Desde
finales de la Edad de Bronce, la producción de oro y estaño
convirtió a la costa galaica en un eje comercial de la Europa
Occidental por el que transitaban productos de alto valor, tanto del
área atlántica como mediterránea. Junto con los otros castros de
la franja litoral (Bagunte, Terroso, São Roque, San Lourenço,
Santa Luzía, Cividade de Âncora y Coto da Pena), la citania de
Santa Trega formaba parte de una estructura costera que controlaba la
navegación de cabotaje durante la protohistoria,
lo que la convirtió en el oppidum más grande de Galicia y uno de
los mayores de todo el NO peninsular.
Situada en la parte más elevada del monte, a 341 m de altitud, desde su
posición estratégica se domina visualmente toda la desembocadura
del río Miño, que en la antigüedad era navegable en un tramo de
148 km, así como un amplio tramo de costa.

La
intensa actividad comercial que se desarrolló en la citania de Santa
Trega llegó a convertirla en un emporion con un intenso tráfico de
barcos, que procedentes del Mediterráneo, arribaban cargados con
mercancías y anclaban, según Estrabón, en una isla y dos
fondeaderos situados en la boca del Miño. Desde
la citania de Santa Trega los productos se distribuían por la zona y
a otros castros como el de Troña, situado a 50 km y en el que se han
encontrado ánforas, cerámicas comunes y kalathoi.
A
los pies del monte Santa Trega se encuentran los restos del castro de
A Forca, datado en el siglo IV a.C. y abandonado a mediados del siglo
II a.C. Este pequeño asentamiento comerciaba puntualmente con los
navegantes mediterráneos, como lo atestigua el hallazgo de restos de
cerámicas púnicas y griegas.
Durante
el siglo II a.C. se comenzaron a construir las primeras estructuras
de piedra en la parte alta del monte, a la vez que se incrementaban
los contactos comerciales con Gadir
(Cádiz), importando objetos de gran valor, como cerámicas pintadas
gaditanas e iberas o ánforas púnicas e itálicas.

En
el siglo I a.C. el castro se reurbanizó, se construyeron nuevas
unidades habitacionales sobre las primitivas cabañas, y se trazaron
calles siguiendo
un “proto-urbanismo castreño de influencia mediterránea” (Sande
Lemos).
Este
primitivo diseño urbanístico es característico de la Segunda Edad
de Hierro (entre comienzos del siglo II a.C y la campaña militar de
Decimus
Junius Brutus en
137 a.C).
Durante
esta época, la actividad comercial se intensificó enormemente con la
llegada de una cantidad ingente de ánforas procedentes de la Bética
y de bienes de prestigio, como la cerámica romana sigillata.
El poblamiento de la citania de Santa Trega continuó
de manera ininterrumpida hasta
su abandono a mediados del siglo II d.C, llegando a tener una
población de 5000 habitantes.
Posteriormente, volvió a ser habitado durante la Edad Media.
El
castro de Santa Trega se extendía por las laderas N y E del monte.
La muralla construida a finales del siglo I a.C, delimitaba un
recinto de unos 700 m de largo en dirección N-S y 300 m de ancho
E-O. La muralla es estrecha (menos de 1,6 m de grosor) y tiene dos
puertas de acceso, una al N y otra al S. Su finalidad no era
defensiva ya que no disponía de protecciones, como torres, fosos o
parapetos, sino que su única función era demarcar el espacio
habitacional.
Durante
la Edad de Hierro, en el N de Portugal y el S de Galicia se
desarrolló la arquitectura doméstica y el urbanismo más complejo y
monumental de toda la Europa Atlántica, del que la citania de Santa
Trega es una destacada muestra, como también lo son la citania de
Briteiros, Sanfins, Monte Mozinho, Santa Luzía, A Troña y
Vigo.
Con
el desarrollo del urbanismo aparecieron técnicas de
organización del espacio mediante calles e incluso barrios, como los
que podemos ver en la citania de Santa Trega.
Las
unidades habitacionales estaban compuestas por edificaciones
circulares y angulares que convergían en un patio común con el
suelo enlosado.
Desde
un punto de vista arquitectónico, la principal ventaja de las
construcciones de planta circular es su eficiencia a la hora de hacer
frente al embate del viento, ya que este circula con naturalidad
cuando se acerca a superficies curvas, al contrario de lo que ocurre
cuando choca con esquinas. Además, al ser el techo redondo y girar
en torno a un anillo central, se mantiene en un estado de compresión, evitando que pueda levantarse y dañar la estructura de la
edificación, por lo que ofrece una mayor resistencia y durabilidad.
