El estudio de la Edad de Piedra en Galicia ha sido tradicionalmente menos intenso que en otras regiones de la Península Ibérica. Durante buena parte del siglo XX la investigación arqueológica se centró preferentemente en manifestaciones monumentales o visualmente más evidentes, como los monumentos megalíticos, los petroglifos o los asentamientos castreños. A ello se sumaba la relativa escasez de grandes cavidades kársticas en el territorio gallego, lo que llevó durante décadas a suponer que la ocupación humana durante las fases más antiguas de la prehistoria habría sido limitada o difícil de documentar.
Sin embargo, el prehistoriador Hugo Obermaier, que visitó Galicia en 1922, ya señaló que la ausencia de cuevas no implicaba necesariamente una falta de ocupación humana durante el Paleolítico. Obermaier sugirió que los grupos humanos del Pleistoceno podrían haber utilizado otros entornos naturales como lugares de asentamiento, entre ellos las terrazas fluviales, los arenales litorales o pequeños abrigos naturales formados por afloramientos rocosos.
Los primeros indicios de industrias líticas paleolíticas en Galicia comenzaron a documentarse en 1925 con el hallazgo de herramientas de cuarcita en Camposancos (A Guarda), así como en otros puntos del litoral meridional gallego como Baiona y diversas localidades de la comarca del Baixo Miño. En 1949, los investigadores José María Álvarez Blázquez y Fermín Bouza Brey publicaron nuevos hallazgos procedentes del entorno de Tui, concretamente en Areas, Randufe, Ribadelouro, Guillarei y Baldranes.
Un avance significativo en el conocimiento del Paleolítico gallego se produjo en 1963 con la excavación del yacimiento de las Gándaras de Budiño, dirigida por Emiliano Aguirre, quien años más tarde impulsaría también el desarrollo de las investigaciones en la Sierra de Atapuerca. Los resultados iniciales de las dataciones generaron una notable controversia, ya que los primeros análisis mediante radiocarbono ofrecían cronologías demasiado recientes para el tipo de industria lítica documentada.
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| Bifaces y chopper de las Gándaras de Budiño. |
Investigaciones posteriores basadas en métodos geocronológicos más adecuados para contextos pleistocenos, permitieron establecer una antigüedad aproximada de 310.000 años para los conjuntos líticos de Budiño, lo que sitúa este yacimiento en el Pleistoceno medio. Otros enclaves relevantes del Paleolítico gallego son Porto Maior, en el municipio de As Neves, donde se han documentado niveles achelenses con dataciones cercanas a los 300.000 años, y el yacimiento de O Cabrón, en Arbo.
Estos descubrimientos indican que la presencia humana en el noroeste de la Península Ibérica está documentada al menos desde el Pleistoceno medio, y algunos investigadores consideran plausible que futuras investigaciones permitan identificar ocupaciones aún más antiguas, potencialmente cercanas al medio millón de años.
Contexto paleoantropológico.
Durante el Cuaternario se produjo en África la evolución de diversas especies del género Homo. Entre las más antiguas se encuentran Homo habilis (aprox. 2,4–1,4 millones de años) y Homo erectus (aprox. 1,9 millones–300.000 años), especies asociadas a las primeras expansiones humanas fuera del continente africano.
En Europa occidental, las poblaciones humanas documentadas durante el Pleistoceno medio suelen atribuirse a formas humanas arcaicas relacionadas con Homo heidelbergensis, consideradas generalmente antecesoras de los neandertales europeos.
A estas poblaciones se asocian las principales tradiciones tecnológicas del Paleolítico antiguo:
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Industria olduvayense, caracterizada por herramientas simples obtenidas mediante percusión directa sobre cantos de piedra.
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Industria achelense, caracterizada por la producción de grandes utensilios bifaciales como bifaces, hendedores y picos.
La tradición achelense se desarrolló durante un amplio intervalo temporal, aproximadamente entre 1,7 millones y 150.000 años, y se documenta en gran parte de África, Asia y Europa.
El Pleistoceno y las oscilaciones climáticas.
El Pleistoceno (2,58 millones – 11.700 años antes del presente) se caracterizó por una marcada alternancia de periodos glaciares e interglaciares, que condicionaron la distribución de ecosistemas, fauna y poblaciones humanas.
