martes, 24 de junio de 2025

Los Millares (Santa Fe de Mondújar. Almería)

 

El yacimiento de Los Millares es un referente en el estudio del Calcolítico en Europa Occidental ya que sus dimensiones, fortificaciones y necrópolis son únicas en el Mediterráneo Occidental y revelan un extraordinario nivel de complejidad social que no se conocía fuera del Próximo Oriente.

Los Millares se encuentra en el municipio de Santa Fe de Mondújar (Almería), en una terraza fluvial amesetada entre la Rambla de Huéchar por el flanco E-SE y el río Andarax por el N. La Rambla de Huéchar conduce las aguas estacionales de las sierras circundantes hasta el río Andarax, cuya desembocadura se encuentra a unos 20 km.

Recreación de viviendas y murallas.

El descubrimiento de este emplazamiento arqueológico, primer gran asentamiento poblacional de la Península Ibérica, se produjo accidentalmente en 1891 durante la construcción del ferrocarril Almería-Linares. Las primeras excavaciones comenzaron un año después de la mano del ingeniero belga Luis Siret con su capataz Pedro Flores. Su trabajo pionero descubrió más de sesenta tumbas colectivas, definió la muralla exterior de la fortificación, identificó cuatro fortines y localizó la conducción que llevaba el agua al interior del poblado. Pese a su enorme importancia el yacimiento fue expoliado e incluso se emplearon sus materiales en la construcción de la carretera Almería-Córdoba. Muchos de los betilos fueron emplazados en los bordes de la carretera como mojones kilométricos.

En 1943 George y Vera Leisner retomaron los trabajos de Siret y en 1949, en el I Congreso Nacional de Arqueología, se constató el deplorable estado de abandono en el que se encontraba el yacimiento. Entre 1953 y 1956 se realizaron nuevas excavaciones dirigidas por Antonio Arribas y Martín Almagro. En 1978 los profesores Arribas y Molina, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, dirigieron una nueva campaña de excavaciones. En 1991 se realizó una nueva investigación en la que se delimitó el yacimiento (poblado, necrópolis y trece fortines), se estableció la cronología y organización interna del poblado, se hallaron cuatro líneas de murallas paralelas que rodeaban el espacio interior y se realizó un estudio sistemático del fortín 1, el más complejo.

Recreación digital del poblado.

El poblado de Los Millares consta de cuatro líneas de muralla concéntricas y al S de la meseta sobre la que se asienta el poblado se levantaron trece fortines sobre las colinas más prominentes y en las terrazas y cerros se construyó un extenso grupo de necrópolis dolménicas. El conjunto tiene una longitud de 1,5 km en su eje E-O y una extensión de unas 19 Ha, 13 Ha de necrópolis y 6 Ha de poblado.

Las dataciones de C-14 de los restos hallados en las excavaciones, realizadas por el Departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada, han permitido obtener unos resultados de entre el 3030 y el 2400 a. C en la ciudadela interior del poblado delimitada por la muralla IV; del 2880 al 2525 a. C. para el área de la muralla III; del 3090 y el 2480 a. C. para la muralla II; y del 2930 y el 2570 a. C. para la muralla I. Por lo que se refiere al fortín 1 se obtuvieron dataciones entre el 2485 y el 2295 a. C. y también se pudieron fechar los incendios que provocaron el abandono de los fortines 4 y 5 (2295 y el 2285 a. C.).

Con todos estos datos se puede establecer la fundación de Los Millares entre el 3300-3100 a. C., en el período del Cobre Antiguo, con la construcción de la ciudadela delimitada por la muralla interna IV y II y muy probablemente también de la III. La máxima expansión del poblado se produjo en el período del Cobre Pleno a partir del 3000-2900 a. C., momento en el que se levantó la muralla exterior I y los primeros fortines avanzados. Al 2500 a. C., en el Cobre Reciente, corresponden los primeros vasos campaniformes de estilo marítimo y posteriormente se desarrolló un estilo campaniforme autóctono. El abandono definitivo del poblado se produjo hacia el 2200 a. C.


Murallas y fortificaciones

El poblado estaba protegido por tres líneas concéntricas de murallas y en la parte más interna de la terraza fluvial se situaba una cuarta fortificación configurada como una ciudadela.