Por otra parte, para cubrir superficies circulares se precisa entre
un 15 y un 20% menos de material.
Las
paredes de las cabañas estaban pintadas de blanco y azul, y las
jambas y dinteles de las entradas se ornamentaban con motivos
geométricos. En los muros iban encastrados bloques de granito
labrados con decoraciones en las que predominan los motivos solares típicos de la cultura
indoeuropea (trisqueles,
tetrasqueles,
pentasqueles
y esvásticas), así como
espirales, nudos de salomón y rosáceas.
 |
| Pentasquel, esvástica dextrógira, rosácea y nudo de Salomón (s I a.C- I d.C.). |
El
castro de Santa Trega es el asentamiento galaico donde se ha
encontrado el
mayor número de grabados rupestres dentro del
recinto
castreño. Entre los diseños que aparecen representados predominan
las cazoletas o coviñas, algunas unidas por surcos, y también
podemos encontrar líneas rectas y ondulantes, círculos, círculos
concéntricos, óvalos, espirales levógiras y dextrógiras, y una
figura ajedrezada de 36 casillas hallada en el interior de una
vivienda.
 |
| Petroglifos (cazoletas y surcos). |
La
economía de los habitantes del castro de Santa Trega se basaba en el
cultivo de cereales y en la ganadería, sobre todo bovina y ovina,
aunque también se han hallado restos óseos de cerdos y gallinas. Su
dieta incluía también recursos marinos como peces de costa, lapas,
mejillones y bígaros.
En
1913, las obras de construcción de una pista forestal de acceso al
monte dejaron al descubierto restos de edificaciones castreñas
y en 1914 comenzaron los primeros sondeos. Entre 1928 y 1933 se
realizaron los trabajos arqueológicos mas significativos,
dirigidos por el catedrático sanluqueño Cayetano de Mergelina.
En las sucesivas excavaciones se recuperaron gran cantidad de objetos de piedra, pilas decoradas, labras de granito y esculturas. Una de ellas es la imagen de un ídolo femenino de 26 de altura, 11 cm de ancho y 6,5 cm de grosor. Se trata de la
personificación de una deidad relacionada con la fertilidad, una Dea
Mater como
la Astarté fenicia,
la Venus
romana o la Iunstir
ibera.
Este
tipo de
divinidades
prehistóricas
fueron
las
más veneradas
en toda el área mediterránea.
En
2015 se descubrió una cabeza antropomorfa
de unos 15 cm de longitud, datada en los siglos II-I a.C. Esta pieza
se interpreta como la representación de la cabeza cortada de un
enemigo o la
de
un guerrero deificado que protegía un barrio de la citania.
Siguiendo
con las esculturas halladas en el castro de Santa Trega, nos
encontramos con otra cabeza, en este caso de un zoomorfo,
probablemente un cerdo.
Por
lo que se refiere a los objetos de metal, se han descubierto torques
de bronce, el remate de un torque de oro, monedas de plata, fíbulas,
agujas, anzuelos, fragmentos de calderos, moldes, hoces, argollas y
remaches.
 |
| Fragmento de caldero de bronce. |
Las
piezas de alfarería indígena que se han podido
recuperar son muy diversas,
pero predomina la cerámica decorada con incisiones.
También
son muy variados
los tipos de cerámica fina romana (campaniense, terra sigillata,
hispánica y gálica) y de cerámica común (ánforas, lucernas,
moldes de fundición y tégulas).
 |
| Réplica de vasija globulada tipo Vigo-perlada (s I a.C-I.d.C). Santa Trega. |
Especialmente
frecuentes son las ánforas para
la conservación y transporte de vino, salazones, aceite o grano,
sobre todo procedentes de la Bética, pero también de la Galia. No faltan tampoco los restos de
vasos romanos de vidrio de color verde, azul, ámbar e incoloros.
En
la acrópolis del castro se halló una escultura de bronce de
Hércules similar a las encontradas en Cádiz y que podría indicar
la presencia de un santuario dedicado a Melkart. Desgraciadamente
esta pieza ha desaparecido.
Otro
descubrimiento
importante es
el de varias monedas acuñadas tanto en cecas púnicas de Gadir como
romanas de época republicana, de Augusto
(siglo
I a.C.), de Tiberio
(siglo I d.C.) y de Claudio
(siglo I d.C.).
