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domingo, 30 de noviembre de 2025

Sarcófagos de Don Lopo Fernandes Pacheco y Doña María de Vilalobos

 

Los sarcófagos de Don Lopo Fernandes Pacheco y Doña María de Vilalobos se encuentran en el deambulatorio de la catedral de Lisboa, en la capilla de San Cosme y San Damián, cerca del panteón del rey Alfonso IV. Ambas obras funerarias están realizada en piedra caliza y fueron encargadas por Maria de Vilalobos con posterioridad a la muerte de su marido Don Lopo.

El sarcófago de Don Lopo es una estatua yacente en la que aparece representado con larga melena y barba, vestido con una túnica y un manto largo, con la cabeza reposando sobre una almohada y desenvainando una espada montante o mandoble, mientras a sus pies un perro de grandes dimensiones guarda a su señor atento a la presencia de extraños. En la pared aparece la siguiente inscripción:

Aqui Iaz Lopo Fernandez Pacheco Senhor

De Ferreira E Moordomo Moor Do Infante Do O Qual Foi Mercee E Feitura Delrei

Dom Afonso: O Quarto E Foi Com El Na

Lide Que Houve Com Elrei De Granada

Hu Este Rei Foi Fazer Aiuda A Elrei Don

Afonso De Castela Quando Elrei De Benamarin Iazia Sobre Tarifa Na Era De Mil

e Cª Cª Cª E Lª Xª Xª E VIII Anos Ao Qual

Lopo Fernandez Foi Enavinhon Dada

Com Grande Honra Pelo Papa Benedito

Huma Rosa Douro Que Ele Com Grande

Honra Pos En Esta See Tanto Que Dalo

Chegou O Qual Foi Casado Com Dona

Maria Filha De Dom Rui Gil De Vila Lobos E De Doa Tareia Sanchez Que Foi Filha Delrei Dom Sancho De Castela E Foi

En Terrado En Este Moiimento XX E Nove

Dias de Dezembro Da Era de Mil Cª Cª Cª

LXXX E Sete Anos

En el lado sur de la capilla se encuentra el sarcófago de Doña María de Vilalobos, también en posición yacente, y con un libro de oraciones abierto por las páginas del Padre Nuestro y el Ave María.

Lopo Fernandes Pacheco nació en 1280 y murió el 22 de diciembre de 1349 en Lisboa. Fue el séptimo señor de Ferreira y era hijo de João Fernandes Pacheco y de Estevaínha Lopes de Paiva. Contrajo dos veces matrimonio, la primera con María Gomes Taveira, de la que nacieron Diogo Lopes Pacheco y Violante Lopes. Del segundo matrimonio con María de Vilalobos (?-1350), nieta de Sancho IV de Castilla, nació Guiomar Lopes Pacheco.

El noble portugués fue valido de Alfonso IV “el Bravo”, mayordomo del infante Pedro, mayordomo mayor, consejero del rey, chanciller de la reina Beatriz de Castilla esposa de Alfonso IV, embajador en Roma, Castilla y Aragón. Entre sus gestas militares destaca su participación el 30 de octubre de 1340 en la batalla del Salado (Cádiz), en la que las tropas del rey Alfonso IV de Portugal y de Alfonso XI de Castilla vencieron a los benimerines. Para conmemorar la victoria, Alfonso IV mandó construir en Guimarães el Padrão do Salado.



Bibliografía

Vanda Lourenço. Lopo Fernandes Pacheco: Um valido de D.Alfonso IV.

João Correia de Sá. Obras para recordar: Túmulos de Lopo Fernandes Pacheco y de Maria de Vilalobos.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.


Sarcófago de Juan Núñez Dávila

 

En la Catedral de Ávila se conserva el sarcófago de Juan Núñez Dávila. Se trata de una estatua yacente en alabastro que representa a un guerrero de mediana edad con armadura, cuya espada reposa sobre el pecho agarrada con la mano derecha. La celada está situada a sus pies y sobre ella aparece una escultura de menor tamaño de un paje que duerme apoyado en el yelmo.

Juan Núñez Dávila era un noble, militar y escribano, nacido en Ávila en fecha desconocida y fallecido en 1469. Pocos son los detalles que se conocen de su vida, salvo las referencias que de él hace el guerrero avulense Gil González Dávila que lo define como un “valeroso capitán”, o la descripción que realiza el licenciado y capellán Bartolomé Fernández Valencia, que se refiere a él como “valeroso capitán avilés, muy celoso de que los templos de Dios y casas de oración permaneciesen y estuviesen en pie gastando en repararlas su hacienda”.

