sábado, 28 de febrero de 2026

Petroglifos de Auga da Laxe (Gondomar)

 

El Monte Galiñeiro se encuentra en la parte N de la sierra del Galiñeiro, en la parroquia de Vincios del concello de Gondomar, justo en el límite con los concellos de Vigo y O Porriño. Se trata de una masa rocosa, sin apenas vegetación, que domina toda la comarca. Desde la cumbre se contemplan las rías de Vigo, Baiona, Pontevedra y Arousa; el valle del Fragoso; el valle del Miñor; Mos, Porriño y Ponteareas. 

En la ladera occidental del Monte Galiñeiro, muy cerca del campo de mámoas del Monte dos Arruidos, se localizan los petroglifos de Auga da Laxe, descubiertos en 1983 por miembros del Departamento de Prehistoria y Arqueología del Museo Municipal Quiñones de León de VigoSe trata de cuatro estaciones rupestres de las que destaca el grupo I, situado en un gran batolito granítico.
En la parte superior de esta gran roca hay una serie de piletas naturales de fondo plano, donde el agua queda retenida. Una vez que esto sucede comienzan los procesos de meteorización química y la pila se va haciendo más profunda y ancha, lo que genera una retroalimentación, ya que cuanto más grande es el tamaño de la pila más agua retiene y mayor será la meteorización química.
La cara SE de la roca presenta una superficie inclinada de 10,30 X 4,60 m sobre la que aparecen grabadas veintiséis armas: once puñales o espadas cortas, una espada grande, seis alabardas enmangadas y ocho símbolos que según los distintos investigadores pueden ser clasificados como ídolos, escudos, estandartes o representaciones esquemáticas de carros de guerra o votivos. 
Reconstrucción de los petroglifos de Auga da Laxe (IA).
En los otros grupos podemos encontrar más alabardas, puñales, un escutiforme, círculos y cazoletas. 
Estos petroglifos estuvieron en serio peligro de destrucción debido a las obras de prospección de una cantera, cuyas huellas pueden apreciarse en la roca de uno de los grupos (Faro de Vigo 26.01.2002).

Las representaciones de armas en los petroglifos de Galicia son básicamente características de las Rías Baixas, con algún otro ejemplo localizado hacia el interior, como en el caso de Castriño de Conxo (Santiago de Compostela). Las armas corresponden al equipamiento bélico de los guerreros de Europa Occidental en los primeros tiempos de la metalurgia (segunda mitad del III milenio), época que coincide además con el uso del caballo como montura.
Petroglifos de Castriño de Conxo.
Auga da Laxe I es uno de los mejores ejemplos de lo que se ha dado en llamar “rocas panoplia”, que destacan por su alta inclinación y por hallarse en lugares que pueden ser vistos desde lejos. Sobre este tipo de soportes se exhiben diversas clases de armas con una clara función simbólica y de ostentación de poder y estatus social. 
Reconstrucción de los petroglifos de Auga da Laxe (IA).
Este aspecto simbólico viene corroborado por el hecho de que sólo se representen armas y nunca aparezcan otro tipo de objetos metálicos relacionados con el uso diario, como hachas, aperos de labranza y demás útiles.

Las armas representadas en Auga da Laxe corresponden a la transición entre el Período del Cobre y el comienzo de la Edad del Bronce, entre el III y II milenio a.C. y por lo tanto estarían vinculadas al fenómeno campaniforme o epicampaniforme. Los motivos aparecen alineados y equidistantes, por lo que se supone que fueron grabados todos en el mismo tiempo y respetando un diseño general de composición.