Sin embargo los
hallazgos de armamento son escasos: cuchillos, puñales, un hacha,
una espada de antenas y puntas de lanza.
 |
| Cuchillo de hierro. |
La
influencia púnica fue fundamental en el desarrollo tecnológico,
artístico y mitológico de las comunidades del S de Galicia. Los
restos arqueológicos nos permiten conocer la importancia de las
relaciones comerciales y culturales existentes entre Galicia y el
ámbito cultural fenicio, desde la segunda mitad del siglo VI a.C en
adelante. Se han hallado restos de origen mediterráneo en todos los
castros litorales del NO que han sido ocupados entre los años 450
a.C. y 50 a.C, siendo más abundantes en la zona comprendida entre
Porto y las Rias Baixas.
 |
| Betilos púnicos (sV-IV a.C.). Isla de Toralla (Vigo). |
Tras las guerras lusitanas, en el año 137 a.C. llegó a las comarcas de la Limia y del Miño el general romano Decimus Iunius Brutus “Callaicus”, en una expedición militar y de exploración de los recursos minerales de la región, fundamentalmente en busca de oro y estaño.
La
conquista romana introdujo profundos cambios
en
la sociedad castreña. Desde el principio, algunos miembros de las
élites locales comenzaron a adoptar las costumbres romanas como
muestra de prestigio. Esa asimilación la podemos apreciar en la
adopción de los ritos funerarios romanos, así como en la utilización de
estelas labradas con representaciones de los indígenas vestidos con
toga romana y un brazo cruzado sobre el pecho.

En
el castro de Santa Trega se han hallado dos de estas estelas de
togados, datadas poco tiempo después de
la campaña de Decimus Iunius Brutus (García
Bellido).
Otra
estela encontrada en Santa Trega se adapta al modelo romano pero
incorpora una decoración indígena, con un aspa en la parte superior
y una sucesión de rosáceas en la inferior.
A
partir de mediados del siglo II a.C. la presencia romana se tradujo
en mayor organización de la sociedad, y paralelamente en un gran
desarrollo de los grandes castros costeros bracarenses como el de
Santa Trega.
Posteriormente,
en los siglos II y III d.C, las reformas administrativas impuestas
por los romanos incentivaron a los habitantes de los oppidum para que
los abandonaran y se establecieran en los valles, ya que eran lugares
mas favorables para el desarrollo de la agricultura, la ganadería y
el comercio.
Bibliografía
Fernando
Javier Costas Goberna, Lara Bacelar Alves, Antonio de la Peña
Santos, Antonio Manuel S. P. Silva. Arte
Rupestre Prehistórica do Eixo Atlántico.
Antonio
de la Peña Santos. Yacimiento galaico-romano de Santa Trega (La
Guardia, Pontevedra). Campaña
1983,
Antonio
de la Peña Santos.Santa Trega, un poblado castrexo-romano.
Maria
Joao Delgado Correia dos Santos. Santuarios rupestres de la Hispania
indoeuropea.
Carlos
Fernández Rodríguez y Carlos Rodríguez López. Nuevos datos acerca
de los recursos económicos del poblado castreño de Santa Trega (A
Guardia, Pontevedra).
João
Fonte, Joana Valdez, Francisco Sande Lemos y Gonçalo Cruz. Citânia
de Briteiros e médio vale do Ave (NW de Portugal): SIG e análise
arqueológica do territorio.
Aitor
Freán Campo. Persistencia y evolución de la religiosidad y las
mentalidades del noroeste peninsular desde la Edad del Hierro a la
tardo antigüedad.
Antonio
García Bellido. Cámaras funerarias de la cultura castreña
Alfredo
González Ruibal, Rafael Rodríguez Martínez y Xurxo Ayán Vila.
Buscando a los púnicos en el noroeste.
Elisa
Pereira Garcia, Fernando Javier Costas Goberna, José Manuel Hidalgo
Cuñarro. Petroglifos en los Castros Gallegos.
Francisco
Sande Lemos. A influencia da romanización no habitat e a paisaxe
castrexa: o ejemplo dos grandes castros.
Museo
Arqueolóxico do Monte Santa Trega. Viaxando pola historia. 100 anos
do MASAT.
Xunta
de Galicia. Guía de castros de Galicia y noroeste de Portugal.
Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.