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domingo, 21 de diciembre de 2025

Hachas de talón galaico-portuguesas del Bronce Final

 

Las hachas de talón comenzaron a fabricarse a finales del período del Bronce Inicial y principios del Bronce Medio (alrededor del 1500 a.C.), en la Europa Atlántica, Central y Nórdica, alcanzando una gran difusión. Las primeras y escasas piezas halladas en la Península Ibérica llegaron en el período del Bronce Medio (siglos XIV-XIII a.C.), a través de Pirineos y la región cantábrica, procedentes de Bretaña e Islas Británicas.

Depósito de Samieira.

Este tipo de hacha se caracteriza por la presencia de un tope o talón transversal en la culata de la hoja, cuya función era mejorar su ajuste al mango una vez acoplada y amarrada. La hoja era más pesada, muy robusta en su base y con marcado relieve en los rebordes, por lo que su fabricación requería de una mayor cantidad de metal que las hachas planas.

Hachas del castro de Santa Luzía.

En el siglo XIII a.C. las hachas de talón de bronce comenzaron a forjarse en el noroeste penínsular en dos áreas geográficas independientes entre si. En la Cordillera Cantábrica y Cuenca del Duero se fabricaron hachas de hoja trapecial, lados rectos y filo curvado. En Galicia y mitad norte de Portugal el modelo era distinto, con hojas estrechas y alargadas, bordes paralelos y filo recto. La introducción de modificaciones dio lugar a una gran cantidad de variaciones locales, las cuales actualmente se clasifican en veintidós tipos y cuarenta subtipos.

Si bien su aparición en la Península Ibérica fue tardía, su uso perduró mucho más tiempo que en el resto de Europa, evolucionando y perfeccionando su diseño con el desarrollo del modelo de una anilla o asa, y sobre todo con el de dos anillas, cuya producción fue sistemática debido a su enorme aceptación.

Tipos evolucionados galaico-portugueses (IA).

La incorporación de asas al modelo europeo original permitió mejorar la sujeción del hacha al mango mediante cuerdas o correas, con lo que su ajuste era más firme y aumentaba la funcionalidad de la herramienta.

Fijación de un hacha de dos asas a su mango (IA).

Las hachas de talón de un asa o anilla comenzaron a fabricarse a principios del Bronce Final (siglos XII-X a.C.) y fueron evolucionando durante el Bronce Final II e inicios del III (1000-850 a. C.), con dos focos de producción bien definidos y diferenciados, uno en Galicia y la mitad norte de Portugal, y otro en Asturias y parte septentrional de la Meseta Norte.

Las hachas de talón tipo Hío se encontraron formando parte de un depósito de objetos de bronce. Se trata de hachas de talón de un asa que corresponden a un tipo evolucionado característico del área galaica-portuguesa.

Hachas del depósito de Hío.

Junto a ellas apareció una espada y varias puntas de lanza de sección romboidal. Para algunos investigadores, la espada de Hío corresponde a un modelo de lengua de carpa tipo Huelva con puño de lengüeta calada, datada en el Bronce Final II-III. Otros autores la identifican como un tipo arcaico de espada pistiliforme del período Bronce Final I-II. En cuanto a las puntas de lanza, están datadas en la fase Wilburton de Gran Bretaña (1100-900 a.C.).

Espada y puntas de lanza de Hío.

Las hachas de talón de dos asas del noroeste de la Península Ibérica tuvieron su apogeo durante el Bronce Final III (siglos IX-VIII), en un momento en el que la fabricación de hachas de talón prácticamente había desaparecido en el resto de la fachada atlántica europea. En el sur de Galicia y centro-norte de Portugal se han encontrado los depósitos con el mayor número de piezas: Vilar de Mouros (200), Samieira (152), San Xoán da Lagoa (120), Paradela (73), Tremoedo (62), Cambados (60) o A Estea (27).

Hachas de talón de dos asas o anillas. Santa Luzía.

Mientras que las hachas de una anilla son todas de bronce binario, las de dos anillas se caracterizan por aleaciones ternarias de cobre, estaño y plomo. Estos tres metales empleados son de gran pureza, sin apenas residuos, pero no existía un criterio fijo en cuanto a las proporciones de cada uno de ellos, de modo que nos encontramos con aleaciones carentes de plomo, otras poco plomadas y algunas muy plomadas. El análisis de las piezas recuperadas revela que la proporción de plomo al principio del Bronce Final III era de un 1,5 %, pero se fué incrementando progresivamente y al final de este período llegó a ser hasta del 26%, del 48% e incluso del 71%, como sucede con un hacha encontrada en Monforte de Lemos.

