Entre las numerosas religiones que convivieron en el Imperio Romano, pocas resultan tan fascinantes y enigmáticas como el mitraísmo. Durante los siglos II y III d. C. este culto mistérico alcanzó una amplia difusión por gran parte del mundo romano, desde Britania hasta Siria, dejando tras de sí una abundante documentación arqueológica compuesta por santuarios, esculturas, relieves e inscripciones.
MITHRA Y LOS ORÍGENES DEL MITRAÍSMO
El dios Mithra tiene sus raíces en el mundo indoiranio. Su nombre aparece documentado tanto en la tradición védica de la India como en la iraní, donde desempeña funciones relacionadas con los pactos, los juramentos y el mantenimiento del orden social y cósmico.
La referencia más antigua conocida procede de un tratado internacional hallado en Hattusa (actual Boğazköy, Turquía), capital del Imperio hitita. El documento, fechado en el siglo XIV a. C., recoge un acuerdo entre hititas y mitanios e invoca a diversas divinidades indoiranias, entre las que figura Mithra, como garantes del cumplimiento de los pactos.
En los Vedas de la India, Mithra aparece asociado al mantenimiento del orden cósmico y a la protección de los juramentos. Funciones semejantes desempeña el Mithra iranio, estrechamente vinculado a los contratos, la justicia y la vigilancia de los acuerdos establecidos entre los hombres y entre estos y los dioses.
La reforma religiosa irania atribuida a Zarathustra (Zoroastro) reforzó la importancia de Ahura Mazda como divinidad suprema y desarrolló una visión dualista del universo basada en la oposición entre las fuerzas del Bien y las del Mal. Aunque el papel exacto de Mithra dentro de la evolución del zoroastrismo continúa siendo objeto de debate, su culto sobrevivió durante siglos y siguió desempeñando funciones relacionadas con la justicia, la vigilancia de los juramentos y la protección del orden cósmico. Durante el periodo aqueménida (ca. 550-330 a. C.) el prestigio de Mithra continuó siendo considerable y su nombre aparece mencionado en diversas inscripciones reales.
EL CULTO MITRAICO
Desconocemos casi todo lo que se refiere al culto original a Mitra en Oriente, apenas algunos textos que forman parte de los escritos zoroástricos, por lo que tan sólo tenemos constancia de la versión occidental del culto que incorporaba elementos griegos y romanos a la tradición persa.
La leyenda de Mithra
En la tradición mitraica romana, Mithra no nació de una unión divina ni de una madre sino por voluntad propia, surgiendo directamente de una roca, motivo conocido por los estudiosos como petra genetrix ("roca generadora") o Mithras saxigenus ("Mithra nacido de la piedra"). Las representaciones muestran habitualmente a Mithra emergiendo de una roca en posición frontal como un joven adulto, no como un niño, vestido con atuendo oriental: túnica, pantalones ajustados y gorro frigio, sosteniendo una daga y una antorcha encendida. La roca de la que emergió Mithra se hallaba junto a un manantial y un árbol sagrados. Del árbol recogió sus frutos y, utilizando su daga, cortó algunas de sus hojas para cubrirse con ellas. En numerosas representaciones aparecen asimismo varios pastores contemplando el prodigio y rindiendo homenaje al dios recién nacido.
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| Mithra surgiendo de la petra genetrix (IA). |
Posteriormente, Mitra halló en las montañas al toro primordial e intentó montarlo, pero la bestia comenzó a galopar y lo arrastró mientras permanecía aferrado a sus cuernos. Una vez que el animal se agotó, Mitra lo agarró por las patas traseras y se lo cargó a los hombros, realizando un agotador viaje (transitus) hasta su cueva. En este lugar recibió el mensaje que el Sol le envió a través de un cuervo, pidiéndole que sacrificara al toro. Mitra cumplió la voluntad del Sol y con su cuchillo le dio muerte. Un perro y una serpiente comenzaron a beber la sangre del toro mientras un escorpión se agarraba con sus pinzas a los testículos del animal. Por la cola del toro comenzó a salir trigo, su sangre se convirtió en vino y su semen purificado por la luna originó a los animales domésticos.
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| Sacrificio del toro (IA). |
Los episodios de esta leyenda sagrada no solo inspiraron buena parte de la iconografía del culto, sino que también proporcionaron el marco simbólico de sus ceremonias y prácticas rituales.
