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domingo, 19 de abril de 2026

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

 

El santuario galaico-romano dedicado al dios Lar Berobreo es uno de los yacimientos arqueológicos más singulares del noroeste peninsular, debido a la abundancia de altares votivos, todos ellos consagrados a la misma deidad.

Recreación del entorno original del santuario.
El santuario se situaba en la cumbre del Monte do Facho (189 m), en el lugar de Donón (parroquia de San Andrés do Hío, Cangas), en la costa de Soavela, al final de la península de O Morrazo y frente a las Islas Cíes.

La ocupación más antigua conocida del monte corresponde a un asentamiento del Bronce Final localizado en la ladera sur. A esta fase pertenecen restos cerámicos datados entre los siglos IV y VII a.C. Posteriormente, durante la Edad del Hierro II (siglo IV a.C.), se construyó un castro que ocupaba las laderas norte y noroeste, a unos 157 m de altitud. Este poblado contaba con dos murallas, un pequeño foso y un terraplén, y estuvo habitado hasta finales del siglo I a.C. En el exterior del castro se localizaron dos vertederos o concheiros.

En época romana, en la primera mitad del siglo I d.C., se produjo el abandono del poblado, y en el siglo II d.C. se erigió un santuario galaico-romano que fue utilizado hasta los siglos IV-V d.C., con un momento de mayor actividad entre los siglos III y IV d.C. Para su construcción se desmontaron viviendas abandonadas del castro con el fin de habilitar el espacio. El santuario contaba con un edificio central de planta ovalada, con cubierta de madera y paja y muros recubiertos con un revoco de barro, arena y arcilla, aplicado tanto en el interior como en el exterior de las paredes.

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

Al sur de este edificio se localizaba un estanque cuya relación con el santuario no está clara, ya que podría corresponder también a una fase anterior, posiblemente del siglo IV a.C.

El área de culto estaba formada por un conjunto denso de al menos 82 estelas, aras votivas y altares. Algunas de estas piezas aparecieron caídas en su emplazamiento original o muy cerca de él. Muchas se fracturaron al caer, en parte por la fragilidad del material, lo que ha permitido recomponerlas a partir de sus fragmentos. Otras parecen haber sido fracturadas de forma intencionada, posiblemente como parte de algún tipo de ritual.

La práctica totalidad de las estelas y aras está realizada en granito local, granulado y con presencia de cuarzo, gneis y mica, lo que dificultaba su tallado y favorecía su rotura a lo largo de las vetas de cuarzo.

Las estelas presentan tamaños variados y estaban fijadas al terreno mediante cuñas, situándose a escasa distancia unas de otras. De clara inspiración romana, muestran un grado de acabado desigual: algunas están bien trabajadas, mientras que otras resultan más toscas. En su parte superior presentan decoración con símbolos, pequeñas cavidades destinadas a las ofrendas y salientes redondeados, concentrándose estos elementos en la cara frontal, mientras que la posterior tiene un acabado más basto.

Las aras del santuario de Berobreo se clasifican habitualmente en cuatro grupos. El primero reúne piezas de forma típicamente romana, con pie marcado, cuerpo prismático de menor grosor y cabecera amplia, decorada con molduras sencillas y rematada por salientes laterales redondeados (pulvini) y una cavidad superior (focus). El segundo grupo incluye aras con pie definido y con el cuerpo y la cabecera decorados con molduras variadas, que presentan focus sobre una base prismática con cilindros laterales. El tercer grupo lo componen aras de cuerpo prismático y muy alargado, con un acabado rudimentario, que terminan en una cabecera piramidal decorada y rematada por un pequeño focus. En la primera campaña de excavación, la mayor parte de las piezas halladas correspondía a este último grupo.

Por último, un cuarto grupo está formado por placas delgadas trabajadas únicamente en su cara frontal.