La muralla exterior (I) se levantó hacia el 3000 a. C. cuando se amplió el poblado para ocupar parte de la meseta exterior. Tiene un perímetro de 400 m y un grosor medio de 2 m y por delante presenta un foso poco profundo.

Sector central de la muralla I exterior.

El método constructivo de las murallas consistía en situar una hilera de grandes piedras en la base y sobre ellas se levantaban dos paramentos de mampostería cuyo interior se rellenaba alternando capas de piedras pequeñas y de barro. Estos paramentos debieron medir alrededor de 2,5 m de altura y sobre ellos se situaban una gruesa capa de barro con lo que la muralla alcanzaría una altura total de 4-4,5 m.

Sector N de la Muralla I exterior.

En el sector N de la muralla se conservan 17 bastiones y torres erigidos a intervalos regulares, y el acceso se realizaba a través de una puerta con antecámara.

Sector N de la Muralla I exterior.

En el interior de la muralla se encontraron viviendas, almacenes, rediles y una cisterna de almacenamiento de agua de unos 3,5 m de profundidad.

Sector N de la Muralla I exterior.

También se encontraron dos sepulturas anteriores al poblado y que quedaron incluidas posteriormente dentro de las murallas. Una de ellas es la tumba 17, la única totalmente restaurada en la campaña arqueológica de 1953-1956.

Tumba 17. Sector N de la muralla I exterior.

El sector central de la muralla está aún por excavar y por ahora se conoce un tramo de 60 m en el que se encontraba el acceso principal al poblado.

Sector Central de la Muralla I exterior.

Esta entrada estaba protegida por bastiones semicirculares. Posteriormente se levantó una gran barbacana de 122,5 m y 12 m de ancho, con forma de pera y antenas exteriores muy prominentes.

Sector Central de la Muralla I exterior.

La defensa se completaba con saeteras cerca del suelo, lo que permitía colocarse de rodillas y disparar flechas con arco corto.

Saeteras en el sector central de la Muralla I exterior.

La muralla exterior continuaba 120 m hacia el sector S y en este tramo se encontraba la puerta secundaria de acceso al recinto, que también estaba protegida por una barbacana con entradas laterales y pasillo hacia el interior.

Sector S de la Muralla I exterior.

Paralelo a la muralla se levantó un muro de contención para protegerla del efecto de las aguas torrenciales. Entre el muro y la muralla se construyeron contrafuertes de cantos rodados para impedir la erosión lateral y canalizar el flujo de agua hacia los huecos de drenaje de la muralla.

Sector S de la Muralla I exterior.

La muralla II cerraba la meseta central sobre la que se situaba el poblado. Presentaba una gran complejidad, ya que estuvo en uso durante todo el período de ocupación de Los Millares y fue reforzada en varias ocasiones hasta alcanzar los 10 m de grosor. Esta muralla tenía un acceso al recinto interior a través de una puerta y de un pasillo protegido por torres. También tenía un profundo foso y se ha localizado el punto por el que la conducción que traía agua del exterior entraba en el poblado.

La muralla III es el cierre interno de la meseta central y estuvo en uso un período relativamente corto, ya que fue desmantelada para construir viviendas de pequeño diámetro. En el recinto delimitado por esta muralla se situaba un taller metalúrgico y los cimientos de una gran edificio rectangular con patio central y dependencias adosadas. Existe consenso en que se trataba de un edificio público, tal vez un palacio, un templo o un almacén.

De la ciudadela interior sólo se han realizado sondeos que han permitido conocer que tenía una muralla de hasta 6 m de grosor y una puerta de acceso reforzada con un bastión. En el interior de la ciudadela se han encontrado restos arqueológicos que corresponden a nueve fases de viviendas, cinco del Cobre Antiguo y Pleno, dos del Cobre Reciente con restos de cerámica campaniforme de estilo marítimo, y dos en los que se han hallado restos de cerámica campaniforme del estilo local denominado Sureste, con motivos impresos e incisos.


Viviendas y edificios

En cada sector del poblado se aprecia un urbanismo caracterizado por viviendas de planta circular y por varias estructuras comunales, como la conducción del agua, el gran edificio central, los talleres metalúrgicos hallados en el tercer recinto y la cisterna del cuarto.

Recreación de viviendas.

