En Punta do Muíño do Vento, en la parroquia de Santa Baia de Alcabre (Vigo), se localizan los restos de un pequeño castro costero situado sobre un promontorio, a unos 10 m sobre el nivel del mar, en una península que separa las playas de A Mourisca y O Cocho.
En Alcabre se han identificado varios yacimientos castreños, fenicios y romanos (Roade, Fiunchal, Santa Baia, O Cocho, Punta do Muíño, Cotás…), pero, sin duda, el de mayor importancia es el de Punta do Muíño do Vento, descubierto en el año 2000 durante las obras de construcción del Museo do Mar de Galicia.
El castro de Punta do Muíño do Vento es uno de los más antiguos de Vigo y presenta una de las secuencias de ocupación más prolongadas, que abarca el período comprendido entre los siglos VIII y II a. C. Su importancia es enorme, ya que, junto con el castro de Toralla, ofrece la información más completa de la que disponemos sobre los primeros emporios del comercio marítimo galaico-púnico en los albores de la Edad del Hierro.
En las excavaciones arqueológicas realizadas durante los años 2001 y 2002 se recuperó una gran cantidad de restos cerámicos, entre ellos copas y vasijas. Aunque únicamente se localizaron unas pocas viviendas, de manera inesperada se produjo el excepcional descubrimiento de uno de los asentamientos púnicos más importantes conocidos hasta el momento en Europa occidental. A partir de estos vestigios arqueológicos fue posible reconstruir las distintas fases de ocupación de Punta do Muíño do Vento a lo largo de un amplio período de tiempo
En el siglo VIII a.C. las viviendas del primer poblado de Punta do Muíño do Vento eran de madera y paja, por lo que no se han conservado restos. Pero en la excavaciones aparecieron seis hachas de talón con el cono de fundición, datadas en el período del Bronce Final III (siglos VIII-VII a.C.), lo que nos permite establecer un primer período de ocupación. A este momento de transición entre el Bronce Final y la Edad del Hierro Inicial (850-650 a.C.), corresponden los grandes depósitos de hachas de talón de bronce de aleación ternaria, hallados en las Rías Baixas y centro-norte de Portugal: Vilar de Mouros (200 piezas), Samieira (152), San Xoán da Lagoa (120), Paradela (73), Tremoedo (62), Cambados (60) o A Estea (27).
| Hachas de talón de Estea, Saiáns(Vigo). |
También de finales de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro (siglos VIII-IV a.C.) son los fragmentos de cerámica tipo Neixón Pequeno, hallados en el Castro Punta do Muíño do Vento.
| Réplica de vasija Neixón Pequeno (S VIII-IV a.C.) Castro Muíño Vento. |
En los siglos V y IV a.C. los navegantes fenicios llegaron a la Ría de Vigo y establecieron en Punta do Muíño do Vento un asentamiento en el que desarrollaron una intensa actividad comercial, como lo demuestran los más de 2000 fragmentos de cerámica procedente del área de Cádiz y del Mediterráneo Oriental, que se han hallado en las excavaciones.
Entre estos restos de origen íbero-púnico destacan las ánforas de cerámica utilizadas para el transporte de pescado en salmuera, datadas entre finales del siglo V a.C. e inicios del siglo IV a. C., así como los recipientes para el vino de finales del siglo V a.C. e inicios del III a.C.
El diseño de este tipo concreto de ánforas corresponde a formas antiguas del tipo A4, de acuerdo con la clasificación realizada por los arqueólogos Fernando Mañá y Ramón Pascual. Estas ánforas proceden del área del Estrecho de Gibraltar y sus características principales son: cuerpo alargado y estrecho, de tendencia cilíndrica o fusiforme; perfil esbelto; cuello largo y relativamente estrecho; borde simple o ligeramente exvasado; labio redondeado; dos asas verticales que arrancan del borde o cuello y se unen a la parte superior del hombro; transición suave entre cuello y cuerpo; base maciza o punta sólida (no plana) diseñada para clavarse en la arena o colocarse en soportes de barcos; altura de 70–90 cm y 20–30 litros de capacidad.
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| Ánforas Mañá-Pascual A4 (IA). |
En el asentamiento de Punta do Muíño do Vento se realizaban transacciones comerciales en las que los navegantes púnicos obtenían estaño, cobre, plata, oro, pieles y, probablemente, esclavos. A cambio, las comunidades indígenas adquirían cerámicas, vino, salazones de pescado, objetos de bronce, perfumes y joyas. Además, el asentamiento funcionaba como un centro político en el que se reunían para tomar decisiones de carácter organizativo y económico, y donde también celebraban sus ceremonias religiosas.
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| Bandeja de asas interiores. Castro Punta do Muíño do Vento. |
Sin duda, el principal hallazgo de la intervención arqueológica en el castro de Punta do Muíño do Vento ha sido el santuario púnico, construido a finales del siglo V a.C. y abandonado a finales del siglo IV a.C.
