sábado, 25 de abril de 2026

El casco del castro de Lanhoso (Braga): un casco Montefortino en el NO de la Península Ibérica.

 

El castro de Póvoa de Lanhoso (Braga) se localiza en el Monte do Pilar, a 383 m de altitud, en la vertiente septentrional de la Serra do Carvalho. A finales de los años 30 del siglo XX, durante un desmonte realizado cerca del castro, se encontró a unos 5 m de profundidad un casco de bronce junto con fragmentos de cerámica castreña y una fíbula.

Casco de Lanhoso

El casco de Lanhoso es del tipo Montefortino, uno de los más comunes ya que era el que usaban las legiones romanas durante las Guerras Púnicas (siglos III-II a.C.) y hasta mediados del siglo I d. C. Este modelo de casco tuvo su origen en el norte de Italia en el siglo V a.C. y fue de uso frecuente en toda Europa, con una distribución principalmente mediterránea. En la Península Ibérica han aparecido varias decenas de ejemplares, con una cronología que va del siglo IV al I a.C. Los cascos encontrados han aparecido sobre todo en enterramientos, formando parte del ajuar funerario como elemento de prestigio.

Casco Montefortino: legionario romano y guerrero galaico.

Los distintos subtipos de casco Montefortino se diferencian por la forma del capacete (semiesférica o cónica), el ángulo del guardanuca (inclinado o plano), la decoración (abundante, escasa o nula) y la presencia o no de un botón o espigón en la cresta.

El capacete era la parte principal del casco. Se trataba de una estructura de grosor uniforme que protegía la cabeza y que originalmente era semiesférica, aunque existen variaciones que tienden a formas cónicas. Se fabricaba a partir de una chapa gruesa de bronce, a la que se daba forma mediante martilleado en frío, calentándola varias veces para hacer el material más maleable.

Por debajo del capacete, el casco presenta un borde grueso, generalmente muy decorado, donde se situaban a ambos lados los remaches que sujetaban las carrilleras y el barboquejo, que es la correa que pasa por debajo de la barbilla y mantiene el casco bien ajustado a la cabeza, evitando que se mueva o se caiga.

Las carrilleras son unas placas metálicas situadas a los lados del casco y se fijan mediante una bisagra, que presenta tres o cuatro remaches. Las carrilleras servían para proteger el rostro y los oídos de los golpes laterales, al tiempo que ayudaban a evitar que el casco se desplazara durante el combate.

El guardanuca es la parte que sobresale del capacete por su zona posterior. Puede ser plano o inclinado, y estar decorado o ser liso. En su centro tiene un remache exterior que fija una placa rectangular interior con una anilla a cada lado, que servía como elemento de sujeción del casco a la cabeza.

Por último, el botón o espigón es la protuberancia situada en la parte superior del capacete y puede presentar distintos tamaños y formas (esférico, cilíndrico o cónico), y ser hueco o macizo.

El casco de Lanhoso está datado en la segunda mitad del siglo I a.C. y, cuando fue desenterrado, se encontró entero y en muy buen estado de conservación. Realizado en bronce, presenta un capacete cónico, guardanuca corto e inclinado y un espigón alargado de forma cónica.

Casco de Lanhoso

El casco tiene una altura total de 27,6 cm, de los cuales 5,3 cm corresponden a la longitud del espigón. El diámetro mayor es de 25,4 cm y el menor de 21,3 cm, y su peso es de 1090 g. La diferencia entre ambos diámetros indica que el interior del casco estaba recubierto con cuero, madera u otro material.

El espigón tiene una anilla cerca de su base, a la que se sujetaba una cadena que, por el otro extremo, se unía mediante un remache a las anillas del interior del guardanuca y permitía llevar el casco colgado al hombro. La cadena tiene una longitud de 10,35 cm, un grosor de 0,28 cm y un peso de 120 g.

En cuanto a la decoración, el borde presenta frisos con estrías horizontales y paralelas entre pares de baquetones y dos molduras repujadas. En el frente y el guardanuca confluyen tres frisos estriados horizontales y paralelos entre pares de baquetones, junto con una decoración de triángulos troquelados rellenos de puntos. El espigón presenta en su base tres líneas horizontales paralelas, con la superior enmarcando un reticulado; en su parte media muestra un zigzag formado por una serie de incisiones horizontales paralelas atravesadas por líneas oblicuas; y en la punta presenta una decoración de reticulado.