Las hachas de talón del tipo Samieira corresponden a esta producción tardía y numerosa de finales del Bronce Final III y principios de la Edad del Hierro (850-650 a. C.). Se trata de una evolución más estilizada de las hachas tipo Hío, que se caracteriza por tener hojas casi rectangulares, planas y nerviadas. En su culata o base presentan unos rebordes que dificultaban su fijación al mango, haciéndolas poco prácticas para su uso como armas o herramientas, lo que ha llevado a plantear que podrían tener una finalidad distinta.

Depósito de Samieira.

Las hachas tipo Samieira presentan una gran homogeneidad en lo que se refiere a su forma, tamaño y peso, lo cual es debido a que los talleres de fundición producían gran cantidad de piezas idénticas, de manera sistemática, debido a la elevada demanda que existía de este tipo de hachas. En el depósito de A Estea (Saiáns. Vigo) se encontraron 27 hachas de doble anilla y hojas alargadas, algunas decoradas y otras no. Estas diferencias sugieren que fueron realizadas en distintos talleres y que luego se acumularon, bien para una ofrenda de tipo ritual o para un posterior comercio.

Depósito de A Estea.

Un ejemplar excepcional recuperado en el Castro de Viladonga es un hacha de talón con cuatro anillas laterales. La pieza presenta un rebaje cuadrangular a la altura de dichas anillas y conserva el filo incompleto debido a una fractura en uno de sus extremos. Su peso, de 635 g, sugiere que a la aleación principal de cobre y estaño pudo haberse añadido una cierta proporción de plomo.

Hacha de talón del castro de Viladonga.

Un aspecto característico de algunas hachas de talón galaico-portuguesas es la presencia recurrente del cono de fundición o mazarota. Esta especie de muñón situado en la base del hacha era el resultado de llenar el molde en exceso y no retirar el material sobrante, por lo que se colmataba y consolidaba.

Molde de esteatita para fundición de hachas talón. Cuntis (1500-900 a.C.).

La existencia de un gran número de este tipo de hachas nos indica que no se trataba de errores en la fundición o de piezas deshechadas, sino que se realizaban de manera deliberada a pesar de que ello suponía una pérdida de utilidad.

Hachas de dos asas con cono de fundición o mazarota.

Esto nos lleva a pensar que la fabricación de hachas de talón en época tardía no buscaba crear armas o herramientas prácticas u operativas, sino que tenían una aplicación o un uso distinto, que podía ser votivo como ofrendas en ceremonias rituales, o servir como una acumulación de materia prima en bruto, un lingote o una forma de pre-moneda. La fundición de la pieza con apariencia de hacha le aportaba un valor simbólico que era reconocido por el grupo social que la fabricaba y comerciaba con ella.

Últimas evoluciones de la variante Samieira (IA)

Como conclusión, podemos afirmar que en Galicia y norte de Portugal la difusión del hacha de talón de hoja estrecha, bordes paralelos y dos anillas fue de tal magnitud e importancia, que podemos considerarla, por si misma, como un elemento definitorio del equipamiento de los pueblos del NO ibérico del período del Bronce Final Atlántico.


Bibliografía

Xosé-Lois Armada. Estudio arqueometalúrgico del depósito de hachas de talón de Distriz (Monforte de Lemos. Lugo).

Germán Delibes de Castro, Julio Fernández Manzano y José Ignacio Herrán Martínez.Tipología y composición de las hachas de talón ibéricas.

Luis Monteagudo García. Hachas prehistóricas de Europa Occidental.

Ignacio Montero-Ruiz. Análisis elemental de las hachas de talón.

Salvador Rovira. Aspectos tecnológicos de las hachas del Bronce Final desde una perspectiva metalográfica.

Luis Siret. España prehistórica.

José Suárez Otero. Las hachas de talón sin anillas. Sobre la introducción del Bronce Atlántico en el NO hispánico.


Las fotografías y los textos de este artículo han sido realizados por Francisco Javier Torres Goberna ©. 

