martes, 16 de agosto de 2022

Alcázar de Jerez de la Frontera

Sharish Saduna se construyó a finales del siglo IX o principios del siglo, sobre una pequeña población medieval situaba sobre la margen izquierda del río Guadalete.

Las primeras referencias escritas son del año 844. Con la caída del Califato, Jerez estaba vinculada al reino taifa de Arcos pero a mediados del siglo XII, con la caída de los almorávides, se establece como taifa en la que reina Abu al-Gamar ibn Azzun.

Con la llegada de los almohades Sharish Saduna alcanzará su mayor importancia política y económica, llegando a ser un importante núcleo urbano que, entre otras construcciones, tenía veintisiete mezquitas repartidas por la ciudad, así como veintitrés hornos, seis tahonas y cuatro baños públicos. Una muralla de cuatro kilómetros protegía todo el perímetro de la ciudad y se levantaban varias torres rectangulares, en cuatro de las cuales se situaban las puertas en recodo con varios giros, que permitían el acceso al interior.

El Alcázar de Jerez fue construido en los siglos XII y XIII durante el dominio almohade y se localiza en el extremo sur del recinto amurallado que defendía la ciudad. 


En el Alcázar residía el walí (gobernador) almohade nombrado por el califa. A partir de 1264, con la conquista cristiana, el Alcázar se convirtió en el cuartel general de la ciudad al mando de un alcaide.


El Alcázar tuvo doce torres de las que actualmente se conservan siete. El acceso original a la fortaleza estaba protegido por una torre y se realizaba a través de la Puerta de la Ciudad, de arco de herradura y que da paso a un espacio con cubierta de bóveda vaída. El otro acceso al Alcázar era a través de la Puerta del Campo, que comunicaba con el exterior de la ciudad, por lo que estaba muy bien protegida por dos torres, era muy estrecha  y presentaba un triple recodo, y estaba cubierta con bóvedas a gran altura.

La Torre Octogonal formaba parte de la fortaleza de época islámica y se localiza en el ángulo sur, en el punto más alto del recinto. Con su 21 m de altura permitía controlar todo el territorio.


Junto a ella se encuentra el Patio de Doña Blanca, un pabellón de descanso de época almohade de planta cuadrada, con cúpula ortogonal como la de la mezquita, dos alcobas laterales, pórtico de entrada y alberca.


La mezquita es la única que se conserva en Jerez y fue construida en el siglo XII. Es un pequeño oratorio de uso privado del walí, que consta de la torre del alminar desde donde se llamaba a la oración, el patio de abluciones con la pila para el aseo antes de entrar en la sala de oración. La sala es de planta cuadrada y está cubierta por una cúpula octogonal sobre pechinas. En el muro o kibla se halla el mihrab, un pequeño nicho que señalaba la dirección de la Meca.


Alfonso X el Sabio, al tomar la ciudad en 1264, consagró la mezquita al culto a Santa María del Alcázar y le dedicó dos cantigas que aparecen resumidas en dos lápidas de mármol sobre el altar (“como Santa María mostran en vison a un rei et a una reyna como avia gran pesar, porque entraron mouros a su capela de Xerez”).


Los baños o hamman eran de uso privado del Alcázar y estaban divididos en tres salas, lo mismo que las termas romanas.


La primera era una sala fría de tránsito, tras la cual venía la sala templada donde se daban masajes y se enjabonaban, y que estaba iluminada por los lucernarios en forma de estrella de las bóvedas. Por último estaba una sala caliente donde se tomaban los baños de vapor.


Cerca de los baños se encuentran las albercas, aljibes y norias que distribuían el agua por todo el complejo.


El patio de armas es de época cristiana y era el lugar donde se ejercitaba la guarnición y se realizaban las paradas militares.


Los jardines han sido restaurados y mantienen la estructura original almohade.


La Torre del Homenaje fue mandada construir en 1471 por Don Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz. Consta de semisótano y tres plantas.


En 1664 Felipe IV concedió la tenencia del Alcázar a Don Bartolomé de Villavicencio, perteneciente a una noble y poderosa familia que realizará diversas reformas, entre las que destaca la construcción de una palacio barroco sobre las ruinas del anterior de época almohade.


En la segunda planta del palacio se instaló en el siglo XIX la farmacia municipal de Jerez.


En el siglo XVIII, Don Lorenzo Fernández de Villavicencio mandó construir una almazara de la que se conserva la sala de la viga, con la enorme prensa de madera.

 



Apuntes históricos.

Siglos VIII-IX. Sharish se configura como núcleo urbano en la cora de Sidueña.

Siglo X. Sharish se convierta en capital de la cora.

1058. Abbad Ibn Muhammad al Mutadid, rey de la taifa de Sevilla, después de atacar Carmona, Mértola, Niebla y Huelva, se dirige hacia el sur por los reinos berberiscos de Arcos, Morón, Ronda y Jerez y  toma Algeciras.

1106. Ibn Tumart emprende un viaje que le lleva a Córdoba, La Meca y Bagdad.

1120. Ibn Tumart llega a Marrakesh, capital del reino almorávide, y empieza a predicar el credo almohade, una interpretación extrema del Islam, y se proclama Mahdi y descendiente del Profeta.

1130. Tras la muerte de Ibn Tumart, Abd al-Mumin ibn Alí se convierte en líder de los fanáticos religiosos almohades.

1143-1145. Abu al-Gamar ibn Azzun, rey de la taifa de Jerez, extiende sus dominios por la sierra de Cádiz, Arcos y Ronda.

1146. Los almohades desembarcan en la Península. Abu al-Gamar ibn Azzun entrega la ciudad de Jerez al califa almohade Abd al-Mumim ibn Alí, evitando la confiscación de sus bienes y obteniendo un trato especial para la ciudad.

Abd al-Mumim ibn Alí, conquista todo Marruecos, incluyendo la capital Marrakesh, y África del Norte, acabando con el dominio almorávide y convirtiéndose en el primer califa almohade.

1161. El califa almohade Abd al-Mumim ibn Alí envía un ejército de 20.000 hombres con el que conquista Granada y vence a Muhammad ibn Ahmad ibn Saad ibn Mardanish, rey de Valencia y Murcia tras el dominio almorávide.

1212. Batalla de las Navas de Tolosa. El califa almohade Muhámmad an-Násir es derrotado por la coalición de reinos cristianos (Castilla, Aragón, Navarra y Portugal), marcando el inicio de la caída del poder almohade en Al-Ándalus.

1231. Se libra la Batalla de Jerez entre las tropas castellanas al mando de Álvaro Pérez de Castro “el Castellano” y las de Abu Abdalah Muhammad ibn Yusuf ibn Hud al-Yudhami, rey andalusí de Murcia que había conquistada la mayor parte de Al-Ándalus de 1228 a 1238. La batalla fue una masacre de musulmanes que huían hacia Jerez y los cristianos atribuyeron su aplastante victoria a la presencia del Apóstol Santiago, quien se apareció en combate durante la batalla.

1264, 9 de octubre. Alfonso X toma Jerez.

1264-1266. Rebelión de los mudéjares en respuesta a la reubicación de las poblaciones musulmanas. Los rebeldes se hacen con Jerez de la Frontera pero finalmente fueron derrotados por las tropas castellanas. Los musulmanes son expulsados y comienza la repoblación cristiana de la ciudad.