Juan Núñez Dávila fue sepultado en la capilla mayor del Convento de las Dueñas o de San Millán, que él mismo mandó reedificar y posteriormente su sarcófago fue trasladado a la Catedral de Ávila.

En su testamento podemos leer sus últimas voluntades:

"en el año que fallesciere me hagan un bulto de alabastro mucho bueno con sus almohadas de alabastro, armado con las armas que agora se usan e con las mangas e faldas que parescan de malla de jazerán dorado y la espada y espuelas ansí mismo dorado y un paje a los pies con unas espuelas doradas en la mano y una celada francesa con sus bollones dorados e un dragón sobre el que está echado el dicho paje".


Bibliografía:

Ruiz-Ayúcar, M. (1987).  La ermita de Nuestra Señora de las Vacas de Ávila, y la restauración de su retablo. 


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.


domingo, 23 de noviembre de 2025

Sepulcro de Juan Fernández de Padilla

 

En el Museo de Burgos se conserva el sepulcro de Juan Fernández de Padilla, señor de Calatañazor y de la mitad de Coruña del Conde, camarero del príncipe don Enrique, camarero del rey Juan II, miembro del Consejo Real, alcalde de Haza de Siero y adelantado mayor de Castilla.

El sepulcro de Juan de Padilla fue realizado a finales del siglo XV o principios del XVI por Gil de Siloé y Felipe de Bigarny y está considerado como una de las obras funerarias más importantes del gótico tardío español. Consta de un arco de medio punto bajo el cual se encuentra la figura de Don Juan rezando de rodillas, mientras un paje de menor tamaño sostiene su casco. La obra busca ensalzar de manera ostentosa al noble, el cual está ricamente ataviado y cubierto de pedrería. En el sepulcro aparecen, entre otras figuras, dos pajes, uno con vestimenta morisca y el otro castellana, que llevan su armadura, y tres ángeles que sostienen dos escudos.
Sepulcro de Juan de Padilla en el Monasterio de Fresdelval.
(Museo Nacional del Prado)

Originalmente el mausoleo se hallaba emplazado en la cabecera del monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, pero en 1870 fue trasladado al Museo de Burgos.

Juan Fernández de Padilla fue un noble guerrero castellano muy vinculado al condestable Álvaro de Luna, con el que combatió contra el emirato de Granada, interviniendo el 29 de junio de 1431 en la batalla de La Higueruela.

En 1432 se estableció en Fresdeval, pero pronto abandonó su hogar para combatir contra el emirato nazarí entre los años 1433 y 1435, participando en la conquista de Benamaurel, Venzamela y Huéscar. En la batalla de Guadix, los musulmanes mataron a su caballo y él fue herido en tres ocasiones, pese a lo cual siguió luchando hasta perder el conocimiento. En 1461 volvió a combatir en la frontera de Granada, en 1464 se unió a la rebelión de la nobleza contra Enrique IV y en 1465 participó en la defensa de Arévalo, donde se había refugiado el infante Alfonso y su madre Isabel de Portugal. Tras la victoria de las tropas del rey en la batalla de Olmedo (1467), Enrique IV desposeyó a Juan de Padilla de su título de adelantado mayor de Castilla.

Juan de Padilla murió en la primavera de 1468 en su castillo de Calatañazor y sus restos fueron trasladados al Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval.



Bibliografía:

Araus Ballesteros, L. (2020). “Sepulcro de Juan de Padilla”, en: Pieza Destacada. Cátedra de Estudios del Patrimonio Alberto C. Ibáñez.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Sepulcro del adelantado Don Gómez Manrique y de Doña Sancha de Rojas

 

El doble sepulcro del adelantado Gómez Manrique (1356-1411) y de su mujer Doña Sancha de Rojas, es una excepcional muestra de la escultura gótica, tanto por su rareza como por su perfección.

El adelantado y su esposa aparecen representados con gran realismo, ricamente ataviados y reposando sobre una cama elevada. Don Gómez sujeta una espada sobre su pecho y viste el hábito, la estola y el collar de la Orden de caballería de la Jarra y el Grifo, fundada por el Infante Fernando de Castilla, mientras que su cabeza está tocada con un turbante.