Con respecto a la gran espada de Auga da Laxe, según unos autores (Costas y Novoa) se trataría de un arma del Bronce Inicial, al igual que el resto de las armas que aparecen grabadas. Lo que sucede es que simplemente se representó a una escala exagerada, hecho que por otra parte no es extraño ya que podemos encontrar un caso parecido en la Laxe das Ferraduras de Fentáns (Cotobade), en la que se ve a un humano blandiendo una espada que cuadriplica su propio tamaño.
Laxe das Ferraduras.
Sin embargo otros estudios (Vázquez Varela), coinciden con esta datación para todos los motivos que aparecen grabados salvo en lo que se refiere a la gran espada. Estos autores entienden que esta espada debería ser interpretada de manera distinta al resto del conjunto, puesto que su tipología recuerda en muchos detalles a las grandes espadas del Bronce Final. 
Para Vázquez Varela su tamaño desproporcionado en comparación con los puñales y alabardas, el distinto perfil y grosor de los surcos y determinadas diferencias en su pátina, le llevan a interpretar que lo que aparece representado es una espada de lengua de carpa característica del Bronce Final y que por lo tanto habría sido incorporada al conjunto varios siglos después. Este hecho, según Vázquez Varela, prueba que Auga da Laxe fue un lugar donde los guerreros se reunieron durante varios siglos, en una tradición que perviviría entre seiscientos y mil años.

La gran espada de Auga da Laxe mide 2,40 m de largo y 43 cm de ancho en la zona de unión con la empuñadura, donde presenta tres cazoletas a modo de remaches. La hoja de la espada se estrecha más allá de su mitad y luego se vuelve a ensanchar. Presenta unos espacios  cerca de la empuñadura que pudieran ser las escotaduras que suelen tener este tipo de espadas.
Por todas estas características podría ser una espada pistiliforme, cuya aparición en Galicia y N de Portugal data del período del Bronce Final I (1200-1050 a.C) y cuyo uso se generalizará durante el Bronce final II (1050-900). En Galicia se han hallado dos espadas de este tipo, una en Isorna (Rianxo) y otra en Catoira. Si la de Auga da Laxe fuera una espada pistiliforme arcaica su datación estaría entre el 1200 y el 1000 a.C, es decir, de un momento tardío dentro de la Edad del Bronce. Pero también existe la posibilidad de que se trate de una espada de lengua de carpa del Bronce Final III (900-700), de puño hendido y punta afilada y que se caracteriza por su gran variabilidad morfológica.
Espadas de lengua de carpa (Museo Arqueológico de Huelva)
Existe una clara similitud entre la gran espada de Auga da Laxe y la espada de lengua de carpa tipo Huelva variante Oissel, ya que en ambas se aprecian los tres remaches individuales en la empuñadura, presentan lados paralelos y tienen pomo en forma de T. Esta variante de espada procedente de la bahía de Huelva, es la que presenta una mayor variedad y su difusión abarca Andalucía occidental, norte de Francia y también existe un hallazgo en el centro de Alemania.
Espada Huelva tipo Oissel / Espada de Auga da Laxe.
Un dato que puede ser revelador es que en Hío (Cangas de O Morrazo), se ha encontrado una espada tipo Huelva y variante Oissel que apareció junto con puntas de lanza de sección romboidal datadas en la fase Wilburton de Gran Bretaña (1100-900 a.C), lo que supone una cronología temprana para este tipo de espadas.
Espada del depósito de Hío.
Las espadas de lengua de carpa son abundantes en el occidente de Europa y también se han hallado en Galicia. Generalmente aparecen en los lechos de los ríos, lo que sugiere que fueron arrojadas a éstos en el transcurso de algún ritual religioso. Pero en el caso de Hío nos hallamos ante un yacimiento que estaba enterrado y en el que además de la espada antes citada se encontraron calderos de la clase A0, según la tipología de Coffyn, característicos del Bronce Final Atlántico (Dirk Brandherm y Magdalena Moskal-del Hoyo). Otros autores opinan que la espada de Hío correspondería a un tipo arcaico de pistiliforme provista de lengüeta calada y característica del período Bronce Final I-II.

En conclusión podemos decir que si la tipología de la espada de Auga da Laxe es coetánea del resto de armas representadas, nos hallaríamos ante un arma del Calcolítico o principios de la Edad del Bronce. Si por el contrario se trata de una espada pistiliforme o de lengua de carpa estaríamos hablando de un momento tardío de la Edad del Bronce y por lo tanto habría sido incorporada al grupo con posterioridad.

Por lo que se refiere a los puñales o espadas cortas que aparecen en Auga da Laxe, como hemos visto, existe acuerdo en que se trata de armas propias de la transición entre el Período del Cobre y el comienzo de la Edad del Bronce, entre el III y II milenio a.C. 