Este tipo particular de casco Montefortino es característico del noroeste de la Península Ibérica.



Bibliografía

Antonio García y Bellido . El casco de Lanhoso.

Joaquín García-Mauriño Múzquiz. Los cascos de tipo montefortino en la Península Ibérica. Aportacion al estudio del armamento de la IIª edad del hierro.

David Manuel Pérez Maestre. La representación de los cascos romanos de bronce (montefortino y coolus) en los medios audiovisuales.

Magdalena Barril Vicente. Cascos hallados en necrópolis celtibéricas conservados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles. 


domingo, 19 de abril de 2026

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

 

El santuario galaico-romano dedicado al dios Lar Berobreo es uno de los yacimientos arqueológicos más singulares del noroeste peninsular, debido a la abundancia de altares votivos, todos ellos consagrados a la misma deidad.

Recreación del entorno original del santuario.
El santuario se situaba en la cumbre del Monte do Facho (189 m), en el lugar de Donón (parroquia de San Andrés do Hío, Cangas), en la costa de Soavela, al final de la península de O Morrazo y frente a las Islas Cíes.

La ocupación más antigua conocida del monte corresponde a un asentamiento del Bronce Final localizado en la ladera sur. A esta fase pertenecen restos cerámicos datados entre los siglos IV y VII a.C. Posteriormente, durante la Edad del Hierro II (siglo IV a.C.), se construyó un castro que ocupaba las laderas norte y noroeste, a unos 157 m de altitud. Este poblado contaba con dos murallas, un pequeño foso y un terraplén, y estuvo habitado hasta finales del siglo I a.C. En el exterior del castro se localizaron dos vertederos o concheiros.

En época romana, en la primera mitad del siglo I d.C., se produjo el abandono del poblado, y en el siglo II d.C. se erigió un santuario galaico-romano que fue utilizado hasta los siglos IV-V d.C., con un momento de mayor actividad entre los siglos III y IV d.C. Para su construcción se desmontaron viviendas abandonadas del castro con el fin de habilitar el espacio. El santuario contaba con un edificio central de planta ovalada, con cubierta de madera y paja y muros recubiertos con un revoco de barro, arena y arcilla, aplicado tanto en el interior como en el exterior de las paredes.

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

Al sur de este edificio se localizaba un estanque cuya relación con el santuario no está clara, ya que podría corresponder también a una fase anterior, posiblemente del siglo IV a.C.

El área de culto estaba formada por un conjunto denso de al menos 82 estelas, aras votivas y altares. Algunas de estas piezas aparecieron caídas en su emplazamiento original o muy cerca de él. Muchas se fracturaron al caer, en parte por la fragilidad del material, lo que ha permitido recomponerlas a partir de sus fragmentos. Otras parecen haber sido fracturadas de forma intencionada, posiblemente como parte de algún tipo de ritual.

La práctica totalidad de las estelas y aras está realizada en granito local, granulado y con presencia de cuarzo, gneis y mica, lo que dificultaba su tallado y favorecía su rotura a lo largo de las vetas de cuarzo.

Las estelas presentan tamaños variados y estaban fijadas al terreno mediante cuñas, situándose a escasa distancia unas de otras. De clara inspiración romana, muestran un grado de acabado desigual: algunas están bien trabajadas, mientras que otras resultan más toscas. En su parte superior presentan decoración con símbolos, pequeñas cavidades destinadas a las ofrendas y salientes redondeados, concentrándose estos elementos en la cara frontal, mientras que la posterior tiene un acabado más basto.

Las aras del santuario de Berobreo se clasifican habitualmente en cuatro grupos. El primero reúne piezas de forma típicamente romana, con pie marcado, cuerpo prismático de menor grosor y cabecera amplia, decorada con molduras sencillas y rematada por salientes laterales redondeados (pulvini) y una cavidad superior (focus). El segundo grupo incluye aras con pie definido y con el cuerpo y la cabecera decorados con molduras variadas, que presentan focus sobre una base prismática con cilindros laterales. El tercer grupo lo componen aras de cuerpo prismático y muy alargado, con un acabado rudimentario, que terminan en una cabecera piramidal decorada y rematada por un pequeño focus. En la primera campaña de excavación, la mayor parte de las piezas halladas correspondía a este último grupo.