Los mitreos
Los lugares de culto mitraicos recibían el nombre de mitreos (mithraea). A diferencia de los grandes templos públicos dedicados a las divinidades tradicionales romanas, los mitreos eran espacios relativamente pequeños cuya capacidad oscilaba entre veinte y cuarenta personas, lo que indica que las comunidades mitraicas estaban integradas por grupos relativamente reducidos de fieles iniciados.
Tradicionalmente se considera que la disposición arquitectónica de los mitreos reproducía la caverna sagrada asociada a Mithra. Sus espacios estrechos y alargados, la escasa iluminación y la ubicación de la tauroctonía al fondo del santuario contribuían a recrear el ambiente de una gruta. La mayor parte de los mitreos conocidos presenta una estructura similar, compuesta por una antecámara o espacio de acceso, una sala principal alargada, dos bancos corridos dispuestos longitudinalmente y un santuario situado al fondo presidido por la representación de la tauroctonía.
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| Recreación del ritual en un mitreo (IA) |
No obstante, también se ha propuesto que la cueva poseía un significado cosmológico y que constituía una representación simbólica del universo. Ambas interpretaciones no son necesariamente incompatibles. En consecuencia, el mitreo puede entenderse simultáneamente como una evocación de la cueva sagrada vinculada a la mitología de Mithra y como una representación simbólica del cosmos en el que se desarrollaba el proceso de iniciación de los fieles.
Uno de los aspectos mejor documentados del culto es la celebración de comidas rituales comunitarias. La disposición interior de los mitreos, con largos bancos laterales, parece diseñada para facilitar este tipo de reuniones. Además, numerosas representaciones muestran a Mithra y Sol compartiendo un banquete tras la muerte del toro.
Aunque el significado exacto de estas celebraciones sigue siendo desconocido, es evidente que desempeñaban un papel central en la cohesión de la comunidad religiosa.
Ritos y prácticas religiosas
El mitraísmo era una religión mistérica, es decir, un culto cuyos rituales y enseñanzas estaban reservados a los iniciados. La ausencia de textos doctrinales obliga a reconstruir sus creencias y prácticas principalmente a partir de la arqueología y de algunas referencias indirectas transmitidas por autores antiguos.
Diversos autores cristianos antiguos, como Tertuliano o Jerónimo, mencionan algunos aspectos de las prácticas mitraicas, por las cuales los candidatos debían someterse a determinados rituales antes de acceder a los distintos grados. A menudo se afirma que los iniciados debían superar pruebas relacionadas con el hambre, la sed, el frío, el calor o la resistencia física. Sin embargo, la naturaleza exacta de estas ceremonias resulta difícil de reconstruir ya que la evidencia documental es insuficiente y debe interpretarse con cautela, ya que a menudo procede de observadores externos hostiles al culto.
Los estudios modernos han demostrado que los seguidores de Mithra pertenecían a grupos sociales muy diversos (militares, comerciantes, funcionarios imperiales, miembros de las élites urbanas, artesanos, libertos y esclavos), pero hasta el momento no existen pruebas concluyentes de la participación femenina en el culto, por lo que la mayoría de los especialistas considera que el mitraísmo romano fue una religión fundamentalmente masculina.
Los siete grados de iniciación
Uno de los aspectos más característicos del mitraísmo fue la existencia de una jerarquía iniciática organizada en distintos niveles.
La principal fuente antigua que menciona estos grados es una carta de Jerónimo de Estridón (Epístola 107, 2), escrita a finales del siglo IV d. C., en la que enumera los siete niveles conocidos de iniciación:
Corax (Cuervo).
Nymphus (Novio).
Miles (Soldado).
Leo (León).
Perses (Persa).
Heliodromus (Mensajero o Corredor del Sol).
Pater (Padre).
La existencia de estos grados se encuentra además confirmada arqueológicamente por los célebres mosaicos del mitreo de Felicissimus, en Ostia, donde aparecen representados diversos símbolos asociados a cada uno de ellos.
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| Reconstrucción de los símbolos mitraicos de Felicissimus (IA). |
Diversas interpretaciones han intentado relacionarlos con los siete planetas de la astronomía antigua, diferentes etapas de perfeccionamiento espiritual, funciones litúrgicas dentro de la comunidad o un itinerario simbólico de ascensión cósmica.
