Los pueblos indoeuropeos
Durante el
período del Bronce Final y los inicios de la Edad de Hierro, la síntesis
entre las influencias indoeuropeas y las culturas autóctonas dio lugar a la
formación de una serie de pueblos indoeuropeizados que constituyeron las
distintas etnias y culturas peninsulares.
 | | Petroglifo de esvástica. Viascón. |
Todos los
pueblos indoeuropeos eran muy afines y sobre su origen se plantean dos
hipótesis:
• Una hace
referencia a la cultura neolítica Danubiana, que desde el VII milenio a.C se
extiende por los Balcanes, Hungría, Rumania y parte de Ucrania en el V
milenio a.C, dando lugar a la Cultura de Starcevo-Körôs.
• La otra
hipótesis es la de la cultura de los Kurganes, formada a partir del V milenio
a.C en las estepas entre el Dnieper y los Urales con influencias del Próximo
Oriente y que se caracterizaba por las tumbas en forma de túmulo. La
hipóteiss de los Kurganes es la más admitida actualmente. Según ella
los Kurganes habrían extendido su etnia y/o cultura (armas y tipos de
sepultura) por toda Europa central en una serie de oleadas. Esta expansión
continuó entre los milenios V y II a.C, a partir del cual serían las culturas
indoeuropeizadas las encargadas de continuar su difusión.
Hace unos 5.500 años la cultura nómada yamnaya se extendió hacia el oeste desde las estepas euroasiáticas situadas al norte de los mares Negro y Caspio. Según el estudio del ADN realizado por David Reich (Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard) y publicado en 2019 en la revista Science, hace unos 4.500 años los yamnaya llegaron a la Península Ibérica y en tan solo cinco siglos, de 2500 a 2000 a.C, reemplazaron el 40% de la ascendencia de Iberia y casi el 100% de sus cromosomas, de modo que en este corto período de tiempo la práctica totalidad de la población masculina descendía de los invasores indoeuropeos, lo que demuestra que tuvieron un mayor éxito reproductivo a través de muchas generaciones.
De confirmarse estos resultados, los yamnaya pudieron traer consigo las primeras lenguas indoeuropeas habladas en Iberia.
Callaecia en la Edad de Hierro
Previamente
a la aparición de la metalurgia del hierro, Callaecia estaba incluida en la
koiné del denominado circuito del
Bronce Atlántico que se extendía por toda la fachada atlántica europea
llegando hasta el mar Báltico. Se trataba de una amplia red de intercambios
comerciales que conectaba las zonas productoras de cobre del SO español y
Portugal y las dedicadas a la minería del estaño que iban desde el Tajo
a Callaecia.
Por lo
tanto, desde finales de
la Edad de Bronce, la producción de oro y estaño habían convertido el NO
peninsular en un polo económico de primer orden, un eje comercial de la
Europa Occidental por el que transitaban productos de alto valor, tanto del
área atlántica como mediterránea. Dentro de
este comercio tuvo especial importancia el intenso tráfico de armas, que
estimuló la producción local y provocó la aparición de sociedades guerreras.  | | Petroglifo del Guerrero de Río Loureiro. Aldán (Cangas) | De
este modo, en el SE peninsular hallamos las características estelas de
guerreros de carácter orientalizante, en las que aparecen representadas las
armas típicas del Bronce, el escudo con escotadura “en V”, carros de dos
ruedas y liras. También en Galicia se ha encontrado una estela de este tipo
en Castrelo do Val, cerca de Verín (Ourense).
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| Estela Pedra Alta de Castrelo del Val |
La Edad de
Hierro en Galicia comenzó en el período del Hierro I (800/700-600 a.C) y
supuso la crisis del circuito atlántico por la competencia del
comercio fenicio y la generalización del uso del hierro. Es el momento
de aparición de las denominadas culturas atlánticas.
Durante el
período del Hierro II (600-19 a.C) cristalizaron las distintas culturas
peninsulares: calaicos, celtíberos, vacceos, vetones, lusitanos, célticos e
iberos.
En
Callaecia la cultura indoeuropea arcaica y precelta tuvo como principal
aportación el grupo lingüístico galaico-lusitano (Antonio Tovar), que
presenta claras innovaciones, como la de contar con cinco timbres vocálicos.
Además conserva el fonema indoeuropeo labial sordo [P], lo que
lo distingue del céltico común (celtibérico, galo, gaélico, escocés o bretón)
en el que este fonema ha sido eliminado (Moralejo).
Actualmente
se conservan multitud de hidrónimos prerromanos, entre los que podemos
citar Arnoia, Avia, Deva, Eo, Eume, Lérez, Limia, Mandeo, Mao,
Mero, Miño, Miñor, Navia, Sar, Sil, Tambre, Tea, Ulla.