1272. Alfonso X crea la orden militar de Santa María de España (“de la Estrella”) para defender por mar a los repobladores del Puerto de Santa María, Jerez y Cádiz.

1275. El sultán de Granada pide ayuda a Ibn Yucef, sultán benimerín de Marruecos. Los benimerines cruzan el estrecho y llegan a Tarifa, devastan Jerez y sitian Sevilla.

1339. El benemerín Abd-al-Malik invade Al-Ándalús. Diego Fernández de Herrera defiende Jerez de los ataques. Alfonso XI arrasa los campos de Ronda y Antequera.

1471. Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, ordena construir en el Alcázar la Torre del Homenaje.

1482. Rodrigo Ponce de León y Enrique Guzmán (duque de Medina Sidonia) vencen a las tropas de Abu-l-Hassan Alí (Muley Hacen).

1644. Felipe IV concede la alcaidía honoraria del Alcázar a la familia Villavicencio, los cuáles trasladan allí su residencia y comienzan a reformarlo y a construir el palacio por el que se accede al Alcázar.


Bibliografía:

Borrego Soto, Miguel Ángel. Jerez y Al-Andalus, de los orígenes a la época almohade.

Pavón Maldonado, Basilio. Los almohades. Su arte.

Jiménez, Alfonso. Arquitectura gaditana de época Alfonsí.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Estatuas de Guerreros Galaicos

Las estatuas de guerreros galaicos son una de las manifestaciones más interesantes y atractivas dentro de las estatuas exentas o de bulto redondo de la cultura indígena del NO peninsular, en concreto del S y O del área de la cultura castreña, un área geográfica que se corresponde con el Convento Bracarense de época romana: provincia de Ourense, S de la de Pontevedra y N de Portugal (Viana, Braga y Oporto).

Guerreros de Vizela y Fafe 

Actualmente se conocen más de treinta estatuas, la mayor parte de ellas encontradas fuera de su contexto original y a menudo reutilizadas como material constructivo en muros, casas, etc. Muchas de ellas se encuentran en mal estado de conservación y la mayor parte han aparecido sin cabeza, bien por algún tipo de accidente o tal vez debido a una destrucción deliberada.


Datación de las estatuas de guerreros.

Dentro de las esculturas indígenas galaicas existen varios precursores de las estatuas de guerreros. 

La estela Pedra Alta de Castelo do Val es hasta el momento la única de su tipo encontrada en Galicia y corresponde a las denominadas estelas de guerreros del SO peninsular, de las que se conocen más de cincuenta en la Península Ibérica y que han sido datadas entre el Bronce Final y los inicios de la Edad de Hierro. La estela tiene una cierta silueta antropomorfa y en la parte frontal aparece grabada una espada envainada provista de una correa o cinto, un escudo con asidera y escotadura en “V”, una posible lira homérica (phorminx o forminge), una lanza y un carro de dos ruedas.


La Estatua-Menhir de San Pedro (Verín) representa lo que podría ser un antecesor de un guerrero galaico. Está datada en la Edad de Bronce Final o inicios de la Edad de Hierro y como veremos que sucede con algunas de las estatuas de guerrero, la estela fue reutlilizada en época romana y sobre ella se grabó la siguiente inscripción:

 Latronus/Celtiati f (ilius)/h(ic) s(itus) e(st)

Ladrono, hijo de Celtiato, se halla enterrado aquí.


Las estatuas de guerrero galaicas son una muestra cultural indígena, como lo acredita la presencia de esvásticas, trísqueles, decoraciones en S, torques, viriae y la ornamentación de la caetra. Las distintas dataciones las sitúan entre los siglos II a.C a I d.C., por lo que algunas estatuas ya se habrían erigido cuando Decimus Junius Brutus conquistó el N de Portugal (finales siglo II a.C), mientras que otras se labraron cuando ya hacía mucho tiempo que Callaecia pertenecía al Imperio Romano.

Sin embargo, la polémica sobre la datación de las estatuas dura ya décadas y enfrenta por un lado a los investigadores que las fechan entre los siglos II-I a.C (González Ruibal), y aquellos que las sitúan en el siglo I d.C. en época Julio/Claudia (Calo). Si analizamos los datos disponibles comprobamos que tan sólo cinco estatuas han aparecido en citanias y castros, cuyos  períodos de máxima ocupación van de los siglos VII a.C a I a.C. Las diferencias de estilo apreciables entre las distintas estatuas indican diversas cronologías, entre principios del siglo II a.C hasta mediados del siglo I d.C. Por último, las inscripciones latinas que presentan cinco de las estatuas (Rubiás, Lezenho, Meixedo, Santa Comba, São Julião), fueron grabadas con posterioridad a que las estatuas fueran esculpidas, probablemente incluso varios siglos después.


Contexto histórico

Desde finales de la Edad de Bronce, la producción de oro y estaño habían convertido el NO peninsular en un eje comercial de la Europa Occidental por el que transitaban productos de alto valor, tanto del área atlántica como mediterránea. Dentro de este comercio tuvo especial importancia el intenso tráfico de armas, que estimuló la producción local y provocó la aparición de sociedades guerreras.


A comienzos de la Edad de Hierro en Galicia (800/700-600 a.C) se produjo la crisis del circuito atlántico por la competencia del comercio fenicio y la generalización del uso del hierro. Es el momento de aparición de las denominadas culturas atlánticas y en el que la cultura castreña alcanza su apogeo.

Citania de Sanfins

En la Segunda Edad de Hierro, entre el sigo II a.C y la campaña militar de Decimus Junius Brutus en el 137 a.C, comenzó la construcción de las grandes citanias del SO de Galicia y el N de Portugal, las cuales constituyeron en su momento la arquitectura doméstica y el urbanismo más complejo y monumental de toda la Europa Atlántica.


Citania de Briteiros

Con la llegada de los romanos, las poblaciones indígenas que aún habitaban en pequeños castros se trasladaron a estas grandes citanias y paralelamente, debido a la presión militar romana, lusitanos y celtíberos llegaron a Callaecia, trayendo consigo elementos célticos, como la planta cuadrangular de las viviendas o determinados elementos decorativos, comenzando así un proceso de celtiberización de la sociedad castreña.

Todas estas circunstancias llevaron a que las citanias se constituyeran como auténticas ciudades-estado, densamente pobladas y organizadas en barrios donde se agrupaban distintos grupos familiares de artesanos especializados en determinadas actividades, como por ejemplo la metalurgia o la fabricación de cerámica.

Citania de Santa Luzía

Entre los siglos II a.C a I d.C, surgió en el conventum bracarensis una aristocracia local de índole guerrera y adepta a Roma, a la cual corresponderían las estatuas de guerreros galaicos, las cuales se emplazaron de manera permanente en zonas de gran visibilidad en las entradas de los castros, como muestra de identidad de la comunidad y de prestigio de sus líderes. En estas zonas de acceso a los castros también se han hallado al menos cinco cabezas humanas de piedra labrada, las cuales pudieran representar a deidades, difuntos o a enemigos decapitados.

A finales del siglo I d.C se dejaron de esculpir más estatuas de guerreros galaicos y a partir del siglo II d.C. se dejaron de construir nuevos castros y las murallas de los existentes dejaron de ser reparadas, mientras la población castreña comenzó a asentarse gradualmente en las nuevas ciudades romanas. Las reformas administrativas romanas acabaron con la organización de la época castreña y dieron paso a la nueva ordenación galaico-romana.

