domingo, 1 de febrero de 2026

Mámoa da Braña (Silleda)

 

La mámoa da Braña se hallaba en el lugar de Currospedriños, parroquia de San Paio de Refoxos (Silleda), hasta que fue destruida en 1974 cuando se realizaban unos trabajos agrícolas para allanar el terreno. Posteriormente, a unos 35 m al SE de la ubicación de la mámoa da Braña, apareció una cista de 50x35 cm en cuyo interior encontraron restos óseos humanos.

De los quince ortostatos que formaban el dolmen sólo se conservan tres que están depositados en el Museo de Pontevedra. Los tres ortostatos están grabados con líneas onduladas y uno de ellos además con hileras de círculos y un heliomorfo.

La mámoa da Braña está datada en el Neolítico-Calcolítico (5500-3000 a.C.).


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.



Ibis Eremita (Geronticus eremita)

  


Clasificación

Aves/Ciconiiformes-Ciconiae/Threskiornithidae-Threskiornithinae/Geronticus.


Distribución

Marruecos, Argelia y por el S hasta el O del Sáhara. Anteriormente sus colonias se extendían por Oriente Próximo y Medio, Etiopía y N de Somalia. Es posible que existan colonias desconocidas en el SO de Arabia y en Yemen. La población occidental realiza movimientos dispersivos erráticos hacia el S después de la reproducción, pero la mayor parte invernan en Marruecos. Los jóvenes se desplazan más lejos y en años secos pueden llegar hasta Mauritania e incluso a Mali. La población oriental es migratoria y se cree que inverna en las tierras altas de Etiopía.

En Europa se reproducía en Suiza, Austria y Hungría, pero desapareció a finales del siglo XVII. A principios del siglo XX la especie estaba restringida a poblaciones individuales en Asia Menor y el NO de África. Actualmente la única población totalmente silvestre y autosuficiente es la de Marruecos.

El Ibis eremita es una especie en peligro de extinción pues sólo quedan 1750-2000 ejemplares en todo el mundo. Sus principales amenazas son la pérdida de hábitat para uso agrícola, el empleo intensivo de pesticidas, la presión humana y factores naturales indeterminados.

En España se está desarrollando desde el años 2003 el Proyecto Eremita, para su reintroducción en Andalucía. El único núcleo reproductivo está en la comarca de la Janda (Cádiz), con 23 parejas en 2018. Desde 2005, las poblaciones se refuerzan con la suelta de ejemplares jóvenes criados en cautividad, para intentar compensar su alta tasa de mortalidad y la falta de variedad genética. Gracias a este programa, la población española de Ibis eremita alcanzó las 129 aves en 2021 y actualmente se estima que hay unas 250 aves sedentarias en Cádiz.

Los juveniles, en sus movimientos dispersivos, han llegado al N de Portugal, Galicia, Asturias y León. Hemos tenido la oportunidad de ver un ejemplar en mayo de 2022 en el campo de golf de Sancti Petri (Cádiz) y otro en A Ramallosa (Nigrán ) en enero y diciembre de 2025. Este individuo visto en Portugal y Galicia es conocido por el nombre de "Cañaílla" y nació el 19 de mayo de 2023 en el Zoológico de Halle (Alemania). Fue enviado muy joven al Centro de Conservación de la Biodiversidad del Zoobotánico de Jerez y después se liberó en Vejer de la Frontera.


Hábitat

El Ibis eremita vive en llanuras y mesetas áridas y semiáridas con escarpes rocosos, campos cultivados, prados y pastos de gran altitud. Anida en acantilados rocosos, junto a cursos de agua o a lo largo del mar, y a veces, en el pasado, en lo alto de edificios antiguos como castillos, murallas y torres. Frecuenta tierras agrícolas y pastos de ganado bovino, pero también se le puede ver en campos de golf.


Identificación

Tamaño de 70-80 cm, envergadura de 125-135 cm. Los adultos tienen plumaje negro con reflejos metálicos púrpuras y verdes, cresta de plumas largas que cuelgan sobre la nuca y parte superior del cuello, cabeza pelada y roja, y pico largo y curvo de color rojizo.