Se trata de una estructura cuadrangular delimitada por un murete, realizado con pequeños bloques de piedra, en cuyo interior se encuentran tres cipos o betilos de granito pulido, hincados verticalmente y que sobresalen alrededor de medio metro del suelo. Es posible que originalmente este altar tuviera un cuarto betilo, ya que se distingue lo que pudiera ser su soporte pétreo.
Este tipo de santuarios fenicios con betilos cilíndricos, cónicos u ovoides, eran una forma de culto anicónico en la que los dioses no se representaban mediante imágenes o esculturas figurativas, sino mediante objetos simbólicos en los que las divinidades habitaban y estaban presentes. Se conocen lugares de culto de estas características en diversos puntos del Mediterráneo, desde Gadir hasta Byblos. El santuario de Punta do Muíño do Vento presenta, no obstante, claros paralelos con el Santuario B del emporio de Kommos (Creta) y con el de Solunto (Sicilia), donde también se documentaron tres betilos dispuestos sobre una plataforma.
La procedencia de las ánforas y del resto de la cerámica hallada permite establecer que el santuario de Punta do Muíño do Vento fue construido por navegantes procedentes de Gadir, que se establecieron temporalmente en el lugar para realizar sus transacciones comerciales y donde llevaban a cabo sus ritos, efectuando ofrendas a sus divinidades —como libaciones de vino, aceite o miel— con el fin de garantizar el éxito de sus viajes.
Entre los siglos IV a.C. y I a.C. se construyeron en Punta do Muíño do Vento las edificaciones castreñas de planta circular, con hogar central y pavimentos correspondientes a distintos momentos de ocupación, que pueden observarse en la actualidad.
En este momento seguía existiendo un frecuente intercambio comercial con navegantes púnicos, como lo atestigua la presencia de alfarería procedente del área del Estrecho de Gibraltar, entre la que se encuentran las ánforas antes citadas del tipo Mañá-Pascual A4, fabricadas en Gadir hasta el siglo II a.C.
A esta fase corresponden también los restos de vajilla de mesa del tipo Kouass, elaborada por alfareros púnico-gaditanos entre los siglos IV-II a.C., que imita modelos helenísticos áticos de barniz negro.
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| Vajilla tipo Kouass. |
En Punta do Muíño do Vento también se han encontrado restos de cerámica indígena, como los del tipo Forca (A Guarda).
| Réplica vasija tipo Forca (S IV-II a.C.) Castro Punta do Muíño do Vento. |
En el siglo II a. C., el desarrollo del Castro de Vigo provocó el despoblamiento de otros castros costeros vigueses, como los de Punta do Muíño do Vento, Toralla y el castro do Castriño. El de Punta do Muíño do Vento fue abandonado a finales del siglo II a. C. o a inicios del siglo I a. C., aunque no de manera definitiva, ya que continuó utilizándose como enclave comercial dependiente del Castro de Vigo para las transacciones con comerciantes romanos.
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| Ánfora procedente de la Bética (s. I a.C.). Castro de Vigo. |
En los siglos I-II d.C., el asentamiento, ya completamente abandonado, fue utilizado como conchero y vertedero, mientras que en los alrededores se construyeron villas y factorías romanas dedicadas a la salazón de pescado.
Durante los siglos III-V d.C., Punta do Muíño do Vento fue utilizada como necrópolis de inhumación, con tumbas orientadas E-O en las que no se ha hallado ningún tipo de ajuar, aunque si han aparecido restos humanos y animales, piezas cerámicas y objetos de bronce.
A unos 58 m en línea recta del yacimiento castreño de Punta de Muíño do Vento, en la playa de la Mourisca, se encuentran otros restos arqueológicos de origen incierto y de interpretación problemática. Se trata de una roca de unos 2 m de altura, situada junto al mar, en la que se han tallado ocho peldaños que conducen a la parte superior.
Es la única roca de la zona en la que se aprecian rebajes y no parece estar relacionada con ninguna construcción. Además, está separada del mar por rocas que hacen imposible que cualquier embarcación, incluso de muy poco calado, pudiera atracar en ese punto.
Su aspecto guarda cierta semejanza con algunos altares rupestres vettones, celtibéricos o posteriores, como el de Panóias. De ser así, podría tratarse de un lugar destinado a la realización de ceremonias, libaciones o sacrificios.
La interpretación de esta escaleras tallada en la roca resulta, no obstante, incierta tanto en lo que respecta a su función como a su datación, por lo que no es posible ponerla en relación ni con el castro ni con el santuario púnico.
La presencia fenicia en Galicia
La primera referencia geográfica de la que disponemos sobre la península ibérica se encuentra en la obra Ora maritima del poeta y escritor romano Rufo Festo Avieno (siglo V d. C.). En este texto se mencionan las Islas Casitérides (“islas del estaño”), con las que comerciaban los navegantes tartésicos y que muy probablemente correspondan a algunas de las situadas en la costa occidental de Galicia (Toralla, Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada). La importancia del estaño era enorme, ya que se trataba de un mineral estratégico cuya aleación permitió el paso de la Edad del Cobre a la Edad del Bronce, al posibilitar la fabricación de objetos más duros, moldeables y duraderos.