Por último, un cuarto grupo está formado por placas delgadas trabajadas únicamente en su cara frontal.

Resulta difícil determinar si existía más de un taller encargado de la elaboración de los altares del santuario. Se supone que el cantero disponía de varios modelos de aras ya preparados, con ornamentación e inscripciones, entre los que el dedicante elegía el que más le gustaba y, en todo caso, introducía alguna ligera modificación. Tampoco se sabe cuándo comenzaron a añadirse los epígrafes en latín. En casi todas las estelas la inscripción es siempre la misma: DEO LARI BERO BREO ARAM POSVI (“Al dios Lar Berobreo puse o dediqué este altar”). Apenas se registran excepciones a este texto común, aunque en ocasiones se añade la fórmula PRO SALVTE

Todas las inscripciones están redactadas en primera persona del singular y, a diferencia de lo habitual en las estelas galaico-romanas, salvo en dos casos, las dedicatorias son anónimas. Esto sugiere que fueron consagradas por una familia extensa o un clan con identidad propia dentro de la comunidad, por lo que no era necesario explicitarla.

Inscripción: Deo Lario Breo Bro {s}an(c)to. 

La presencia de fragmentos de vidrio y restos de ánforas bajo algunas aras sugiere la realización de ofrendas rituales en el momento de su colocación. Los materiales recuperados en el santuario se sitúan principalmente en los siglos III y IV d.C., e incluyen monedas, fragmentos cerámicos, vidrio y objetos metálicos de uso cotidiano, lo que indica la presencia de una población sin grandes recursos económicos y con una vida humilde.

En el santuario se rendía culto únicamente al dios Lar Berobreus, un nombre local o étnico que sólo aparece documentado en este lugar en toda la epigrafía latina de la Península Ibérica. Puede interpretarse no como un antropónimo, sino como un topónimo formado por bero (de significado desconocido) y bri, que significa colina o castro, por lo que podría tratarse de un personaje que daba nombre al lugar. No obstante, existen otras interpretaciones que plantean que Breus podría ser un nombre propio. Por ello, el santuario de O Facho constituiría un caso único de lararium en el que se adoraba a un solo dios, considerado el amo y protector del lugar y de sus gentes.

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

Este santuario tenía carácter público. Cuando los oferentes llegaban al lugar podían levantar un nuevo altar o acudir al que estaba vinculado a su familia o clan, donde relizaban los ritos y depositaban sus ofrendas. No se sabe si estas prácticas se llevaban a cabo únicamente en altares individuales o si existía también un espacio común destinado a ellas. Al tratarse de altares votivos, pertenecían a quienes los habían dedicado al dios y, si así lo decidían, podían reutilizarlos para construir otros nuevos que sustituyeran a los anteriores.

Los ritos en los lararios públicos eran más comunitarios, visibles y periódicos que los domésticos, aunque mantenían una estructura sencilla. Comenzaban con la limpieza del santuario, se colocaban ofrendas sobre las aras en ocasiones se decoraba con guirnaldas vegetales. Las ofrendas podían consistir en pan, cereales, frutos secos, incienso y libaciones de vino o leche vertidos directamente sobre el altar o el suelo. A continuación se realizaba una invocación mediante una fórmula breve, normalmente dirigida por algún vecino, en la que se pedía a la deidad que velara por la salud y el bienestar de la comunidad, una buena cosecha, la seguridad del ganado o la protección durante los viajes.

Tras siglos de abandono, el Monte do Facho fue utilizado entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX como puesto militar de vigilancia costera, del que se conserva la garita que ha llegado hasta nuestros días como un elemento emblemático de este lugar.


Bibliografía

Juan Carlos Búa Carballo. Estudio lingüístico de la teonimia lusitano-gallega.

Michael Koch. El santuario dedicado a Berobreo en el Monte do Facho (Cangas, Galicia).

Thomas G. Schattner y José Suárez Otero. Altares votivos dedicados al dios lar Berobreus en el Monte do Facho (O Hío, Galicia). De lo formal a lo ritual.