Significado de las estatuas de guerreros

Al igual que sucede con la datación de estas estatuas, también existe gran discrepancia entre los distintos autores en cuanto a su significado y función: votiva, funeraria, honorífica, representación de divinidades bélicas, tutelares o protectoras, o una muestra de la glorificación de los antepasados.

Para Leite de Vasconcelos, Cardozo y Blanco las estatuas tenían un carácter funerario, mientras que  Alves y Calo Lourido piensan que se trata de héroes divinizados. Alarcao sostiene que se trata de jefes locales (Alarcao) y para Tranoy representan héroes anónimos o divinidades, excepto las que presentan inscripciones, las cuales corresponderían a personajes reales que pudieron haber luchado en los cuerpos auxiliares romanos.

Recreación de guerreros galaicos. (C. I. castro de S. Cibrán de Las)

Podemos dividir las distintas interpretaciones en dos bloques opuestos: aquellos que mantienen que se trata de un fenómeno encuadrable dentro del proceso de aculturación con la llegada del invasor romano, y los que sostienen su carácter primordialmente indígena y de resistencia frente a la invasión.

Las estatuas de guerreros como influencia romana

Ferreira de Almeida afirma que las estatuas obedecerían a la costumbre romana de honrar a jefes mediante estatuas, mientras que Calo Lourido piensa que incluso la propia Roma propició que se erigieran estatuas dedicadas a los jefes indígenas que luchaban dentro de las tropas auxiliares romanas.

Según esta interpretación, las estatuas de guerrero fueron un intento de imitar las esculturas romanas de Bracara Augusta, ensalzando a miembros de la élite indígena que fueron reconocidos por los romanos como sus interlocutores y que representaban al poder de Roma en la comarca que controlaban. Las estatuas tendrían por lo tanto una función propagandística y probablemente sería el propio jefe guerrero el que asumiría el coste de la estatua, ya que con ella buscaba aumentar su prestigio social y reafirmar su poder. Esto explicaría el hecho de que los romanos nunca consideraron un hecho peligroso, desde el punto de vista político, la presencia de estar representaciones en la entrada de los castros de las tribus indígenas.

Las estatuas de guerreros como representación de la resistencia ante la invasión

Para otros investigadores las estatuas de guerreros personificaban a jefes o antepasados considerados héroes y por lo tanto representaban la identidad colectiva de la comunidad, desempeñando una importante función como símbolo de protección del castro en su resistencia contra el invasor romano.

Por lo tanto y de acuerdo con esta interpretación, las estatuas se situaban en las murallas y tenían como finalidad la demostración del poder guerrero de la comunidad a todas aquellas personas que se acercaban a las entradas del castro.

Emplazamiento del guerrero de Sanfins, en una puerta de acceso a la citania.

En el contexto de creciente inestabilidad y confrontación que desde el siglo II a.C se produce con la llegada de las legiones romanas al NO peninsular, las estatuas de guerreros servían tanto de aviso para los extranjeros como para reforzar la propia identidad de la comunidad castreña.


Características escultóricas y estilísticas 

Los guerreros galaico-lusitanos son esculturas de hombres armados, por lo general de un tamaño de 1-2 m de altura, que se caracterizan por la ausencia de una técnica precisa, su marcado hieratismo, rigidez, frontalidad y por presentar los brazos totalmente pegados al cuerpo. Todos estos rasgos buscan simplificar intencionadamente la representación del cuerpo para que la atención se centre principalmente en las armas y demás motivos simbólicos. Además, los restos de pintura que se han hallado demuestran que originalmente estuvieron pintadas.

La cara de la estatua mira siempre al frente y, en aquellas que conservan la cabeza (Rubiás, Capeludos, Sanfíns y dos de Lezenho), los rostros pueden tener ojos globulados, nariz, orejas, barba y bigote.

Guerrero de Rubiás

En algunas ocasiones la cabeza está cubierta con un casco cónico (Sanfíns y Capeludos), que podría ser una versión local del tipo Montefortino (Quesada), como el hallado al dragar el río Miño en Caldelas de Tui y que está datado entre finales del siglo III y el  II a.C. Existe abundante evidencia arqueológica de arrojar armamento a las aguas de los ríos, posiblemente como ofrenda a una divinidad de las aguas,  era una práctica ritual habitual desde el Bronce Final hasta la Edad de Hierro y que se mantuvo vigente en época romana.

Casco de Lanhoso. Versión galaica de los cascos tipos Montefortino. Siglo I a.C.

Por lo que se refiere a los brazos, el izquierdo sujeta, a la altura del vientre, un pequeño escudo redondo con umbo en la parte central externa, el cual está provisto de manilla así como de correas para evitar que cayera durante el combate. Los escudos están decorados con motivos geométricos (Monte Mozinho, Campos y Lezenho), los cuales pueden corresponder al período de finales del siglo I a.C. 

Guerreros de Vizela & Fafe
Por su parte, la mano derecha descansa sobre un puñal, daga o espada corta, que a veces está desenfundada (Armeá y Santa Comba). Los puñales representados son de mayor tamaño que el real y del tipo doble globular, semejantes a los celtibéricos (siglos IV-III a. C) y a los romanos posteriores (siglo I-II d.C). 

Puñal celtibérico con su vaina

Las espadas y puñales están prendidas en un cinturón con hebilla decorada con trisqueles y esvásticas.

Broche de cinturón celtibérico

La vestimenta consiste en una túnica de manga corta ceñida por un cinturón, con una línea vertical en la espalda y escote en “V”. A veces la túnica está decorada con motivos en “S” entrelazados y el sayo también está ornamentado, principalmente con un reticulado romboidal. 

Guerrero de Meixedo

En la mayoría de las esculturas el guerrero luce virias o brazaletes en los brazos y a veces torques en el cuello, complementos todos ellos característicos del Bronce Final.

Virias o brazaletes. Guerrero de Armea I

Con respecto a la vestimenta también existe una fuerte polémica entre los que defienden que lo que cubre el cuerpo es una túnica de manga corta con escote en “V” y ceñida por un cinturón (Quesada, Schattner), y los que sostienen que se trata de una coraza de piel del tipo coselete acolchado y con cuello en forma de “V”, como las romanas, basándose en el surco de la espalda que recorre la columna vertebral (Calo Lourido). 

Los que piensan que se trata de una túnica sostienen que no tendría sentido una coraza que dejara totalmente desprotegido el cuello. Además no se distinguen los límites de la supuesta coraza y tampoco existe ninguna referencia a este complemento defensivo en las descripciones de los geógrafos romanos y griegos.

Por último, las piernas son exageradamente gruesas y a veces llevan polainas (knémidas) y otras veces los pies están calzados. 

Guerrero I de Monte Mozinho


Inventario de estatuas de guerreros


1 Guerrero de Bergazo

Estos restos pertenecientes a una posible estatua de guerrero fueron encontrados en 1951 en el castro de Bergazo, O Corgo (Lugo). Se trata de un bloque de granito de 114x80 cm que iría enterrado y en cuya parte superior aparecen dos pies de 40 cm de largo, inclinados hacia delante y separados unos 5 cm, labrados hasta la altura de los tobillos. Están descalzos y se distinguen claramente los dedos.