Las viviendas circulares tenían un diámetro variable de 2,5 m a 6,5 m, y una cimentación de mampostería sobre la que se levantaron las paredes de barro y cañizo. 

Recreación de viviendas y murallas.

Las cubiertas probablemente eran cónicas, de ramas cubiertas con barro y apoyadas en postes de madera, con un hueco central para la salida del humo. 

Recreación de la cubierta de una vivienda.

En el interior se hallaron bancos adosados a los paramentos, piedras para moler cereales y losas hincadas para sostener las vasijas junto al fuego.

Recreación del interior de una vivienda.

Se han documentado restos de talleres metalúrgicos en el sector norte de la muralla exterior y junto al paramento interno de la muralla III. Este último se corresponde con un amplio edificio de planta rectangular, de 8 m de longitud por 6,5 m de anchura. En el centro de la estancia se excavó una depresión destinada a albergar el horno de fundición del mineral de cobre. De esta actividad metalúrgica proceden numerosas escorias y restos de mineral adheridos a las paredes de las vasijas-horno halladas en el yacimiento.


La necrópolis

La necrópolis de Los Millares se sitúa junto al poblado y ocupa una superficie aproximada de 13 hectáreas. Hasta el momento se han documentado 80 sepulturas colectivas con restos de entre 20 y 100 individuos en cada una de ellas. Los primeros inhumados eran depositados junto a las paredes de la cámara funeraria, mientras que los enterramientos más recientes se colocaban en la zona central, aprovechando el espacio disponible.

La tipología de las sepulturas es diversa e incluye tholoi de mampostería de cámara circular cubierta con falsa cúpula y corredor de acceso; sepulturas de mampostería con cámara circular cubierta y corredor de acceso con cubierta plana de vegetación; sepulturas con cámara excavada en la roca; sepulturas megalíticas ortostáticas, y cistas datadas en el Bronce Final.

La mayor parte de las sepulturas de Los Millares son de cámara circular de 3 a 6 m de diámetro construida empleando mampostería de piedra caliza, con un zócalo de lajas de pizarra situadas en posición vertical.

Tumba 17. Sector N de la muralla I exterior.

En ocasiones, la cámara funeraria estaba decorada con pintura roja y presentaba nichos laterales destinados al enterramiento de niños.

Recreación esquemática de una tumba.

La cubierta de la cámara solía ser de falsa cúpula con hiladas de mampostería y el corredor tenía cubierta plana.

Cubierta de la cámara funeraria. Tumba 17. Sector N de la muralla I exterior.

Los accesos exterior e interior a la cámara se realizaban a través de lajas cuadradas de pizarra perforadas en el centro a modo de puertas.

Acceso a la cámara funeraria. Tumba 17. Sector N de la muralla exterior.

El conjunto se cubría con un túmulo cónico de tierra y piedras dispuestas en círculos concéntricos para reforzar la estructura, mientras que un anillo de piedras delimitaba la periferia del túmulo.

Antes de la entrada al corredor se disponía un vestíbulo donde se erigían betilos de piedra caliza que posiblemente representaban a las personas cuyos cadáveres se encontraban en el interior. 

Betilos y losas de pizarra perforada. (Los Millares).

El grupo central de la necrópolis tiene varias agrupaciones de sepulcros y en la parte centro-oeste hay 15 tumbas excavadas por Siret a finales del siglo XIX. 

Destaca dentro de este grupo central la tumba 22/L, cuya cámara, de planta circular, mide 3,30 × 3,15 m. En su interior se hallaron los restos de 20 individuos depositados en la cámara principal, además de 2 en el nicho derecho, 2 en el izquierdo y 11 niños en el nicho lateral del corredor.

Las siete sepulturas que constituyen el llamado grupo N de la necrópolis se situaban en una elevación sobre el valle del río Andarax. Un hecho curioso es que dos de estos enterramientos tienen sus entradas orientadas al SO, a diferencia de todos las demás de la necrópolis que están orientados al E o SE.

La tumba 40 del grupo N es la más monumental de toda la necrópolis y en su interior se encontraron los restos de 100 individuos en su cámara y 2 en el corredor. 

Grupo N de la necrópolis. Tumba 40. Los Millares.

El ajuar funerario era sumamente rico e incluía 60 puntas de flecha, decenas de láminas de sílex, piezas de cobre, hachas pulimentadas, cerámicas simbólicas, objetos de ámbar y marfil, ídolos falange e ídolos tolva.