Todos presentan una hoja triangular y en alguno se distingue la nervadura central o cresta. Es de destacar su gran semejanza con los puñales que aparecen en Bretaña y las Islas Británicas.
Otro de los motivos que aparece en Auga da Laxe es la típica alabarda de la Edad del Bronce del III-II milenio a.C. 
Alabardas tipo Carrapatas.
Las alabardas aparecen frecuentemente representadas en las insculturas gallegas y corresponden al tipo atlántico denominado Carrapatas, cuyas características son muy similares a las halladas en Irlanda. Están realizadas en cobre y tienen una gran hoja triangular con nervio central que divide dos mitades simétricas. La lámina de sujeción al mango es también triangular, con esquinas redondeadas y tres agujeros para los clavos. También presentan dos acanaladuras paralelas a los filos de la hoja. Su cronología se puede establecer en el período del Bronce Inicial, entre el 1750 y el 1500 a.C.
Alabardas de Poza da Lagoa (Redondela).
Las alabardas tipo Carrapatas presentan nervadura o cresta central y algunas muestran rasgos de lo que pudiera ser un biselado. Por lo que se refiere a su tamaño, la mayor de ellas tiene un ástil de 1,35 m y la hoja mide 43 X 32 cm.
Es probable que la alabarda tuviera su origen en la Península Ibérica ya que se han hallado precursores del arma en sílex (Hubert Schmidt). Desde la Península, el uso de la alabarda se fue extendiendo por la fachada atlántica entre el 1.550 al 1.450 a.C, hasta llegar a Irlanda.
Alabarda votiva de pizarra (Museo arqueológico de Sevilla).
Otro tipo de motivos que aparecen en Auga da Laxe son los escudos, estandartes o idoliformes que también corresponderían a la transición entre el III y II milenio a.C. La forma de este tipo de escudo es la de un triángulo isósceles con el ángulo menor apuntando hacia abajo y provisto de lo que pudieran ser asas situadas a cada uno de los lados. Otros autores opinan que se trata de carros votivos o de guerra, pero esta interpretación retrasaría la cronología establecida para este yacimiento hasta el periodo del Bronce Final. 
El hecho de que estos escudos hubieran sido manufacturados con materiales perecederos, como madera y cuero, podría explicar el hecho de que hasta el momento no se haya recuperado ninguno. 

Por último decir que aparece un único motivo con forma de peine sobre cuyo significado esta actualmente pendiente de aclarar.


Aspectos sociales y rituales bélicos

Las sociedades de cazadores y recolectores del paleolítico eran grupos nómadas que carecían de organización política y que vivían de la caza y la pesca utilizando medios técnicos muy primitivos, lo que hacía innecesaria cualquier tipo de división del trabajo. Posteriormente, durante el Neolítico, el desarrollo de la agricultura lleva al sedentarismo y a la formación de grupos humanos cada vez mayores, que explotan la tierra de manera comunal mediante técnicas de trabajo arcaicas, por lo que la productividad era muy baja. La organización social de estas comunidades era básica y se limitaba a la familia y a los lazos de parentesco, por lo que la jerarquía social era prácticamente inexistente.
Reconstrucción de una aldea neolítica (IA).
El inicio de la territorialidad provocó un incremento de actividades bélicas con respecto a lo que sucedía en el Paleolítico, donde la guerra era practicada a pequeña escala y esporádicamente. Puesto que las comunidades se organizan en función del parentesco, es muy probable que cuando se producía el homicidio de un miembro del grupo la única respuesta adecuada fuera matar al asesino o a un miembro de su grupo de parentesco.

Con el desarrollo de la metalurgia se obtienen nuevos instrumentos de labranza más efectivos que permiten incrementar la productividad de la tierra y por lo tanto el tamaño de las comunidades, las cuáles gradualmente se van haciendo más heterogéneas a medida que se integran grupos diferentes. Paralelamente las funciones económicas se multiplican, lo que exige una división de las tareas cada vez más elevada, surgiendo una jerarquización que lleva a la configuración de una autoridad política organizada, que puede ser estable y permanente u ocasional. También existen niveles intermedios de autoridad, como por ejemplo los jefes de familia o de clan, los jefes militares o los religiosos.