Thomas G. Schattner, José Suárez Otero y Michael Koch. Monte do Facho, Donón (O Hío / Prov. Pontevedra). Informe sobre las excavaciones en el Santuario de Berobreo.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles. 

lunes, 13 de abril de 2026

Torques del Castro de Póvoa de Lanhoso (Braga)

 

El castro de Póvoa de Lanhoso (Braga) se localiza en el Monte do Pilar, a 383 m de altitud, en la vertiente septentrional de la Serra do Carvalho. Desde esta posición se domina una extensa área del valle del río Ave, así como los itinerarios naturales que conducen hacia las sierras de Gerês y Cabreira.

Durante los trabajos de excavación realizados en la ladera oriental del asentamiento, al mover unas piedras de gran tamaño se localizó bajo una de ellas un hoyo de tendencia circular, lleno de ceniza, en cuyo interior aparecieron tres torques de varilla de sección circular con remates vasiformes. Uno de ellos se conservaba completo, mientras que los otros dos, bastante fragmentados, pudieron ser reconstruidos.

Torques del Castro de Póvoa de Lanhoso (Braga)

Los torques de Lanhoso tienen un núcleo macizo de cobre, relativamente grueso, rígido y resistente. Sobre este se observa, en la zona central, una decoración de filigrana y granulado que ocupa aproximadamente dos tercios de la varilla. El granulado consiste en la aplicación de pequeñas esferas sobre la superficie y responde a una técnica de tradición orientalizante, inspirada en la orfebrería tartésica. En los torques de Lanhoso, los gránulos cubren casi por completo esta zona central, generando un marcado efecto de horror vacui.

Las tres piezas muestran, a ambos lados de la zona central, una decoración de alambre de oro enrollado. Los extremos rematan en piezas vasiformes de oro con abundante ornamentación.

El torques mejor conservado mide 11,20 cm de diámetro en posición semicerrada y 26 cm de desarrollo total. La varilla tiene un grosor de 0,85 cm y el peso total de la pieza es de 54,80 g. El oro de los remates alcanza una ley del 83,3% (20 quilates), mientras que el material de las esferitas es de una aleación con menor proporción de oro.

La ornamentación consiste en una filigrana de lazos que se asemeja a un motivo vegetal, con los espacios intermedios rellenos por pequeñas esferas. Entre esta zona decorada y las partes cubiertas por alambre de oro enrollado se disponen dos franjas muy estrechas, decoradas con esferitas y espirales sobre fondo granulado. Los remates presentan molduras y círculos perlados en la base, un hilo con decoración en U en el cuerpo y, en el extremo, una doble espiral que alterna con líneas de esferitas.

El segundo torques es muy similar al anterior, con algunas variaciones en la decoración. Tiene un diámetro de 10,9 cm y la varilla alcanza 0,75 cm de grosor. El peso del oro se sitúa entre 25 y 30 g. La zona central de la varilla está ornamentada con series longitudinales de motivos en SSS encadenadas, combinadas con pequeñas esferas. Los remates son muy semejantes a los del torques anterior, aunque su decoración se organiza mediante SSS dispuestas horizontalmente, también encadenadas, con una esferita situada sobre la primera curva de cada S.

El tercer torques es el que presenta peor estado de conservación. Es igual al segundo, diferenciándose únicamente por la presencia de pequeñas esferas en la unión de las SSS que decoran los remates. Su diámetro es de 9,90 cm, la varilla tiene un grosor de 0,6 cm, los remates miden 2,45 cm y el peso del oro se sitúa entre 25 y 30 g.

Torques del Castro de Póvoa de Lanhoso (Braga)

Los torques de Lanhoso se clasifican tipológicamente en el denominado grupo del norte de Portugal, caracterizado por remates de tipo campanulado y una decoración basada en hilos y gránulos. Las tres piezas contienen una elevada proporción de plata, algo habitual en la orfebrería castreña, ya que el oro empleado procede de depósitos aluviales en los que es frecuente la presencia de plata y estaño. Asimismo, en época romana son comunes las aleaciones con alto contenido en plata en este tipo de piezas, debido a la escasez de oro, que era exportado a Roma, lo que explica la ausencia de torques de oro macizo en ese momento.

El torques es la pieza más representativa de la cultura castreña de la Edad del Hierro. La cantidad de oro empleada en su elaboración indica que sus propietarios pertenecían a grupos de alto rango social, mientras que el reducido diámetro de algunos ejemplares sugiere su posible uso por mujeres.