Según lo expuesto por Castro Lourido, la perfección de la labra y el tamaño de los pies (que corresponderían a una estatua de unos 2,70 m de alto), hace pensar que en verdad no se trate de una escultura de guerrero, ya que además hasta el momento no se ha encontrado ningún estatua de este tipo en la provincias de Lugo y Coruña.


2 Guerrero de Ralle

Se trata de una cabeza encontrada en la parroquia de Vilela, Taboada (Lugo) y que se conserva en una casa situada a unos 600 de un castro destruido por la construcción de una carretera y a 2 km del castro de Castelo. Esta enorme cabeza mide 85 cm de altura y conserva parte del cuello en el que luce un enorme torques en relieve con remates en perilla de 17 cm de grosor en la parte posterior. La cabeza está cubierta por un casco de cuero en cuya parte posterior se ve la cubrenuca.


3 Guerrero de Anlló

Encontrada en Anlló, parroquia de Castrelo, Cea (Ourense), según algunos en el portalón de la casa rectoral y según otras referencias en la pared de una cuadra, se trata de una cabeza que conserva parte de su unión al torso. Mide 44x24x21 cm, de los que 30 cm corresponden a la cara.

La cabeza está ligeramente ladeada hacia la derecha y en la cara se aprecian los pómulos, los ojos (dos pequeños huecos circulares), la nariz y la oreja derecha. En el cuello luce un torques sin remates.


4 Guerrero de Río

Esta cabeza de granito fue hallada en un muro de cierre de una casa en el lugar de A Ría, a un kilómetro de Castro de Río, Vilamarín (Ourense). No existe consenso sobre si perteneció a una estatua de guerrero galaico.

La cara está muy rodada y apenas se aprecian las facciones. Los ojos son dos pequeños agujeros, por encima unos abultamientos marcan las cejas, se aprecia la nariz, las orejas y una incisión a modo de boca. La cabeza está cubierta por un casco y en el cuello se disitngue una protuberancia que pudiera ser un torques.


5 Guerrero de Santa Águeda

Esta es una pieza pieza singular datada en el siglo I d.C y encontrada en la década de 1950 en un muro moderno cerca del castro de Santa Ádega (San Vicente de Reádegos, Vilamarín, Ourense). Se trata de una estatua de bulto redondo realizada en granito de la que sólo se conserva un torso masculino de 26 x 20 x 13 cm. Se encuentra muy mutilada y erosionada pero se distingue el cinturón formado por dos baquetones lisos que se extiende por la parte traerá y laterales y que en la parte frontal se ve interrumpido por un ligero abultamiento que pudiera corresponde a la caetra con umbo central que suelen mostrar las estatuas de guerreros galaicos. A diferencia de éstas, en este caso el brazo derecho aparece ligeramente separado del torso. 

Guerrero de Santa Águeda

En lo que se conserva de este brazo se distingue el remate de manga corta de la camisa o sagum, en cuyo centro se muestra un surco longitudinal y lo que pudiera ser una viriae. El brazo izquierdo falta casi en su totalidad. En cuanto al cuerpo se aprecia lo que pudiera ser el escote en “V” así como unos abultamientos en la base del cuello que quizás pudieran tratarse de torques. Lo que mejor se conserva en una banda ancha entre dos tiras que cruza en diagonal el pecho desde el hombro izquierdo hasta la parte derecha del cinturón, continuando también por la espalda. Esta banda está decorada con rombos, que son el ornamento más frecuente en los sagum de los guerreros galaicos.

Guerrero de Santa Águeda

Francisco Calo planteó dudas sobre si se trata de la representación de un guerrero o si se pudiera tratar de una estatua romana, ya que está realizada con una técnica diferente y más elaborada. Por otra parte, la estatua de Santa Águeda guarda bastante relación con otra pieza catalogada como de guerrero galaico, como es la aparecida en el castro da Cidá de Sabanle (Crecente).


6 Guerrero de Castromao

Este fragmento de estatua fue encontrado en un muro en una ladera del castro de Catromao (Celanova). Se trata de un torso, desde el cuello hasta el comienzo del escudo,  de tan sólo 18 cm de alto y 20 cm de ancho, un tamaño mucho menor de lo que es habitual para las estatuas de guerreros. Carece casi totalmente de brazos y distinguen las escotaduras en “V” de la vestimenta, el surco longitudinal que recorre la espalda y los torques rematados en perilla.


7 Guerrero de Sabanle

Encontrado en el castro da Cidá, en la parroquia de Quintela, Crecente (Pontevedra), junto con restos cerámica y un trisquel. Cuando se encontró en la acrópolis del castro conservaba la cabeza y el brazo izquierdo intacto, pero su descubridor lo mutiló para poder empotrarlo en un muro. De esta estatua de pequeñas dimensiones, actualmente sólo se conserva un torso de 26 cm de alto, sobre cuyo pecho, formando un ángulo agudo, reposa el brazo derecho (24,5 cm) con la mano abierta (12 cm) y los dedos extendidos. 

Guerrero de Sabanle
Por debajo de la mano derecha, sobre el vientre, porta un escudo redondo de 14 cm de diámetro con umbo de 4,5 cm de diámetro que es sostenido por el brazo izquierdo, que está fracturado. Se distingue el escote en “V” de la túnica o coraza y el remate de la manga del brazo derecho.


8 Guerrero da Cividade

Hallada en la freguesía de Paderne (Melgaço), se trata de una pieza a escala reducida que guarda semejanza con el guerrero de Sabanle, tanto por su escala reducida como por tener un brazo sobre el pecho, en este caso el izquierdo.

Guerrero da Cividade. Castro de Paderne.
En su parte posterior se aprecia claramente el surco de la espalda que recorre la columna vertebral.

Guerrero da Cividade. Castro de Paderne.


9 Guerrero I de Rubiás

Cabeza de guerrero encontrada en 1935 cerca del castro de Rubiás en la parroquia de Santiago de Cadós, Bande (Ourense), en lo alto de la fuente del pueblo. 

Guerrero de Rubiás

Este castro se encuentra a poca distancia de una vía romana secundaria de la vía XVIII del Itinerario de Antonino que conduce a Aquis Quaerquernis y en las excavaciones realizadas ese año por López Cuevillas, Otero Pedrayo y Jesús Soria, entre otros muchos objetos, hallaron una pequeña águila de bronce y una inscripción dedicada a Trajano.

Águila de Bronce. Castro de Rubiás (S I-II d.C.)

La cabeza de Rubiás tiene unas medidas de 30 x 30 x 20 cm y está muy bien labrada. Es muy afilada y de rasgos suaves, mostrando unos grandes ojos almendrados que carecen de pupilas; nariz prominente y ancha en su base, cuyo extremo fue restaurado por el Museo Arqueolóxico de Ourense; mejillas simétricas y redondeadas; boca cerrada con labios finos; orejas bien definidas y pegadas al cráneo; en la zona occipital se distingue lo que para algunos autores es el pelo y para otros un casco; conserva el entrante del cuello con un torques visible en la nuca y laterales pero no por la parte delantera, justo por donde se rompió la pieza.