Encontramos
también gran cantidad de antropónimos indoeuropeos (Alluquius, Ambatus,
Arrenus, Balaesus, Bedanus, Boutius, Camalus, Cloutius, Clutamus, Dovitena,
Magilo, Magana, Reburina, Tritius) y de teónimos prerromanos (Bandue,
Cossue, Nabiae, Munidi, Reve, Tongoe).
Los
vocablos indígenas prelatinos también perviven en términos relacionados con
los no cultivado (amieiro, bidueiro, carballo, carrasca, caxigo, toxo),
en los nombres de algunos tipos de terreno (balsa, barcia, braña, breña,
bouza, cádavo, coto, croio, gándara, laxe, leira, pena, veiga) y en
otros muchos vocablos (banzo, beizo, berce, braga, boa, bugallo,
busto, cantiga, combarro, lousa, reo, rodaballo, seara, senra, tranca,
varanda, verea) (Moralejo).
La aparición en el NO peninsular de elementos célticos, entre ellos la toponimia, se produjo en un momento tardío de la Edad de Hierro. Mientras algunos historiadores y arqueólogos plantean que estos topónimos fueron introducidos de manera paulatina desde territorios celtibéricos en una época anterior a la conquista (Francisco Javier González García), otros afirman que surgieron principalmente con la llegada de los romanos y sus tropas auxiliares mercenarias en época de Augusto (Francisco Calo Lourido, Jesús Jordá Pardo y Francisco Jordá Cerdá). Así, la terminación "briga" se aplicó durante la conquista a las nuevas entidades de población organizadas por los romanos (Domingo Plácido Suárez).
Otra muestra
cultural característica de las poblaciones galaicas es la cultura castreña. Los
castros eran poblados de viviendas familiares de mampostería situados sobre
colinas, provistos de defensas formadas por murallas y/o fosos, en los que
residen grupos humanos muy relacionados entre sí, poco jerarquizados y
autosuficientes en recursos. Se ubicaban en lugares desde de donde sus
habitantes podían dominar visualmente los campos, playas o prados que explotaban
y de los que obtenían alimentos. Los castros servían como hogares, refugios
defensivos y marcas de territorio frente a otras comunidades vecinas.
La
cultura castreña se caracteriza por las cabañas de planta
circular y cubierta de ramas. Posteriormente aparecen técnicas de
organización del espacio mediante calles e incluso barrios, como en el caso
de la citania de Santa Tegra y especialmente en la citania de
Briteiros. En los castros de influencia romana las viviendas pasaron a
ser de planta cuadrangular, al igual que los poblados celtíberos, y los
techos se construyeron con tejas en vez de la cubierta vegetal.
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| Castro de Santa Tegra |
Desde la Edad de Bronce la población indígena galaica ya habitaba en castros, pero en la Edad de Hierro se incrementó el proceso de construcción hasta alcanzar su apogeo entre los siglos IV y I a.C, para posteriormente declinar a partir del siglo II d.C.
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Me parece muy sugerente tu artículo sobre la posible celtización de Galicia. Por mi parte, después de haber leído bastante sobre el particular, sigo no teniendo claro que Galicia fuese celtizada. No tanto porque no exista toponimia que lo acredite y algunas otras pruebas más o menos discutibles, sino porque he llegado a comprender la dificultad de definir el concepto celta. En fin, seguiremos intentándolo.
ResponderEliminarAntes de nada, te felicito por tu blog.
ResponderEliminarRespecto al artículo, quería comentarte que Éforo (en el siglo IV a C) y Eratóstenes (en el siglo III a C) señalaron que toda la costa atlántica de la Península Ibérica (desde los Pirineos hasta la zona de Cádiz o Gadir) estaba entonces habitada por una población céltica o por una población "gálata". Aunque el geógrafo Estrabón criticó posteriormente las afirmaciones de estos dos autores griegos, hay que tener en cuenta que Eratóstenes (antiguo director de la Biblioteca de Alejandría) había conocido la obra perdida del navegante Piteas de Massalia, quien recorrió esas costas en la segunda mitad del siglo IV a C. Por otro lado, Julio César indicó (en un pasaje de "La Guerra de las Galias") que los galos se llamaban celtas a sí mismos, y en el Occidente peninsular se han documentado antropónimos (de época romana) como Celtius, Celtiatus, Celtienus, Arceltus y Conceltus (alguno de ellos en Gallaecia).
Las citas de Éforo y Eratóstenes (comentadas por Estrabón) son las siguientes:
"Éforo exagera tanto el tamaño de la Céltica que engloba en ella la mayor parte de lo que hoy llamamos Iberia, hasta Gadira."(Estrabón: Geografía IV, 4, 6)
"También señala (Polibio), con razón, que Eratóstenes desconoce Iberia y que, en ocasiones, da de ella informaciones que están en pugna, como cuando dice que hasta Gadira su parte exterior está habitada por los gálatas y, si éstos ocupan la parte occidental de Europa hasta Gadira, se olvida después de ellos y en su itinerario por Iberia no se acuerda por ningún lado de los gálatas."(Estrabón: Geografía II, 4, 4)
Un cordial saludo