La mayor parte de los torques hallados en la Península Ibérica proceden de contextos castreños, dentro de un amplio marco cronológico que se extiende desde finales de la Edad del Bronce, a lo largo de la Edad del Hierro y durante buena parte del proceso de romanización. Los únicos ejemplares documentados ajenos a este ámbito cultural son los torques de remates en botón, localizados en Álava, Burgos, Zamora, Ávila, Guadalajara, Soria, Ciudad Real, Jaén, Tarragona y Lisboa, y datados a partir del siglo VI a. C.

A partir del siglo IV a. C. se incorporaron nuevas técnicas de orfebrería procedentes del sur peninsular, como el granulado, la filigrana y el uso de alambres trenzados y de cable, difundidas tanto por vía marítima como a través de la ruta conocida como Vía de la Plata.

Los torques de Lanhoso fueron hallados en el asentamiento castreño, en una zona de construcciones de uso doméstico, dentro de una fosa señalizada con piedras, con cenizas y carbón vegetal en su interior. Estas circunstancias indican la práctica de la cremación por parte de las poblaciones castreñas y el depósito de las cenizas en espacios específicos situados dentro de las viviendas.

Por su valor, los torques de Lanhoso fueron conservados durante un largo periodo y presentan reparaciones y restauraciones antiguas, lo que dificulta establecer con precisión su cronología.



Bibliografía

Lois Ladra Fernandes. Análisis ponderal de los torques castreños.

Florentino López Cuevillas. Las joyas castreñas.

Marcos Martiñón Torres y Loisa Ladra. Orígenes del dorado por amalgama: aportaciones desde la orfebrería protohistórica del noroeste de la Península Ibérica.

Ángela Pérez Rey. Los torques áureos de la Cultura Castreña del noroeste peninsular.

Susana Prieto Molina. Los torques castreños del noroeste de la Península Ibérica.

Carlos Teixeira. Os torques do Castro de Lanhoso.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada.


viernes, 3 de abril de 2026

Torques de Foxado (Curtis)

 

El Tesoro de Foxado es un conjunto de orfebrería castreña fechado entre los siglos I a. C. y I d. C., y descubierto en por Francisco Vázquez en febrero de 1932 en el interior de una vasija en el Castro de Castelo, situado en la parroquia de Santa María de Foxado (Curtis). Se trata de uno de los hallazgos más importantes de orfebrería de la Edad del Hierro en el noroeste de la península ibérica.

Torques de Foxados

El conjunto estaba formado por cinco torques de oro, uno de plata y dos pequeños fragmentos también de oro. Entre todas las piezas, destaca especialmente uno de los torques por su tamaño, peso y calidad técnica.

Torques de Foxados

Este torques presenta una varilla de sección romboidal y remates bitroncocónicos con dos molduras cóncavas o escocias. Los remates son huecos, con decoración de incisiones y filigrana, y están fijados a la varilla mediante pasadores.

Torques de Foxados

La longitud total de la pieza es de 29 cm y su peso es de 499 gramos, mientras que los remates pesan 48 y 46 gramos respectivamente.

Torques de Foxados

Las demás piezas que forman este conjunto son cinco torques y dos fragmentos de varilla.

Torques de oro con varilla de sección circular y remates huecos en forma de perilla, con un peso de 54,90 g.

Torques de Foxados

Torques de oro con varilla de sección circular decorada con incisiones y filigrana, y remates en forma de perilla. Su peso es de 91 g y el oro es de 18 quilates.

Torques de Foxados

Torques de oro con varilla de sección circular y remates huecos y lisos en forma de perilla. Su peso es de 52,90 g.

Torques de oro con varilla de sección romboidal decorada y remates huecos en forma de perilla. Mide 11,50 × 11,10 cm, el grosor de la varilla es de 0,60 cm, el de los remates 1,70 cm y pesa 61,90 g.

Torques de plata recubierto con lámina y alambre de oro enrollado, del que se conserva un remache en perilla hueco. Su peso es de 158 g.

Fragmentos de varilla de oro con alambre enrollado: uno de ellos con un peso de 43 g y otro, que incorpora una plaquita grabada circular con botón central, con un peso de 10,5 g. 