Resulta difícil determinar si existía más de un taller encargado de la elaboración de los altares del santuario. Se supone que el cantero disponía de varios modelos de aras ya preparados, con ornamentación e inscripciones, entre los que el dedicante elegía el que más le gustaba y, en todo caso, introducía alguna ligera modificación. Tampoco se sabe cuándo comenzaron a añadirse los epígrafes en latín. En casi todas las estelas la inscripción es siempre la misma: DEO LARI BERO BREO ARAM POSVI (“Al dios Lar Berobreo puse o dediqué este altar”). Apenas se registran excepciones a este texto común, aunque en ocasiones se añade la fórmula PRO SALVTE

Todas las inscripciones están redactadas en primera persona del singular y, a diferencia de lo habitual en las estelas galaico-romanas, salvo en dos casos, las dedicatorias son anónimas. Esto sugiere que fueron consagradas por una familia extensa o un clan con identidad propia dentro de la comunidad, por lo que no era necesario explicitarla.

Inscripción: Deo Lario Breo Bro {s}an(c)to. 

La presencia de fragmentos de vidrio y restos de ánforas bajo algunas aras sugiere la realización de ofrendas rituales en el momento de su colocación. Los materiales recuperados en el santuario se sitúan principalmente en los siglos III y IV d.C., e incluyen monedas, fragmentos cerámicos, vidrio y objetos metálicos de uso cotidiano, lo que indica la presencia de una población sin grandes recursos económicos y con una vida humilde.

En el santuario se rendía culto únicamente al dios Lar Berobreus, un nombre local o étnico que sólo aparece documentado en este lugar en toda la epigrafía latina de la Península Ibérica. Puede interpretarse no como un antropónimo, sino como un topónimo formado por bero (de significado desconocido) y bri, que significa colina o castro, por lo que podría tratarse de un personaje que daba nombre al lugar. No obstante, existen otras interpretaciones que plantean que Breus podría ser un nombre propio. Por ello, el santuario de O Facho constituiría un caso único de lararium en el que se adoraba a un solo dios, considerado el amo y protector del lugar y de sus gentes.

Santuario galaico-romano del Lar Berobreo en el Monte do Facho (O Hío. Cangas).

Este santuario tenía carácter público. Cuando los oferentes llegaban al lugar podían levantar un nuevo altar o acudir al que estaba vinculado a su familia o clan, donde relizaban los ritos y depositaban sus ofrendas. No se sabe si estas prácticas se llevaban a cabo únicamente en altares individuales o si existía también un espacio común destinado a ellas. Al tratarse de altares votivos, pertenecían a quienes los habían dedicado al dios y, si así lo decidían, podían reutilizarlos para construir otros nuevos que sustituyeran a los anteriores.

Los ritos en los lararios públicos eran más comunitarios, visibles y periódicos que los domésticos, aunque mantenían una estructura sencilla. Comenzaban con la limpieza del santuario, se colocaban ofrendas sobre las aras en ocasiones se decoraba con guirnaldas vegetales. Las ofrendas podían consistir en pan, cereales, frutos secos, incienso y libaciones de vino o leche vertidos directamente sobre el altar o el suelo. A continuación se realizaba una invocación mediante una fórmula breve, normalmente dirigida por algún vecino, en la que se pedía a la deidad que velara por la salud y el bienestar de la comunidad, una buena cosecha, la seguridad del ganado o la protección durante los viajes.

Tras siglos de abandono, el Monte do Facho fue utilizado entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX como puesto militar de vigilancia costera, del que se conserva la garita que ha llegado hasta nuestros días como un elemento emblemático de este lugar.


AUTORÍA Y TRATAMIENTO DEL MATERIAL GRÁFICO

Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor: en unos casos, para la visualización fiel del registro arqueológico sin adición de información no documentada; en otros, para la recreación hipotética de escenas o personajes basada en los datos disponibles.


BIBLIOGRAFÍA

Juan Carlos Búa Carballo. Estudio lingüístico de la teonimia lusitano-gallega.