Reconstrucción digital de algunas piezas halladas en Los Millares.

Los ajuares funerarios hallados en las tumbas reflejaban el estatus que tenían las personas enterradas, y la calidad y cantidad de estos ajuares funerarios han permitido distinguir hasta cuatro niveles sociales.

Ídolos tolva (Los Millares).

Entre las piezas de mayor valor están las vasijas cerámicas con decoración simbólica o campaniforme, útiles de cobre, puñales y puntas de flecha de sílex. También se han hallado objetos de prestigio realizados con materiales exóticos como el marfil o huevos de avestruz.

Huevo de avestruz. (Museo de Huelva).


Los fortines

De los 13 fortines de Los Millares se han excavado 6 y se pueden clasificar en tres tipos distintos: torres circulares con pequeña barbacana en la entrada; recintos de tamaño pequeño o medio con bastiones; fortificaciones complejas de doble recinto con bastiones y fosos profundos.

Recreación digital de las torres y bastiones de la muralla.

Desde el fortín 1 se divisaba el estuario del río Andarax y en días diáfanos incluso era posible ver la costa. El fortín 1 era el más grande y complejo de todos y disponía de dos murallas reforzadas con bastiones, barbacanas y dos fosos externos construidos en momentos distintos. La fortificación interior era la estructura más antigua y disponía de cinco bastiones de planta de herradura situados a distancias regulares. Al E se situaba la puerta de acceso, defendida por una torre pequeña de planta ovoide. 

Recreación de un fortín.

Los bastiones tenían puertas a través de las cuales se accedía al recinto central y en sus paredes tenían saeteras estrechas situadas a escasa altura y desde las que, en posición de rodillas, se podían disparar flechas. Estas saeteras fueron cegadas con barro en un momento posterior, cuando el recinto perdió su función defensiva al construirse la fortificación exterior.

Brazal de arquero de arenisca. Cista de Gandón (Aldán. Cangas).

El método constructivo del fortín partía de un zócalo de 1 m de altura hecho con grandes piedras en la base y sobre el que se levantaban dos paramentos de mampostería, cuyo interior se rellenaba alternando capas de piedras pequeñas y de barro. Los techos eran planos y sostenidos por tres postes de madera situados en el interior del fortín. La muralla externa estaba reforzada con bastiones y dos fosos y fue construida posteriormente a unos 8 m de la muralla interior, delimitando un espacio interior circular de unos 30 m de diámetro. Entre ambas murallas se situaban varias viviendas, almacenes y talleres.

Los habitantes de este fortín procedían del poblado y eran varones, adultos y jóvenes, no relacionados familiarmente. No se ha encontrado ningún resto arqueológico correspondiente a las actividades domésticas realizadas por las mujeres. Este complejo fortín tenía una clara función militar, pero además era el área donde se realizaban las labores de molienda y almacenamiento del cereal y de procesado de la sal. También era el lugar donde los adultos enseñaban a los jóvenes las técnicas de elaboración de puntas de flecha.

Puntas de flecha de sílex. (Los Millares).

Por último, el fortín desempeñaba una función simbólica, como lo atestigua el hallazgo de numerosos ídolos oculados de hueso diferentes tipológicamente de los encontrados en entornos funerarios.

Ídolos falange de hueso de caballo. (Los Millares).


El entorno natural

Hace 5000 años el paisaje de Los Millares no era árido como ahora y aunque la cantidad de lluvia era similar a la actual, la densa cubierta vegetal conservaba la humedad y era posible realizar algunas labores agrícolas sin necesidad de regadío.

Hasta los 600-800 m de altitud, las laderas de las sierras que rodean Los Millares estaban cubiertas por bosques de encinas y matorral mediterráneo de jaras, brezos, romeros y leguminosas, mientras que por encima de esa cota predominaban los pinares. También es probable que se cultivara el olivo ya que se ha encontrado abundante madera de esta especie.

Las orillas del río estaban pobladas por un denso bosque-galería de ribera con álamos, alisos, sauces, fresnos, saúcos y cañas. En el Calcolítico el mar subía por el estuario del Andarax hasta llegar a tan sólo 10 km de Los Millares y el río era navegable todo el año, por lo que es probable que el poblado dispusiera de un pequeño puerto.