EL MITRAÍSMO EN EL IMPERIO ROMANO
Tradicionalmente se consideró que el mitraísmo romano era una simple prolongación occidental de las antiguas creencias persas relacionadas con Mithra. Sin embargo, la investigación actual sostiene de forma mayoritaria que el mitraísmo practicado en el Imperio romano fue una religión nueva, desarrollada en el Mediterráneo oriental entre finales del siglo I a. C. y el siglo I d. C. Aunque incorporó elementos de origen iranio, también recibió importantes influencias helenísticas y romanas que transformaron profundamente la figura del dios y la naturaleza del culto.
En este sentido, toda la iconografía característica del mitraísmo —incluidas las representaciones del nacimiento de Mithra de la roca (petra genetrix), la captura y el transporte del toro, la tauroctonía o las distintas escenas asociadas al ciclo mítico del dios— pertenece al mitraísmo romano y no a la antigua religión iranía. Estas imágenes constituyen una creación propia del culto desarrollado en época imperial y carecen de paralelos directos en la documentación conservada sobre el Mithra persa.
Por ello, aunque exista una relación histórica entre el Mithra iranio y el Mithra venerado en los mitreos romanos, ambos cultos presentan diferencias significativas y no deben identificarse sin matices.
Los primeros testimonios arqueológicos del mitraísmo romano corresponden a finales del siglo I d. C., momento a partir del cual el culto experimentó una rápida expansión por gran parte del Imperio. Los hallazgos arqueológicos permiten documentar comunidades mitraicas en Italia, Germania, Britania, Panonia, Dacia, Galia, Hispania, Norte de África y Oriente romano. La difusión del culto estuvo estrechamente relacionada con la extraordinaria movilidad existente dentro del Imperio. Soldados, comerciantes, funcionarios, libertos y artesanos contribuyeron a la propagación de la religión por territorios muy alejados entre sí.
Durante mucho tiempo se asumió que el mitraísmo era esencialmente una religión militar. Aunque la presencia de numerosos soldados entre sus adeptos está ampliamente documentada, las investigaciones recientes han demostrado que la composición social de las comunidades mitraicas era mucho más diversa.
Puesto que el mitraísmo era una religión mistérica, el acceso a sus enseñanzas y rituales estaba restringido a los iniciados, circunstancia que explica la escasez de testimonios escritos conservados, a diferencia de lo que sucede con el cristianismo. Nuestro conocimiento procede principalmente de la arqueología, la epigrafía y la iconografía halladas en los mitreos, principalmente de los siglos II y III, momento de máxima expansión del mitraísmo en el que se construyeron numerosos mitreos y se multiplicaron las dedicatorias votivas a Mithra en diferentes provincias romanas.
Diversos emperadores mostraron especial interés por los cultos solares, circunstancia que favoreció indirectamente la difusión de determinadas formas de religiosidad asociadas al Sol Invicto. Sin embargo, conviene evitar la identificación automática entre mitraísmo y culto solar oficial, ya que, si bien ambas tradiciones compartieron símbolos e influencias mutuas, no constituyeron una misma religión.
A comienzos del siglo IV el panorama religioso del Imperio Romano experimentó profundas transformaciones. Tras el Edicto de Milán promulgado por Constantino en el año 313, el cristianismo obtuvo reconocimiento legal y comenzó un proceso de creciente influencia política y social. Durante las décadas siguientes los antiguos cultos paganos fueron perdiendo progresivamente su posición privilegiada. La mayoría de los mitreos dejó de utilizarse a lo largo del siglo IV. Algunos fueron abandonados, otros destruidos y otros reutilizados con finalidades distintas. Hacia finales de esa centuria el mitraísmo había desaparecido prácticamente del mundo romano.
EL MITRAÍSMO EN HISPANIA
La presencia del mitraísmo en Hispania está arqueológicamente documentada desde finales del siglo II d. C., a través de inscripciones, esculturas, relieves y restos arqueológicos distribuidos por diversas regiones de la Península. A diferencia de otras regiones del Imperio, donde el culto alcanzó una gran difusión, en Hispania los testimonios conocidos son relativamente escasos, circunstancia que sugiere una implantación limitada.
En la Península Ibérica los principales núcleos conocidos se localizan en Augusta Emerita (Mérida), Igabrum (Cabra), Corduba, Italica y Caetobriga (Setúbal), donde se conservan algunos de los testimonios más importantes del mitraísmo occidental. Entre todos ellos destaca Augusta Emerita, cuya comunidad mitraica constituye la mejor documentada de la Península Ibérica. Las evidencias proceden principalmente de restos de santuarios, esculturas e inscripciones votivas en las que se mencionan diversas fórmulas como Mithrae, Soli Mithrae, Mithrae Invicto, Soli Invicto Mithrae y Deo Soli Invicto.