Tradicionalmente se han utilizado para Europa central las denominaciones de las glaciaciones alpinas —Günz, Mindel, Riss y Würm—, aunque actualmente la paleoclimatología utiliza con mayor precisión la secuencia de estadios isotópicos marinos (MIS).
Durante las fases frías del Pleistoceno se desarrollaron glaciares en los principales sistemas montañosos de la península ibérica, especialmente en los Pirineos, los Picos de Europa, las sierras de Gredos y Guadarrama, así como en la Serra da Estrela portuguesa. No obstante, amplias zonas de la península actuaron como refugios climáticos, con condiciones relativamente menos extremas que en el norte de Europa.
Paleolítico
Paleolítico inferior
El Paleolítico inferior en Europa occidental abarca aproximadamente desde 1,4 millones hasta unos 300.000 años, aunque las cronologías varían según las regiones.
Este periodo se caracteriza por el desarrollo de industrias achelenses asociadas a poblaciones humanas arcaicas. Entre los yacimientos más importantes de la península ibérica destacan los del complejo arqueológico de Sierra de Atapuerca, así como los conjuntos achelenses de Torralba y Ambrona (Soria) o Banyoles (Girona).
En Galicia, los hallazgos del Paleolítico inferior se concentran principalmente en tres áreas geográficas:
Zona costera
Incluye diversos hallazgos dispersos en el litoral, especialmente en el ámbito de las Rías Baixas. En Gondomar se ha documentado un importante conjunto achelense con bifaces, hendedores y cantos tallados, algunos elaborados mediante técnicas de talla Levallois.
Zona del Baixo Miño
Esta área reúne varios de los yacimientos paleolíticos más importantes del noroeste peninsular, entre ellos: Gándaras de Budiño, A Guarda, Arbo, As Neves, Caminha, Viana do Castelo, Valença y Melgaço.
En las excavaciones realizadas en Budiño se recuperaron centenares de artefactos líticos elaborados principalmente en cuarcita.
Zona de Ourense
Estos
yacimientos se sitúan generalmente en terrazas fluviales,
entornos que proporcionaban agua, recursos faunísticos y materias
primas líticas como la cuarcita. Es probable que estos lugares
fueran ocupados de manera recurrente por grupos de
cazadores-recolectores que recorrían amplios territorios.
Recreación de un campamento paleolítico en las orillas del Miño (IA).
El
yacimiento de Porto Maior (As Neves) alberga la mayor concentración
de grandes herramientas líticas características del Achelense
identificada hasta ahora en el continente europeo (unas 400), entre
ellas algunos de los bifaces más grandes documentados en
Europa, con longitudes cercanas a los 30 cm.
Reconstrucción de herramientas líticas de Porto Maior (IA).
Las dataciones realizadas mediante Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR) en granos de cuarzo ópticamente blanqueados y mediante luminiscencia (pIR-IR) en granos de feldespato de origen sedimentario sitúan su formación entre hace 300.000 y 200.000 años. Estos resultados convierten a Porto Maior en el yacimiento con evidencias de actividad humana más antiguo conocido en Galicia.
Paleolítico medio
El Paleolítico medio europeo (aprox. 300.000–40.000 años) está asociado principalmente a las poblaciones de Homo neanderthalensis.
Los neandertales presentaban una anatomía robusta y diversas adaptaciones fisiológicas al clima frío del Pleistoceno. Su cultura material se caracteriza por la industria musteriense, basada en técnicas de talla más elaboradas, entre ellas el método Levallois.
Los conjuntos musterienses incluyen raspadores, denticulados, puntas y otros utensilios especializados. La evidencia arqueológica indica que los neandertales explotaban una amplia gama de recursos, incluyendo grandes herbívoros, fauna menor y recursos vegetales.
Diversos yacimientos europeos indican que practicaban enterramientos intencionales y desarrollaron comportamientos simbólicos.
Los neandertales desaparecieron progresivamente hace aproximadamente 40.000 años, coincidiendo con la expansión de Homo sapiens en Europa.
Paleolítico superior
El Paleolítico superior europeo (aprox. 45.000–11.700 años) corresponde a la expansión de Homo sapiens por el continente.