Por los restos óseos de animales que se han encontrado podemos saber cuál era la fauna de la zona: cabra montés, uro, ciervo, caballo, jabalí, zorro, tejón, nutria, lince ibérico, rata de agua, liebre, conejo, lirón careto etc. También se han hallado restos de aves, como urogallo, perdiz, paloma torcaz o alcatraz, y de reptiles como el lagarto ocelado o el galápago europeo.


La alimentación

La subsistencia en Los Millares se basaba en la agricultura y la ganadería. Con respecto a la primera destacaba principalmente el cultivo de la cebada y en mucha menor medida el de trigo. También se ha podido comprobar el consumo de habas, guisantes, bellotas, aceitunas y uvas.

Recipientes cerámicos y hacha (Blanquizares de Lébor).

La ganadería se basaba principalmente en la cría de ovejas y cabras, de las que se obtenían carne, leche y lana. Los bóvidos, de menor tamaño que los actuales, se utilizaban sobre todo como animales de tiro y, una vez alcanzaban los 3-5 años de edad, eran sacrificados para aprovechar su carne y sus pieles. 

Recreación de una vivienda con su establo.

También tenía cierta importancia la cría de cerdos y, en mucha menor medida, la de caballos. La caza de especies silvestres desempeñó un papel poco relevante en la subsistencia de la población. Por el contrario, la pesca constituyó un recurso de gran importancia, como demuestra el hallazgo de restos de meros, pargos, doradas y más de treinta especies de moluscos. 


Actividades artesanales y tecnología

Las principales actividades artesanales de los pobladores de Los Millares eran la producción y comercio de objetos de metal, piedra y hueso. Existían talleres especializados para la producción de puntas de flecha, la elaboración de objetos de cobre, textiles y cerámica.

La talla de objetos en piedra tuvo una importancia fundamental, incluso cuando la metalurgia ya estaba desarrollada. En la producción de objetos líticos destacaba la fabricación de puntas de flecha por presión de sílex tabular, la construcción de molinos y la talla de objetos de prestigio e ídolos empleando alabastro. Los adultos enseñaban a los jóvenes las técnicas de elaboración de puntas de flecha en lugares específicos separados del resto del poblado en el contexto de un proceso de iniciación.

Hojas de sílex recortadas (Millares, Terrera Ventura y Lébor).

Otra actividad artesanal era la fabricación de objetos utilizando hueso, mediante la cual se obtenían punzones, agujas, peines, placas, botones, ídolos falange y figuras antropomorfas. A través de los contactos comerciales con el norte de África llegaba el marfil con el que se tallaban objetos de prestigio de uso funerario, como peines o ídolos antropomorfos.

Ídolos oculados en hueso. Fortín I (Los Millares).

En general, la producción metalúrgica durante el Calcolítico fue escasa, aunque en Los Millares tuvo bastante importancia. Se elaboraban hachas y otros objetos de uso doméstico, así como armas y elementos de prestigio que fueron fundamentales para la consolidación de la estructura de poder de las élites locales.

La tecnología del cobre arsenicado comenzaba por triturar y moler el mineral para separarlo de la ganga. Posteriormente la mena se reducía en hoyos, hornos o vasijas-horno que luego se rompían para extraer el mineral aún con muchas impurezas. 

Recreación de un horno metalúrgico.

Por último se llevaba el material a los talleres especializados donde se fundía en vasijas-horno o crisoles para liberarlo de la escoria. El metal líquido era vertido en moldes y después se martilleaba para dar forma a la pieza.

Recreación de un taller metalúrgico.

En la artesanía de la cerámica se usaban moldes de cestería para dar forma a los recipientes de uso cotidiano (platos, fuentes y cazuelas).

Cuchara, vasija almacenamiento, cuencos y queseras (Los Millares).

Por lo general la cerámica que se fabricaba no tenía demasiada calidad, aunque también existía una producción alfarera de recipientes de lujo como las cerámicas naranja y gris, la cerámica simbólica y la campaniforme. Predominaba la cerámica sin decorar, sobre todo en época precampaniforme, excepto la cerámica simbólica con motivos pintados o incisos, como los “ojos-soles”, los tatuajes faciales, cabellos esquematizados, ciervos y triángulos punteados.

Cerámica campaniforme y simbólica (Los Millares).