En Galicia los testimonios son mucho más escasos y se reducen a la presencia de un mitreo en Lucus Augusti (Lugo) y la posible existencia de una inscripción relacionada con el culto hallada en Cuntis.
LA TAUROCTONÍA DE IGABRUM (CABRA) Y LA ICONOGRAFÍA MITRAICA
El relieve de Mithra Tauróctono hallado en la antigua Igabrum (actual Cabra, Córdoba) es una de las representaciones mitraicas más relevantes conservadas en la Península Ibérica. Fue hallado en las proximidades de Fuente de las Piedras y actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba. Su descubrimiento se encuentra estrechamente relacionado con las excavaciones realizadas por Antonio Blanco Freijeiro, Antonio García y Bellido y Manuel Bendala Galán en el conjunto arqueológico conocido como la Casa de Mithra.
La Casa de Mithra era un amplio complejo romano ocupado durante los siglos III y IV d. C. que sufrió un incendio y fue finalmente abandonado en época tardorromana. La función exacta del conjunto continúa siendo objeto de debate. Los excavadores plantearon la posibilidad de que se tratase de una residencia vinculada a militares o a un collegium, aunque la presencia del relieve mitraico ha llevado a numerosos investigadores a relacionarlo con la existencia de una comunidad dedicada al culto de Mithra.
Aunque la identificación del edificio como mitreo no puede considerarse absolutamente demostrada, la aparición de la tauroctonía constituye un indicio de gran importancia para sostener dicha hipótesis.
La tauroctonía de Cabra
El relieve está labrado en mármol y mide aproximadamente 96 cm de ancho, 93 cm de alto y 35 cm de grosor. Desde el punto de vista artístico presenta una ejecución relativamente sencilla si se compara con algunas de las grandes tauroctonías conservadas en Roma o en las provincias del Danubio. Sin embargo, su importancia arqueológica e histórica es considerable, ya que constituye uno de los principales testimonios materiales del mitraísmo en Hispania.
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| Tauroctonía de Cabra (Museo arqueológico de Córdoba). |
La tauroctonía de Cabra representa a Mithra Invictus Tauroctonos, creador del mundo viviente, sacrificando a un toro de tamaño proporcionalmente pequeño en comparación con la figura humana. Mithra va vestido al modo persa, con pantalones largos y ceñidos a los tobillos, corta túnica, una capa ligera o clámide atada al cuello y el característico gorro frigio. Con la mano izquierda agarra el morro del toro y le levanta la cabeza hacia atrás, mientras que con su cuerpo y la pierna izquierda presiona a la bestia impidiendo que se incorpore. Una de las patas traseras del toro está retrasada y sujeta por el pie derecho de Mithra. Este, con su mano derecha clava un puñal en el cuello del toro y mientras realiza el sacrificio gira la cabeza para dirigir su mirada hacia el sol. Los demás elementos del grupo son un escorpión, que agarra los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente y el perro que beben la sangre que mana de la herida.
La postura de Mithra y del toro responde a un modelo iconográfico ampliamente difundido por todo el Imperio Romano. Escenas muy similares han aparecido en Italia, Germania, Britania, Panonia, Dacia y otras provincias romanas. Esta extraordinaria uniformidad demuestra la existencia de un programa iconográfico común compartido por las comunidades mitraicas y perfectamente comprendido por los iniciados.
El significado de la tauroctonía
Desde determinadas corrientes de interpretación cosmológica inspiradas en conceptos filosóficos de tradición helenística, los animales de la tauroctonía han sido entendidos como representaciones de distintos principios constitutivos del universo. En este contexto, el perro simbolizaría el principio "genético" relacionado con el origen de las cosas; la serpiente, el principio "pneumático" o aliento racional que ordena el cosmos; el cuervo, la dimensión "noética" vinculada al intelecto y al conocimiento; y el escorpión, el principio "apogenético", representa la muerte, la fuerza opuesta a la generación.