Durante este período se desarrollaron diversas tradiciones culturales (auriñaciense, gravetiense, solutrense, magdaleniense). Estas culturas se caracterizan por una gran diversidad tecnológica, una notable industria ósea y el desarrollo de manifestaciones simbólicas complejas, entre ellas el arte rupestre y el arte mueble.
Entre los ejemplos más conocidos del arte paleolítico europeo se encuentran las pinturas de la Cueva de Lascaux y de la Cueva de Altamira.
Mesolítico
El Mesolítico (aprox. 11.700–6.000 años en la península ibérica) corresponde a la transición entre las sociedades cazadoras-recolectoras del Paleolítico y las primeras comunidades agrícolas del Neolítico.
El inicio del Holoceno estuvo marcado por un aumento de las temperaturas y la expansión de los bosques templados. En la fachada atlántica de la península ibérica las poblaciones mesolíticas explotaron intensamente los recursos costeros, especialmente el marisqueo.
Entre las tradiciones culturales documentadas en el ámbito cantábrico destacan el Aziliense y el Asturiense, este último caracterizado por la presencia de los denominados picos asturienses asociados a la explotación de recursos litorales.
En Galicia y el norte de Portugal se han identificado conjuntos líticos atribuidos a las denominadas industrias ancoriense y camposanquiense, documentadas principalmente en playas y acantilados entre los ríos Miño y Limia.
Picos asturienses (Viana do Castelo).
Los conjuntos líticos atribuidos al ancoriense y al camposanquiense presentan características muy similares entre sí, pero resultan claramente distintos de los restos achelenses del Paleolítico inferior documentados en esta misma zona, así como de los materiales asociados a la cultura asturiense.Picos y chopper mesolíticos. Caposancos (A Guarda)
Las industrias ancoriense y camposanquiense aparecen generalmente dispersas en playas y acantilados, circunstancia que dificulta su interpretación cronológica. Como ya se ha señalado, estos yacimientos han sido atribuidos a diferentes momentos culturales. En muchos casos presentan conjuntos arqueológicos mezclados, en los que se encuentran restos pertenecientes a diversas industrias y períodos, que abarcan desde el Paleolítico inferior —con cronologías cercanas a los 300.000 años— hasta materiales que podrían corresponder a épocas mucho más recientes, incluso del período castreño.
Durante las fases finales de la Prehistoria reciente del ámbito mediterráneo y atlántico occidental, las poblaciones humanas experimentaron diversos procesos de interacción y movilidad. Tradicionalmente se ha planteado la posibilidad de contactos entre poblaciones del sur de Europa y grupos del norte de África, especialmente en relación con las culturas iberomauritana y capsiense. No obstante, el alcance real de estas conexiones y su posible influencia en el occidente europeo siguen siendo objeto de debate en la investigación arqueológica actual.
La cultura iberomauritana (aprox. 15.000–10.000 años), documentada principalmente en el norte de África, se caracteriza por una industria lítica basada en microlitos geométricos, así como por láminas retocadas y puntas triédricas. Desde el punto de vista bioantropológico, los restos humanos asociados muestran afinidades con poblaciones del Paleolítico superior del norte de África. En algunos yacimientos se ha documentado además la práctica de avulsión dental intencional, consistente en la extracción deliberada de determinados incisivos.
Por su parte, la cultura capsiense (aprox. 8.000–4.000 años), también desarrollada en el norte de África, presenta igualmente una industria microlítica con abundancia de trapecios, triángulos y otros elementos geométricos. Asimismo, se han documentado grabados, arte mueble y diversos objetos ornamentales. Algunos investigadores han relacionado estas poblaciones con los posibles antecedentes de ciertos grupos bereberes históricos, aunque estas interpretaciones siguen siendo objeto de discusión dentro de la investigación arqueológica.
Bibliografía
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Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.
Parte del material gráfico incluido en este trabajo ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial empleadas bajo la dirección y supervisión del autor, quien ha definido de manera explícita los criterios metodológicos, técnicos y científicos aplicados en cada caso. Estas herramientas han sido utilizadas exclusivamente como recurso instrumental para la visualización, reconstrucción o mejora técnica de las imágenes, siguiendo en todo momento pautas basadas en la evidencia arqueológica disponible y en criterios estrictos de rigor científico. En ningún caso dichos procedimientos han supuesto la alteración, reinterpretación o adición de información no documentada en el registro arqueológico.



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