Guerrero de Rubiás

Tradicionalmente se viene identificando como la cabeza de la estatua citada por la literatura como existente en el lugar de su descubrimiento. Así,  Mauro Castellá Ferrer en su Historia de Santiago Apóstol (1609), la describe de esta manera: “…una figura de hombre de piedra, desnudos los braços, con un sayo ancho hasta más arriba quatro dedos de las rodillas, ceñido con una cinta gravada, y desnudas las piernas, en las manos tiene una rodela, o escudo redondo con una punta en medio”. Además, indica que en el escudo de la estatua se podía leer esta inscripción:

 [L]adrono

Veroti  f(ilio)


10 Guerrero II de Rubiás

Esta cabeza, hoy desaparecida, fue descubierta en el castro de Rubiás el siglo XVII por Castellá Ferrer, quien la describe de esta manera: “En el castro de Rubiás se halló poco ha una figura de hombre de piedra, desnudos los braços, con un sayo largo más arriba quatro dedos de las rodillas, ceñido con una cinta gravada, y desnudas las piernas, en las manos tiene una rodela, ó escudo redondo con una punta en medio, con el siguiente letrero: ADRONO VEROTI . F.


11 Guerrero I de la Cibdá de Armea

Esta estatua apareció cerca del castro de Armea en Santa Mariña de Aguas Santas (Allariz. Ourense). Si bien el yacimiento de la Cibdá de Armea tiene una cronología que abarca desde el siglo II a. C. hasta el siglo V d. C, podemos datar esta estatua en el siglo I. d.C ya que, siguiendo la tesis defendida por Calo Lourido, las estatuas halladas en un contexto castreño se realizaron alrededor del cambio de era, bajo la dominación romana y en el momento de máximo desarrollo de los castros.

Guerrero I de la Cibdá de Armea
Fue descubierta por Conde Valvís, el cual recuerda que siendo niño la veía junto con otra, formando pareja en la baranda de la solana de una casa en Outeiro de Laxe. Años más tarde localizó ambas y ésta en concreto era utilizada como tapadera en un canal de agua, lo que provocó su erosión en la zona inferior de la espalda. Las gentes del lugar recordaban que los niños jugaban con una cabeza de piedra, perdida en la actualidad, que posiblemente perteneciera a esta escultura (Milagros Conde Sánchez. Museo Arqueológico de Ourense).

Realizada en granito, actualmente sólo se conserva el torso cortado justo por debajo del cinturón y sus medidas son 70 de alto, 55 de anchura en los hombros y 36 cm de grosor. Viste una prenda de media manga (o coraza según Calo Lourido) que acaba por encima de los brazaletes de cuatro toros que luce en ambos bicéps. 

Guerrero I de la Cibdá de Armea
No se aprecian los bordes superiores de esta prenda, que en el centro del pecho y la espalda presenta una suave línea vertical, y que está ceñida por un cinturón de 6 cm de ancho formado por dos baquetones o toros lisos paralelos.

Guerrero I de la Cibdá de Armea
Tiene los brazos pegados al cuerpo, aunque el izquierdo está mutilado justo por debajo de los brazaletes. Se distinguen los dedos de la mano derecha, la cual descansa sobre el escudo redondo o caetra, liso y con umbo, mientras empuña una espada de hoja ancha y larga de mango rematado en pomo redondo, que sostiene en posición vertical contra el pecho.

 

12 Guerrero II de la Cibdá de Armea

Es un fragmento de estatua muy mutilada de la que se conserva tan sólo el torso de 89 cm de altura y 66 cm de anchura en los hombros, y que está cortado a la altura del cinturón, de 4 cm de ancho, del que tan sólo se distingue un baquetón o toro liso sin presillas. En la parte frontal se distinguen restos del torques.

Del sayo se aprecian las líneas longitudinales en el pecho y espalda. En el brazo derecho luce un brazalete de tres toros y su mano, en la que no se distinguen los dedos, reposa sobre el escudo y empuña una espada de la que sólo se distingue el pomo y que probablemente estaría situada sobre el pecho. Falta el brazo izquierdo entero, así como fragmentos del costado y escudo de este mismo lado.

El escudo redondo mide 43 cm de diámetro, tiene umbo y están grabados cuatro cuadrantes de círculo.

Al igual que la anterior estatua, ésta apareció cerca del castro de Armea en Santa Mariña de Aguas Santas (Allariz. Ourense). Cuando se encontró formaba parte del paramento de una casa y había sido partida en varios trozos.

 

13 Guerrero de Vilar de Barrio

Esta estatua ha desaparecido y sólo se conoce la referencia de Hübner en 1861, quien dice que era la parte inferior de un guerrero galaico y que servía de límite entre las parroquias de Santa María de Bóveda y San Miguel de Padreda, Vilar de Barrio (Ourense).


14 Guerrero de Sacedo

Pierna de guerrero exhumada por Covadonga Carreño en 1985 en el castro de Saceda, Cualedro (Ourense). Mide unos 40 cm de largo y el pie, de 22 cm, está calzado con juna bota de media caña.


15 Guerrero de Britelo

La única referencia que hay de esta estatua, actualmente desaparecida, se debe al arqueólogo portugués L.F. Guerra. Ningún arqueólogo, ni el propio Guerra, la vió jamás,  pero al parecer se hallaba en el castro de Britelo y fue destruida por el párroco de Britelo ya que consideraba que suscitaba creencias supersticiosas entre los vecinos. La escultura no tenía cabeza, manos, ni pies, pero sí un escudo redondo sobre el pecho.

 

16 Guerrero I de Cendufe

Estos restos fueron hallados en 1907 en los paramentos de una edificación situada al lado de la iglesia parroquial de Cendufe, Arcos de Valdevez (Viana do Castelo).

Por una parte se conservan un semitorso inferior de guerrero desde la mitad del escudo hasta por debajo del sagos, de 71 x 42 x 28 cm. Junto a esta pieza se halló una peana con dos pies descalzos, de 50 cm de altura, labrada sobre el mismo tipo de granito que el fragmento anterior, por lo que parece que ambos formarían parte de la misma estatua.

El guerrero de Cendufe viste un sayo decorado con un reticulado de rombos, dentro de cada uno de los cuales hay otro rombo de menor tamaño con un punto inciso en el centro. El sayo está ceñido por un cinturón de 7 cm de ancho formado por tres toros lisos, en cuyo lado derecho hay una vaina de un puñal de unos 22 cm de largo y 9 cm de anchura máxima, del que no se conserva la empuñadura. Por lo que se refiere al escudo, se trata de una caetra de 38 cm de diámetro que originalmente estaba dividida en triángulos de base curva y un umbo central.

Guerrero I de Cendufe.

Resulta muy interesante señalar que el diseño de la caetra presenta una enorme similitud con el que aparece en algunas monedas romanas, como el sestercio procedente de la Cidade de San Cibrán de Las (Ourense). En el anverso de esta moneda aparece una cabeza desnuda de Augusto mirando a la izquierda y una leyenda muy borrosa: IMP: AUG. DIVI. En el reverso está representada una caetra, lo que significa que este motivo tenía un significado especial y una vinculación con el ejército romano de época de Augusto.