Torques de Foxados

Los remates de todos estos torques no están soldados a la varilla, sino que se unen a esta mediante un pasador, lo que permitía que se encajaran en el cuello y posteriormente se coloran los remates.

Junto a estos torques aparecieron treinta y cinco trozos o tortas de una aleación de oro y plata, que probablemente eran utilizados por el orfebre como material para nuevas mezclas metálicas y para las soldaduras.

Los torques de la I Edad del Hierro son todos de oro, con varillas de sección cuadrangular, sin remates voluminosos, carentes de soldaduras y sin decoración o con muy poca, limitada a algunos motivos geométricos realizados por incisión o estampado.

Los torques de la II Edad del Hierro presentan una base de oro y plata y elevados porcentajes de otros metales introducidos voluntariamente para reducir la pureza y abaratar el coste del material. Las varillas son de sección poligonal o circular, presentan remates voluminosos y una ornamentación variada, con granulados y filigranas, sobre todo en las piezas más tardías.

Para la elaboración de los torques de Foxado se empleó una aleación ternaria compuesta por un 79–80 % de oro (19 quilates), un 17 % de plata, un 3,5 % de cobre y un 0,035 % de estaño. La mayor parte del oro empleado en la orfebrería castreña era de origen aluvial, por lo que la presencia de plata y estaño en los sedimentos fluviales era habitual. Sin embargo, la proporción de cobre sugiere que fue añadido a la aleación, posiblemente para aumentar su dureza y abaratar el coste.


Los torques galaicos

El origen del uso del torques suele situarse en el ámbito asirio, si bien su mayor difusión tuvo lugar en el mundo persa. En la Península Ibérica, la producción de estas piezas se remonta a la Edad del Bronce y alcanza su máximo desarrollo durante la Edad del Hierro.

El torques constituye la pieza más característica y conocida de la cultura castreña de la Edad del Hierro. La cantidad de oro empleada en su fabricación indica que sus propietarios formaban parte de grupos de alto rango social, mientras que el reducido diámetro de algunos aros sugiere que pudieron haber sido utilizados por mujeres.

La mayor parte de los torques procede de contextos castreños, dentro de un amplio marco cronológico que se extiende desde finales de la Edad del Bronce, a lo largo de toda la Edad del Hierro y durante buena parte del proceso de romanización. Los únicos torques documentados en la Península Ibérica que no corresponden a la cultura castreña son los de remates en botón, encontrados en Álava, Burgos, Zamora, Ávila, Guadalajara, Soria, Ciudad Real, Jaén, Tarragona y Lisboa. Estos torques con remates en botón están datados a partir del siglo VI a. C.

Torques con remates en botón.

En los torques galaicos se observa la continuidad de las técnicas tradicionales de la Edad del Bronce, caracterizadas por una decoración muy escasa o limitada a algunos motivos geométricos, junto con la incorporación, a partir del siglo VI a. C., de diseños simples de tradición centroeuropea. Este proceso de transferencia técnica y formal dio lugar, entre aproximadamente el 475 y el 300 a. C., a la consolidación de una orfebrería propia, de elevada calidad técnica y formal, en la que se combinan elementos de tradición galaica y hallstáttica, dando lugar a torques de barra maciza, en ocasiones decorados mediante incisiones y estampados.

A partir del siglo IV a. C. se incorporaron nuevas técnicas de orfebrería procedentes del sur de la Península, como el granulado, la filigrana y el empleo de alambres trenzados y de cable, que llegaron tanto por vía marítima como a través de la ruta que hoy conocemos como Vía de la Plata.

En cuanto a las clasificaciones propuestas para los torques del noroeste peninsular, son múltiples. Una de ellas diferencia entre torques de doble escocia, con cuatro subtipos distintos de remates, torques con remates en perilla y torques con remates vasiformes.

Otra clasificación distingue entre varios grupos: el grupo asturiano, caracterizado por torques de varilla con alambre enrollado y remates en doble escocia; el grupo del norte de Galicia, con torques de varilla de sección cuadrangular, sin decoración y con remates en perilla; el grupo flaviense, con torques de varillas de sección cuadrada o romboidal que adelgazan hacia los extremos para ensancharse nuevamente en los remates, de doble escocia y decorados con motivos de rosácea con glóbulo central; el grupo del norte de Portugal, con remates en forma de campánula y decoración a base de hilos y gránulos; y, por último, el grupo ártabro, caracterizado por torques con alambres enrollados sobre la varilla y remates en perilla.