Siguen siendo comunidades agrícolas basadas en la propiedad y la explotación del suelo, en las que la familia constituye la base a través de la que se transmite la propiedad de los bienes, el poder político y el sacerdotal. 
Reconstrucción de una familia de la Edad del Bronce (IA).
Pero gradualmente se producirá un incremento de la centralización, surgiendo una rígida jerarquía que administrará la sociedad de una manera militar. La organización del trabajo a menudo se establece con las mismas bases por las que se rige el modelo militar, por lo que los miembros del grupo serán obligados a cooperar (Spencer). No sería nada extraño que en las sociedades gallegas de la Edad del Bronce existiera la esclavitud, lo que unido a los nuevos instrumentos de labranza permitiría incrementar la producción agrícola. El aumento de excedentes y el progreso de los medios de transporte posibilitó que se incrementara la actividad comercial.
Reconstrucción de una aldea en la Edad del Bronce (IA).
La organización política de estas comunidades se configuraba de modo que los poderes político, religioso y militar eran uno sólo o apenas están diferenciados, por lo que el jefe de la tribu estaba investido de un carácter sagrado. En el caso de que existiese diferenciación entre la autoridad civil y la religiosa, a menudo se producirían conflictos entre ambas, aunque una y otra se apoyasen mutuamente.

La religión funcionaba exactamente como la organización militar y exige sumisión completa y obediencia ciega. Al carecer de conocimientos científicos no existía el laicismo, ya que toda la sabiduría era predominantemente teológica. La religión no tenía carácter universal si no que estaba íntimamente vinculada a cada sociedad particular, lo que se plasma especialmente en las creencias y los ritos cuya función es expresar los orígenes y la historia de la tribu. La magia constituye un complemento de las técnicas empleadas para la caza, la agricultura y la guerra, por lo que sería una especie de “tecnología" propia de cada sociedad.

En cuanto a la proporción de guerreros que habría en una comunidad de esta época, primero sería necesario saber si todos los varones adultos participaban en la contienda o si por el contrario existía una casta militar dedicada exclusivamente a la guerra. Vázquez Varela realiza un cálculo de cuántas personas podían constituir la comunidad que habitaba en las inmediaciones de Auga da Laxe. Para ello tiene en cuenta el número de armas representadas (26) y estableciendo una proporción, que él estima razonable, de un guerrero por cada diez miembros de la comunidad con independencia de su edad o sexo, llega a la conclusión de que se trataría de un grupo humano de unos 260 individuos. Vazquez Varela obtiene un resultado idéntico empleando otro método de cálculo, basado en la estimación de la densidad de población por km2. Puesto que se calcula que la densidad de población en la época megalítica avanzada era de 1,4 habitantes por km2 y como el territorio circundante que se divisa desde Auga da Laxe es de unos 100 km2, el resultado para esa época sería de unas 140 personas. Para la época castreña, cercana al cambio de era, se suele aplicar una proporción de 10 habitantes por km2, lo cual daría una población de mil personas. Puesto que los petroglifos de Auga da Laxe corresponden aproximadamente al 1800 a.C, Vazquez Varela estima que el cálculo de 250 personas se ajustaría de manera bastante fidedigna a la población real de esta comunidad.
Reconstrucción de un guerrero de la Edad del Bronce (IA).
De las representaciones de armas de Auga da Laxe no se puede deducir que esta comunidad viviera en una situación de guerra constante, sino que más bien son una muestra del prestigio que tenía todo lo relacionado con lo bélico. De todos modos, en otras ocasiones la guerra entre cultivadores que vivían en aldeas implicaba a menudo un esfuerzo colectivo total, ya que se combatía por un territorio y la derrota podía acarrear la expulsión de una comunidad entera de sus campos, viviendas y recursos materiales (Marvin Harris). En el caso de que existieran bandas de guerreros más o menos permanentes, es probable que practicaran razias o ataques sorpresas contra asentamientos vecinos y otros tipos de actos de pillaje, como el robo de ganado.
La presencia de grabados de armas como los de Auga da Laxe, son un testimonio de la importancia que tenían las actividades propias de los varones, como la guerra y la caza. Además reflejan un culto a las armas y la sacralización de figuras como los escudos y espadas, que en este caso se disponen en una escena organizada en la que los guerreros están representados por sus armas, formando un cortejo o un desfile militar mientras marchan hacia el combate, o se dirigen hacia un lugar de reunión para realizar algún tipo de ritual o danza. Esta apariencia de movimiento que transmite el conjunto de grabados ha motivado que los lugareños le hayan dado la denominación de Pedra das Procesións.