La caetra aparece en grabada en sestercios, dupondios y ases y según sea el valor de la moneda va acompañada o no de algún otro motivo. Los sestercios presentan el escudo con umbo central rodeado por un dibujo geométrico dividido en cuatro sectores que forman arcos de semicircunferencias. Los ases muestran un escudo central con círculos rellenos de radios, con un dibujo geométrico idéntico al de los sestercios. Los dupondios tienen además una falcata a un lado, un puñal de hoja ancha al otro y en el centro un soliferreum. Todas estas armas tienen un origen hispánico, por lo que parece que quieren representar el acatamiento a Roma tras la conquista de las tropas de Augusto (Xulio Rodríguez González).


17 Guerrero II de Cendufe

Se trata de una peana con dos pies descalzos, de 50 cm de altura, labrada sobre el mismo tipo de granito que el fragmento anterior y también encontrada en 1907 en la misma edificación situada al lado de la iglesia parroquial de Cendufe, Arcos de Valdevez (Viana do Castelo), por lo que parece que ambos formarían parte de la misma estatua.

 

18 Guerrero III de Cendufe

Fragmento de piernas de 44 cm de largo y 36-30 cm de anchura, en cuyas rodillas aún se aprecia algo de abultamiento característico de las estatuas de guerreros. La piedra en la que se están labradas es un granito de grano más grueso que el de la estatua del guerrero I.


19 Guerrero de Meixedo

Se desconoce su procedencia original pero se cree que proviene del castro de São Paio de Meixedo (Viana do Castelo). Esta estatua de granito fue propiedad de la familia Rochas desde el siglo XV, la cual realizó en ella varias modificaciones, como el grabado de una cruz en el pecho y una escotadura recta en los hombros, el tallado de un cuadrado para poder incorporar una cabeza a la escultura, así como otras modificaciones en las piernas para poder introducir la estatua en una peana, y la ornamentación del escudo con un aspa o cruz de San Andrés y cinco conchas, emblemas de la citada familia.

Guerrero de Meixedo (original y réplica)

La altura actual del guerrero es de 180 cm, con una anchura de hombros de 55 cm. Viste un sayo corto, bastante por encima de las rodillas, con mangas hasta la mitad de los brazos y escote angular de SS simples encadenadas a ambos lados que continúan por la espalda simétricas a un surco central, desde la parte superior hasta el cinturón.

Guerero de Meixedo (Réplica)
El brazo derecho presenta una pulsera lisa en la muñeca y la mano reposa sobre la empuñadura de un puñal triangular de 40 cm, de pomo discoidal, cuya vaina puntiaguda está prendida de un cinturón de 9 cm de ancho. En el antebrazo izquierdo aparecen esculpidas dos correas cruzadas en aspa que sujetan el escudo.

Guerrero de Meixedo (Réplica)

Bajo el pecho porta un escudo redondo y convexo,  de 40 cm de altura y 44 cm de anchura, con umbo y que presenta cuatro clavos que fijan dos largas tiras cruzadas cuya función sería tanto de refuerzo como decorativa. Estos clavos han sido transformados en vieiras, como ya he comentado anteriormente.

La estatua de Meixedo presenta unas inscripciones latinas que no formaban parte original de la escultura, sino que se añadieron posteriormente y tuvieron que ser fragmentadas entre las diversas partes del cuerpo para poder encontrarles sitio.

En la parte inferior del sayo, en el centro bajo el escudo y en la parte derecha bajo el puñal y en el muslo de la pierna derecha, aparecen las siguientes inscripciones, que han sido interpretadas de diferentes maneras según los autores:

En el frontal (escudo y parte del sayo):

P(ublio) · CLODAMEọ / COROCAVDI / F(ilio) · SEaụeo[n]i L(ucius).

(Armando Redentor)

CLODAME COROCAVDI F(ilios). SE[STIO?]

A Clodamus Sestius hijo de Corocaudius

(Armando Coelho Silva)

Guerrero de Meixedo (Réplica)

En la túnica y pierna derecha:

SEST- / IUS · L(ucii) · L(ibertus) · COROC- / AUDIUS / CONTU(bernalis) / Frater ẹṭ  

(Armando Redentor)

L(ucius) SESTI/ VS. L(ucci) Libertus COROC- / VDIUS/ CONTV (bernalis)/Frater .

(Lucius Sestius Corocondius, liberto de Lucius (¿), hermano (familiar, amigo) y camarada (mando hacer)

(Armando Coelho Silva)

Guerrero de Meixedo

En la pierna izquierda:

Tụbẹṇe(n)s(es) · f(aciendum) · c(urauerunt)

(Armando Redentor)

Según Redentor, el texto se refiere a un individuo llamado Publio Clodameo Corocaudi y a quienes se lo dedican, Lucius Sestius Corocaudius y los Tubenenses. Considera este autor que se trata de un liberto descrito como frater (hermano) et contubernalis (compañero, camarada), que guarda relación de parentesco con el otro ya que su cognomen es el mismo. Ambos serían hombres libres que por un suceso, probablemente bélico, fueron hechos esclavos. Redentor hipotetiza que, tras haber obtenido la libertad, Lucius Sestius Corocaudius regresó a su comunidad de origen y, junto a sus habitantes, realizó esta inscripción en homenaje a su hermano.


20 Guerrero de San Julião

Esta estatua fue hallada casualmente por María Manuel Martíns en 1981, entre los escombros de las excavaciones realizados en 1930 en la citania de San Julião en Vila Verde (Braga).

Lo que se conserva de la estatua mide 143 cm de alto y su anchura en los hombros es de 48 cm. Carece de cabeza y por abajo termina a la altura de la rodilla derecha y le falta gran parte del muslo izquierdo. Si bien está mutilada y muy erosionada, aún se puede apreciar el sayo-coraza de media manga decorado con espirales enlazadas y rombos, con remate superior en “V” y surco central en pecho y espalda.

Guerrero de São Julião

El cinturón mide 6 cm de ancho y consta de dos toros longitudinales unido por presillas y en la espalda está rematado por un círculo dentro del cual está inscrita una svástica de 11 cm de diámetro formada por 6 rayos dextrógiros.

El brazo derecho tiene mano con los dedos labrados y sujeta un puñal de 42 cm de longitud y 6,5 cm de ancho, con pomo en la empuñadura y en el remate de la vaina. Tiene presillas y unas incisiones triangulares y está sujeto al cinturón mediante dos correas.

Guerrero de São Julião

El brazo izquierdo está decorado con un brazalete y carece de mano al llegar al escudo redondo, de 35 cm de diámetro, con umbo y en el que se puede leer la siguiente inscripción:

MALCEINO

DOVILONIS

F(ilio)

Guerrero de São Julião


21 Guerrero de Midões

Estatua desaparecida y que podría proceder del Monte da Saia (Barcelos).


22 Guerrero de Roriz

Se trata de una cabeza de 30 cm de largo que fue encontrada en 1974 entre la primera y segunda muralla del castro de Roriz, Barcelos (Braga). Su descubridor, Aires Gonçalves de Sá realizó retoques en su fisonomía para que se pareciera al general António Spinola, para lo que le retocó la boca y le labró la oreja derecha, así como un monóculo en el ojo derecho. . La cabeza tiene los arcos superciliares abultados y los ojos ovalados estaban semicerrados. Tiene bigote y está partida por debajo del labio inferior. Actualmente la conserva el arqueólogo que la recuperó, Doctor Brochado de Almeida, Modivas (Porto).