Los inmaduros son más opacos, más apagados, sin mancha cobriza en las alas. La cabeza y el cuello emplumados son de color grisáceo y las plumas ornamentales de la nuca no son tan largas.


Alimentación

Su dieta es principalmente de insectos (saltamontes, langostas, grillos, escarabajos, tijeretas, hormigas y sus huevos, orugas, cochinillas de humedad), arañas, escorpiones, caracoles, lombrices de tierra, renacuajos, ranas, peces y ocasionalmente pequeños mamíferos, polluelos de aves y materia vegetal.


Reproducción

La época de reproducción comienza a mediados de febrero y las aves se concentran en colonias de 3-40 parejas, situadas en acantilados, repisas, cornisas o cuevas. Por lo general, es la hembra la que construye una plataforma suelta de ramas que forra con hierba, paja, lana, trapos y desperdicios, que son aportados por el macho. La puesta se realiza en marzo-abril y los 1-6 huevos (por lo general 2-4), de color blanco azulado, son incubados 24-28 días. La eclosión se produce de manera asincrónica y por lo general sobreviven 2-5 crías por nido, ya que las tardías suelen fallecer. Los pollos son de color marrón grisáceo, más pálidos en la parte inferior. A los 43-47 días ya han completado su plumaje y comienzan a volar acompañando a sus progenitores, los cuales se ocuparán de alimentarlos y cuidarlos mucho tiempo después de que hayan dejado el nido. A los 4-5 meses de vida algunos juveniles abandonan la zona de cría y se dispersan, emprendiendo un viaje divagante y errático que los puede llevar a cientos de kilómetros de distancia.

Si bien alcanzan la madurez sexual a los 3 años, no suelen reproducirse hasta los 6 años. Su esperanza de vida es de unos 25 años.


Conducta

Los Ibis eremitas son aves muy gregarias, tanto en época de cría como fuera del período de reproducción. Pasan mucho tiempo en el suelo, buscando su alimento, arreglando su plumaje con el pico y dándose baños de sol con las alas extendidas.

Suelen establecerse en zonas cercanas a puntos de agua dulce, donde beben y se remojan en los días cálidos. Por la noche vuelan hacia sus dormideros situados en árboles, cantiles o edificios. Buscan alimento en pequeñas bandadas que recorren cultivos, pastizales, prados, matorrales y campos de golf, siempre atentos a la presencia de predadores. Se desplazan peinando el terreno, introduciendo sus largos picos en la tierra blanda y húmeda, en la arena, debajo de piedras, de las boñigas de vacas o entre las grietas. La punta de su pico es muy sensible y les permite detectar a las presas que no puede ver. 

Junto con el alimento ingieren piedrecitas para facilitar la digestión, pero a veces pueden tragar plásticos, cristales o metales.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Ana Durán Besada y F. Javier Torres Goberna ©.


Bibliografía

Handbook of the birds of the world. Del Hoyo, Elliott & Sargatal. Lynx Edicions.

Enciclopedia virtual de los vertebrados españoles. Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC.


viernes, 30 de enero de 2026

Tortolita Diamante (Geopelia cuneata)

 


Clasificación

Aves/Columbiformes/Columbidae-Columbinae/Geopelia.


Distribución

Vive en el interior árido de Australia y está ausente en gran parte del SO de Australia Occidental y la costa E de Queensland, del S hasta Victoria y del O hasta Australia Meridional. Es una ave común en gran parte de su extensa área de distribución y ocupa uno de los hábitats menos amenazados de Australia, en áreas con un impacto humano relativamente limitado.

En Galicia es un ave exótica procedente de Portugal, a donde llegó con el comercio internacional de aves. La hemos visto en Salvaterra de Miño, cerca del río, en el mes de mayo de 2016.