Doña Sancha está ataviada con un brial de cuello alto y sostiene en sus manos un rosario, en actitud de oración. A los pies del matrimonio se sitúan un león y una pareja de perritos que presentan daños en sus cabezas.
El sepulcro se hallaba originalmente en la cabecera de la iglesia del Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, fundado por Gómez de Manrique y cedido a la orden de los Jerónimos. Tras diversos avatares y después de sufrir daños y pérdidas, en 1870 fue llevado al Museo de Burgos, donde se encuentra actualmente.
Patio renacentista del Museo de Burgos.

Gómez Manrique era hijo bastardo del adelantado Gómez Manrique el Viejo. Siendo niño fue entregrado como rehén al rey de Granada y durante su cautiverio se convirtió al islam, renegando de este credo y volviendo nuevamente al cristianismo cuando fue liberado y pudo regresar a Castilla.

En 1385 fue nombrado adelantado mayor de Castilla por Juan I y aprovechó la ocasión que se le brindó para aumentar su patrimonio, para lo cual contrajo matrimonio con la rica heredera Sancha de Rojas, hija de Ruy Díaz de Rojas y de María de Guevara. También se alió con dos nobles, Juan de Velasco y Diego López de Estúñiga, para adueñarse de monasterios, tierras y vasallos. Pero sin duda su mayor logro fue la compra de la villa de Frómista, en Palencia.

En 1409 participó a las órdenes del infante Don Fernando de Castilla, futuro rey de Aragón, en la campaña que culminó con la toma de Antequera el 16 de septiembre de 1410, tras seis meses de asedio.

El cronista Pérez de Guzmán describió a Gómez Manrique de la siguiente manera: “De buena altura y fuertes miembros, bazo e calvo, y el rostro grande, la nariz alta, buen caballero, ardid, cuerdo e bien razonado y de gran esfuerzo, muy sobervio e porfioso, buen amigo, e cierto con sus amigos, mal ataviado de su persona, pero su casa tenía bien guarnida”.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Sarcófago de Pedro Álvarez de Soutomaior “el Bueno”

En la iglesia del convento de Santo Domingo de Tui se conservan los sarcófagos de Inés Álvarez (1409) y de Pedro Álvarez de Soutomaior “el Bueno(1416).

La iglesia del convento de Santo Domingo de Tui era el lugar en el que en la Edad Media se enterraba a los miembros de la nobleza de la región, pertenecientes a las casas de Soutomaior, Correa, Valadares y Troncoso de Lira.
Iglesia del convento de Santo Domingo.
En su sarcófago, Pedro Álvarez de Soutomaior “El Bueno” aparece representado con casco, almófar, armadura y cota de malla. Las manos enguantadas reposan sobre el vientre, con la derecha sosteniendo un puñal.

Pedro Álvarez de Soutomaior “El Buenocontrajo matrimonio con Elvira Méndez de Biedma y Benavides, hija de Men Rodríguez de Biedma y Benavides, señor de Monterrey y caudillo del obispado de Jaén. 
El matrimonio tuvo dos hijos, Mayor Álvarez de Soutomaior (esposa de Rui Sánchez de Moscoso, V Señor de Altamira) y Fernán Yáñez de Soutomaior (1440). Fernán Yáñez tuvo un hijo legítimo, Álvar Pérez de Soutomaior, que murió en Tui en 1468 durante el asedio de los Irmandiños, y otro hijo ilegítimo, el famoso Pedro Álvarez de Soutomaior conocido como “Pedro Madruga”.

Los dominicos se establecieron en Tui en el año 1272 y en 1328, la orden solicitó permiso al obispo y al concello para trasladar su convento a un nuevo emplazamiento. En 1357 el obispo Xoán autorizó las obras del convento de Santo Domingo, las cuales concluyeron en el siglo XV con la ampliación de la iglesia.

Convento de Santo Domingo.
Durante el siglo XV Tui estuvo dominado por la casa de Soutomaior y la ciudad se vió atacada y cercada en numerosas ocasiones por los enemigos de esta casa nobiliaria, motivo por el cual el obispo Xoán Fernández de Soutomaior III ordenó la construcción de nuevas torres defensivas en la catedral.
Catedral de Tui.
Xoan Fernández de Soutomaior III era probablemente sobrino del obispo del mismo nombre e hijo de Inés Álvarez, cuyo sepulcro se conserva junto al de Pedro Álvarez de Soutomaior.
Sarcófagos de Inés Álvarez de Pedro Álvarez de Soutomaior.
Antes de morir, el obispo Xoán Fernández dejó dinero para la finalización de las obras de la capilla mayor del convento de Santo Domingo.

Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.


sábado, 4 de enero de 2025

Vikingos: sus incursiones en las costas de Galicia

 

Los escandinavos era una rama nórdica de los germanos que habitaba en Jutlandia y que durante siglos permaneció aislada del resto de Europa debido a su situación geográfica y a la presión de las tribus eslavas. Sus contactos con el exterior se limitaban a la ruta del ámbar hacia el sur, y a través de los ríos rusos hacia el norte para comprar seda y otros tipos de bienes.

Los escandinavos se dividían en tres subgrupos, de los cuales el de los daneses era el más numeroso. Habitaban Escania, Jutlandia y las islas entre situadas entre ambas penínsulas que separan el mar Báltico del mar del Norte, una zona estratégica para el control de las rutas comerciales y la de Constantinopla. Tenían una agricultura desarrollada y una organización militar muy fuerte, que les permitió invadir Inglaterra, Alemania y Francia y realizar incursiones en las que asolaron las costas de Asturias, Galicia, Portugal, Al-Ándalus, norte de África e Italia.

Mapa de Europa en los siglos IX y X.

Otro grupo era el de los noruegos, que vivían de la pesca, la ganadería y la agricultura. Su conocimiento de la navegación les llevó a controlar las rutas del Mar del Norte y navegar por el Atlántico y el Mediterráneo, colonizando Escocia, Islandia, Groenlandia y Vinlandia.  

Los suecos, rus o varegos eran poblaciones escandinavas que vivían mezcladas con otros pueblos que habitaban las tierras entre el mar Báltico y los mares Negro y Caspio. A ellos se debe la fundación de las primeras ciudades rusas. Su principal actividad era al comercio, navegando por el río Volga para llegar al Mar Caspio y por el Dniéper hasta el Mar Negro, y estableciendo relaciones mercantiles con Constantinopla e incluso con el Extremo Oriente. También emprendían expediciones de saqueo y se ofrecían como mercenarios. Muchos miles de rus se alistaron en la guardia varega del ejército imperial bizantino.

Todos estos pueblos vivían en un espacio geográfico muy desfavorable con una topografía muy accidentada, zonas pantanosas y bosques impenetrables. El clima era extremo, con seis meses de duro invierno.

Las comunidades se organizaban en granjas multifamiliares, ya que era necesaria la agrupación y colaboración para poder sobrevivir en unas condiciones tan adversas. Mientras la familias más humildes vivían en granjas compuestas de tres o cuatro edificaciones, la granja del líder de la comunidad podía tener hasta siete edificaciones asociadas, incluidas herrerías y cobertizos para los barcos y era el núcleo social de la comunidad, donde se realizaban los grandes banquetes.

Los principales recursos económicos de los escandinavos eran la ganadería, la agricultura y en menor medida la pesca. Todas estas actividades les proporcionaban algún excedente que podían reservar para poder subsistir durante los duros inviernos.

Patines para el hielo y peine con funda.

Este aislamiento les obligó a llevar un tipo de vida vida autosuficiente y a desarrollar su propia orfebrería y metalurgia, con la que fabricaban sus joyas, armas y utensilios de labranza.

Juego de cuentas de ámbar, cristal, cristal de roca y bronce.
Juego de cuentas de cristal, piedra caliza y ámbar con
colgantes de aleación de cobre en forma de pez (siglo IX).

Los hombres vikingos vestían una túnica de lana teñida, con el cuello amplio y pantalones que ceñían con cinturones formados por varias secciones separadas por remates.

La ropa de abrigo consistía en un gorro de lana o piel y una chaqueta larga o un manto que se abrochaba al hombro con una fíbula. 

Broches penanulares de bronce.

Las mujeres de clase humilde llevaban una sencilla túnica larga, mientras que las de alto estatus lucían un colorido vestido largo de lana y delantal con tirantes.

Los tirantes se aseguraban al pecho con dos broches, por lo general ovalados, entre los cuales colgaban cadenas o collares de cuentas.

Broches ovalados de bronce y cadenas de pecho de aleación de cobre.
Remates separadores de cinturón y hebilla de bronce.

La túnica o manto se sujetaba con un broche central que se podía abrir y utilizar como caja.