La tauroctonía mitraica también ha sido objeto de interpretaciones de carácter astrológico. Según esta propuesta, la escena no representaría un acontecimiento histórico o legendario, sino una compleja imagen simbólica del firmamento. En ella, el toro se identificaría con la constelación de Taurus; el perro, con Canis Major y/o Canis Minor; la serpiente, con Hydra; el león, con Leo; la crátera, con Crater; el cuervo, con Corvus; y el escorpión, con Scorpius. Asimismo, el manojo de espigas que brota del extremo de la cola del toro se ha relacionado con la estrella Spica, una de las más brillantes de la constelación de Virgo. Esta interpretación ha sido desarrollada por diversos investigadores, entre ellos Roger Beck, quien destacó la estrecha relación existente entre la iconografía mitraica y el simbolismo astral (Beck, 1984).
Actualmente la mayoría de los investigadores considera que la tauroctonía constituye una imagen de extraordinaria complejidad simbólica, que posiblemente integrase simultáneamente diversos niveles de significado cosmológicos, astrales, religiosos, escatológicos, e iniciáticos. La ausencia de textos doctrinales impide determinar cuál de ellos fue el principal para las comunidades mitraicas. Precisamente esta combinación de abundante documentación arqueológica y escasez de testimonios escritos explica que la tauroctonía siga siendo uno de los grandes enigmas de la historia de las religiones antiguas.
LOS AIONES MITRAICOS Y LA CASA DEL MITREO DE AUGUSTA EMERITA
Augusta Emerita, actual Mérida, constituye el principal centro mitraico conocido de la Península Ibérica. Fundada por Augusto en el año 25 a. C. para acoger a los veteranos licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina tras las guerras cántabras, la ciudad llegó a convertirse en una de las urbes más importantes de Hispania y en uno de los focos más destacados de difusión del mitraísmo.
Las evidencias arqueológicas permiten afirmar la existencia de una comunidad mitraica activa al menos desde mediados del siglo II d. C. Entre los hallazgos relacionados con este culto destacan diversas inscripciones votivas, esculturas, relieves y otros elementos iconográficos. La mayor parte de los hallazgos relacionados con el culto proceden del entorno del cerro de San Albín, donde aparecieron varias inscripciones dedicadas a Mithra y diversas esculturas vinculadas a la iconografía mitraica.
Entre las piezas más singulares halladas en Augusta Emerita destacan dos esculturas tradicionalmente identificadas con representaciones de Aión, divinidad asociada al tiempo eterno y al orden cósmico. Una de ellas presenta cabeza humana, mientras que la otra posee cabeza de león. Ambas figuras aparecen rodeadas por los anillos de una gran serpiente que se enrosca alrededor del cuerpo, motivo iconográfico ampliamente documentado en diversos contextos mitraicos del Imperio Romano.
El Aión antropocéfalo
Esta estatua fue identificada por Manuel Bendala como una representación de Mithra Saxigenus, es decir, Mithra naciendo de la roca primordial (petra genetrix), episodio ampliamente representado en la iconografía mitraica.
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| Aión antropocéfalo (Museo Nacional de arte romano. Mérida) |
El Aión leontocéfalo
La otra escultura hallada en Mérida es uno de los elementos más enigmáticos de toda la iconografía mitraica. Se trata de una representación antropomorfa con cuerpo humano y cabeza de león, generalmente envuelta por los anillos de una serpiente y, en ocasiones, provista de alas u otros atributos simbólicos.
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| Aión leontocéfalo (M. N. de arte romano. Mérida) |
Desde finales del siglo XIX numerosos investigadores han asociado la figura leontocéfala con:
Aión, personificación grecorromana de la eternidad.
Cronos, representación alegórica del tiempo.
Zerván (Zurvan), divinidad iraní vinculada al tiempo infinito.
Por esta razón es frecuente encontrar en la bibliografía expresiones como Aión-Zerván-Cronos para referirse a esta compleja figura simbólica.
De acuerdo con esta interpretación, la serpiente que rodea el cuerpo representaría el carácter cíclico del tiempo y la perpetua renovación del cosmos, mientras que la cabeza leonina simbolizaría la fuerza devoradora e inexorable del devenir temporal.
Según la propuesta desarrollada por John R. Hinnells, la figura leontocéfala podría representar un ser cósmico relacionado con el destino de las almas después de la muerte. En esta interpretación, la estatua simbolizaría las fuerzas que gobiernan el universo y que regulan el tránsito del alma a través de las esferas planetarias. Esta hipótesis se encuentra estrechamente vinculada a las interpretaciones astrales del mitraísmo y a la idea de que los iniciados aspiraban a una elevación espiritual progresiva a través de los distintos niveles del cosmos.