23 Guerrero de Braga

Posible cabeza de guerrero, hallada en la ciudad romana de Braga, cubierta por lo que parece ser un casco de cuero.

 

24 Guerrero de Briteiros

Se trata de una posible estatua de guerrero que actualmente está siendo estudiada en el Museu da Cultura Castreja-Casa de Sarmento. 

Guerrero de Briteiros

Es una escultura a pequeña escala que se encuentra en muy mal estado de conservación y en la que tan sólo se distingue lo que pudiera ser el escudo y la parte superior de las piernas.

 

25 Guerrero de Fafe

Escultura de granito hallada cerca del monte de Santo Ovídio (Fafe) y adquirida en 1878 por Martíns Sarmento.

Le falta la cabeza y parte de las piernas y su altura original debía ser de unos 2,60 m, pero actualmente mide 163x50 cm. La estatua se partió por el medio, justo por encima del escudo y fue pegada con cemento.

Guerrero de Fafe

El guerrero viste un sayo corto, de mangas también cortas, con surco central en el pecho y coraza con remate en “V”. En la espalda, la línea longitudinal llega hasta la esvástica sinistrogira de 17 cm de diámetro, que decora el cinturón de tres toros lisos y paralelos y 11 cm de ancho.

Guerrero de Fafe
En ambos brazos se distinguen virias dobles La mano derecha reposa sobre el puñal/espada de 55 cm de largo con vaina alargada, borde resaltado y rematada por un pomo circular. La mano derecha tiene labrados los dedos mientras que la izquierda carece de ellos.

Porta un escudo redondo (caetra) de 48 cm de diámetro, muy desgastado aunque se aprecia la decoración del umbo y una circunferencia lisa alrededor.

Guerrero de Fafe


26 Guerrero I de Santa Comba

Esta estatua fue encontrada en 1980 en una finca del profesor Artur de Sousa Barroso situada en las cercanías del castro de Santa Comba, cuando al realizar unas labores agrícolas apareció enterrada entre las raíces de un árbol. Al sacarla con una excavadora, la escultura se rompió por debajo de las rodillas y, posteriormente, fue pegada. Actualmente se conserva en Refojos, en la casa del citado profesor.

La estatua mide 206 cm de alto, con una anchura en los hombros de 69 cm, y carece de cabeza. Viste un sayo de mangas cortas con surco vertical  por el centro del pecho y la espalda. La vestimenta está ceñida por un cinturón de 11 cm de ancho en cuya parte posterior presenta un círculo de 17 cm de diámetro en cuyo interior está inscrita una esvástica dextrógira de cinco radios. En la parte izquierda del cinturón está sujeto un puñal con su vaina, mientras que del lado derecho parte una correa hacia la vaina de la espada.

El brazo derecho tiene una viria de un toro y la mano empuña una espada de dos pomos cuya vaina también termina con un pomo. El brazo izquierdo presenta una  viria de dos toros y llevaba amarradas las correas para agarrar el escudo de 44 cm de ancho con umbo, sobre el que reposa la mano. El escudo está grabado con la siguiente inscripción:

ARTIFICES

CALUBRIGENS

ES.ET.ABIANIS (ses)

F(aciendum).c(urauerunt)

Por debajo de las rodillas se aprecian unas ocreas o espinilleras sujetas con correas arriba, abajo y por los lados. Lleva unas botas de media caña que descansan sobre una peana.

 

27 Guerrero II de Santa Comba

Esta imagen es conocida desde hace siglos y su origen también se sitúa en las inmediaciones del castro de Santa Comba.

En 1612 se labró en su pecho y escudo la siguiente inscripción:


PONTE DE S. MIGUEL  DE REFOYOS DE BASTO 1612

En 1892 se le añadió una cabeza con un gorro y bigote y fue pintada. Posteriormente se pintó nuevamente con los colores del equipo de fútbol de Refojos. En las fotos que he incorporado a este artículo he eliminado todas estas inscripciones mediante un programa de retoque fotográfico.

Guerrero II de Santa Comba

Por lo demás, la estatua conserva la camisa de mangas cortas, el brazo derecho presenta viria de dos toros y su mano sujeta un puñal de hoja triangular, pomo en la empuñadura, y vaina con presillas transversales que la sujetan a un  cinturón de tres toros paralelos en cuya parte posterior hay un círculo con un trisquel sinistrógiro inscrito. 

Guerrero II de Santa Comba

El brazo izquierdo tiene una viria de tres toros y la mano sujeta por dentro el escudo con umbo de 47 cm de diámetro.

 

28 Guerrero de Vizela

Escultura de granito encontrada en 1884 por Martíns Sarmento en una pared del atrio de la iglesia de San Jorge de Vizela (Felgueiras). Le falta la cabeza y parte de las piernas y los brazos, manos, parte de las caderas, piernas, puñal y gran parte del escudo, fueron reconstruidas con cemento. 

Guerrero de Vizela

Según Calo Lourido, el diseño del puñal fue copiado de uno similar que se encuentra en el museo de la Fundación Martíns Sarmento.

Guerrero de Vizela

Actualmente mide 156 cm de alto, pero Martíns Sarmento calculó que cuando estaba entero debía medir 2,40 m. Viste un sayo corto que le llega por encima de las rodillas y que está ceñido por un cinturón muy desgastado de 10 cm de ancho, del que cuelga un puñal o espada corta con vaina, torques en el cuello, brazaletes (viriae) y escudo redondo (caetra) de unos 50 cm de diámetro con umbo. Se distingue el escote en “V” de la coraza y una raya longitudinal en la espalda.

Guerrero de Vizela


29 Guerrero de Sanfíns

Los restos que se conservan en el Museo Arquelógico de la Citania de Sanfíns fueron recuperados en las excavaciones realizadas en 962 y pueden corresponder a uno, dos o más guerreros.

Guerrero de Sanfíns

Empezando por la cabeza, mide 38 cm de largo y muestra la boca. La nariz, la barbilla, los ojos, levemente la orejas y parecer tener barba, aunque pudiera tratarse de las orejeras del casco, alrededor del cual presenta  un reborde.

Guerrero de Sanfíns

Lo que se conserva del tronco mide unos 50 cm de altura con una anchura en los hombros de  45 cm. Conserva los hombros, una parte del escudo de 21 cm de diámetro y el brazo izquierdo completo, el cual sujeta el escudo por su parte interna.

Guerrero de Sanfíns
De las piernas tan sólo se conserva un pequeño fragmento de 34 cm de altura y la peana sin pulir con los dos pies calzados.

Guerrero de Sanfíns


30 Guerrero I de Monte Mozinho

Esta estatua procede del castro de Monte Mozinho, Penafiel (Porto) y fue descubierta junto a la puerta de la muralla superior en la excavación realizada por Eligio de Sousa. Se conserva la mitad inferior de 93x40 cm, la cual estaba muy deteriorada y partida por debajo de las rodillas, por lo que se soldaron los dos trozos. 

Guerrero I de Monte Mozinho

Se aprecia el sagos decorado con rombos en relieve y destaca especialmente que las piernas están totalmente separadas, con pantorrillas más gruesas que los muslos y pies descalzos afirmados sobre peana.

