaban en la contienda o si por el contrario existía una casta militar dedicada exclusivamente a la guerra. Vázquez Varela realiza un cálculo de cuántas personas podían constituir la comunidad que habitaba en las inmediaciones de Auga da Laxe. Para ello tiene en cuenta el número de armas representadas (26) y estableciendo una proporción, que él estima razonable, de un guerrero por cada diez miembros de la comunidad con independencia de su edad o sexo, llega a la conclusión de que se trataría de un grupo humano de unos 260 individuos. Vázquez Varela obtiene un resultado idéntico empleando otro método de cálculo, basado en la estimación de la densidad de población por km². Puesto que se calcula que la densidad de población en la época megalítica avanzada era de 1,4 habitantes por km² y, como el territorio circundante que se divisa desde Auga da Laxe es de unos 100 km², el resultado para esa época sería de unas 140 personas. Para la época castreña, cercana al cambio de era, se suele aplicar una proporción de 10 habitantes por km², lo cual daría una población de mil personas. Puesto que los petroglifos de Auga da Laxe corresponden aproximadamente al 1800 a. C., Vazquez Varela estima que el cálculo de 250 personas se ajustaría de manera bastante fidedigna a la población real de esta comunidad.
Recreación de guerrero galaico de la Edad del Bronce.
De las representaciones de armas de Auga da Laxe no se puede deducir que esta comunidad viviera en una situación de guerra constante, sino que más bien son una muestra del prestigio que tenía todo lo relacionado con lo bélico. De todos modos, en otras ocasiones la guerra entre cultivadores que vivían en aldeas implicaba a menudo un esfuerzo colectivo total, ya que se combatía por un territorio y la derrota podía acarrear la expulsión de una comunidad entera de sus campos, viviendas y recursos materiales (Marvin Harris). En el caso de que existieran bandas de guerreros más o menos permanentes, es probable que llevara a cabo razias o ataques sorpresa contra asentamientos vecinos y otros tipos de actos de pillaje, como el robo de ganado.
La presencia de grabados de armas como los de Auga da Laxe son un testimonio de la importancia que tenían las actividades masculinas, así como una clara ostentación de poder y estatus social, lo cual queda corroborado por el hecho de que sólo se representen armas y no aparezcan otro tipo de objetos metálicos relacionados con el uso diario, como hachas, aperos de labranza y demás útiles. Desde una perspectiva religiosa, estas representaciones podrían ser un ejemplo de hoplolatría o sacralización de las armas, símbolos consagrados a una divinidad vinculada con la ideología de la guerra, característicos del final del Calcolítico y principios de la Edad del Bronce.

Los distintos motivos que aparecen representados en Auga da Laxe se disponen en una escena organizada en la que los guerreros están representados por sus armas, formando un cortejo o un desfile militar mientras marchan hacia el combate, o se dirigen hacia un lugar de reunión para realizar algún tipo de ritual o danza. Esta apariencia de movimiento que transmite el conjunto de grabados ha motivado que los lugareños le hayan dado la denominación de Pedra das Procesións.

Esta iconografía servía para identificar a los miembros del grupo y para diferenciarlos de los clanes vecinos. En ese sentido podrían tener una función similar a la de los tótems, creando una relación de filiación entre los miembros de la comunidad y sus antepasados. Los cultos comunitarios que implican rituales públicos de solidaridad son considerados esenciales para la supervivencia de todo el grupo, puesto que reafirman el sentido de identidad del clan, coordinan la acción de los individuos y preparan al grupo para cooperar ante el enfrentamiento bélico.
Auga da Laxe se encuentra en las proximidades de la principal vía de comunicación que cruza la sierra, uniendo los diversos valles, en la que confluyen los caminos de acceso al monte. El lugar donde se asienta la roca es amplio y permitía acomodar un público numeroso. Todo ello nos lleva a pensar que es muy probable que fuera el escenario donde se llevaban a cabo ceremonias masculinas de exaltación guerrera, en las que, tal vez, los participantes danzaban antes de entrar en combate.
Petroglifos de Auga da Laxe
Recreación de un ritual en Auga da Laxe.
Puede que los guerreros formaran un círculo en torno a sus magos y que éstos consumieran sustancias psicotrópicas para entrar en contacto con sus antepasados y, mediante la realización de ritos, pidieran su apoyo y ayuda en la batalla. También es posible que participara toda la comunidad en el ritual, reuniéndose a tal fin las distintas familias y clanes que se hallaban dispersos por amplias zonas del territorio, desde la costa hasta la montaña.
Mediante este tipo de actos la comunidad reforzaba su unión y sentido de pertenencia, su propia identidad como grupo diferenciado y la integración y solidaridad entre sus miembros.


AUTORÍA Y TRATAMIENTO DEL MATERIAL GRÁFICO

Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.


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