Michael Koch. El santuario dedicado a Berobreo en el Monte do Facho (Cangas, Galicia).

Thomas G. Schattner y José Suárez Otero. Altares votivos dedicados al dios lar Berobreus en el Monte do Facho (O Hío, Galicia). De lo formal a lo ritual.

Thomas G. Schattner, José Suárez Otero y Michael Koch. Monte do Facho, Donón (O Hío / Prov. Pontevedra). Informe sobre las excavaciones en el Santuario de Berobreo.

jueves, 19 de febrero de 2026

Asentamiento metalúrgico romano de Orellán (Borrenes)

 

El asentamiento metalúrgico romano de Orellán se encuentra a poco más de 3 km de la mina de oro de Las Médulas, cuya explotación comenzó durante el reinado de Augusto y alcanzó su apogeo en época de Trajano, entre finales del siglo I y principios del II, momento en el que llegó a ser la mina aurífera a cielo abierto más grande del Imperio romano.

Se estima que en Las Médulas trabajaban entre 2500-5000 indígenas astures y cántabros. Para garantizar a estos obreros el suministro diario de alimentos, útiles y herramientas, los romanos crearon un sistema de asentamientos auxiliares que se dedicaban a la producción agrícola, metalúrgica o al mantenimiento de la red de canales que llevaban el agua hasta las galerías de la mina.

Las Médulas desde el mirador de Orellán.

El mayor de los asentamientos metalúrgicos fue el de Orellán, creado en el siglo I d.C. Situado en un cerro en el que había una gran veta ferruginosa, en este poblado los romanos reubicaron a unos 150-200 astures que se dedicaban exclusivamente a la extracción y reducción del mineral de hierro para posteriormente fundirlo en hornos y fabricar herramientas.

El asentamiento se planificó en torno a una calle central con aceras situada en la parte baja de la ladera. A ambos lados de este eje se fueron construyeron las viviendas para los fundidores, herreros y sus familias. La veta de hierro se encontraba en la ladera contraria y en ella se volcaba la abundante escoria que producían los hornos de fundición, los cuales se situaban en la parte más elevada del cerro. La magnitud de la escoria hallada nos permite hacernos una idea del volumen de hierro que se fundió en estos hornos.

Si bien las primeras viviendas del poblado seguían el modelo castreño de residencia principal con dependencias adosadas, posteriormente se empezaron a construir de acuerdo al diseño romano de casas de planta cuadrada con división interior en habitaciones. 

Las viviendas tenían paredes de arcilla compactada y encofrada, zócalos de piedra para protegerlas de la humedad y sus tejados estaban hechos de madera, lajas de pizarra y paja.  

A diferencia de lo que sucedía en los castros indígenas, todos estos asentamientos romanos no disponían de defensas, como fosos o murallas al no ser necesarias y para evitar que pudieran ser utilizadas en caso de una revuelta. Para custodiar la mina de Las Médulas, alrededor del año 74 se estableció en León la Legio VII Gemina, que había sido creada el 10 de junio del 68 y que estaba formada por nativos hispanos.


Bibliografía

Almudena Orejas Saco del Valle. Arqueología de los paisajes mineros antiguos en la Península Ibérica.

F. Javier Sánchez-Palencia y M.ª Dolores Fernández-Posse. Las Médulas como paisaje cultural. itinerarios por el parque arqueológico.

Marcos Villahoz Ladrón. La minería del oro en el noroeste de la peninsula ibérica: Las Médulas.


Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

viernes, 16 de enero de 2026

Hermes bifronte de Amorín (Tomiño)


Cerca del castro de Amorín (Tomiño) se halló una Hermathena o escultura bifronte que fusiona las representaciones de los dioses Hermes y Atenea, aunando los atributos de ambas deidades.