Otros investigadores han propuesto identificaciones alternativas. Entre ellas destaca la hipótesis que la relaciona con Ahriman (Angra Mainyu), principio del mal en determinadas tradiciones iranias. Esta propuesta se apoya principalmente en ciertos paralelos iconográficos y en el aspecto imponente y, en ocasiones, inquietante de la figura.
Si bien la mayoría de los especialistas considera que las pruebas disponibles resultan insuficientes, actualmente continúa predominando la interpretación que relaciona estas esculturas con conceptos asociados al tiempo cósmico y a la estructura del universo.
La Casa del Mitreo
Otro de los hallazgos más importantes relacionados con el mitraísmo emeritense procede del conjunto arqueológico conocido tradicionalmente como Casa del Mitreo. A pesar de esta denominación, el edificio no puede identificarse con certeza como un mitreo y su nombre deriva de la proximidad a la zona donde aparecieron importantes hallazgos relacionados con el culto de Mithra.
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| Casa del mitreo (Mérida). |
Se trata de una amplia residencia suburbana construida durante el siglo I d. C. y reformada en diversas ocasiones a lo largo de la época imperial. Entre las obras más célebres halladas en la Casa del Mitreo destaca el denominado mosaico cosmológico.
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| Mosaico cosmológico. Casa del mitreo (Mérida). |
La composición representa una compleja alegoría del universo mediante la personificación de diversos elementos naturales y fuerzas cósmicas. En el centro de la escena aparece Aión, figura asociada al orden universal y al tiempo eterno.
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| Mosaico cosmológico (detalle). Casa del mitreo (Mérida). |
Por ello, constituye una de las piezas fundamentales para comprender el ambiente religioso y filosófico de la Augusta Emerita de época imperial.
EL MITREO DE LUCUS AUGUSTI (LUGO)
El único santuario mitraico identificado arqueológicamente en Galicia se localiza en Lucus Augusti, la actual ciudad de Lugo. Su descubrimiento ha proporcionado una valiosa información sobre la presencia del culto de Mithra en el noroeste de Hispania y sobre algunos de los individuos vinculados a esta religión mistérica.
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| Recreación de Lucus Augusti en el siglo IV (IA). |
El santuario fue construido en el interior de una amplia domus romana cuyos restos permiten reconstruir buena parte de su evolución. La vivienda se articulaba alrededor de un patio porticado o peristilo que actuaba como elemento organizador del conjunto.
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| Reconstrucción de la domus del mitreo (IA). |
A este espacio central se abrían las diferentes dependencias domésticas, entre ellas cocina, almacenes, establos, letrinas y habitaciones destinadas al servicio. Junto a estas áreas existían espacios reservados a los propietarios, como dormitorios y salas de recepción.
La domus fue construida durante el Alto Imperio romano, probablemente en el siglo II d. C., y experimentó una importante remodelación a comienzos del siglo III d. C., momento en el que se modificó la distribución interna de diversos espacios. El patio exterior redujo sus dimensiones, varias dependencias fueron compartimentadas y algunas habitaciones cambiaron de función. Entre las transformaciones documentadas destaca la división del antiguo oecus o salón de representación en nuevas estancias.
En el marco de esta gran reforma se construyó un templo dedicado a Mithra, circunstancia que ha dado nombre al conjunto arqueológico conocido actualmente como Domus do Mitreo.
La cronología del santuario puede establecerse gracias a la inscripción hallada en su interior. La presencia del epíteto Antoniniana asociado a la Legio VII Gemina permite situar el inicio de esta fase entre los años 212 y 218 d. C. A partir de ese momento el mitreo permaneció en funcionamiento durante más de un siglo.
El edificio destinado al culto ocupaba una superficie aproximada de 137,15 m². Su planta era tripartita y estaba organizada en torno a una nave principal o cella destinada a las ceremonias religiosas. A ambos lados se disponían espacios ocupados por bancos donde los fieles participaban en los banquetes rituales celebrados en honor de Mithra.
No se han conservado restos constructivos de estos bancos, circunstancia que ha llevado a plantear que estuviesen realizados en madera. Esta solución arquitectónica obligó a disponer un sistema específico de sustentación para la cubierta del santuario.