Broche tipo disco con arco. Aleación sobre cobre, oro y granate

En la mayor parte de las excavaciones realizadas en yacimientos vikingos se han hallado broches y fíbulas, que eran empleados como elementos funcionales para sujetar las ropas y tambien como joyas realizadas en oro o plata.

Fíbula con forma de dragón de plata dorada. Smorenge. (año 700-900). 

La mujer tenía una gran autonomía en la sociedad escandinava y era la que gobernaba la casa, y en los largos períodos en los que el marido se hallaba ausente en busca de caza o navegando, tomaban las decisiones que afectaban a la comunidad.

Por lo que respecta a sus creencia religiosas, las divinidades mayores de los vikingos eran de índole guerrera, como Odín y Thor, o relacionadas con la tierra, la fertilidad y la magia, como Njoror y Freyja. Los dioses menores eran seres sobrenaturales que habitaban en el mundo de los vivos, como gigantes, nomos, elfos y valquirias. Excepto algunos templos dedicados a Odín, los vikingos no tenían lugares de culto o adoración sino que realizaban sus ritos en lo alto de montañas, cuevas o en grandes roquedos. 

El sistema de creencias de los vikingos era animista y creían en la vida después de la muerte, la cual dependía de la manera en la que hubieran fallecido. Si la muerte había sido natural, el alma del difunto iba a Hel, mientras que si moría en combate iba a encontrarse con Odín a Valhalla. También era variada la tipología de los enterramientos, en túmulos con cámaras funerarias con ajuares que reflejaban el estatus de la persona, en ataúdes, o incinerados.

Réplica de la piedra rúnica de Frösö (1050).

Los grandes jefes eran enterrados con sus barcos y un ajuar que incluía armas, caballos y otros animales, alimentos e incluso esclavos. Un enigmático rito funerario vikingo consistía en incluir en el ajuar funerario espadas dobladas, tal vez para desactivarlas y que nadie más pudiera volver a usarlas.

Espadas dobladas de hierro y cobre fabricadas por Ulfbeht, armero de Renania.

Desde finales del siglo VIII hasta la mitad del siglo XI, los grupos escandinavos abandonaron su tradicional aislamiento y emprendieron campañas navales de saqueo y devastación de las costas atlánticas de Europa occidental.

Piedra rúnica de Pilgards (siglo X).

Su impacto sobre las tierras que sufrieron sus ataques fue tan importante que ese período haya pasado a la historia como la “época vikinga”.

Piedra policromada de Gotland,
conmemorativa de un guerrero vikingo.

La salida masiva de escandinavos hacia tierras remotas se debió a diversos factores, como conflictos internos, demográficos y aspectos propios de su cultura y sociedad para la que la guerra y la obtención de botines eran símbolos de prestigio. Muchos hombres y mujeres jóvenes que durante gran parte del año se dedicaban a las actividades cotidianas, se unían a expediciones víkingr para emprender una expedición de saqueo en lejanas costas y de este modo obtener riquezas y aumentar su fama y estatus.

Armas vikingas: puntas de lanza, flechas, hacha, espada,
umbo de escudo y puñal de hierro con funda de cuero.

Algunas de estas expediciones eran comerciales pero otras se dedicaban exclusivamente al saqueo. Otros miles de jóvenes escandinavos se ofrecieron como mercenarios a reinos o condados extranjeros y otros emigraron buscando nuevas tierras donde asentarse.

La gran expansión vikinga se fundamentó en su gran habilidad para la navegación y la construcción naval, con el empleo de distintos de embarcaciones. El drakkar era el buque insignia del líder y podía medir hasta 48 m de eslora y 7-8 m de manga, con 70-80 remos y una enorme vela cuadrada de 21 m de ancho. Podía transportar hasta doscientos guerreros y su reducido peso y calado le permitía navegar por aguas de apenas un metro de profundidad y en tierra ser llevado a hombros por la tripulación. Otros barcos de guerra eran los skuders o snekkes, los más frecuentes, y los karvis, pequeños barcos de apoyo. Para usos comerciales tenían dos tipos de barcos mercantes, los knorr y los byrdingr

Entre sus técnicas de navegación destacan el uso de la placa de marcación de sol o piedra de sol, un cristal natural de calcita (espato de Islandia) que cuando se coloca frente al sol en ángulo recto polariza la luz y cambia su color amarillento por un tono azulado, y de esta manera se puede conocer la posición del sol en días nublados.