Parte del material gráfico incluido en este trabajo ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial empleadas bajo la dirección y supervisión del autor, quien ha definido de manera explícita los criterios metodológicos, técnicos y científicos aplicados en cada caso. Estas herramientas han sido utilizadas exclusivamente como recurso instrumental para la visualización, reconstrucción o mejora técnica de las imágenes, siguiendo en todo momento pautas basadas en la evidencia arqueológica disponible y en criterios estrictos de rigor científico. En ningún caso dichos procedimientos han supuesto la alteración, reinterpretación o adición de información no documentada en el registro arqueológico.


domingo, 6 de julio de 2025

Santuario heroico del cerro El Pajarillo

 

El santuario heroico o heroon de El Pajarillo se encuentra en Huelma (Jaén), en la entrada del valle del río Jandulilla, una zona estratética desde la que se controla el paso entre el Alto Guadalquivir y la depresión de Guadix-Baza.

Cabeza de lobo (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

La gran cantidad y calidad de los restos griegos hallados en el santuario de El Pajarillo indican que en el siglo IV a.C. este lugar estaba estrechamente vinculado al intenso comercio fluvial de cerámicas griegas desde las altiplanicies de Sierra de Baza y Sierra Nevada, pasando por Huelma en las faldas de Sierra Mágina, hasta el oppidum de Úbeda la Vieja, la Iltiraka de los oretanos.

Cráteras griegas .Necrópolis del príncipe Iltirtiiltir. (Piquia.S IV a.C.)

A partir del siglo V a. C. se produjo un cambio importante en la concepción política de la aristocracia ibera, que hasta entonces había intentado imponer una monarquía de tipo orientalizante y que a partir de ese momento pasó a modelos ideológicos en los que la figura del héroe desempeñaba un papel central. Los iberos eran gobernados por príncipes que regían una o varias ciudades fortificadas o oppidum y que solían ser descendientes de algún héroe. Contaban con un gran número de personas fieles a su linaje, sus clientes, que en caso de guerra tomaban las armas para seguir al príncipe a la lucha. Los conflictos entre tribus y clanes eran habituales en la sociedad ibera y a menudo desembocaban en enfrentamientos militares por tierras cultivables, pastos para el ganado y acceso a rutas comerciales.

La aristocracia ibera, configurada alrededor del príncipe y su familia, vivía en el oppidum y solía competir con los otros clanes levantando monumentos que dieran prestigio a su linaje y demostraran su poder.

Cabeza ibera (Oppidum de Úbeda la Vieja. S. V-IV a.C.)
La élite oretana que gobernaba el oppidum de Iltiraka (Úbeda la Vieja) y las tierras situadas en la confluencia del río Jandulilla con el Guadalquivir, mandó construir este santuario heróico lejos de cualquier núcleo de población importante, a la entrada del valle donde el paso era más angosto, para manifestar su dominio sobre el territorio y el control del acceso de personas y mercancías que pretendían transitar por este lugar estratégico.

En las inmediaciones del santuario tan sólo existía un pequeño asentamiento donde residían las personas encargadas del cuidado del monumento y de la realización de los rituales que se desarrollaban en él. También había una pequeña necrópolis de incineración. Para construir este asentamiento en ladera fue necesario realizar diferentes niveles de terrazas, para posteriormente levantar un enorme muro de piedra de 80 m de largo y 8 m de anchura.

León acéfalo. (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

El acceso se situaba al norte y consistía en unas escalerillas que llevaban a un corredor delantero o podium, que a su vez daba paso a otras escaleras mayores flanqueadas por dos estatuas de leones.

León acéfalo. (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

Junto a los leones se situaban dos grifos, un lobo, varias imágenes de carnívoros más pequeños, un niño y un hombre con vestimenta aristocrática armado con una falcata.
Basa con parte inferior de un grifo. (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

El diseño del heroon de El Pajarillo era bastante complejo y buscaba resaltar la puesta en escena del excepcional conjunto escultórico, que representaba una escena de lucha heróica en la que el protagonista, protegido por leones y grifos, se enfrentaba a un lobo para salvar a un niño.

Héroe (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

El héroe viste una túnica corta y un manto que recoge con la mano izquierda, mientras con la derecha agarra con firmeza la empuñadura de su falcata, oculta bajo los pliegues.

Héroe (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

El lobo está sentado sobre sus patas traseras, lo que indica que está en su territorio y que es el héroe el que lo invade, por lo que se prepara para atacarlo, estira el cuello y abre sus fauces mostrando sus dientes.

Cabeza de lobo (El Pajarillo. Primera mitad S IV a.C.)

El santuario heroico de El Pajarillo tuvo una breve existencia de apenas cincuenta años y su final fue repentino. Desconocemos el motivo por el que fue abandonado y olvidado, pero tal vez estuvo relacionado con la súbita interrupción de las importaciones de cerámicas griegas a mediados del siglo IV a.C.