Los emblemas representados en Auga da Laxe servían para identificar a los miembros del grupo y para diferenciarlos de los clanes vecinos. En ese sentido podrían tener una función similar a la de los tótems, creando una relación de filiación entre los miembros de la comunidad y sus antepasados. Los cultos comunitarios que implican rituales públicos de solidaridad son considerados esenciales para la supervivencia de todo el grupo, puesto que reafirman el sentido de identidad del clan, coordinan la acción de los individuos y preparan al grupo para cooperar ante el enfrentamiento bélico.
Auga da Laxe se encuentra en las proximidades de la principal vía de comunicación que cruza la sierra, uniendo los diversos valles, en la que confluyen los distintos caminos de acceso al monte. El lugar donde se asienta la roca es amplio y permite que se pudiera acomodar un público numeroso. Todo ello nos lleva a pensar que es muy probable que Auga da Laxe fuera el escenario donde se llevaban a cabo ceremonias masculinas de exaltación guerrera, en las que los participantes danzaban antes de entrar en combate.
Reconstrucción de un ritual en Auga da Laxe (IA).
Puede que los guerreros formaran un círculo entorno a sus magos y que éstos consumieran sustancias psicotrópicas para entrar en contacto con sus antepasados y mediante la realización de ritos, pidieran su apoyo y ayuda en la batalla. También es posible que en el ritual participara toda la comunidad, reuniéndose a tal fin las distintas familias y clanes que se hallaban dispersos por amplias zonas del territorio, desde la costa hasta la montaña.
Mediante este tipo de actos la comunidad reforzaba su unión y sentido de pertenencia, su propia identidad como grupo diferenciado y la integración y solidaridad entre sus miembros.


Bibliografía.

D. Brandherm y M. Moskal-del Hoyo. Las espadas en lengua de carpa, aspectos morfológicos, metalúrgicos y culturales.

F.J. Costas Goberna y P. Nóvoa Álvarez. Los grabados rupestres de Galicia.

A. De la Peña Santos y J.M. Rey García. El espacio de la representación. Una perspectiva territorial para el arte rupestre galaico.

A. De la Peña Santos. El grupo galaico de arte rupestre.

A. De la Peña Santos. Las representaciones de alabardas en los grabados rupestres gallegos.

M. Harris. Antropología cultural.

M. Harris. Introducción a la antropología general.

X. Pereira Martínez, E. Méndez Quintas, P. Prieto Martínez. Los ídolos antropomorfos en el arte rupestre del noroeste peninsular: una revisión crítica a partir de nuevas evidencias.

H. Spencer. El hombre contra el estado.

J.M. Vázquez Varela. El petroglifo de Agua da Laxe I (Gondomar, Pontevedra) y la sociedad del comienzo de la Edad del Bronce en el noroeste de la Península Ibérica.

J.M. Vázquez Varela. Antepasados, guerreros y visiones.

J.M. Vázquez Varela. Aplicación de la teoría y método de análisis del arte prehistórico de C. Alonso del Real a Auga dsa Laxe, Gondomar, Pontevedra, roca con grabados de la Edad del Bronce en Galicia.

J.M. Vázquez Varela. Los petroglifos prehistóricos de armas metálicas de Galicia en el contexto de la Península Ibérica, Europa y África.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Nota: Los dibujos de petroglifos que aparecen en este artículo han sido realizados mediante IA y una aplicación informática para la edición y retoque fotográfico.





Camaleón Europeo (Chamaeleo chamaeleon)

 


Clasificación

Reptiles/Squamata/Lacertilia/Iguania/Chamaeleoninae.