Hacia el 2500 a. C. apareció la cerámica campaniforme con motivos geométricos, diseños en bandas y técnicas como la incisión y la impresión con punzón o con peine.



Organización social y política

Entre el VI y el V milenio a. C. las comunidades humanas neolíticas establecieron pequeños asentamientos temporales en las zonas altas del área del Andarax. En el IV milenio a. C. las poblaciones se sedentarizaron y establecieron de manera clara su propiedad sobre estas tierras, comenzando la construcción de tumbas megalíticas.

Durante el Neolítico Reciente (3800-3300 a. C.) las aldeas agrícolas del SE se fueron asentando y concentrando en las llanuras de inundación y valles fluviales, creando poblados con cabañas, cisternas en fosas y silos, protegidos con fosos y empalizadas.

Pese a lo que mantenían las teorías difusionistas, las dataciones de carbono 14 han demostrado que la primera metalurgia no llegó a la Península Ibérica fruto de una colonización procedente del Mediterráneo Occidental o del Próximo Oriente, sino que la cultura de Los Millares se desarrolló de una manera autóctona en una fecha anterior incluso a la de las supuestas áreas originarias.

Cultura de Los Millares.

El yacimiento de Los Millares se fundó alrededor del 3300 a. C., momento en el que las poblaciones del SE se concentraron en el entorno del estuario del Andarax en las zonas con más tierras de cultivo y más favorables para la ganadería. A consecuencia de ello se produjo el surgimiento de élites que acapararon poder y riqueza y desarrollaron una ideología sacralizada, lo que ocasionó un gran aumento de la desigualdad social.

Sólo en la zona del Desierto de Tabernas se han localizado más de treinta poblados neolíticos y calcolíticos que eran controlados desde Los Millares, lugar central desde el que se ejercía el dominio del territorio. Desde su inicio el asentamiento constó de tres líneas de muralla que perimetraban las dos mesetas internas del espolón situado en la confluencia de la Rambla de Huéchar con el río Andarax. La muralla interna cerraba una ciudadela con una gran cisterna a la que llegaba el agua a través de un largo acueducto. El poblado disponía también de una extensa necrópolis de sepulcros tumulares que se extendía por la meseta más externa y elevada del espolón.

Durante el Cobre Pleno, entre el 3000 y el 2600 a. C. Los Millares llegó a su apogeo y se comenzaron a construir los primeros fortines desde los cuales se vigilaban y controlaban las tierras agrícolas y las zonas de pastos. También se erigieron necrópolis monumentales de sepulturas colectivas tipo tholoi, que reflejaban claramente las diferencias sociales tanto en lo que se refiere a sus dimensiones y complejidad como a la riqueza del ajuar funerario o a su emplazamiento, ya que las tumbas donde se enterraban a los miembros de las élites se situaban en la zona más cercana al camino de acceso al poblado. Las tumbas estaban agrupadas reflejando las relaciones familiares, sociales y políticas existentes entre los diferentes grupos.

Los Millares durante el Cobre Pleno.

En el período del Cobre Tardío (2600-2400 a. C.) fue cuando las fortificaciones alcanzaron su máximo desarrollo, a la vez que comenzaba la crisis del sistema simbólico de Los Millares y la rápida difusión de los primeros vasos campaniformes marítimos. Esta época coincide en el tiempo con la de los faraones de la IV Dinastía de Egipto y con la del cementerio real de Ur, en Mesopotamia.

Cráneo con trepanación frontal (Lébor).

Por último, en el Cobre Final (2400-2200 a.C) se produjo una profunda crisis social que desembocó en un aumento de la violencia y una reducción de la población de Los Millares, la cual se concentró en la ciudadela y los fortines buscando protección. Posiblemente un gran terremoto y la pérdida de los afloramientos de agua llevaron al abandono definitivo de Los Millares, al mismo tiempo que se produjo la fundación de los primeros asentamientos de la Cultura del Argar.



Las fotografías incluidas en este trabajo han sido realizadas por Francisco Javier Torres Goberna ©.

Parte del material gráfico ha sido generado o tratado mediante herramientas de inteligencia artificial bajo supervisión del autor, empleadas únicamente como recurso técnico para la visualización o mejora de las imágenes, sin introducir información no documentada en el registro arqueológico.



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