Las excavaciones documentaron una serie de pilastras de mampostería realizadas en pizarra distribuidas entre los espacios laterales. De las nueve que originalmente debieron existir se conservaron ocho. Sobre ellas se apoyaban piezas graníticas provistas de rebajes centrales destinados a recibir columnas de madera que sostenían la cubierta abovedada.
La decoración pictórica también estuvo presente en el interior del mitreo. Sin embargo, el estado de conservación del edificio únicamente permitió recuperar pequeños fragmentos de los revestimientos originales.
La evolución del conjunto cambió de forma significativa a finales del siglo III d. C. La construcción del sistema defensivo de Lucus Augusti, integrado por la muralla, el foso y el intervallum, provocó una profunda reorganización del espacio urbano. Como consecuencia de estas obras, parte de la domus fue expropiada y destruida. En la zona afectada se creó una vía empedrada situada entre la muralla y las estructuras que permanecieron en pie.
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| Muralla en la domus del mitreo. |
El ara votiva del mitreo
La identificación del edificio como santuario mitraico fue posible gracias al hallazgo de un ara votiva dedicada al dios Mithra.
La pieza está realizada en granito procedente de las canteras de Ombreiro, situadas al norte de Lugo. Tiene una altura aproximada de 105 cm, una anchura de 38 cm en la zona de la cornisa y de 36 cm en la base, así como una profundidad de 23 cm en la parte central de la pilastra. La altura media de las letras grabadas es de 4 cm. El altar presenta dobles molduras que separan el capitel del fuste y una gola invertida entre el fuste y la base. El estudio del soporte permitió identificar microrrestos de pintura verde en su parte superior.
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| Ara votiva. |
DEO INVIC(to) MITHRAE
G(aius) VICTORIVS VIC
TORINVS (Centurio) L(egionis) VII G(eminae)
ANTONINIANAE P(iae) F(elicis)
IN HONOREM STA
TIONIS LVCENSIS
ET VICTORIORVM
SECVNDI ET VIC
TORIS LIB(ertorum) SVOR
VM ARAM PO
SVIT LIBENTI
ANIMO
La traducción de la inscripción es:
«Al dios invicto Mithra. Gayo Victorio Victorino, centurión de la Legión VII Gémina Antoniniana Pía Feliz, en honor de la statio lucense y de los Victorios Segundo y Victor, sus libertos, puso este altar de muy buen grado».
La inscripción proporciona información sobre tres individuos pertenecientes a distintos niveles sociales. El dedicante del altar es Gaius Victorius Victorinus, centurión de la Legio VII Gemina Antoniniana Pia Felix. Junto a él aparecen mencionados Gaius Victorius Secundus y Gaius Victorius Victor, identificados expresamente como sus libertos.
La presencia del epíteto Antoniniana asociado a la Legio VII Gemina permite situar cronológicamente la inscripción entre los años 212 y 218 d. C. La documentación conservada indica además que Victorinus estuvo vinculado a la statio Lucensis y que desempeñó funciones relacionadas con la oficina de control administrativo de Lucus Augusti. Según la misma documentación, residió en la domus durante el ejercicio de dichas funciones.
Gaius Victorius Victorinus es el único militar en activo conocido en Lucus Augusti a través de este epígrafe. La documentación disponible considera además que probablemente procedía de las Germaniae. Por su parte, Gaius Victorius Secundus y Gaius Victorius Victor no serían libertos públicos, sino libertos privados directamente vinculados al centurión. La inscripción constituye el principal testimonio conservado sobre ambos personajes.
Existen distintas posibilidades de interpretación respecto a la composición de la comunidad cultual documentada en el santuario. Una de las propuestas considera que el principal cultor habría sido el propio Victorinus. Esta posibilidad se fundamenta en su condición de dedicante del altar y en el hecho de que sea él quien realiza formalmente la ofrenda.
Otra posibilidad plantea que los libertos desempeñaran un papel más activo dentro de la práctica religiosa. Esta interpretación se apoya en la existencia de otros contextos domésticos en los que determinados espacios cultuales aparecen vinculados a libertos o dependientes de la casa.
También se ha planteado la posibilidad de que los tres individuos participasen conjuntamente en el culto. La inscripción los reúne en una misma dedicación y los vincula a un mismo espacio religioso, circunstancia que permite considerar la existencia de una comunidad integrada por el centurión y sus libertos.
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| Reconstrucción del mitreo de la domus (IA). |
AUTORÍA Y TRATAMIENTO DEL MATERIAL GRÁFICO
Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.
BIBLIOGRAFÍA
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