Hermes era el dios griego del comercio, la riqueza, la suerte, los caminos, los viajantes, la fertilidad, la cría de animales, el sueño, el lenguaje y también de los ladrones. Se le solía representar con la cabeza cubierta con un capelo o pétaso. Atenea era la diosa de la sabiduría y de la estrategia en la guerra, y en sus imágenes se la personifica como una figura femenina provista de casco, lanza y/o escudo.

La estatua del Hermes de Amorín se esculpió en granito, empleando una técnica y diseño tosco y rudimentario. Mide 54 cm de altura, 15 cm de anchura, 13 cm de profundidad y consta de un soporte en forma de prisma en cuya parte superior se sitúa una cabeza bifacial, redonda y muy elemental, mientras que en el frontal inferior presenta una serie de grabados y trazos inidentificables.

La cabeza de la escultura carece tanto de orejas como de cuello, está cubierta con un casco o sombrero y en su parte superior presenta una cavidad. Los dos rostros son redondos e igual de sencillos, con las órbitas de los ojos, unos simples surcos a modo de bocas y unas narices anchas, rectangulares y talladas con dos cortes verticales y uno horizontal.

Rostros anterior y posterior.

La bifrontalidad de esta estatua galaica es característica del arte romano provincial, aunque la datación que establece el Museo de Pontevedra abarca un intervalo temporal que va del año 400 a.C. al 60 a.C. Esta cronología deja abierta la posibilidad de que se trate de una obra arcaica de influencia mediterránea oriental, tal vez una adaptación indígena de una escultura focense del siglo V a.C.

El bifronte de Amorín se adapta perfectamente a la tipología de los hermae griegos y posteriormente romanos. Los pilares hermaicos eran cuadrados o rectangulares y a menudo tenían un falo tallado en la base. En la parte superior se situaba una cabeza que representaba a Hermes y que podía estar esculpida en la misma pieza que el pilar o en otra distinta.

Estos hitos se ubicaban en los caminos para servir de guía a los viajeros y garantizarles buena suerte. También se colocaban en las puertas y espacios abiertos de las viviendas para proteger los hogares. Las esculturas de Hermes Pshychopompos se destinaban al culto funerario como protectoras de las tumbas, ya que Hermes era la deidad que acompañaba a las almas de los muertos hasta el barquero Caronte para que las condujera al inframundo.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

sábado, 10 de enero de 2026

Escultura del dios Jano (Mos)

 

El busto bifronte del dios Jano (Ianus) encontrado en una finca de la parroquia de Dornelas (Mos), es una escultura de arte romano provincial datada entre los siglos I a.C. y I. d.C. Representa de forma tosca y simple los dos rostros de Jano, uno como un joven ilusionado contemplando al futuro y el otro mostrando a la deidad mirando al pasado con semblante cansado.

Busto bifronte de Jano (Mos).

Junto al busto de Jano de Mos, apareció una figura femenina que tal vez represente a Carna o Cardea, la diosa de los umbrales, las bisagras y las transiciones, cuyo culto se asocia al de Jano. Probablemente ambas esculturas provengan del expolio de una villa romana, como la hallada recientemente en el castro de Pereiras (Tameiga. Mos).

Busto femenino (Mos).

El dios Jano era conocido por los epítetos “geminus” y “bifrons”, porque se le representaba con dos rostros que miraban en direcciones opuestas, al pasado y al futuro, al inicio y al final, a la paz y a la guerra. Por lo tanto era el dios que estaba en medio de todas las cosas, en todas las transiciones, el que permitía el paso a través de los límites sagrados e invisibles de las murallas y puertas.

Caras anterior y posterior del busto bifronte de Jano (Mos).