Actualmente contamos con evidencias arqueológicas que indican que ya en el II milenio a. C. navegantes procedentes del Mediterráneo oriental arribaron a las costas del sur de Galicia en viajes de exploración o de intercambio comercial. Los petroglifos hallados en el río Vilar (Pedornes, Oia) muestran grabados de embarcaciones con espolón de proa y aparejos similares a los de navíos griegos, egipcios y fenicios.
En los grabados rupestres de Auga dos Cebros, datados en el segundo milenio a. C., aparecen representadas las figuras de diecisiete ciervos y la de una embarcación de tipología mediterránea en la que se distinguen con claridad el casco curvo, la proa, la popa, el mástil, los cabos y lo que podrían ser los tripulantes.
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| Reconstrucción de Auga dos Cebros (IA). |
Tanta precisión y detalle implican una observación directa de este tipo de embarcaciones; por ello, teniendo en cuenta la antigüedad de estas representaciones, tal vez pudiera tratarse de naves cretenses.
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| Reconstrucción de una nave cretense del II milenio a.C. (IA) |
Posteriormente, entre los siglos X y VIII a. C., los fenicios fundaron sus primeras colonias en el sur de la Península Ibérica (Gadir, Malaka, Sexi y Abdera) y, tiempo después, ya navegaban por la fachada atlántica peninsular, donde comerciaban con los pueblos indígenas.
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| Recreación de una embarcación púnica (IA). |
Los fenicios que llegaron a Punta de Muíño do Vento procedentes del área del Estrecho de Gibraltar trajeron consigo sus creencias y erigieron un santuario en el que realizaban sus ritos, ofrendas y sacrificios de manera regular.
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| Recreación de una libación en el altar púnico (IA). |
Estas ceremonias iban dirigidas a alguna de las principales divinidades fenicias. La principal de ellas era Baal-Hammon, dios supremo asociado a los ciclos agrícolas y al poder cósmico.
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| Recreación de representaciones de Baal, Astarté y Melqart (IA). |
Astarté, conocida como Tanit en el mundo púnico occidental, era la esposa de Baal y una diosa madre vinculada con la fertilidad, la tierra, la luna y la guerra.
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| Astarté (s. VIII-VI a.C). Museo de Toledo. |
Melqart era un dios joven, identificado por los griegos con Herakles, que representaba la monarquía, el mar, la caza, la colonización y el éxito comercial.
| Estatuilla de bronce de Melqart (s. VIII-VII a.C.) Sancti Petri. |
A Melqart se le atribuía el descubrimiento del tinte extraído del molusco murex, con el que los fenicios elaboraban sus famosas telas púrpuras. El término “fenicios” no era el nombre que este pueblo utilizaba para sí mismo, sino una denominación que les dieron los griegos y cuyo origen se encuentra en el término griego φοίνιξ (phoînix), que significa “color púrpura”.
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| Recreación de una factoría fenicia de tinte púrpura (IA). |
Muy probablemente el santuario de Punta do Muíño do Vento estuviera dedicado a Melqart, ya que era el protector de la navegación y del comercio y, además, una divinidad muy venerada por los habitantes de Gadir. Su templo más importante, el Herákleion, era uno de los lugares de culto más célebres de la antigüedad y se encontraba cerca de las Columnas de Hércules, en algún punto de la costa gaditana entre El Retamar (Puerto Real) y Punta del Boquerón (San Fernando).
En su Geographiká, Estrabón describe uno de estos santuarios o Hieron Akroterion (Promontorio Sagrado), siguiendo el relato que hace Artemidoro de Efeso en su obra Geagraphoumena. Se trataba de lugares de culto al aire libre situados en promontorios costeros y dedicados a divinidades de la navegación y del comercio. En ellos estaba prohibido permanecer durante la noche, ya que, según la creencia, al ocultarse el sol eran ocupados por los dioses. En estos promontorios había piedras esparcidas en grupos de tres o cuatro, que los viajeros volteaban antes de realizar libaciones de vino, aceite o miel.
El descubrimiento del santuario púnico Punta de Muíño do Vento aporta una información muy valiosa acerca de los primeros emporios púnico-galaicos de los siglos V-IV a.C. y pone de manifiesto los estrechos intercambios comerciales, culturales y religiosos existentes entre los asentamientos castreños de la costa atlántica de Galicia y los navegantes púnicos procedentes del sur peninsular.
Este influjo se aprecia claramente en los restos arqueológicos hallados en los castros costeros galaicos. En la primera etapa del comercio con los púnicos (450-150 a.C.) se distinguen perfectamente los objetos procedentes del ámbito mediterráneo de aquellos propios de la cultura indígena local.
| Réplica de pote (s. IV-II a.C.). Castro Punta do Muíño do Vento. |
Bibliografía
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Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Aviso: Parte del material gráfico incluido en este trabajo ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial para la visualización, reconstrucción o mejora técnica de las imágenes. Dichos procesos se han aplicado exclusivamente con fines ilustrativos y siguiendo criterios de rigor científico, sin alterar ni reinterpretar los datos arqueológicos documentados.

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