Hábitat

Pastizales ligeramente arbolados, áridos o semiáridos, con suministro de agua garantizado en las inmediaciones. A menudo frecuenta caminos y senderos.


Identificación

Esta paloma pequeña y delicada, de cola larga y puntiaguda, mide 19-24 cm y pesa 28-43 g. El macho tiene la cabeza, cuello, pecho y flancos de color azul grisáceo pálido, con la barbilla gris más pálida. El dorso y la parte superior central de la cola son de color marrón más oscuro o marrón grisáceo. Las escapulares y coberteras secundarias están salpicadas de pequeñas manchas blancas y el resto del ala superior es de color marrón oscuro, con las rectrices externas negras. La parte inferior de la cola es blanca con una franja negra central, apreciable cuando está extendida. El pico es gris, y se va oscureciendo hacia la punta, que es negra. El iris es escarlata y presenta un anillo orbital que varía de rosa oscuro a rojo brillante. Las patas y los pies son rosados.

La hembra es similar pero más marrón por encima. El juvenil se diferencia del macho adulto por un extenso barrado fino en el cuello, pecho y partes superiores. Carece de las tonalidades azules y las manchas blancas de las coberteras son pocas o ninguna. El pico es gris-marrón claro, con punta oscura, el iris es marrón claro, y el anillo orbital gris claro o marrón a naranja pálido. Las patas y pies varían de gris a marrón.


Alimentación

Granívora, sobre todo gramíneas y también leguminosas. Consume pequeñas cantidades de hierba, hojas e insectos. Se alimenta en el suelo, en bandadas de 20 a 30 aves.


Reproducción

Los datos de los que se dispone indican un patrón de reproducción estacional que depende de las precipitaciones y la disponibilidad de alimento, por lo que si bien suele ser más frecuente en primavera y principios del verano, se pueden encontrar nidos en cualquier momento del año. Al carecer de depredadores, su nido es una plataforma endeble de ramitas o hierba seca, construida por ambos progenitores en un arbusto, árbol o casi cualquier otro soporte que puedan encontrar. La puesta es de 2 huevos blancos que son incubados por ambos sexos durante 13 días hasta que nacen los polluelos, que pesan 2-4 g y están cubiertas de un plumón color arena. En cautividad empluman a los 11-14 días. Ambos padres alimentan a las crías hasta dos semanas después de que hayan abandonado el nido. 


Conducta

Es un ave nómada que puede recorrer grandes distancias en busca de agua y alimento, concentrándose alrededor de fuentes de agua en la estación seca y dispersándose en la estación húmeda. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Ana Durán Besada y F. Javier Torres Goberna ©.


Bibliografía

Handbook of the birds of the world
Del Hoyo, Elliott & Sargatal
Lynx Edicions


lunes, 26 de enero de 2026

Exvotos iberos de caballos de Luque (Córdoba)


En los lugares de Las Retamas y La Mesa, unos expoliadores que se encontraban a la búsqueda de monedas antiguas, hallaron 77 placas de piedra con figuras de caballos en unos campos que estaban siendo roturados. Estos grabados se vendieron en el mercado ilegal de antigüedades y a la mayor parte de ellos se les perdió definitivamente la pista. Actualmente 17 de estas piezas se conservan en la colección de Alhonoz (Puente Genil).

Los relieves con figuras de caballos hallados en Luque están datados en los siglos II-I a.C. y debían formar parte de un pequeño santuario, que no ha podido ser hallado, y en el que se ofrecían exvotos de caballos a una deidad desconocida. Probablemente este lugar sagrado sería una cueva excavada en una zona de roca caliza, como sucede con los santuarios de El Cigarralejo (Mula) y Pinos Puente (Granada). Tanto en Pinos Puente como en Luque se han hallado exclusivamente exvotos de équidos, lo que revela la existencia de una divinidad vinculada al culto del caballo.