Si bien Jano no era tan importante como Júpiter, Marte, Apolo, Mercurio, Saturno, Diana, Venus, Minerva o Neptuno, si formaba parte de las principales deidades romanas, junto con Genio, Vulcano, Sol, Orco, Líber, Telus, Ceres, Juno, Luna y Vesta. Según cuenta la leyenda, Jano ocupó el trono del Lacio a la muerte del rey Cameses y reorganizó la estructura social de su reino. Cuando Júpiter desterró a Saturno, este aceptó la hospitalidad de Jano y se refugió en el Lacio, llevando consigo el conocimiento de las técnicas agrícolas. Después de la fundación de Roma, Jano alcanzó la consideración de dios protector de la ciudad. En el Foro se le construyó un pequeño templo, cuyas puertas permanecían cerradas en épocas de paz y abiertas en tiempos de guerra.

El culto a Jano fue uno de los más duraderos y persistentes durante toda la historia del imperio romano. Los ritos dedicados a Jano buscaban propiciar los buenos auspicios al comenzar una actividad, un comercio, la mayoría de edad, un matrimonio o las labores del campo. Nada más empezar el día, antes de realizar cualquier tarea, el pater familias le dedicaba las oraciones del culto doméstico. También el comienzo del año estaba dedicado al dios Jano, al que debe su nombre el mes de enero (Ianuarius). Las fiestas januales eran unas celebraciones en las que participaban todos los ciudadanos romanos. Se vestían con sus mejores ropas, realizaban ofrendas e intercambiaban buenos deseos y pequeños regalos.

Alegoría del mes de Enero con el triunfo de Jano (detalle).
Otto Van Veen. Museo del Prado.

Incluso cuando se realizaban ritos en honor a otra divinidad, previamente se invocaba a Jano para que ejerciera como facilitador. Uno de estos rituales era la Lustratio Agri, ceremonia en la que se invocaba al dios Marte para que propiciara la purificación, protección y fertilidad de los tierras de cultivo y del ganado. Como en todos los rituales romanos se realizaba un sacrificio llamado suovetaurilia, en el cual se inmolaban tres animales machos: un cerdo, un cordero y un ternero. Antes de comenzar la Lustratio Agri, los animales que iban a ser sacrificados eran llevados en procesión por las tierras que se querían propiciar, invitando a los Manes, dioses domésticos, para que se unieran al rito. Ya durante la ceremonia, el sacrificante ofrecía una libación con vino a Jano y Júpiter, invocaba a Marte, presentaba la ofrenda de pasteles rituales y después sacrificaba a los animales y examinaba sus entrañas para realizar los presagios. Por último, se celebraba un banquete al que acudían todos los participantes.


Bibliografia

Kattia Chinchilla Sánchez. Jano: el dios de los inicios y el dios de las puertas.

Aitor Freán Campo. Persistencia y evolución de la religiosidad y las mentalidades del noroeste peninsular desde la Edad del Hierro a la tardoantigüedad.

Joan-Josep Durán Miró. Jano, el dios arquetípico de la masonería. La tradición grecorromana en la masonería.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.



miércoles, 10 de diciembre de 2025

Esculturas del dios Mercurio de Seiró y Taboexa

 

La escultura de Mercurio de San Salvador de Seiró (Vilar de Barrio. Ourense) fue hallada a dos kilómetros del trazado por donde transcurría la vía romana de Braga a Astorga. Se trata de una figura que mide 17,5 cm de alto, 8,1 cm de ancho y 5,4 cm de profundidad, y que está colocada sobre una peana de 8,7 cm de alto, 16,9 cm de ancho y 9,3 cm de profundidad. La escultura fue realizada con el sistema de moldeo y fundición a la cera perdida y está datada entre los siglos II-IV d. C.

Mercurio aparece representado como un adolescente prácticamente desnudo, excepto por una clámide que cuelga sobre su hombrera izquierda y que recoge sobre el brazo en tres gruesos pliegues. La figura, proporcionada y bien ejectuada, está de pie cargando todo el peso del cuerpo sobre la pierna derecha y con la pierna izquierda ligeramente flexionada. El brazo derecho está separado del costado y en la mano porta una bolsa trilobulada que simboliza la actividad comercial. En la mano izquierda se aprecia el sitio donde iría el caduceo que porta Mercurio como mensajero de los dioses, y en la cabeza se distingue el cabello con mechones ensortijados, mientras que la parte posterior está cubierta por un petasos alado. El estado de conservación no es bueno, ya que le faltan los pies, el caduceo, el ala derecha del petaso y el extremo de la clámide.