Bibliografía:

Chapa, Teresa; Vallejo, Ícaro; Martínez Navarrete, María Isabel; Ceprián, Bautista; Rodero, Alicia; Pereira, Juan: El trabajo de los escultores ibéricos: un ejemplo de Porcuna (Jaén)

Chapa, Teresa; Ruiz Rodríguez, Arturo; Pereira, Juan: El santuario heroico de “El Pajarillo de Huelma”.

De la Bandera Romero, María Luisa y Molina Poyato,Pedro. Dama ibérica de Torres: una imagen de la aristocracia oretana.

García-Gelabert Pérez, María Paz y Blázquez Martínez, José María. El significado del ciervo entre los pueblos protohistóricos de la Península Ibérica.

Molinos Molinos, Manuel; Chapa Brunet, Teresa, Ruiz Rodríguez, Arturo; Pereira Sieso, Juan: El Cerro de El Pajarillo (Huelma, Jaén): algunas consideraciones sobre el significado de un gran centro monumental en el contexto de la definición del territorio aristocrático.

Molinos Molinos, Manuel; Chapa Brunet, Teresa, Ruiz Rodríguez, Arturo; Pereira Sieso, Juan: El santuario heróico de El Pajarillo (Huelma, Jaén).

Olmos, Ricardo. Los príncipes esculpidos de Porcuna (Jaén): una aproximación de la naturaleza y de la historia.

Olmos, Ricardo. Los grupos escultóricos del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén). Un ensayo de lectura iconográfica convergente.

Quesada Sanz, Fernando; Rueda Galán, Carmen: Las armas y el contexto del Guerrero de “Las Atalueyas” (Jaén): una escultura de época ibérica tardía/romano republicana.

Rísquez Cuenca, Carmen: Necrópolis ibéricas en el Fondo Arqueológico Ricardo Marsal Monzón

Vallejo Delgado, Luis Emilio: Los conjuntos escultóricos de Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén): procesos, técnicas y grafismos.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

sábado, 5 de julio de 2025

Mausoleo dinástico del Cerrillo Blanco

 

El conjunto escultórico del Cerrillo Blanco es el más importante y monumental de la escultura ibera conocido hasta el momento.

Este yacimiento arqueológico se encuentra a 1,5 km al N de Porcuna (Jaén), la antigua Ipolka ibera, capital de los túrdulos que en época romana pasó a denominarse Ibulco.

Durante la realización de labores agrícolas fueron apareciendo gran cantidad de fragmentos de esculturas, pero no fue hasta 1975 cuando comenzaron las primeras excavaciones del yacimiento, las cuales se prolongaron hasta 1979. Los restos más antiguos correspondían a una necrópolis tartésica del período orientalizante, influenciada por las culturas fenicia y griega, datada entre mediados del s. VII y el s. VI a.C. 

La necrópolis estaba perimetrada por un círculo de lajas de piedra, en cuyo interior se situaban veinticuatro enterramientos individuales con diferentes orientaciones y acotados también por losas de piedra. En este cementerio fueron enterradas personas que tenían relaciones familiares entre ellas y cuyas tumbas fueron dispuestas a cierta distancia de la sepultura principal, en la cual se encontraron los restos de un hombre y una mujer. En los ajuares funerarios recuperados durante las excavaciones se hallaron hebillas de cinturón, fíbulas y peines de marfil decorados.

Broche decorado con madasquinado de plata. S V-III a.C. (Cerro Maquiz).

A partir del siglo V a. C. se produjo un cambio importante en la concepción política de la aristocracia ibera, que hasta el entonces había intentado imponer una monarquía de tipo orientalizante y que a partir de ese momento pasó a modelos ideológicos en los que la figura del héroe desempeñaba un papel central. A consecuencia de estos cambios sociales, sobre la primitiva necrópolis de Cerrillo Blanco, entre el 470 al 420 a.C se construyó un mausoleo dinástico que no tenía relación alguna con la necrópolis original. De la decoración de este mausoleo principesco se han localizado alrededor de mil quinientos fragmentos correspondientes en su mayoría a esculturas de bulto redondo, aunque también hay imágenes en altorrelieve. La piedra empleada para esculpir las estatuas fue una calcarenita de grano muy fino, muy porosa y fácil de trabajar cuando está húmeda pero que se endurece cuando está seca, aunque tiende a rayarse con facilidad. De todas estas esculturas, actualmente unas cuarenta de ellas han podido ser parcialmente reconstruidas.