Distribución

Distribución mediterránea, N de África, Oriente medio, Arabia, Grecia, Turquía y S de la Península Ibérica. En la Península Ibérica se localiza en Huelva, Cádiz, Málaga, Granada, Murcia y Almería y también en el Algarve portugués, en un área de unos 400 km².


Hábitat

Desde el nivel del mar hasta los 800 m de altitud. Prefiere lugares con vegetación densa de matorrales y arbustos de mas de 1 m de altura. Más escaso en cultivos y bosques demasiado altos. Los juveniles prefieren las zonas herbáceas para evitar el riesgo de canibalismo.

Sus principales amenazas son la destrucción del hábitat, atropellos, tráfico ilegal y ataques de gatos asilvestrados.


Identificación

Tanto machos como hembras tiene una cabeza con casco levantado hacia atrás, cresta parietal y crestas laterales. Sus ojos son prominentes y con párpado circular, y pueden moverlos de manera independiente. Su cuerpo está comprimido lateralmente y su cola es prensil, más corta que la cabeza y el cuerpo. Sus cinco dedos están dispuestos en pinza, en las patas delanteras tres mirando hacia dentro y dos hacia afuera y en las traseras dos hacia dentro y tres hacia afuera.

La coloración general es verde o parda con dos líneas discontinuas amarillas, pero pueden variar rapidamente de color como camuflaje, para regular la temperatura, para comunicarse o para indicar su estado reproductor.

Los machos pueden alcanzar una longitud máxima de 28,2 cm y un peso de 10,0-58,7 g. Las hembras pueden llegar a medir 30,1 cm y pesar entre 25,6-120,0 g. Son más altas, tienen los miembros y dedos más largos y mayor número de dientes.


Alimentación

Se alimenta principalmente de pequeños insectos voladores, pero ocasionalmente puede comer arañas, escorpiones, pequeños reptiles y pollos de aves, dependiendo de la disponibilidad según las estaciones.


Reproducción

Cuando llega el período reproductor (julio-octubre) realizan grandes desplazamientos y se reúnen varios ejemplares de distinto sexo en una zona muy reducida. Es en este momento cuando muchos machos son atropellados mientras se desplazan por carreteras y zonas urbanas.

En período de celo el macho defiende el perímetro que rodea a la hembra y se desplaza junto a ella, ahuyentando a los machos que se puedan acercar. Las hembras sufren también una elevada mortandad por atropellos, pero en su caso es debido a los desplazamientos que realizan para encontrar un lugar adecuado para la puesta de los huevos.

Las hembras cavan una larga cueva donde ponen hasta 40 huevos gomosos, de color blanco y forma elíptica. Eclosionan a los 10 meses y las crías al nacer miden entre 5 y 7,5 cm. Los camaleones europeos pueden vivir entre 3 y 5 años.


Conducta

En el período no reproductor son solitarios y muy fieles a un mismo arbusto o arbol y sólo se mueven en altura dependiendo de las condiciones atmosféricas y solares.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Ana Durán Besada y F. Javier Torres Goberna ©.



jueves, 19 de febrero de 2026

Asentamiento metalúrgico romano de Orellán (Borrenes)

 

El asentamiento metalúrgico romano de Orellán se encuentra a poco más de 3 km de la mina de oro de Las Médulas, cuya explotación comenzó durante el reinado de Augusto y alcanzó su apogeo en época de Trajano, entre finales del siglo I y principios del II, momento en el que llegó a ser la mina aurífera a cielo abierto más grande del Imperio romano.

Se estima que en Las Médulas trabajaban entre 2500-5000 indígenas astures y cántabros. Para garantizar a estos obreros el suministro diario de alimentos, útiles y herramientas, los romanos crearon un sistema de asentamientos auxiliares que se dedicaban a la producción agrícola, metalúrgica o al mantenimiento de la red de canales que llevaban el agua hasta las galerías de la mina.

Las Médulas desde el mirador de Orellán.

El mayor de los asentamientos metalúrgicos fue el de Orellán, creado en el siglo I d.C. Situado en un cerro en el que había una gran veta ferruginosa, en este poblado los romanos reubicaron a unos 150-200 astures que se dedicaban exclusivamente a la extracción y reducción del mineral de hierro para posteriormente fundirlo en hornos y fabricar herramientas.