La base circular de bronce tiene el borde dentado y está adornada con tres flores de lis. Originalmente estaba sostenida por las patas delanteras de tres perros, pero actualmente uno de ellos se ha extraviado.

El Mercurio de Seiró es una excelente muestra del arte religioso culto y oficial que aparece representado en todo el Imperio. Originalmente es probable que la estatua estuviera expuesta en un lararium situado cerca de la Vía XVIII de Antonino y en el que los legionarios romanos depositarían sus exvotos.

La escultura del Mercurio de Taboexa fue hallada en el Coto de Altamira (Santa María da Taboexa. As Neves) durante las excavaciones realizadas en un pequeño castro muy romanizado. Se trata de una figurilla de bronce elaborada con el sistema de moldeo y fundición a la cera perdida, que mide 10,93 cm de alto, 4,37 cm de ancho, 2,2 cm de grosor y tiene un peso de 241 g. La figura está desnuda, salvo por una clámide apoyada en el hombro izquierdo y cuyos pliegues caen hasta las rodillas. La cabeza está cubierta con un petasos alado y en las manos faltan el caduceo y la bolsa o marsupio. Se estima que la escultura fue realizada entre los siglos I-III d.C.

Junto a esta pieza se halló otra que representa a un genio o espíritu protector en la mitología romana. La figurita está fragmentada, mide 11,8 cm de altura, 3,7 cm de ancho, 2,2 cm de profundidad y pesa 160 g. Va vestido con velo y toga, la prenda viril símbolo de la ciudadanía romana, por lo que pudiera tratarse de un genius familiaris protector del pater familias.

Dentro del sistema de creencias romano, el culto familiar a los genios tutelares de la casa fue el más popular. Los Penates eran los genios que guardaban la despensa de la familia (penus) para que no faltaran los alimentos indispensables. Los Lares eran los espíritus de los antepasados que protegían a sus descendientes, cuidando de su salud, su prosperidad y sus bienes. Para el culto de los lares, la familia situaba estas figurillas en el atrio, en la parte central de la casa, o en la cocina en las casas más modestas. El pater familias era el encargado de realizar los rituales de culto a las deidades protectoras, los cuales incluían libaciones y sacrificios de animales (corderos, conejos o gallos).

El culto a Mercurio, divinidad de la prosperidad y del comercio, llegó a la Península Ibérica con la romanización y se asentó cerca de las rutas comerciales y nudos de comunicación. Las dos esculturas de Mercurio que hemos visto guardan una gran similitud formal y artística con otras muchas piezas encontradas en todos los lugares del Imperio. El dios aparece prácticamente desnudo, vestido tan sólo con una clámide hasta las rodillas que lleva enrollada sobre el hombro izquierdo. En la cabeza lleva el característico tocado con un petasos por lo general alado, mientras que en la mano derecha agarra una bolsa o marsupium, símbolo del comercio, y en la izquierda el caduceus, un baston por lo general alado y con dos serpientes enlazadas alrededor, que simboliza la paz y las conciliaciones. Probablemente existían unos moldes realizados por artesanos, tal vez itinerantes, y que se vendían por todo el imperio para que los compradores pudieran fundir sus propias figuras.


Bibliografía:

Salvador F. Pozo Rodríguez. Varia arqueológica de la provincia Baetica. Bronces romanos inéditos. Grandes bronces. Estatuillas. Mobiliario doméstico. Amuletos fálicos…..

Milagros Conde Sánchez. Mercurio. Coto de Altamira, Taboexa (As Neves).

Purificación Rodríguez García. Bronces figurados de Taboexa.


Las fotografías de este artículo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.