También empleaban cuervos que llevaban en jaulas y que soltaban en alta mar. Si regresaban pronto indicaba que estaban lejos de tierra y si no lo hacían, seguían la dirección en la que se habían ido volando para que los condujera a la costa.

En las crónicas medievales europeas los vikingos recibieron diversos nombres: Rus (remeros), Lochlainach (habitantes del país de los lagos), Madjus (infieles)... En las crónicas musulmanas es donde se describen con mayor detalle los ataques de estos navegantes nórdicos, sobre todo en lo que se refiere al litoral de Al-ándalus.

Piedra del rehén.

Las narraciones acerca de las incursiones en las costas gallegas son escasas, pese a que Galicia fue la zona de la Península Ibérica que más intensamente sufrió los ataques vikingos entre los siglos IX y XII.


Ataques vikingos a las costas de Galicia

843-844. Una flota normanda zarpó de Irlanda o de Dinamarca, no existe consenso al respecto, y saqueó el litoral francés hasta que una fuerte tormenta la arrastró hacia la costa cantábrica, desde donde continuó navegando con rumbo oeste hasta Galicia. En un lugar conocido como Faro Brigantium, las tropas vikingas se enfrentaron al numeroso ejercito reclutado por Ramiro I, rey de Asturias, resultando incendiadas sesenta o setenta embarcaciones y muriendo un gran número de invasores.

Ramiro I (Lozano Sirgo. Museo del Prado).

Los que sobrevivieron se hicieron de nuevo a la mar rumbo a Lisboa y posteriormente a Cádiz, donde establecieron una base desde la cual remontaron el Guadalquivir y atacaron Faro, Beja, Niebla y Sevilla, hasta que fueron vencidos por las tropas de Abd al-Rahman II ibn al Hakam I, retornando un año después a sus tierras del norte.

Dírhams del tesoro de Heligholmen.

Desconocemos quién se hallaba al mando de esta primera flota vikinga y lo más probable es que no tuviera una jefatura única, sino que más bien se trataría de una serie de facciones que se aliaban y rompían su alianza según sus intereses particulares.

857. Una flota vikinga de cien naves se dirigió a la costa francesa donde comenzaron una serie de saqueos que culminaron con el asedio de París en el año 857. Después de esta exitosa campaña, volvieron a embarcar en sus naves y se dirigieron a la costa española llegando a la ría de Arousa el año 858, con el objetivo de atacar Santiago de Compostela. En su camino saquearon el puerto de Iria Flavia y sus habitantes se vieron obligados a refugiarse en Santiago. Aunque Compostela pagó un rescate, la ciudad quedó sitiada hasta que llegaron las tropas del conde don Pedro, las cuales infringieron una dura derrota a los vikingos y les obligaron a huir hacia el sur. Los supervivientes se volvieron a hacer a la mar para llegar a Lisboa, donde saquearon la ciudad provocando una gran matanza. Continuaron sus ataques por el litoral peninsular hasta llegar a Mallorca y Menorca, desde donde prosiguieron sus pillajes por toda la costa mediterránea hasta Grecia. Esta incursión se prolongó durante tres años antes de retornar a sus tierras de origen. En su ruta de regreso no volvieron a hacer singladura en Galicia sino que siguieron por el Cantábrico y desembarcaron para apoderarse de Pamplona, llegando a hacer prisionero al rey García Íñiguez.

Según las crónicas omeyas, la flota danesa estaba capitaneada por los hermanos Hastein y Björn Ragnarsson, apodado Cote-de-fer (Costado de hierro) y en ella se habían enrolado irlandeses que los guiaron siguiendo las antiguas rutas marítimas hacia España. Según algunos historiadores, esta incursión se correspondería con el relato irlandés sobre los hijos de Ragnar Lothbrok, primogénito del rey de Lochlann, donde se narran sus victorias sobre los musulmanes.

968. En el siglo que transcurrió desde el último ataque tuvieron lugar otros de menor importancia, lo que permitió a la sociedad gallega de la época prepararse para nuevas incursiones y la nobleza pidió permiso al rey Ordoño para fortificar sus plazas. En esta ocasión el ataque partió de Normandía, donde el duque Ricardo I había tenido que permitir que se asentaran vikingos noruegos y daneses a los que había solicitado ayuda para luchar contra el rey de Francia. Desde allí partieron aquellos de carácter más belicoso en una expedición que les llevaría a asolar la costa portuguesa que se hallaba bajo dominio musulmán, atacando Lisboa. Ante la defensa organizada de los árabes, la flota vikinga compuesta por cien naves capitaneadas por el rey Gunderedo, tuvo que abandonar la costa portuguesa y se dirigió a Galicia.