El asentamiento se planificó en torno a una calle central con aceras situada en la parte baja de la ladera. A ambos lados de este eje se fueron construyeron las viviendas para los fundidores, herreros y sus familias. La veta de hierro se encontraba en la ladera contraria y en ella se volcaba la abundante escoria que producían los hornos de fundición, los cuales se situaban en la parte más elevada del cerro. La magnitud de la escoria hallada nos permite hacernos una idea del volumen de hierro que se fundió en estos hornos.

Si bien las primeras viviendas del poblado seguían el modelo castreño de residencia principal con dependencias adosadas, posteriormente se empezaron a construir de acuerdo al diseño romano de casas de planta cuadrada con división interior en habitaciones. 

Las viviendas tenían paredes de arcilla compactada y encofrada, zócalos de piedra para protegerlas de la humedad y sus tejados estaban hechos de madera, lajas de pizarra y paja.  

A diferencia de lo que sucedía en los castros indígenas, todos estos asentamientos romanos no disponían de defensas, como fosos o murallas al no ser necesarias y para evitar que pudieran ser utilizadas en caso de una revuelta. Para custodiar la mina de Las Médulas, alrededor del año 74 se estableció en León la Legio VII Gemina, que había sido creada el 10 de junio del 68 y que estaba formada por nativos hispanos.


Bibliografía

Almudena Orejas Saco del Valle. Arqueología de los paisajes mineros antiguos en la Península Ibérica.

F. Javier Sánchez-Palencia y M.ª Dolores Fernández-Posse. Las Médulas como paisaje cultural. itinerarios por el parque arqueológico.

Marcos Villahoz Ladrón. La minería del oro en el noroeste de la peninsula ibérica: Las Médulas.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

viernes, 13 de febrero de 2026

Castro de La Corona del Cerco (Borrenes)

 

El castro de La Corona del Cerco se encuentra a menos de 300 m de la localidad de Borrenes, en la comarca de El Bierzo (León), a unos 7 km de la explotación minera de Las Médulas. Situado en una colina a 670 m de altitud, desde el castro se domina una vega fértil por la que corre el arroyo de Isorga.

Entre 1988 y 1992 se realizaron las excavaciones arqueológicas que pusieron al descubierto dos viviendas y más de 50 m de una robusta muralla de 2,5 m de altura y hasta 4 m de ancho, la cual delimitaba un recinto de aproximadamente 1 ha.

El proceso de construcción del castro comenzó levantando la muralla que servía de defensa y cierre perimetral. Para ello se excavó un foso defensivo del que se extrajeron los bloques irregulares de cuarcita que se emplearon para levantar la muralla, la cual se rellenó con pequeñas piedras y tierra. En algunos trechos la estructura se reforzó con arcilla y listones de madera. 

Tras la victoria romana en las Guerras Cántabras (29 a.C a 19 a.C), durante el reinado de Augusto, concluyó la conquista de la Península Ibérica. Al poco tiempo se puso en marcha la explotación masiva de la mina de Las Médulas, la cual llegó a su apogeo en época de Trajano (finales del siglo I y principios del II), cuando llegó a ser la explotación aurífera a cielo abierto más grande del Imperio romano, en la que se estima que trabajaban entre dos mil quinientos y cinco mil indígenas astures y cántabros.

El castro de Borrenes fue construido en el siglo I a.C. pero nunca llegó a ser habitado, ya que los romanos interrumpieron su construcción y ordenaron destruir la muralla para que no pudiera servir de protección en una posible revuelta.

Los aproximadamente doscientos astures que iban a establecerse en el castro de Borrenes, fueron obligados a pagar tributo al Imperio con su trabajo y a trasladarse a poblados mineros, metalúrgicos y agrícolas vinculados a la explotación aurífera de Las Médulas.


Bibliografía

Javier Sánchez-Palencia y M.ª Dolores Fernández-Posse. Las Médulas como paisaje cultural. Itinerarios por el parque arqueológico.

David Serrano Ordozgoiti. formaciones sociales en la cultura castreña del noroeste: el ejemplo del poblamiento prerromano del paisaje de Las Médulas.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.