Bibliografía

Lois Ladra Fernandes. Análisis ponderal de los torques castreños.

Marcos Martiñón Torres y Loisa Ladra. Orígenes del dorado por amalgama: aportaciones desde la orfebrería protohistórica del noroeste de la Península Ibérica.

Ángela Pérez Rey. Los torques áureos de la Cultura Castreña del noroeste peninsular.

Susana Prieto Molina. Los torques castreños del noroeste de la Península Ibérica.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada.

domingo, 22 de marzo de 2026

Brazaletes de Lamela (Silleda)

 

Los brazaletes de oro de Lamela (Silleda, Pontevedra) fueron descubiertos de forma casual en 1967 en la cantera “San Hipólito”, en el lugar de Barravaite (parroquia de Lamela). La cronología de las piezas se sitúa entre 1700 y 1600 a.C., en los inicios de la Edad del Bronce en el ámbito atlántico peninsular.

El conjunto está formado por dos brazaletes macizos abiertos de oro, ambos con extremos adelgazados y rematados en botón plano.

El conjunto está formado por dos brazaletes macizos abiertos de oro, ambos con extremos adelgazados y rematados en botón plano.

Brazalete I

  • Diámetro: 23,5 cm.

  • Peso: 200 g.

  • Sección: romboidal con superficie facetada y aristas vivas.

Brazalete II

  • Diámetro: 19,9 cm.

  • Grosor: entre 0,8 y 0,9 cm.

  • Peso: 170 g.

  • Sección: rectangular.

Los brazaletes se obtuvieron por fundición en molde y posteriormente fueron martillados para compactar el metal y regularizar la forma. Por último, fueron pulidos para alisar la superficie y mejorar el acabado.

Brazaletes de oro de Lamela (Silleda)

Uno de los aspectos más destacados de los brazaletes de Lamela es la composición de la aleación. Los análisis metalográficos realizados han determinado que el oro empleado presenta una aleación con aproximadamente un 25% de plata y un 4,1% de cobre. En la Península Ibérica son muy escasos los objetos de inicios de la Edad del Bronce con contenidos de plata iguales o superiores al 20–25%. Únicamente se conocen dos paralelos en contextos argáricos, a los que se suma el caso de Lamela, lo que los convierte en piezas especialmente relevantes desde el punto de vista arqueometalúrgico.

En la misma cantera de Lamela donde se hallaron los brazaletes apareció un lingote de cobre obtenido mediante fundición, con las siguientes características:

  • Largo: 17 cm.

  • Base: 15 y 9 cm.

  • Grosor: 6 cm.

  • Peso: 4.975 g.

La presencia de este lingote podría indicar que el lugar fue empleado como un espacio relacionado con la actividad metalúrgica, destinado a la fundición y fabricación de objetos. Esta circunstancia refuerza la hipótesis de un depósito relacionado con la producción y acumulación de metal, más que con un contexto funerario o ritual.

Si te interesa esta temática, en el blog encontrarás otros artículos relacionados. A continuación tienes los enlaces.

Tesoro de Agolada.

https://oestrymnio.blogspot.com/2026/03/tesoro-de-agolada.html

Tesoros de Caldas de Reis.

https://oestrymnio.blogspot.com/2025/07/tesoro-de-caldas-de-reis-as-silgadas.html

Tesoro de Antas de Ulla.

https://oestrymnio.blogspot.com/2025/12/tesoro-de-antas-ulla.html



Bibliografía:

Bouza Brey, Fermín. El tesoro de Caldas de Reis.

Comendador Rey, Beatriz. Orfebrería prehistórica de Galicia.

García Alén, Alfredo. Los brazaletes de Lamela (Silleda).

González Insua, Félix. Aproximación a la distribución espacial de sitios arqueológicos de la Prehistoria Reciente en la Ría de Arousa (Pontevedra).

Montero, Ignacio y Rovira, Salvador. El oro y sus aleaciones en la orfebrería prerromana.

Valle Pérez, José Carlos y de la Peña Santos, Antonio. El Museo de Pontevedra: sus colecciones arqueológicas. Exposición y conformación.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.