La flota de Gunderedo desembarcó en la ría de Arousa asolando y destruyendo dieciocho villas, pero no consiguieron entrar en Santiago. En la batalla de Fornelos murió el obispo Sisnando y las tropas vikingas continuaron avanzando hasta llegar a los montes de Cebreiro, límite entre Galicia y León. El rey de León Ramiro III no pudo presentarles batalla ya que era un niño de siete años, con lo que los vikingos avanzaron por Galicia y se adueñaron de varias zonas durante tres años. San Rosendo, obispo de Santiago, organizó un ejército comandado por el conde Gonzalo Sánchez, el cual atacó a los vikingos en Ferrol, quemó sus naves, recuperó el botín y liberó a los prisioneros. Gunderedo falleció en la batalla y todos los prisioneros fueron pasados a cuchillo. El resto de normandos que sobrevivieron se embarcaron y volvieron a atacar la costa portuguesa de Santarem en 971.

Torres de Oeste (Catoira).

1008. Se produjo un nuevo ataque a la costa suroeste de Galicia y norte de Portugal al que hizo frente el conde gallego Menendus, el cual murió en la batalla, tras lo cual los vikingos saquearon la región de Braga.

1015. Una flota vikinga partió de la costa inglesa con rumbo a España al mando de Olaf Haraldsson, quien llegó a rey de Noruega en 1018 y se convirtió al cristianismo, pasando a ser San Olaf. Atacaron y conquistaron Castropol y en el mes de julio llegaron a las costas gallegas y durante nueve meses asolaron y saquearon el territorio comprendido entre los ríos Duero y Ave. Atacaron el castillo de Vermoin, en la región de Braga y luego se retiraron hacia el norte hasta A Guarda, donde remontaron el Miño hasta llegar a Tui, donde desembarcaron. Las tropas del Conde Menendo González no pudieron resistir el ataque y la ciudad fue tomada por los asaltantes.

Olaf Haraldsson (IA)

No mucho después, al crecer los pecados de los hombres, las costas fueron arrasadas por los normandos, y puesto que la sede de Tui era la más alejada de todas, y además era muy pequeña, su obispo, que allí residía, fue capturado por los enemigos, junto con todos los suyos. A unos los asesinaron, a otros los vendieron, y la ciudad fue reducida a la nada y permaneció muchos años asolada y vacía” (carta del rey Alfonso V).

Alfonso V (IA)

El obispo y el clero de Tui fueron hechos prisioneros y la ciudad arrasada e incendiada. La catedral primitiva de Tui, que se hallaba cerca del río, fue totalmente destruida y la ciudad permaneció vacía durante varios años. Cuando volvió a ser habitada, se construyó una nueva catedral en la zona más elevada para que fuera más segura y fácil de defender.

Las tropas de Olaf Haraldsson continuaron con su campaña de destrucción, hasta que el rey Alfonso V El Noble les venció y los expulsó de tierras gallegas, obligándolos a embarcar y huir. Ante la tremenda devastación a la que fue sometida la ciudad de Tui, Alfonso V unió esta diócesis a la de Santiago de Compostela.

1028. Los vikingos se presentaron nuevamente en la ría de Arousa, en un momento en el que Galicia se hallaba inmersa en guerras civiles y el reino de León estaba gobernado por el niño Vermudo III bajo la tutela de Urraca. Muchos historiadores creen que esta expedición estuvo comandada por Ulfr («lobo») apodado el Gallego, de la corte del rey Canuto el Grande. Ulfr saqueó Redondela y los recintos monásticos de San Simón, Cíes y Toralla. Supuestamente fue el obispo gallego Cresconio el que tuvo que hacer frente a esta incursión


Bibliografía:

Exposición Unha vida viquinga. Museo Centro Gaiás. 12 Xul 2024 - 5 Xan 2025.

Salvador Alaimo. Vikingos.

Jesús de la Cruz González. La presencia de los vikingos en la Península Ibérica: El caso de Al-Ándalus (844-972).

José Carlos Sánchez Pardo. Los ataques vikingos y su influencia en la Galicia de los siglos IX-XI.

Josué Villa Prieto. La cultura escandinava en la Baja Edad Media: su exposición en el tratado de Olaus Magnus.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©. 

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