Los iberos eran gobernados por príncipes que regían una o varias ciudades fortificadas o oppidum y que solían ser descendientes de algún héroe. El príncipe solía competir con los de otros clanes levantando monumentos funerarios con ricos ajuares funerarios, como muestra de prestigio y demostración de poder. El mausoleo dinástico del Cerrillo Blanco fue realizado por encargo de un grupo familiar aristocrático a un taller de artistas iberos que tenían evidentes influencias y formación en el arte griego, como se aprecia en el estilo de algunas estatuas que está claramente inspirado en los frontones de los templos griegos, aunque incorporando el ropaje y el armamento ibero. Estos artistas representaron a los miembros del linaje dominante como personajes de un universo principesco en el que se integraba la guerra, la presencia de animales míticos y el mundo de los antepasados, algo característico de la tradición heroica de la época.

Reconstrucción hipotética del mausoleo del Cerrillo Blanco

En el grupo escultórico del Cerrillo Blanco se distinguen una serie de bloques temáticos: combates entre hombres pertenecientes a dos bandos de guerreros ibéricos (jinete desmontado atravesando con su lanza a un enemigo caído, guerrero con escudo en el vientre, guerrero con falcata, guerrero caído con ave, guerrero asido por la muñeca y guerrero de la armadura doble); luchas de hombres con animales reales o mitológicos (hombre luchando con león), peleas de animales con animales (león-grifo con palmeta y serpiente), animales individuales (águila, lobo, novillo) y motivos de carácter religioso (sacerdotisa con serpiente, oferente con cabras, dama con niño, dama sedente).

Poco tiempo después de su construcción, el santuario del Cerrillo Blanco y sus esculturas fueron destruidas con violencia, cebándose especialmente con las cabezas y rostros, tal vez durante un enfrentamiento político o un conflicto bélico con otro linaje ibero, a consecuencia del cual el clan triunfador decidió destrozar una a una todas las esculturas para eliminar la memoria e identidad de su rival, al modo de la damnatio memoriae romana. Este tipo de conflictos entre tribus y clanes eran habituales en la sociedad íbera y a menudo desembocaban en enfrentamientos militares por tierras cultivables, pastos para el ganado y acceso a rutas comerciales.

Después de su destrucción, los restos del conjunto escultórico fueron enterrados en una zanja situada en una ladera del Cerrillo Blanco y se cubrieron con algunas de las grandes losas que delimitaban la antigua necrópolis. Posteriormente se construyó una pequeña necrópolis que pervivió hasta época iberorromana y que reutilizó algunos de los fragmentos de esculturas. Poco a poco el lugar fue cayendo en el olvido y en época medieval y moderna toda la zona se dedicó a tierras de cultivo.

Reproducción de una sepultura ibera de los siglos V-III a.C.

Debido a la enorme cantidad de esculturas encontradas en este yacimiento, a continuación voy a describir sólo algunas de las estatuas que forman parte del conjunto escultórico.

El conocido como “Guerrero de la doble armadura” es la única de las estatuas de Cerrillo Blanco que conserva la cabeza. Está datada en la primera mitad del siglo V a.C. y su estudio ha permitido reconstruir la vestimenta y la panoplia de un guerrero aristócrata de la época. El fragmento que ha llegado hasta nuestros días mide 1,05 m de altura, 44 cm de ancho, 37 cm de grosor máximo y pesa 63,4 Kg.

El rostro del guerrero tiene ojos rasgados y grandes pupilas, nariz recta y labios finos. La cabeza es de proporciones cuadradas y está protegida con un casco con refuerzos metálicos, con un adorno en espiral en el lateral derecho y hendiduras rectangulares en las que es posible que se insertaran piezas metálicas. En el centro del casco se aprecia una ancha cinta donde iría la cimera, adorno heráldico que se colocaba en la parte superior del casco y que en este caso sería la figura de un león, del cual sólo se conservan las patas delanteras.

El guerrero viste una túnica con escote en V ceñida con un cinturón ancho y en el brazo izquierdo luce un brazalete en espiral de cuatro vueltas.