Las placas halladas en Las Retamas de Luque tienen distintos tamaños, que van de 14-59 cm de largo, 13-27 cm de ancho y 5-11 cm de grosor. Los grabados fueron realizados sobre piedra arenisca empleando el método de grabado de líneas incisas con un objeto punzante, y en otros casos mediante la técnica de relieve, dibujando la forma del caballo y rebajando la piedra hasta modelar la figura.

Estos relieves se pueden clasificar en tres grupos: los de iconografía simple y básica, los que representan caballos al galope y con largo cuello y cola, y los de tipo naturalista. En este último grupo podemos distinguir los relieves de caballos en los que se ven las crines y los cascos, los de cuerpos alados rectangulares, los de alto-relieve con atalajes y los de alto-relieve sin atalajes (Cuadrado-Ruano. 1989). Si bien no parece que el sexo del animal tuviera importancia, en la mayor parte de las piezas no aparece representado, por lo que se supone que se trataría de hembras. 

Relieve de dos équidos labrados sobre una piedra arenisca de grosor uniforme. Es una pieza muy artística y bella, única en el arte ibérico. En ella vemos a una pareja de caballos que se sitúan uno enfrente del otro protegiendo a su cría, que se refugia entre ellos. El caballo de la derecha (¿macho?) es de mayor tamaño y tiene el cuerpo muy alargado. El de la izquierda (¿hembra?) es menor, tiene las orejas dirigidas hacia delante, su cola es pequeña y se aprecian claramente los cascos. La cría está representada en perspectiva frontal mostrando la cabeza (prótomo) y las patas delanteras.

Los motivos representados en los grabados y en los relieves más sencillos son muy básicos, de menor tamaño y escaso valor artístico, por lo que probablemente fueron realizados por los propios fieles, unos más hábiles que otros, tal vez dentro de un ritual previo a la ofrenda.

Grabado de équido en piedra arenisca de grosor variable realizado con punzón fino. La cabeza del caballo es pequeña y no guarda proporción con el cuerpo.

Los exvotos grandes en alto-relieve que muestran a caballos galopando en la misma dirección, o uno frente a otro, es posible que formaran parte de un friso y que fueran creados en un taller local cercano al santuario.

Relieve con dos équidos esculpidos sobre una placa de roca arenisca de tendencia trapezoidal y grosor prácticamente uniforme. Los caballos caminan lentamente hacia la izquierda. Sus cuerpos son alargados, bien proporcionados y en la cabeza se aprecian las orejas triangulares ligeramente inclinadas hacia delante. Una línea horizontal marca el límite inferior del relieve y por debajo unas líneas horizontales y verticales forman un reticulado dividido en dos partes separadas por seis líneas oblícuas.

Dentro de la cultura ibera tenemos constancia de la existencia de una aristocracia guerrera ecuestre desde el siglo V a.C. En las necrópolis iberas conocidas, los restos de guerreros que han aparecido habían sido incinerados, mientras que los caballos que los acompañaban fueron inmolados y colocados a su lado formando parte del ajuar funerario. El sacrificio de un animal de tanto valor sin duda suponía un considerable gasto económico y por lo tanto sólo estaba al alcance de las familias con más recursos económicos.

Pero en lo que se refiere a los exvotos de caballos, su función era muy distinta. Las representaciones de équidos en placas líticas eran comúnes en el ámbito púnico y problablemente fueron adoptadas por las poblaciones iberas. La elaboración de un relieve en piedra o madera mediante incisión resultaba muy económico y fácil de realizar. Los aspectos estéticos carecían de importancia, ya que bastaba con representar al animal para luego poder ofrecerlo a la divinidad. Como todos los exvotos, se trata de ofrendas simbólicas depositadas por los fieles en el santuario para cumplir una promesa o dar gracias a la divinidad, por haber sanado a un animal de su enfermedad, por un parto sin complicaciones o por la fecundidad de las yeguas.