Guerrero I de Monte Mozinho


31 Guerrero II de Monte Mozinho

Consta de una pierna completa hallada en las excavaciones del castro de Monte Mozinho, Penafiel (Porto) y de una peana con los pies y el arranque de ambas piernas, encontrada por Almeida en 1974 como material reutilizado en un pavimento. Es posible que presentara alguna epigrafía pero, en caso de haberla tenido, resulta totalmente ilegible.

 

32 Guerrero I de Lezenho

Esta estatua fue encontrada en 1785 en el Castro de Lezenho, lugar de Campos, parroquia de Covas de Barroso, Boticas (Vila Real). Esta estatua y la siguiente conservan la cabeza y ambas estaban colocadas a los lados de la puerta principal del Jardín Botánico de Ajuda.

Su estado de conservación es bastante bueno aunque está bastante rodada, por lo que puede que se hayan perdido detalles del relieve de la vestimenta y el escudo. Se trata de un varón maduro de cabeza calva o rasurada barba corta, bigote poblado y se distinguen los ojos, cejas, nariz y orejas. En el cuello luce un torques, se distingue la escotadura en “V” y un surco longitudinal en el pecho. En los brazos porta virias de tres toros lisos. La mano derecha agarra la empuñadura del puñal mientras que la izquierda se oculta bajo el escudo redondo, sin decoración y con umbo resaltado, el cual está sujeto a la muñeca por dos correas de tiras en aspa. Por los lados y la espalda se aprecia el cinturón de cuatro toros lisos y paralelos. La estatua está incompleta ya que le faltan las piernas por debajo de las rodillas.

Alrededor del umbo del escudo se aprecia una inscripción latina de muy difícil lectura en la que parecen distinguirse las palabras SAINIO, VANAFIO y ARMIIAGIJA.


33 Guerrero II de Lezenho

Al igual que la estatua anterior fue encontrada en 1785 en el Castro de Lezenho, lugar de Campos, parroquia de Covas de Barroso, Boticas (Vila Real) y fue expuesta en la puerta principal del Jardín Botánico de Ajuda.

Guerrero II de Lezenho (réplica)

Es una de las piezas mejor decoradas y su estado de conservación es muy bueno aunque las piernas están partidas por debajo de las rodillas, siendo su altura de 1,75 m. En la cabeza presenta cabello corto, bigote y barba cuidados, orejas, ojos, nariz y boca. Viste un sayo-coraza con incisión en “V”, profusamente decorado con círculos concéntricos encadenados y con un reticulado de rombos inscritos. En el cuello luce un torques y en el brazo derecho presenta una viria de dos toros lisos. 

Guerrero II de Lezenho (réplica)

La mano de este brazo sujeta un puñal o espada corta, mientras que la mano izquierda está oculta tras el escudo y presenta las tiras de sujeción en aspa. El escudo presenta la decoración típica de la caetra, con umbo rodeado de un toro liso y el resto dividido en cuatro secciones de arcos concéntricos separados por cuatro toros. El cinturón es de dos toros lisos paralelos con presillas, una a cada lado. Las piernas son robustas y desproporcionadas.


34 Guerrero III de Lezenho

Esta estatua fue encontrada en Boticas en 1905 y estaba siendo utilizada como escalera para acceder a un cobertizo, por lo que su descubridor, Dr. Figueiredo da Guerra la trasladó a su domicilio de Viana en 1909, encontrándose actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Lisboa.

Lo que actualmente se conserva de la estatua tiene una altura de 125x43 cm, careciendo de cabeza, de parte de los brazos y de ambas piernas por debajo de las rodillas. Puesto que la escultura está poco rodada, se aprecia la escotadura en “V” y la decoración del sagos por debajo del cinturón, con un reticulado inciso formando rombos y una estrecha banda de “SS” encadenadas. La parte posterior también está decorada con roleos y trazos inclinados.

En el brazo izquierdo se aprecia una viria de cuatro toros, visible en el lateral y parte posterior del brazo, pero la del brazo derecho no se distingue.

El cinturón mide 9 cm de ancho y está formado por dos toros lisos paralelos y presenta en su parte posterior un círculo con una esvástica de seis rayos hacia la izquierda. El armamento está formado por un escudo redondo de 40 cm de diámetro con umbo y un puñal o espada corta de 37 cm de largo.

 

35 Guerrero IV de Lezenho

Al igual que la anterior, esta estatua fue descubierta por el Dr. Figueiredo da Guerra y trasladada a su domicilio de Viana en 1909. Tiene una longitud de 1,5 m y le falta la cabeza y las piernas por debajo de las rodillas.

En la parte frontal del torso se aprecia la escotadura en “V” de su vestimenta y el sayo está decorado con tres franjas, la central de rombos o líneas zigzagueantes paralelas y las exteriores con “SS” concantenadas, mientras que la espalda está decorada con dos hiladas de “SS” también concatenadas .Los brazos son estrechos y  en ambos lleva brazaletes de tres toros. La mano izquierda se sitúa bajo el escudo y la derecha agarra el puñal de 38,5 cm de largo y 9 cm de ancho, rematado con pomos redondos tanto en la empuñadura como al final de la vaina, la cual está dividida por un toro liso transversal. El escudo redondo mide 46 cm de diámetro y apenas se aprecia el umbo. El cinturón está formado por cuatro toros lisos unidos por dos presillas laterales con incisiones cóncavas y en la parte posterior tiene una placa circular con un trisquel orientado hacia la derecha. Las piernas tienen un volumen desproporcionado y las rodillas están muy resaltadas.

 

36 Guerrero de Capeludos

Escultura de granito muy mutilada encontrada en una ladera del  Monte do Crasto, parroquia de Capeludos, Vila Pouca de Aguiar (Vila Real).

Se trata de una estatua de 117 cm de altura y 53 cm de anchura en los hombros. La cabeza mide 61 cm de alto, de los que 41 cm corresponden a la cara y 20 cm al casco cónico fracturado en el vértice superior. Tiene cabello largo más abajo de las orejas y se aprecia el agujero auricular en la izquierda. Los ojos son dos huecos y la nariz apenas un saliente amorfo. La mano derecha se sitúa bajo el escudo redondo de 34 cm de diámetro y la izquierda junto a él. En la parte posterior se aprecia un surco longitudinal que recorre la espalda.

 

37 Guerrero de Vilarelhos

Esta estatua fue hallada en el santuario de Nossa Senhora dos Anúncios, parroquia de Vilarelhos, Alfándega de Fe (Bragança). En el lugar no se conoce ningún castro, aunque si sepulturas romanas, y se encuentra lejos del resto de las estatuas encontradas, por lo que su adscripción al fenómeno de los “guerreros galaicos” es dudosa. Actualmente se desconoce su paradero.

La estatua estaba muy mutilada y su altura era de 39 cm. En la cabeza presenta un casco o tocado, en el cuello un torques y en la cara se distinguen los ojos salientes y la boca pequeña.

 

38 Guerrero de Guarda

Cabeza de granito encontrada cerca del Cuartel de Cazadores de Guarda. Su adscripción al fenómeno de los guerreros galaicos es muy dudosa, no sólo porque apareció en un lugar totalmente descontextualizado sino también porque se encuentra muy lejos tanto del Convento Bracarense como de la propia área de la Cultura Castreña, por lo que pudiera corresponder a cualquier etapa cronológica o cultural. En este lugar si se han encontrado importantes restos romanos (Calo Lourido).


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.


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