Protegiendo el pecho y los hombros lleva una coraza de discos sujetos por una correa sobre los hombros y que se cruza en la espalda. Del hombro derecho cruza un tahalí del que pende la vaina vacía de una espada corta que se sitúa sobre el pecho, por encima de un escudo circular tipo caetra.
La estatua del jinete desmontado atravesando con su lanza a un enemigo caído fue esculpida en un bloque único y destaca por la precisión de los detalles. El jinete ha bajado de su caballo y con el pie izquierdo pisa la mano del contrincante vencido, mientras que con su lanza le atraviesa la boca o el cuello. Viste una rica túnica ceñida por un cinturón en el que se sujeta una espada corta en su vaina y tiene su pecho protegido por un cardiophylax. Con el brazo izquierdo tiene asida su caetra, mientras que con el derecho agarra la lanza con la que atraviesa a su rival. Sus discos de bronce y los brazaletes de cuatro vueltas que luce, muestran claramente su alta jerarquía.
Jinete atravesando con su lanza a un enemigo caído (reproducción)

El caballo del jinete está engalanado y sus bridas muestran lujosas decoraciones con adornos metálicos. El animal está encabritado y levanta las patas delanteras para golpear con sus cascos la cara del guerrero derrotado. El guerrero vencido también porta una coraza de discos sujeta a los hombros con una correa, y una espada corta que no ha podido desenfundar. A su lado está su caetra, caída sobre el suelo, y sobre ella reposa su mano izquierda aprisionada por el pie del vencedor. Levanta el brazo derecho en actitud de súplica o intentando infructuosamente impedir que la lanza le atraviese la cara, a la vez que gira el rostro para evitarlo y queda mirando hacia el espectador con expresión patética.  

La escultura del Oferente de los cápridos, es también conocida como la Diosa de los carneros

Es una estatua de gran tamaño que representa a una supuesta divinidad femenina que sujeta dos machos de cabra montesa sobredimensionados y contrapuestos por la espalda.

La deidad sostiene con sus manos las patas delanteras de una de las cabras en señal de ofrenda al príncipe, en un gesto característico de la "Señora de los animales" (Potnia Theron), que expresa su dominio sobre la naturaleza, representada en los animales salvajes que le pertenecen, la acompañan y a los cuales domina.

Puesto que en Cerrillo Blanco predominan las esculturas de carácter heróico, algunos autores (García-Gelabert), consideran que podría tratarse de una deidad masculina, un "Señor de los animales" (Despotes Theron) o tal vez una representación de Ares, dios de la guerra al que según Estrabón los lusitanos sacrificaban machos cabríos.

Finalizo este repaso con las dos esculturas que representan a una pareja de antepasados, un hombre y una mujer de porte aristocrático y ataviados con ricas vestimentas. La mujer extiende sus brazos hacia delante en un gesto amable o servicial, mientras el hombre sostiene con su mano los pliegues de su lujoso manto que caen en zigzag sobre sus brazos.

Sin duda se trata de una persona de alto rango, no de un guerrero, y su figura es estilizada, con la pierna derecha adelantada denotando movimiento. En el cuello luce un collar con colgante y en su brazo izquierdo un brazalete. Es posible que esta pareja de esculturas representen a los dueños de la vivienda, que avanzan juntos en actitud de ofrenda o recibimiento.



Bibliografía:

Chapa, Teresa; Vallejo, Ícaro; Martínez Navarrete, María Isabel; Ceprián, Bautista; Rodero, Alicia; Pereira, Juan: El trabajo de los escultores ibéricos: un ejemplo de Porcuna (Jaén)

De la Bandera Romero, María Luisa y Molina Poyato,Pedro. Dama ibérica de Torres: una imagen de la aristocracia oretana.

Espinosa Gaitán, Jesús; Sameño Puerto, Marta; Gutiérrez Moreno, Francisco. Esculturas del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén): caracterización de los materiales y evaluacióin de productos de tratamiento.

García-Gelabert Pérez, María Paz y Blázquez Martínez, José María. El significado del ciervo entre los pueblos protohistóricos de la Península Ibérica.

Moral Campos, Juan Antonio: El trabajo de Constantino Unghetti.

Olmos, Ricardo. Los príncipes esculpidos de Porcuna (Jaén): una aproximación de la naturaleza y de la historia.

Olmos, Ricardo. Los grupos escultóricos del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén). Un ensayo de lectura iconográfica convergente.

Quesada Sanz, Fernando; Rueda Galán, Carmen: Las armas y el contexto del Guerrero de “Las Atalueyas” (Jaén): una escultura de época ibérica tardía/romano republicana.

Rísquez Cuenca, Carmen: Necrópolis ibéricas en el Fondo Arqueológico Ricardo Marsal Monzón

Vallejo Delgado, Luis Emilio: Los conjuntos escultóricos de Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén): procesos, técnicas y grafismos.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.