La presencia de exvotos similares en distintos santuarios ibéricos apunta a la existencia de un culto al caballo ampliamente difundido, similar al de la diosa Epona, deidad vinculada a los caballos, al agua, la fertilidad y la muerte. Otra posibilidad es que los exvotos se ofrecieran a un despotes hippon, un dios domador de caballos, figura recurrente en el arte ibérico en santuarios y contextos funerarios. Estos cultos existían desde al menos el siglo IV a.C. y continuaron hasta bien entrada la época romana.


Bibliografía

J.M. Blázquez Martínez. Dioses y caballos en el mundo ibérico.

E. Cuadrado Díaz y E. Ruano Ruiz. Esculturas de équidos procedentes de la colección de Alhonoz (Puente-Genil, Córdoba). Trabajos de Prehistoria 46.

M. P. García-Gelabert Pérez y J. M. Blázquez Martínez. Dioses y caballos en la Iberia prerromana.

J.A. Morena López. Santuarios, caballos y dioses en el Valle del Guadajoz.

J.A. Morena López. El culto al caballo en la provincia de Córdoba durante la época ibérica: el caso de Luque. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

viernes, 16 de enero de 2026

Hermes bifronte de Amorín (Tomiño)


Cerca del castro de Amorín (Tomiño) se halló una Hermathena o escultura bifronte que fusiona las representaciones de los dioses Hermes y Atenea, aunando los atributos de ambas deidades.

Hermes era el dios griego del comercio, la riqueza, la suerte, los caminos, los viajantes, la fertilidad, la cría de animales, el sueño, el lenguaje y también de los ladrones. Se le solía representar con la cabeza cubierta con un capelo o pétaso. Atenea era la diosa de la sabiduría y de la estrategia en la guerra, y en sus imágenes se la personifica como una figura femenina provista de casco, lanza y/o escudo.

La estatua del Hermes de Amorín se esculpió en granito, empleando una técnica y diseño tosco y rudimentario. Mide 54 cm de altura, 15 cm de anchura, 13 cm de profundidad y consta de un soporte en forma de prisma en cuya parte superior se sitúa una cabeza bifacial, redonda y muy elemental, mientras que en el frontal inferior presenta una serie de grabados y trazos inidentificables.

La cabeza de la escultura carece tanto de orejas como de cuello, está cubierta con un casco o sombrero y en su parte superior presenta una cavidad. Los dos rostros son redondos e igual de sencillos, con las órbitas de los ojos, unos simples surcos a modo de bocas y unas narices anchas, rectangulares y talladas con dos cortes verticales y uno horizontal.

Rostros anterior y posterior.

La bifrontalidad de esta estatua galaica es característica del arte romano provincial, aunque la datación que establece el Museo de Pontevedra abarca un intervalo temporal que va del año 400 a.C. al 60 a.C. Esta cronología deja abierta la posibilidad de que se trate de una obra arcaica de influencia mediterránea oriental, tal vez una adaptación indígena de una escultura focense del siglo V a.C.

El bifronte de Amorín se adapta perfectamente a la tipología de los hermae griegos y posteriormente romanos. Los pilares hermaicos eran cuadrados o rectangulares y a menudo tenían un falo tallado en la base. En la parte superior se situaba una cabeza que representaba a Hermes y que podía estar esculpida en la misma pieza que el pilar o en otra distinta.

Estos hitos se ubicaban en los caminos para servir de guía a los viajeros y garantizarles buena suerte. También se colocaban en las puertas y espacios abiertos de las viviendas para proteger los hogares. Las esculturas de Hermes Pshychopompos se destinaban al culto funerario como protectoras de las tumbas, ya que Hermes era la deidad que acompañaba a las almas de los muertos hasta el barquero Caronte para que las condujera al inframundo.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

sábado, 10 de enero de 2026

Escultura del dios Jano (Mos)

 

El busto bifronte del dios Jano (Ianus) encontrado en una finca de la parroquia de Dornelas (Mos), es una escultura de arte romano provincial datada entre los siglos I a.C. y I. d.C. Representa de forma tosca y simple los dos rostros de Jano, uno como un joven ilusionado contemplando al futuro y el otro mostrando a la deidad mirando al pasado con semblante cansado.

Busto bifronte de Jano (Mos).

Junto al busto de Jano de Mos, apareció una figura femenina que tal vez represente a Carna o Cardea, la diosa de los umbrales, las bisagras y las transiciones, cuyo culto se asocia al de Jano. Probablemente ambas esculturas provengan del expolio de una villa romana, como la hallada recientemente en el castro de Pereiras (Tameiga. Mos).

Busto femenino (Mos).

El dios Jano era conocido por los epítetos “geminus” y “bifrons”, porque se le representaba con dos rostros que miraban en direcciones opuestas, al pasado y al futuro, al inicio y al final, a la paz y a la guerra. Por lo tanto era el dios que estaba en medio de todas las cosas, en todas las transiciones, el que permitía el paso a través de los límites sagrados e invisibles de las murallas y puertas.

Caras anterior y posterior del busto bifronte de Jano (Mos).

Si bien Jano no era tan importante como Júpiter, Marte, Apolo, Mercurio, Saturno, Diana, Venus, Minerva o Neptuno, si formaba parte de las principales deidades romanas, junto con Genio, Vulcano, Sol, Orco, Líber, Telus, Ceres, Juno, Luna y Vesta. Según cuenta la leyenda, Jano ocupó el trono del Lacio a la muerte del rey Cameses y reorganizó la estructura social de su reino. Cuando Júpiter desterró a Saturno, este aceptó la hospitalidad de Jano y se refugió en el Lacio, llevando consigo el conocimiento de las técnicas agrícolas. Después de la fundación de Roma, Jano alcanzó la consideración de dios protector de la ciudad. En el Foro se le construyó un pequeño templo, cuyas puertas permanecían cerradas en épocas de paz y abiertas en tiempos de guerra.

El culto a Jano fue uno de los más duraderos y persistentes durante toda la historia del imperio romano. Los ritos dedicados a Jano buscaban propiciar los buenos auspicios al comenzar una actividad, un comercio, la mayoría de edad, un matrimonio o las labores del campo. Nada más empezar el día, antes de realizar cualquier tarea, el pater familias le dedicaba las oraciones del culto doméstico. También el comienzo del año estaba dedicado al dios Jano, al que debe su nombre el mes de enero (Ianuarius). Las fiestas januales eran unas celebraciones en las que participaban todos los ciudadanos romanos. Se vestían con sus mejores ropas, realizaban ofrendas e intercambiaban buenos deseos y pequeños regalos.

Alegoría del mes de Enero con el triunfo de Jano (detalle).
Otto Van Veen. Museo del Prado.

Incluso cuando se realizaban ritos en honor a otra divinidad, previamente se invocaba a Jano para que ejerciera como facilitador. Uno de estos rituales era la Lustratio Agri, ceremonia en la que se invocaba al dios Marte para que propiciara la purificación, protección y fertilidad de los tierras de cultivo y del ganado. Como en todos los rituales romanos se realizaba un sacrificio llamado suovetaurilia, en el cual se inmolaban tres animales machos: un cerdo, un cordero y un ternero. Antes de comenzar la Lustratio Agri, los animales que iban a ser sacrificados eran llevados en procesión por las tierras que se querían propiciar, invitando a los Manes, dioses domésticos, para que se unieran al rito. Ya durante la ceremonia, el sacrificante ofrecía una libación con vino a Jano y Júpiter, invocaba a Marte, presentaba la ofrenda de pasteles rituales y después sacrificaba a los animales y examinaba sus entrañas para realizar los presagios. Por último, se celebraba un banquete al que acudían todos los participantes.


Bibliografia

Kattia Chinchilla Sánchez. Jano: el dios de los inicios y el dios de las puertas.

Aitor Freán Campo. Persistencia y evolución de la religiosidad y las mentalidades del noroeste peninsular desde la Edad del Hierro a la tardoantigüedad.

Joan-Josep Durán Miró. Jano, el dios arquetípico de la masonería. La tradición grecorromana en la masonería.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.